viernes, 16 de noviembre de 2012

LA COMPOSICIÓN SOCIAL DEL “MEDIO PELO”. PERMEABILIDAD Y FILTRO


por Arturo Jauretche

La estatua de Garibaldi en Plaza Italia, que desde el principio del siglo ha presenciado sucesivamente la so­ciabilidad dominical de las parejas inmigratorias, y las de cabecitas negras, preside también el ingreso a la alta sociedad porteña, pues ya se ha dicho que se entra a ésta por las puertas de la Sociedad Rural y llevando el toro del cabestro; ella ha visto llegar los aspirantes a las exposi­ciones, primero como espectadores, después como compra­dores y ¡al fin! después de largos años, como expositores. Después como miembros de la directiva, ya prestigiados en las crónicas sociales.
Esto es lo que Imaz refiere, en otros términos, cuando habla de los descendientes de la burguesía inmigratoria de principios de siglo —aquellos burgueses indiferentes al "reconocimiento", según Germani— que en su casi totalidad optaron por la incorporación a la alta clase propietaria de la tierra: si la primera generación practicó el aforismo burgués de que el dinero no tiene olor, la segunda percibió que, socialmente, en la Argentina perfuma y que el aroma del estiércol es más "bien" que el del aceite y los combus­tibles. En alguna otra parte ya había señalado la distinta actitud que a este respecto se tiene en Europa o en EE.UU., donde un banquero o un industrial consideran a un ganadero un "juntabosta". Aquí la actitud es inversa por ­las dos partes.
Este orden en la preeminencia social ocasiona que la alta burguesía termine por adoptar conjuntamente con las pautas de comportamiento de la alta clase tradicional, las pautas ideológicas que la ponen a su servicio en per­juicio y oposición de las que correspondían a su condición originaria y a las necesidades de modernización económica y social.[1]
Se ha visto oportunamente la permeabilidad de la alta clase porteña. Pero este proceso de integración de los nuevos lo hace paulatinamente, lo que le permite recibir­los, generalmente en segunda generación, cuando ya han limado la guaranguería original de los triunfadores y absorbido las normas de comportamiento que les permite cubrir los claros de los que se desplazan por los accidentes de la fortuna o por la división hereditaria de los patri­monios.
No basta comprar campo para ser estanciero. Esto requiere una adecuación al modo rural en que los estancieros vecinos de más modes­ta posición social que la alta clase, y de mucho más débil situación económica que el nuevo propietario, son los que dictan cátedra; es un curso preparatorio como el de las escuelas británicas en que los futuros gentlemen deben someterse al ablandamiento que imponen los alum­nos de los años superiores, con pullas y humillaciones de toda clase.
El estanciero “Gath & Chaves” tiene que ir renunciando al atuendo deslumbrante, usando más frecuentemente la bombacha que los breeches de corte impecable y hasta la alpargata en lugar de la bota de polo; debe archivar la silla inglesa reemplazándola con un recado de pato aunque el caballo se pase el día en el palenque y ol­vidar el respeto que se merece el coche último modelo, dejándolo embarrado. Debe ajustar por lo menos en apariencia, su mentalidad de giro diario en los negocios al obligado giro anual de la producción y en lugar de ser terminante en sus conclusiones debe hacerse elu­sivo acostumbrándose a la idea de que su voluntad e inteligencia no son el factor decisivo, sino Dios y el Gobierno que siempre están con­tra el ganadero, y llorar siempre porque las cosas andan mal, cuando no son perfectas, y siguen mal cuando lo son, porque podrían ser mejores. Debe frenar su afán de iniciativa, que es un arrastre de la época industrial, y antes de aplicarlas averiguar qué ganadero im­portante ya lo ha hecho, para que no se le rían si fracasa y para que le perdonen el éxito, si acierta, pues los ganaderos de la zona saben todo lo que puede saberse y algunas cosas más como Pico de la Mi­rándola.
También debe aprender mil detalles como por ejemplo que no es imprescindible que el personal en pleno lo esté esperando cuando llega de la Capital, como ha visto en alguna película, y que no ne­cesita dar varias tarjetas, una por estancia, cuando es presentado a alguien. En una palabra debe aprender la cazurronería campesina en la que embotará la estridencia guaranga del triunfador urbano, para desde ahí perfilarse para empezar el aprendizaje del buen tono, que le permitirá el ascenso social.
El aprendizaje técnico es secundario porque como tiene el há­bito y las aptitudes de dominar técnicas más difíciles, y que exigen mayor velocidad en la decisión en poco tiempo sabrá mucho más que sus vecinos, pero a condición de que lo disimule, y que sean ellos los que lo descubran. Así debe adoptar una actitud dramática frente a los cinco o seis vencimientos anuales del crédito rural, aunque en sus actividades de la ciudad haya aprendido a tapar diez o doce agujeros diarios en su malabarismo bancario; y aunque está acostumbra­do a llevarse por delante a todo el mundo según lo exigen sus ne­gocios, debe mantener una conducta de correcta amabilidad con el gerente local, el comisario, el intendente, el feriero y los modestos doctores que concurren al club pueblerino, y hasta con el jefe de estación y los contratistas de máquinas agrícolas, pues el descrédito del "fanfa", que corresponde por nacimiento a todo porteño, y más a los porteños con plata, lo está acechando en veinte leguas a la redonda, y después se corre, de estancia a estancia de lugareños, por un misterioso sistema de comunicaciones que el porteño no descu­brirá jamás.
Paralelamente adquirirá las normas reverenciales por los grandes rematadores y consignatarios, que lo presti­giarán cobrándole sus comisiones, y a través de los cuales irá aprendiendo paulatinamente, así como en las ferias y exposiciones locales, las tablas de valores correspondientes a las cabañas y sus propietarios, así como el conocimiento de las razas que dan más prestigio social. Llegará un día en que no necesitará remitir a plaza y el frigorífico le mandará el revisor.
Entonces ya estará maduro, cuando en una exposición Don Narciso, Miguel Alfredo o Don Silvestre, según la época (Don Faustino no viste tanto) lo saluden desde lejos con la mano, o se acerquen y lo reconozcan por el nombre.[2]
Entretanto la familia, con los chicos en el colegio que corresponde y escalonando paulatinamente relaciones en los veraneos reiterados en la playa indicada, las canastas y las fiestas de beneficencia, se irá capacitando poco a poco, al adquirir las pautas de comportamiento social necesarias en el nuevo status que también exigen esfuerzos porque las mujeres son más “difíciles” que los hombres en esto del “reconocimiento”.
Nada de esto significa que alguien, grupo o persona regule la filtración ascendente. La aceptación se hace subconsciente por el propio status de la clase que hace el proceso selectivo fisiológicamente, como una cuestión de hecho que se va cumpliendo por etapas.
Sin embargo, deduzco de lo observado por Imaz, que en muchos casos hay un discernimiento que revela con­ciencia del proceso. Así cuando analiza la composición por apellidos de las sucesivas comisiones directivas de la So­ciedad Rural; el número de los antiguos y los recientes está inteligentemente dosificado, y los antiguos saben poner en el primer plano los líderes nuevos que aportan el empuje del neófito para lograr las mayores ventajas posibles, cuando las circunstancias son muy favorables. Se percibe por ejemplo, que en el momento en que el grueso de la renta nacional fue transferido a la clase ganadera, en el gobierno del General Aramburu, asumió el liderazgo de la misma Dr. Mercier, ganadero consorte, que le resultó muy eficaz. En otras circunstancias a este desco­nocido le hubieran aprovechado a lo sumo sus aptitudes de ginecólogo para un curso de tacto rectal, tan beneficio­so para aumentar el porcentual de las pariciones.
El actual presidente de la Sociedad Rural, Faustino Fano pasó, ya hace muchos años, del comercio de tejidos a la ganadería, donde desde luego se ha destacado por sus aptitudes. Ha dado el mejor examen de adopción de la ideología económica agroimportadora, pues lo que le queda de burgués está radicado en Inglaterra, que es donde corresponde; con más precisión en Manchester, en sus fábricas de tejidos, para rentar en la Argentina como ex­clusivo productor rural, libre de todo pecado industrialista. S.M.B. lo debe mirar con ojos tiernos, recordando aquello que escribió el economista inglés W. H. Dawson en el siglo pasado, frente al surgimiento de la Alemania industrial: "—Hubiéramos preferido, que Alemania hubiera continuado concentrando su atención en la producción de música, poesía y filosofía, dejándonos el cuidado de proveer al mundo de máquinas, telas y algodón" (Friederick Clairmonte - Liberalismo Económico y Subdesarrollo. Ed. Ter­cer Mundo. Bogotá, 1963). Póngase novillos y cereales en lugar de disciplinas "tan cultas y germánicas" y la expre­sión de deseos conservará todo su sentido.
En cambio, en los momentos difíciles, con igual inteligencia se recurre a los apellidos tradicionales, cuyos por­tadores conocen mejor que los neófitos la flexibilidad ne­cesaria para capear los temporales. Es lo que ocurrió ba­jo el gobierno de Perón.
También la alta clase suele tener sus herejes.
A veces algunos individuos de la alta clase se dejan contagiar por el virus de las innovaciones y se resbalan hasta el campo ar­tístico o industrial contrariando las pautas vigentes.
Así, a Victoria Ocampo, durante mucho tiempo no le perdona­ron su modernismo, oponiéndole la reticencia de la gazmoñería, y tardaron bastante en comprender en qué medida la culta dama, por el simple hecho de transferir su visión europeizante y formar nú­cleo en su redor era —al margen de sus propósitos que conceptúo generosos— un aliado tácito del sector de donde provenía, y que vino a cumplir en el terreno de las letras la tarea que la Sociedad Rural cumplía respecto de la burguesía, rigiendo en forma parecida el prestigio de los literatos arribistas que, como la burguesía, buscaban el sello de lo que es "bien" tradicionalmente: un prestigio con el sello de "las formas tradicionales". Actitud parecida es la adoptada con algunos industriales de apellido tradicional —tal el caso de al­gunos Pereyra Iraola. Si triunfan se los ignora, pero si vuelven derrotados al redil se los aplaude, cuando les queda como volver. No le quedó a Nemesio de Olariaga, que aunque no de origen tan anti­guo, estaba en el nivel de la gran ganadería.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Nacionalismo chileno e integración iberoamericana (I Parte)


por  Patricio Lara

Al escuchar la palabra "nacionalismo", inmediatamente tendemos a relacionarla con grupos chovinistas que denigran a inmigrantes peruanos o descargan su ira contra el pueblo argentino. Pero muy poco se conoce acerca de la proyección latinoamericanista que movimientos e intelectuales autocalificados como nacionalistas han llegado a proclamar. Comenzando por los numerosos ensayos bolivarianos escritos por el periodista Joaquín Edwards Bello hasta las tesis integracionistas del Centro de Estudios Chilenos CEDECH, haremos un repaso por cada una de aquellas personalidades o instituciones que hayan comprendido al nacionalismo no como un odio hacia el vecino o un patrioterismo termocéfalo, sino como la búsqueda del ansiado proyecto de Bolívar, en pos de la regeneración de Nuestra América disgregada en conveniencia de los imperialismos.

Si bien en nuestra introducción hemos hecho alusión a aquellos intelectuales o movimientos nacionales que han mostrado ciertos atisbos de iberoamericanismo, no podemos dejar de lado a su verdadero patriciado fundacional, surgido en la década de 1910 y que contó entre sus filas con Francisco Encina, Alejandro Venegas, Tancredo Pinochet y Luis Galdames, entre otros. En relación a estos, el Director del Departamento de Historia de la Universidad de Valparaíso, profesor Leonardo Jeffs Castro, comenta: “pese a no desarrollar aún las tesis integracionistas latinoamericanas, este grupo de pensadores, en los años del primer Centenario, fueron unos verdaderos aguafiestas para el júbilo de nuestra oligarquía, próspera gracias a los beneficios del salitre. A pesar de toda la algarabía de la élite, la generación fundacional de nuestro nacionalismo llegó a la conclusión de que el país se encuentra sumergido en el atraso, con un pueblo empobrecido e ignorante y una crisis de identidad enorme”.
Siguiendo esta línea, en la década de los 20’ surgiría la Obra Magna del periodista y ensayista Joaquín Edwards Bello, Nacionalismo Continental, la cual según el mismo Raúl Haya de la Torre “no va a perderse en las vaguedades retóricas de la gran mayoría de los hombres que en nuestros países quieren resolver sus problemas fundamentales con palabrería, con charlatanería de andaluces, más o menos agradables”. Este ensayo, será lo que en un plano práctico intentaron fraguar próceres como Bernardo O’higgins o un José Antonio Vidaurre, es decir, promover el objetivo de la creación de un bloque iberoamericano, que por medio de la interdependencia de las patrias, hiciera frente a la injerencia tanto cultural como económica de las grandes potencias de la época. Otro aspecto a destacar, es la crítica hacia la ‘fronda aristocrática’, que según nuestro autor, estaría engolosinada con todo lo venido de Europa, especialmente si era francés o anglosajón; nadie en el país estaba interesado por reforzar nuestra cultura o buscar la propia identidad, todo era importar, y nada crear o adaptar, no adoptar, manifestaría críticamanete Edwards Bello.
En cuanto a verdaderos movimientos de masas, la década del ’20 pareció quedar al debe. Aunque es de importancia recalcar que entre la cúpula castrense las ideas del autor de Nacionalismo Continental y Francisco Antonio Encina y compañía, sí penetraron hondamente. Ejemplo de esto es el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, personaje a quien debemos las principales leyes sociales de la Historia de Chile y que además, en una muestra de profundo sentido común iberoamericanista, reintegrara Tacna a Perú y posteriormente, en 1931, propusiera la Unión Aduanera de Latinoamérica – auténtico antecedente del Mercosur aunque en sentido macro – para contrarrestar la hegemonía norteamericana en la zona.
En 1932, mediante putsch liderado por el militar patriota Marmaduque Grove se proclama la ‘República Socialista de los Trabajores Chilenos’. En su manifiesto fundacional el movimiento insurrecional, a parte de mantener una equidistancia ante los imperialismos de turno – Estados Unidos y la Unión Soviética – “propone la creación de una federación de Estados indoamericanos, con un notorio influjo del APRA peruano que queda de manifiesto además en su emblema”, manifiesta el historiador y sociólogo de la Universidad de Chile Rolando Ortiz Zañartu.
En ese mismo año, nacía el Movimiento Nacional Socialista Chileno MNS(*) que, de un modo bastante sui generis, también sustentaba un antiimperialismo latinoamericano. Si bien su líder Jorge González von Marees simpatizaba con la causa del APRA peruano, él no ponía sus manos al fuego por la unión directa del continente bajo un partido guía como proponía la tienda de Haya de la Torre, sino que era partidario de que se formaran movimientos nacionalistas paralelos en las patrias de Iberoamerica y/o lograr constituir gobiernos patriotas fuertes e importantes en cada uno de ellos. En palabras del mismo jefe del MNS:
“..habrá llegado el momento de la constitución del gran bloque continental iberoamericano (…) que permitirá (a las naciones) respaldarse recíprocamente para defenderse de todo intento imperialista y hacerles actuar con dignidad y peso en la historia mundial del porvenir”(**).
Este ha sido el primer recuento de los principales movimientos y personalidades del nacionalismo chileno que a la vez han promovido, de un modo u otro, la unidad latinoamericana. Sin duda que en la primera mitad del siglo XX, en Chile, podemos rescatar importantes ideas-fuerza que mantendrán encendida la llama de la revolución por la búsqueda de nuestra Segunda Independencia y el objetivo de concretar el proyecto unificador de próceres como Bolivar, San Martín y Bernardo O’higgins.


(*) Hay que destacar – aunque sea mil veces – que este movimiento no tiene nada que ver con su homólogo alemán. Aquí en Chile existió una filial del NSDAP la cual no permitió la doble militancia con el MNS; ni viceversa.
(**)Moller Roth, Magdalena, “El Movimiento Nacional Socialista Chileno”.


fuente:ContextoGeopolitico

lunes, 5 de noviembre de 2012

Mensaje a la nación con motivo de la toma de La Brea y Pariñas


por Juan Velasco Alvarado

Compatriotas :

Hace mas de cincuenta anos que, como una dolorosa herida, el problema de La Brea y Pariñas ha constituido para la Republica un capítulo de oprobio y de vergüenza, por representar un ultraje a la dignidad, al honor y a la soberanía de la nación. El Gobierno Revolucionario, enarbolando la bandera de la nueva emancipación, ahora y para siempre, pone en labios de cada peruano la vibrante expresión de nuestro himno ¡Somos libres, seamoslo siempre! e inicia el cumplimiento de sus inquebrantables postulados proclamando con altiva sonoridad para que se escuche en todos los continentes, que la soberania del Estado Peruano no es desde este momento) un mero enunciado sino una autentica realidad.

El Gobierno Revolucionario, después de declarar la nulidad de la indigna "Acta de Talara" y del lesivo contrato celebrado por el régimen que la Fuerza Armada ha depuesto, en cumplimiento de la misión de cautelar los derechos de la República que le impone el articulo 213 de la Constitución del Estado, acaba de promulgar el Decreto-Ley que ordena la inmediata expropiación de todo el complejo industrial de La Brea y Pariñas y anuncia al país que en este preciso momento las Fuerzas de la Primera Región Militar, haciendose eco del clamor de la nación estan ingresando al campo de Talara para tomar posesión de todo el complejo industrial, que incluye la refinería; y con la más alta emoción patriótica hace flamear el emblema nacional como expresión de nuestra indiscutida soberanía.

De esta manera, la Fuerza Armada estrechamente unida con la civilidad en una sola y auténtica fraternidad nacional cumple una vez más su deber, iniciando con este acto una etapa de reivindicación de la soberanía y de la dignidad que quedará como un preciado legado a nuestros hijos y como una evidencia del cumplimiento de los postulados de la Revolución, los que asimismo, no solo respetan sino que alientan la inversión foranea, siempre que esté acorde con la legislación e intereses del Perú.

¡Compatriotas !

Los manes de nuestros próceres, mártires y héroes, quienes con sus nombres y gestas heroi¬cas iluminan las páginas de nuestra historia, se hacen hoy presentes para alentar al pueblo y a la Fuerza Armada a fin de proclamar la justicia de su causa que Dios defiende.

La Revolución está en marcha. Este momento nos llena de justo orgullo y ha de provocar legítimo júbilo nacional. La historia juzgará la actitud de la Fuerza Armada y del pueblo peruano. Estamos seguros que las generaciones f uturas celebrarán este día de reparación como el día de la dignidad nacional.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Cuando un libro es un poema

por Andrés Soliz Rada

“Chile versus Bolivia: Otra Mirada”

Hay libros en prosa y libros en verso. El libro “Chile versus Bolivia: Otra Mirada”, de Pedro Godoy, es un poema escrito en prosa. Se trata del texto de un chileno chilenísimo, como el autor se define a sí mismo, que considera que lo mejor para su país y su pueblo es adscribirlos al destino de la Patria Grande, soñada por Bolívar, San Martín y O’Higgins. Consecuente con este postulado, estima que “La Moneda” debe devolver a Bolivia su condición de país costero, arrebatada en la Guerra de 1879.
El libro que glosamos (ediciones "Nuestra América" - Santiago) está impregnado del razonamiento preciso y del dato histórico irrefutable, lo que no disimula su inocultable cariño por Bolivia, forjado en sus años de mochilero imberbe, cuando fue tratado por autoridades y gente del país ahora enclaustrado con las consideraciones reservadas a un diplomático de carrera y al amigo al que se retribuye cariño fraterno con cariño fraterno.
Ese viaje, realizado hace más de cuatro décadas, marcó la vida, el apostolado y el pensamiento de Pedro, quien fue articulando su posición socialista y latinoamericana, bebiendo de fuentes tan nuestras como las de Abelardo Ramos, Augusto Céspedes, Gabriela Mistral y Víctor Raúl Haya de la Torre y de obras universales que pasaron por el filtro de su criterio propio. Su desordenada biblioteca de “San Ignacio” 1341, de Santiago, en la que sólo él es capaz de encontrar inmediatamente el texto que necesita, insufló vida y coherencia, desde hace 22 años, al Centro de Estudios Chilenos (CEDECH), fundado por él junto a Enrique Zorrilla, Leonardo Jeffs, Felipe Herrera, Jorge Barria, y Tomás Pablo.
El CEDECH y Pedro Godoy se fundieron en una sola entidad que, atenta al acontecer cotidiano, celebra alborozada la solución pacífica al conflicto del Beagle entre Chile y Argentina, demanda a Santiago la devolución de trofeos de guerra a Perú y exige que se atienda la demanda marítima de Bolivia. Para conseguir este propósito, todas las tribunas son buenas. Desde las visitas a su país del Sumo Pontífice o del Rey de España o las concentraciones socialistas en las que se exigía el restablecimiento de relaciones con Cuba. En medio de esas algazaras, aparecía Godoy planteando que se atienda el reclamo centenario de la Bolivia enclaustrada.
“Chile versus Bolivia: Otra Mirada” recuerda que la balcanización costó a la América morena el zarpazo gringo sobre la mitad del territorio mexicano, la segregación de la provincia de Panamá a la República de Colombia, las invasiones a Guatemala, Nicaragua, Haití o Santo Domingo, la anexión abusiva de Puerto Rico o el asalto inglés a las Malvinas. Su formación bolivariana reprueba las acciones perversas de determinadas ONGs que alientan enfrentamientos interétnicos, en lugar de impulsar la interculturalidad, basada en el respeto a lo diverso.
En una de sus recientes reflexiones, Godoy, desde una óptica latinoamericana, se pregunta si el juez español, Baltasar Garzón, tan valiente para enjuiciar a Pinochet, cuya condición sanguinaria, dictatorial y corrupta está fuera de duda, tendrá similar valentía para procesar a George W. Busch, genocida confeso y padrino de torturadores en cárceles de Irak y de Guantánamo. ¿Alguien está en condiciones de responder a este interrogante que también tiene el esplendor de un verso?

viernes, 26 de octubre de 2012

¿COMO SE ENSEÑA HISTORIA DE CHILE?


por Pedro Godoy

La Historia Patria, frecuentemente, se explica en aula sobre la base de confrontaciones bélicas. No obstante, sabemos que un país se construye en la paz, día a día, a través de un proceso. Entonces resulta una distorsión que su trayectoria se enseñe señalando sólo sucesos que son “hechos de armas”. Tal rutina se refuerza con el programa de efemérides escolares destinado –de modo habitual- a resaltar episodios de conflicto. La docencia gira en torno a tres “centros de interés”. Uno, la guerra de Arauco. El otro, la guerra de la Independencia. El tercero, la guerra del Pacífico. En cada uno la objetividad está ausente. El maniqueísmo se impone de “pe a pa”. En el primer escenario el “bien” lo representan los mapuches (valor “coraje”). El “mal” los conquistadores (disvalor “codicia”). En el segundo, los patriotas son quienes lideran el progresismo liberal y los realistas, el fanatismo obscurantista. Algo así como el choque entre el luminoso Renacimiento y la tenebrosa Edad Media. En el último, los chilenos son héroes invictos. Villanos y cobardes los peruanos y bolivianos.
Existen otros dos “centros de interés” de naturaleza secundaria, pero igualmente perniciosos. Uno, al finalizar el siglo XIX el denominado “Pacificación de la Araucanía”. Allí se produce un viraje. Ahora los mapuches representan la barbarie y constituyen una rémora. Los “buenos”, en cambio, son los chilenos que, como filántropos, imponen la civilización a la patria araucana. Así se legitima un brutal etnocidio que, en la imaginería popular, se atribuye a España. El otro es la usurpación de la Patagonia por Argentina. Se internaliza –a horcajadas de tal tema- la odiosidad a la patria de José de San Martín y Domingo F. Sarmiento. Sus habitantes serían fanfarrones y expansionistas y nuestra diplomacia blanda y torpe por aceptar siempre el arbitraje y la mediación en pleitos limítrofes. Resulta curioso que –al otro lado de la cordillera- son idénticas las imputaciones, los recelos y las contraimágenes empleadas para enseñar, en aula, la misma supuesta mutilación. Ello exige el montaje –aprovechando la UNASUR o el MERCOSUR- de una especie de mini UNESCO conosureña que proponga un nuevo texto escolar de Historia de Iberoamérica.
Al finalizar el siglo XX y al borde de III milenio es un anacronismo una docencia “en blanco y negro” de nuestra Historia. El aula no debe continuar promoviendo altanerías y rencores. Es inaceptable que cada alumno, por la lección del educador o lo anotado en vetusto texto, comulgue con cinco fobias. Póngase punto final a tal circuito de supercherías insistiendo en lo siguiente: los conquistadores constituyen el patriciado del país. Merecen homenaje equivalente al que enaltece a los mapuches. Separatistas y monárquicos protagonizan la guerra civil entre liberalismo y absolutismo que desgarra al Imperio, aquel sobre el cual “no se ponía el sol”. Chilenos, peruanos, bolivianos y argentinos integran una nación que comparte el mismo horizonte y tendrá –para sacudirse del atraso y la dependencia- que afrontar el desafío de mancomunarse. Lo amerindio constituye uno de los dos componentes fundacionales. Negarlo es ignorancia. Juzgarlo un lastre, usando la expresión “indio” como estigma, encubre racismo... Una genuina reforma educativa debe empujar el enjuiciamiento de este circuito de estereotipos. Así podrá superarse nuestra crisis de identidad. Esa anomalía abre las puertas a devastadora globalización que beneficia a los imperialismos.


fuente:EducaAcción

lunes, 22 de octubre de 2012

Conversaciones con Sandino


El hombre y sus ideas

Durante las dos semanas que aproximadamente estuve en el campamento del ejército de la Libertad, no dejé de estar a diario en conversación con el general Sandino, quien me trató desde el primer momento con una amabilidad enteramente familiar. Unas veces el caudillo me llamaba y otras iba yo a verle a su casa, que custodiaba su guardia personal, con ametralladoras en mano. El general se solía pasear en una habitación obscura contigua a la de la guardia y entraba sonriente, abrazándome, según su costumbre. Era una sencilla habitación decorada por algún calendario y un cromo en el que se veía unos cazadores de focas en un mar proceloso de hielo, disparando contra estos anfibios que se acercaban alarmantemente a la embarcación. Había un banco y unas sillas; en el banco se sentaban de ordinario algunos jefes que asistían silenciosos a la entrevista, o los soldados de retén. En un rincón se veía un montón de rifles.
El general se sentaba en una sencilla mecedora, que la tenía balanceándose sin cesar. Resaltan en su cara ovalada, pero angulosa, cierta especie de asimetría en ambos lados del rostro, que contribuyen, juntamente con las comisuras de sus labios, a dar unas extrañas variaciones a su rostro. En sus ojos obscuros brilla con frecuencia una afectuosa simpatía, pero de ordinario se muestra en ellos una profunda gravedad, una intensa reflexión. El reposo de sus facciones, la fortaleza de sus mandíbulas, en ángulo bien abierto, confirman la impresión que da su conversación de una voluntad serena y afirmativa. Su voz es suave, convincente; no duda en sus conceptos, y las palabras van precisas, bien guiadas por un intelecto que ha pensado por cuenta propia en los temas que expresa. Su gesto habitual es frotarse las manos teniendo en ellas un pañuelo. Rara vez acciona ni cambia la tonalidad serena de su voz. La impresión que da el general Sandino, lo mismo en su aspecto que en su conversación, es de una gran elevación espiritual. Es, sin duda, un cultivador de la "yoga", un discípulo de Oriente. Los temas de nuestra conversación fueron varios y de ordinario sin mucho orden. Yo he procurado recogerlo en distintas materias, pero guardando desde luego una absoluta realidad en los conceptos y en las frases, a fin de que el lector pueda penetrar en la psicología de este extraordinario paladín de la Libertad, que ha sido tenido por muchos como un hombre vulgar y sin instrucción, quizá también como el Pancho Villa de la rebelión nicaragüense. Pero esto es absolutamente falso. El general Sandino es un espíritu delicado y fino, un hombre de acción y un vidente, como hemos dicho ya, y sin tener sino una instrucción bastante limitada, es una extraordinaria personalidad, aun aparte de su papel de libertador.

-Ya veo que le han tomado a usted por americano -me dijo, riéndose alegremente, la primera vez que me vio.
- Sí, general -le dije-; pero ya se convencieron bien pronto, y no pasó nada. Todo ha sido una broma.
Y luego de habernos sentado, y mientras el general inicia su habitual balanceo, le digo:
- Me interesa sobre todo en este movimiento su aspecto espiritual más que el episódico y militar. Yo veo que hay en usted una gran fe, y yo no sé si un sentido religioso. Entiendo que todos los movimientos que han dejado huella en la Historia han tenido una gran fe religiosa o civil. El liberalismo de los pueblos anglosajones, unido a sus principios religiosos, me parece más profundo y definitivo que el de la Revolución francesa. ¿Tiene usted alguna religión?
Sandino.- No; las religiones son cosas del pasado. Nosotros nos guiamos por la razón. Lo que necesitan nuestros indios es instrucción y cultura para conocerse, respetarse y amarse.Yo, sin darme por vencido, le insisto:
- ¿No cree usted en la supervivencia de la conciencia?
Sandino.- ¿De la conciencia?
Yo.- Sí, de la personalidad.
Sandino.- Sí, del espíritu, claro está; el espíritu supervive, la vida no muere nunca. Puede suponerse desde el principio la existencia de una gran voluntad.
Yo.- Todo es cuestión de palabras; para mí, eso es la religión, la trascendencia de la vida.
Sandino.- Como le digo, la gran fuerza primera, esa voluntad, es el amor. Puede usted llamarle Jehová, Dios, Alá, Creador...
Y después de explicar, según su fe teosófica, el valor de los espíritus guías de la Humanidad entre los cuales coloca Adán, Moisés, Jesús, Bolívar..., mientras su palabra expresa una convicción profunda y sus ojos, opacos, se animan, continúa:
- Sí; cada uno cumple con su destino; yo tengo la convicción de que mis soldados y yo cumplimos con el que se nos ha señalado. Aquí nos ha reunido esa voluntad suprema para conseguir la libertad de Nicaragua.
Yo.- ¿Cree usted en el destino, en la fatalidad?
Sandino.- ¿Pues no he de creer? Cada uno de nosotros realiza lo que tiene que hacer en este mundo.
Yo.- ¿Y cómo entiende usted, general, esa fuerza primera, que mueve las cosas? ¿Como una fuerza consciente o inconsciente?
Sandino.- Como una fuerza consciente. En un principio era el amor. Ese amor crea, evoluciona. Pero todo es eterno. Y nosotros tendemos a que la vida sea no un momento pasajero, sino una eternidad a través de las múltiples facetas de lo transitorio.
Yo.- Insisto en este punto, porque creo que toda gran obra solo se ha hecho a base de una gran fe, que yo llamo religiosa y usted la llama con otras palabras; pero que no es sino el empujón de un mundo espiritual. He apercibido en su ejército esa compenetración, esa espiritualidad.
Sandino.- Si eso es todo, estamos compenetrados en nuestro papel; todos somos hermanos.
Yo.- Recuerdo haberle hecho referencia en algún momento al sentido histórico de Napoleón y Bolívar.
Sandino.- ¡Ah, Napoleón! Fue una inmensa fuerza, pero no hubo en él más que egoísmo. Muchas veces he empezado a leer su vida y he tirado el libro. En cambio, la vida de Bolívar siempre me ha emocionado y me ha hecho llorar.
Después, con el general hiciera referencia a las fuerzas espirituales que obran en la conducta de los hombres, le pregunto:
-¿Cree usted, general, en fuerzas de esa naturaleza que obran en los hombres sin la acción de la palabra?
Sandino.- Completamente; yo mismo lo he experimentado no una, sino muchas veces. En varias ocasiones he sentido una especie de trepidación mental, palpitaciones, algo extraño dentro de mí. Una vez soñaba que se acercaban las tropas enemigas y que venía con ellos un tal Pompilio, que había estado antes conmigo. Me levanté inmediatamente y di la voz de alarma, poniendo a todos en plan de defensa. Dos horas después, todavía sin amanecer, los americanos estaban allí, iniciando el combate.
-Hay una parte de nuestro organismo donde existe el órgano del presentimiento.
-Yo se lo diré -añade el general, y tomando mi cabeza me señala la nuca-. ¿No lo cree usted?
Yo.-Yo no niego ninguna clase de posibilidades de esa naturaleza. Y desde luego creo que usted puede tener un sistema nervioso especial: una gran potencia espiritual. Lo veo en su ejército.Y recuerdo haber leído en una carta escrita por su hermano Sócrates y que me había enseñado don Gregorio, que "Augusto tenía un enorme receptáculo telepático". Y en otra carta, "que había visto en sueños a su padre y a su madre y sentía que debían estar muy inquietos".Y añado yo:
-He visto en los soldados un sentido espiritual admirable. Hablando con muchos de ellos, les he oído decir que la justicia estaba con ellos y que por eso vencían siendo tan inferiores.
¿Cómo ha conseguido inculcarles estos principios?
Sandino.- Hablándoles muchas veces sobre los ideales de la justicia y sobre nuestro destino, inculcándoles la idea de que todos somos hermanos. Sobre todo, cuando el cuerpo desfallece es cuando he procurado elevar su espíritu. A veces, hasta los más valientes decaen. Es necesario conocerlos, seleccionarlos. Y alejar el temor, haciéndoles ver que la muerte es un ligero dolor, un tránsito.
Yo.- ¿Por compenetración?
Sandino.- Sí; estamos compenetrados de nuestra misión, y, por eso mis ideas y hasta mi voz puede ir a ellos más directamente. El magnetismo de un pensamiento se transmite. Las ondas fluyen y son copadas por aquellos que están dispuestos a entenderlas. En los combates, con el sistema nervioso en tensión, una voz con sentido magnético tiene una enorme resonancia... También los espíritus combaten encarnados y sin encarnar.
Yo.- ¿Cree usted en la trascendencia de este movimiento?
Seguramente el general no me ha entendido el sentido realista en que yo le he hecho esta pregunta. En el curso ya de sus impresiones suprasensibles, por decirlo así, continúa destrenzando su pensamiento en conceptos más lejanos y más difíciles.
Pero no nos sería posible seguir todo su pensamiento, e indicaremos únicamente el esqueleto de sus ideas, que versan ya sobre términos irreales:
-Le diré a usted; también los espíritus luchan encarnados y sin encarnar... Desde el origen del mundo, la tierra viene en evolución continua. Pero aquí, en Centroamérica, es donde veo yo una formidable transformación... Yo veo algo que no lo he dicho nunca... No creo que se haya escrito sobre eso... En toda esta América Central, en la parte inferior, como si el agua penetrara de un océano en otro... Veo Nicaragua envuelto en agua. Una inmensa depresión que viene del Pacífico... Los volcanes arriba únicamente... Es como si un mar se vaciara en otro.Es una descripción fantástica, que yo no he podido aprisionarla por completo, pero que se traduce en una especie de visión de una gran catástrofe marítima en esa zona de la América Central. Y Sandino se lleva las manos a los ojos, como queriendo arrancar de ellos alguna visión. De nuevo el tono opaco de su mirada se anima más.
Es Sandino, el héroe y genial Sandino, el visionario.
- La fe -pienso yo- es eternamente infantil y creadora; infantil, porque une al mundo real, al de lo maravilloso, y apartando la duda, que es escepticismo y vejez, nos lleva al mundo del ensueño de esos primeros años, en los que quizá, como dice el poeta Wordsworth, los hombres conservan todavía el reflejo de una inmentalidad o de una encarnación, como dirían los teósofos, que todavía no se ha borrado de la mente, con los años y la baja realidad de los sentidos.Y es creadora, porque el hombre se siente no como un mísero aparcero de una vida transitoria, que se disipa como el humo, sino el propietario, mejor dicho, como el actor de un drama eterno y siempre renovado.
Cuando salgo, Sandino habla con un viejo soldado, encargado de llevar sal a las columnas que se vienen acercando, y mientras aquél parte con su mula cargada, el general lo despide con un "Que Dios le guarde".

2.- Temas sociales

Habíamos visto al general Sandino, mientras cabalgaba con algunos oficiales, haciendo una inspección a sus tropas y me dijo:
- Ya ve usted, nosotros no somos militares. Somos del pueblo, somos ciudadanos armados.Recordando estas impresiones sobre el aspecto social del movimiento sandinista, preguntaba una tarde al general, mientras conversábamos, y él se balanceaba en su mecedora.- Se ha dicho en ocasiones que su rebelión tenía un marcado carácter social. Hasta se les había tildado de comunistas. Entiendo que este último dictado ha obedecido a una propaganda tendenciosa y de descrédito. ¿Pero no hay programa social?
Sandino.- En distintas ocasiones se ha tratado de torcer este movimiento de defensa nacional, convirtiéndolo en una lucha de carácter más bien social. Yo me he opuesto con todas mis fuerzas. Este movimiento es nacional y antiimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para todo Hispanoamérica. Por lo demás, en el terreno social, este movimiento es popular y preconizamos un sentido de avance en las aspiraciones sociales. Aquí han tratado de vernos, para influenciarnos, representantes de la Federación Internacional del Trabajo, de la Liga Antiimperialista, de los Cuáqueros... Siempre hemos opuesto nuestro criterio decisivo de que esta era esencialmente una lucha nacional. [Farabundo] Martí, el propagandista del comunismo, vio que no podía vencer en su programa y se retiró.
El general calla pensativo.
En algunos países, como en México, se ha pensado por muchos que el movimiento sandinista era fundamentalmente agrarista. Yo he tenido ocasión de comprobar, durante mi estancia en Nicaragua, que la propiedad está muy dividida y que el país es de pequeña propiedad. Apenas hay latifundios, y estos no son muy grandes. El agrarismo, pues, no tiene un gran campo de acción. Los pocos que no tienen tierras no se mueren de hambre, como se me había dicho. Y, efectivamente, tuve ocasión de comprobar estas impresiones de tierra de promisión en forma no muy halagadora por cierto. Hay cerca de Granada un hermoso paseo de mangos que llega hasta el Lago. Mientras una especie de Cancerbero que tiene la contrata de la fruta los recoge como puede, dos o tres desarrapados esperan la caída accidental de algún fruto para hacer su comida diaria. No les tenía cuenta trabajar en los cafetales porque solo les daban quince centavos, y preferían esta modesta holganza. El país está destrozado; no hay trabajo por ninguna parte, según ellos.
Insisto yo todavía sobre la cuestión de las tierras con el general, y le pregunto si es partidario de completar el sentido de pequeña propiedad que tiene el país, dando terrenos a quien no les tenga.
Sandino.- Sí, desde luego, y eso es algo que no tiene dificultades entre nosotros. Tenemos tierras baldías, quizá las mejores del país. Es donde hemos estado nosotros.Y el general explica su proyecto de colonizar la zona del río Coco, que es de una enorme feracidad.-Nicaragua importa una cantidad de productos que no debe: cereales, grasas, hasta carne, por la costa del Atlántico. Todo esto se puede producir allí. Por de pronto haremos navegable el río; después empezaremos a abrir terrenos de cultivo. Pero hay una exuberancia vegetal increíble. Sólo el cacao silvestre les pone por de pronto en condiciones de explotación económica.Yo.- ¿Cree usted en el desarrollo del capital?
Sandino.- Sin duda que el capital puede hacer su obra y desarrollarse; pero que el trabajador no sea humillado y explotado.
Yo.- ¿Cree usted en la conveniencia de la inmigración?
Sandino.- Hay aquí muchas tierras que repartir. Nos pueden enseñar mucho. Pero a condición de que respeten nuestros derechos y traten a nuestras gentes como iguales.
Y el general añade luego, en tono de broma, que si había extranjeros que fueran allí con otras ideas, llevados de un espíritu de explotación inaceptable o de dominio político, ellos procurarían irles poniendo espinas en el camino para que su marcha no fuera tan sencilla. Por lo demás, todos los extranjeros serían recibidos como hermanos, con los brazos abiertos.Hemos recordado en aquel momento el admirable desinterés que ha demostrado en todo momento el general Sandino, y la especial estipulación del convenio que se acaba de firmar expresando que los delegados del mismo indican en su nombre "su absoluto desinterés personal y su irrevocable resolución de no aceptar nada que pudiera menoscabar los móviles y motivos de su conducta pública". Entonces le pregunto:
-¿No tiene usted la ambición de poseer algún terreno propio?
Sandino.- ¡Ah, creen por ahí que me voy a convertir en un latifundista! No, nada de eso; yo no tendré nunca propiedades. No tengo nada. Esta casa donde vivo es de mi mujer. Algunos dicen que eso es ser necio, pero no tengo por qué hacer otra cosa. Recordando que el general Sandino está a punto de tener sucesión, le pregunto:
-¿Y sus hijos, si los tiene?
Sandino.- ¡No, eso no es una objeción! Que haya trabajo y actividad para todos. Yo soy partidario más bien que la tierra sea del Estado. En este caso particular de nuestra colonización en el Coco, me inclino por un régimen de cooperativas. Pero eso tendremos que irlo estudiando más despacio.
A propósito de estas cosas -añade el general, sonriente-: hoy he tenido un caso de los muchos que vienen a contarme sus cuitas, que pinta el espíritu ansioso de algunas gentes que manejan dinero. Es un pobre hombre con mucha familia a quien habían prestado trescientos pesos hace mucho tiempo. Ahora el que se los prestó le exige, y como no los tiene, quiere llevarse su casa, el ganado, todo, y hasta sus hijos como esclavos. Y yo le he dicho al prestador: "¿Usted cree que su dinero vale tanto como las lágrimas de esta pobre familia?". Después he dicho al otro que vaya donde uno de esos abogados que hacen justicia y que venga otro día. Yo espero convencerlos. Ya ve usted -añade el general- lo que pasa por aquí -mientras su boca se abre en una franca sonrisa que muestra su excelente humor.Yo sonrío también ante el recuerdo de esta justicia benévola, que muestra su espíritu persuasivo y no su espada de guerrillero.
Yo.- General, ¿le gusta a usted mucho la Naturaleza?
Sandino.- Sí.
Yo. -¿Más que la ciudad?
Sandino.- Sí; la Naturaleza inspira y da fuerzas. Todo en ella nos enseña. La ciudad nos desgasta y nos empequeñece. Pero el campo no para encerrarse egoístamente en él, sino para marchar a la ciudad y mejorarla.
La vista de las plantas, de los árboles; los pájaros, con sus costumbres, su vida... son una continua enseñanza.
La dicción clara y precisa del general, el sentido didáctico que da a sus explicaciones, hasta el corte de su mano, que se mueve incesantemente y que muestra unos dedos cortos y firmes, nos muestran en el general, no el hombre de fantasía, sino de un pensamiento inquieto y profundo en quien bulle el eterno deseo de saber. Y entonces le pregunto:
-¿Es cierto que desea usted hacer algunos estudios?
Sandino.- Sí; me interesa el estudio de la Naturaleza y de las relaciones más profundas de las cosas. Por eso me gusta la filosofía. Naturalmente que no me voy a poner ahora en plan de escolar. Pero saber, aprender, ¡eso siempre!
Pasamos a hablar después del tema militar, del aspecto de exterminio que tuvo la campaña, y yo le pregunto:
-¿Fueron crueles los americanos?
Sandino.- ¡Ah, eso yo no se lo voy a decir! Pregúntelo por ahí fuera y verá.
Yo.- Se habla, entre los enemigos de usted, general, de muertes innecesarias, de crímenes que se atribuyen a parte de su tropa.
Sandino.- Pues si se achaca algún mal, cualquiera que sea, yo soy el único responsable. ¿Se dice que ha habido asesinatos? Pues yo soy el asesino. ¿Que ha habido injusticias? Pues yo soy el injusto. Ha habido que castigar no sólo al invasor, sino al que tiene concomitancias con él.El general se yergue y habla con energía, y sus ojos brillan con indignación.
Yo.- A mí, cuando me han hablado de estas cosas, he dicho que la libertad no se conquista con sonrisas a los invasores. Que es el precio de la libertad. Pero, naturalmente, creo es muy duro para [ser] dicho por un extraño.
Sandino.- ¡Oh, sí; el precio de la libertad!
El general Sandino ha pasado, por asociación de ideas, al rigor mostrado con sus propias tropas para mantener la disciplina. Como algo se ha hablado sobre este punto, le pregunto:- ¿Cuántos fusilamientos ha ordenado usted en sus tropas?
Sandino.- Cinco. Dos generales, un capitán, un sargento y un soldado. Uno de los generales por abusos cometidos. Me denunciaron que había violado varias mujeres. Comprobé los hechos y lo mandé fusilar. El otro, por traición.
Y el general cuenta cómo desde que llegó el general Sequeira creyó ver en él un hombre de lealtad sospechosa. Un día los aviones lo habían sorprendido y lanzaban un bombardeo furioso. El general Sandino se mantenía inmóvil en un rincón cuando, en medio del estampido de las bombas, siente que alguien se acerca sigilosamente. Era Sequeira, con la pistola en la mano. "¡Quiere matarme!", pensó Sandino; e inmediatamente sacó su arma y, abalanzándose sobre aquel le obligó a enfundar su automática. Sequeira quedó sin mando, pero aún participaba en las operaciones. Todavía el general lo sorprendió en un momento parecido al anterior. Cuando le iban a capturar se escapó en dirección al campamento americano. Sandino destacó fuerzas que lo trajeran enseguida, vivo o muerto. Entonces lo trajeron ya muerto.
Yo.- ¿Es cierto que todas las armas suyas, rifles o ametralladoras, han sido tomadas al enemigo? ¿Qué tanto por ciento calcula usted?
Sandino.- Sí, puede usted decir que todas, fuera de unos pocos fusiles llegados de Honduras y de los primitivos "Con Con", que ya no sirven. Los que no tenían fusil aguardaban a que se cogiera al enemigo o entraban en acción con bombas y pistola, o sencillamente formaban gente de reserva.
Yo.- ¿Tuvo usted, general, durante la lucha la intuición de la victoria moral definitiva?Sandino.-No; yo creí, al meterme en esta empresa, que no saldría nunca de ella sino muerto. Consideré que eso era necesario para la libertad de Nicaragua y para levantar la bandera de la dignidad en nuestros países indohispano.
Yo recuerdo haber oído expresar sentimientos parecidos entre su tropa, a quienes había oído decir: "Antes morir que humillarnos" y "No nos hubiéramos retirado sin que se fueran los machos" .
Yo.- ¿Fue su esposa un obstáculo o un estímulo para la lucha?Sandino.-Fue un estímulo. Al llegar aquí, después de iniciada la lucha la conocí. Intimé con ella. Sus ideas y las mías eran iguales; estábamos identificados. Cinco años estuve separado. Luego pudo entrar en la montaña. Mi esposa nunca ha cejado en su espíritu.Pero, ¿no la conoce? -añade el general, y llama--: ¡Blanca! ¡Blanca! Te voy a presentar un señor de un apellido muy largo, que no hay manera de pronunciarlo al principio.Aparece la señora del caudillo. Es una señora muy joven, de facciones correctas, el aire dulce y la tez muy blanca. La saludo, y poco más tarde se va, después de unas breves palabras.Sandino.-
Mi señora es de aquí, con un noventa y cinco por ciento de español. Aquí los españoles se mezclaron poco con los indios.
Yo.- Generalmente, el español se ha unido con los indios fuera de los sitios donde este ha sido muy guerrero. En México, por ejemplo, se ha mezclado poco en Sonora y en Sinaloa. En el resto casi completamente.
Sandino.- Pues aquí, poco. El indio huyó a la montaña. Pero tiene algo. Tanto, que hay un refrán que dice: "Dios hablará por el indio de Las Segovias". ¡Y vaya si ha hablado! Ellos son los que han hecho en gran parte esto. Es un indio tímido, pero cordial, sentimental, inteligente. Ya lo verá usted con sus propios ojos.
Entonces el general manda a llamar a un soldado y le invita a que hable con su jefe, que está sentado en la guardia y que es de la misma raza de los indios zambos del Atlántico.
Hablan los dos, y se aprecia en el dialecto una mezcolanza de palabras de varios idiomas, desde el inglés y el francés al español.
-¡Ahora háblele usted en inglés!- me dice a mí.
Le hablo un rato y veo que conversan los dos perfectamente.
-Y ahora, español- añade.
Efectivamente, lo hablan perfectamente.
Sandino.- Pues ya ve usted si son inteligentes. Pero han estado completamente abandonados.
Son unos cien mil sin comunicaciones, sin escuelas, sin nada del Gobierno. Es donde yo quiero llegar con la colonización para levantarlos y hacerlos verdaderos hombres.
Yo.- ¿Cree usted en la transformación de las sociedades por la presión del Estado o por la reforma del individuo?
Sandino.- Por la reforma interior. La presión del Estado cambia lo exterior, lo aparente.
Nosotros opinamos que cada uno dé lo que tenga. Que cada hombre sea hermano y no lobo.
Lo demás es una presión mecánica exterior y superficial. Naturalmente que el Estado tiene que tener su intervención.
Yo.- ¿Qué significan los colores de su bandera?
Sandino.- El rojo, libertad; el negro, luto, y la calavera, que no cejaremos hasta morir.

3.- Hispanoamérica, Centroamérica y España.

Era la misma tarde lluviosa de costumbre; Sandino se paseaba en la habitación oscura, junto a la guardia, y al verme exclama:
Sandino.- ¡Sí; pase usted, tenemos gran alegría de que haya un español en el campamento, para que vea lo que somos y lo que hemos sido! Sí; de España hemos recibido un gran apoyo moral.

Yo.- Hubiera sido preferible ayuda positiva, voluntarios...
Sandino.- No; nos han dado algo superior: las ondas que vienen con el apoyo moral. Vale más eso que si nos hubieran enviado un cañonero con soldados y parque.
Y cuenta cómo llegó hace tiempo al campamento un español que era andarín y recorría el mundo. Estuvo varios días y contó anécdotas interesantes de su viaje y de España.
Tengo entendido que este andarín murió más tarde aplastado entre las ruedas de un tren en marcha. Sin duda viajaba económicamente. Y la verdad es que no recuerdo su nombre, que ya me lo dijeron.
En ese momento le traen una carta, y yo le ruego que la lea, interrumpiendo la conversación, y el general añade:
- No; a usted lo consideramos como un miembro de nuestra gran familia indohispana, y no tenemos reserva. Vea usted esta carta: es de un cura amigo, que estuvo aquí mucho tiempo. Es de ideas libres; tiene su familia, hijos, hacienda, y es de aquellos que podrían decir: "Obra como yo te digo; pero no hagas lo que yo hago".
Y Sandino sonríe con su franca sonrisa benévola. Después lee la carta, en que el cura felicita al general por la paz, que dice que no debe quedar a medias.
Yo pregunto al general:
-¿Este movimiento puede tener alguna conexión con los ideales de una Hispanoamérica unida?
Sandino.-Sí; el gran sueño de Bolívar está todavía en perspectiva. Los grandes ideales, las ideas todas, tienen sus etapas de concepción y perfeccionamiento hasta su realización.
Yo.- ¿Cree usted posible que este sueño pudiera realizarse en una generación? Aún hay falta de preparación para eso. Comunicaciones, íntima comprensión, una sensibilidad armonizada para sentir los problemas comunes.
Sandino.- Yo no sé cuándo podrá realizarse esto. Pero nosotros iremos poniendo las piedras. Tengo la convicción de que este siglo verá cosas extraordinarias.
Me acuerdo yo entonces de la situación de Centroamérica. Estas pequeñas Repúblicas, con las que no ya la diplomacia yanqui, si no las Compañías americanas, sobretodo las fruteras, juegan como muñecos.
Ellos hacen y deshacen elecciones y ponen sin gran esfuerzo, a sus hombres de confianza. Ahora, en la reciente revolución de Honduras, han dado pródigamente muchas cosas; naturalmente, para cobrárselas luego en alguna forma. Mientras a lo mejor estos países ponen restricciones a la inmigración blanca, están vaciando aquellas Compañías la isla de Jamaica en las costas del Atlántico, para abaratar la mano de obra y los negros siguen aumentando enormemente. Así, las pequeñas Repúblicas tienen su soberanía mediatizada..
Yo.- General, ¿no cree usted necesaria la Unión de Centroamérica?
Sandino.- Sí, absolutamente necesaria.
Yo.- ¿Cuándo cree factible el proyecto?
Sandino.- Eso ya vendrá, ya vendrá...
Y el general se pone pensativo; yo, no queriendo ser indiscreto, no insisto sobre punto tan delicado.
Recuerdo que el Presidente Sacasa me decía que él consideraba necesaria la Unión; pero con el tiempo, cuando las ideas comunes y las comunicaciones se hubieran desenvuelto suficientemente y sólo a base de un mutuo acuerdo; pero pienso que hay cerebros centroamericanos dirigentes que creen que la separación representa un estado morboso, una debilidad común, alentada por el imperialismo, y quisieran ir a la Unión por la fuerza. Desde luego, hay una especie de patriotismo centroamericano muy marcado.
Sandino.- De todas maneras, no profesamos un nacionalismo excesivo. No queremos encerrarnos aquí solos. ¡Que vengan extranjeros, incluso americanos, desde luego!Tampoco pensamos que en nacionalismo político está toda la solución. Por encima de la nación, la federación; continental, primero; luego más amplia hasta llegar a la total.
Yo.-¿Qué le parece de España?
Sandino.- Una nación predestinada. España será la encargada de realizar la comunización universal en el futuro.
Yo.- ¿Comunización?
Sandino.- Sí, fraternización. España tiene un pasado glorioso. Allí, según la leyenda, está enterrada María y Santiago, hermano de Jesús. Además, está dando al mundo ejemplos admirables. El advenimiento de la República ha sido algo notable. Lo mismo la actitud del rey que la del pueblo, y en cuanto a la colonización... ¡Mire usted! Yo veía antes, hace tiempo, con protesta la obra colonizadora de España; pero hoy la veo con profunda admiración. No es que esté usted delante. España nos dio su lengua, su civilización y su sangre. Nosotros, más bien nos consideramos como españoles indios de América.
Yo.- ¿Y cree usted en la influencia moral de España en la futura América?
Sandino.- ¡Indudablemente! Su obra no ha terminado. Perdurará.
Como surgiera alguna alusión al problema regionalista de España, indicó Sandino que le interesaba ese punto de la diversidad temperamental y exclama:
-Diga usted, ¿qué diferencia hay entre un andaluz y un vasco?
Yo.- Pues yo creo que el andaluz representa un predominio de la imaginación, fácil comprensión de otras ideas, ingenio, claridad de conceptos, tendencia a los términos opuestos, optimismo brillante, a veces desaliento, escepticismo otras. Han pasado muchas razas por ahí. En cambio, el vasco es primitivo, con ideas simples, un monoideísta; pero estas enraízan en lo más profundo de su ser, y no se contentan con vivir, sino que tienden a realizarse a la acción. Hay escondida por allí una gran espiritualidad. Es optimista por naturaleza.Sandino.- Me parecen interesantes estas diferencias. ¿Hay algunas otras?
Yo.- Sí; el catalán y el gallego, por ejemplo, representan también profundas variedades comarcales y raciales, dentro de la unidad histórica y espiritual. En cuanto a la común armonía del conjunto, todo depende de los grandes ideales comunes.Después, Sandino hace referencia al vascuense.
-Yo he trabajado con vascos -dice-, y los conozco bien. El vascuense está relacionado con el sánscrito. Hay en el espíritu de los vascos algo de internacional. Están unidos al mundo. Por eso en todas partes se encuentra como en su casa.
Luego, entrando en el tema de la política española, pregunta:
- ¿Se orientan bien las cosas?
Yo.- Tengo la convicción de que sí. Hay al frente de España un carácter magnífico: es Azaña. Su obra es afianzar el alma tradicional, el esqueleto de España, e incrustarlo en la evolución moderna. Es el verdadero líder. No va detrás de las masas mendigando; las orienta y las guía. Sabe enfrentarse a una opinión injusta o necia, aunque la tenga la mayoría. Yo espero que lleve tras de sí, en un partido propio, una buena parte de la mejor energía española: los intelectuales, los profesionales, los pequeños propietarios independientes y el capitalismo consciente y evolucionista. Azaña es un hombre de acción, es un hombre providencial.Sandino.- ¿Y la República?
Yo.-A mi modo de ver, La República tiene que resolver la gran antinomia de los tiempos modernos, en máximo de estatismo con el máximo de libertad, los avances del ideal del trabajo con la defensa y el estímulo del bienestar común. El porvenir es todavía de la clase media. Esta y el capitalismo consciente pueden enarbolar todavía una gran bandera, no una bandera vergonzante, sino altiva e independiente. Si el capitalismo debe entregar algún día su herencia o transformarse definitivamente, debe hacerlo con dignidad, como quien ha cumplido una misión histórica, no como el ladrón sorprendido con las manos en la masa. Entretanto, debe orientar, debe participar en el Gobierno, como toda fuerza vital. Además, hoy en día la libertad peligra de nuevo, y no me refiero a eclipses parciales, que pueden ser necesarios. El liberalismo no ha muerto, ni morirá nunca, mientras haya un hombre de corazón libre. Yo creo que alrededor de todo esto debe girar el programa de una República española.
Sandino.- ¿Usted me ha pedido un autógrafo?
Yo.- Sí, mi general.
Sandino.- Yo se lo daré, haciendo un saludo a España.

AL PUEBLO ESPAÑOL, UN SALUDO POR CONDUCTO DEL XXXX ESCRITOR SEÑOR BELAUSTEGUIGOITIA, QUIEN HA RECIBIDO LAS IMPRESIONES DE NUESTROS ÚLTIMOS ESFUERZOS LIBERTARIOS.

San Rafael del Norte, Feb. 13-1933.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Los trabajadores argentinos y la defensa del país frente al imperialismo


por Juan José Hernández Arregui

La intervención activa de los trabajadores en la historia nacional modificó para siempre el ordenamiento previo a 1945 e iba a impedir la institucionalidad estable de la restauración colonial intentada en 1955. En este artículo escrito dos meses después del derrocamiento de Perón, en momentos en que aviones de combate aterrorizaban barrios obreros como Avellaneda, amenazando con una masacre, vibra ese convencimiento. Los 18 años posteriores de la Resistencia confirmaron para nuestro país la tesis de que los intereses del imperialismo resultan inconciliables con los del proletariado nacional de los países dependientes, o sea que la unidad política y de organización de los trabajadores, a escala nacional, es la columna fundamental de las fuerzas de la Liberación Nacional.
Por su importancia, incluimos este texto inédito (escrito para el periódico El 45, el cual no lo publicó) que anticipaba valientemente el proceso argentino que habría de legrar el retorno de Perón a la patria.



Hablemos con claridad. A dos meses de la caída del gobierno constitucional, el país busca a tientas su rumbo. La pacificación nacional no le entrevé. Y un interrogante sombrío se cierne sobre el destino nacional. A sesenta días del triunfo de la revolución libertadora, que contó con el apoyo de importantes sectores sociales —oligarquía, clases medias, Iglesia y parte de las fuerzas armadas— el panorama es el siguiente: esas fuerzas que antes de la victoria estuvieron unidas tras la consigna de la lucha de la libertad contra la tiranía, por la heterogeneidad y confusión de sus Objetivos económicos, políticos y sociales, manejados desde el exterior, una vez conquistado el poder asisten a un proceso de descomposición ideológica, en el que se conjugan no sólo esos intereses antagónicos, sino concepciones opuestas sobre los fines proclamados por la revolución de 1955.

La Revolución Libertadora

La revolución encabezada por el general Lonardi ha desatado fuerzas que amenazan su existencia misma, a través de la pugna interna de los grupos militares por el poder, y tras la cual se mueven intereses extranjeros invisibles, en medio de un país desgarrado por el odio entre hermanos, y en consecuencia, desarmado ante lo ofensiva imperialista. La segunda conclusión es que frente a la revolución, cuyos grupos se enrrostran mutuamente errores y traiciones, se levanta otro hecho al que se hace necesario analizar y valorar en toda su importancia nacional. Este hecho está dado por la unidad de las fuerzas vencidas, concentradas alrededor de un partido nacional, y que en la derrota, mantiene vivas las banderas de la independencia económica y la soberanía política.
¿Cómo explicar que un partido desalojado del poder por un golpe militar victorioso, convierta simultáneamente a ese partido, en árbitro de un pleito nacional que no podrá resolverse sin su participación? Tal hecho se explica por la presencia de una clase obrera organizada en escala nacional.
En efecto, las sucesivas crisis del gobierno provisional han girado, directa o indirectamente, alrededor de la Confederación General del Trabajo, y de la táctica a seguir frente a ella. Pero este hecho nuevo, al mismo tiempo prueba que la solución del problema nacional no podrá alcanzarse, sin la participación de la clase trabajadora en nuestra historia. Clase trabajadora argentina, convertida en un factor decisivo, aunque no único, del destino nacional.
Es indispensable, por eso, examinar las nuevas condiciones creadas por esta presencia de las masas trabajadoras en la Argentina actual, y calcular sobre esta base el desarrollo de los próximos acontecimientos.

La clase trabajadora entra en la historia

El 17 do octubre de 1945 podrá ser una fecha odiosa para muchos. De hecho lo es. Pero los procesos históricos son más fuertes que las pasiones humanas y los intereses de las clases reaccionarias.
Esa fecha significa la aparición de la clase trabajadora en el escenario de la historia nacional. Las masas han sido siempre actores de la Historia. Y hoy conocen su misión. Esta es la diferencia entre el pasado y el presente argentino. Quienes pretendan impedir la gravitación de la clase trabajadora argentina en el proceso histórico contemporáneo, imitan al filósofo del cuento, que creía refutar la existencia del mundo exterior con sólo cerrar los ojos.
Es por eso una utopía reaccionaria, intentar reducir a los trabajadores —como lo proclama el gobierno provisional— a la mera acción gremial. Gremialismo y política son la doble faz de un mismo fenómeno. Es verdad, que una de esas fases, el sindicalismo, importa la defensa de intereses comunes asociados a reivindicaciones salariales. Pero la manifestación de este defensismo económico es siempre política, por ser política la naturaleza del hombre y social la función del proletariado dentro del proceso de la producción y de la lucha nacional.
No es casual que las clases conservadoras y el socialismo reformista aliado a ellas, sostengan la tesis del gremialismo puro. Esta tesis as defendida, sobre todo, en los países dependientes, justamente porque los intereses de todo proletariado nacional son inconciliables con los del imperialismo opresor.

El movimiento sindical argentino

Por esta causa, la organización de los trabajadores en escala nacional, como en el caso argentino, es la mejor defensa del país. Y esto explica la tendencia de los partidos reaccionarios y pequeñoburgueses, a dividir las organizaciones obreras centralizadas por Perón, a fin de mediante esta táctica, debilitar los frentes antiimperialistas nacionales de base popular liberadora, particularmente en América latina.
La Confederación General del Trabajo —y tal fue el objetivo central de la revolución que derrocó a Perón— para muchos debe ser destruida o por lo menos debilitada, por aquello de que muerto el perro se acabó la rabia. Pero los trabajadores argentinos, aunque sufran derrotas parciales, no entregarán esa unidad del movimiento sindical, pues esa unidad de los trabajadores implica la defensa de ellos, no sólo como clase productora, sino de la industria nacional, es decir, de la economía y la soberanía argentinas.
 Esta intervención activa de los trabajadores argentinos en el proceso histórico, no ha caído del cielo. Es el efecto de la transformación operada en la Argentina de los últimos diez años, vinculada al creciente proceso industrial. Tal cambio, a su vez, ha modificado para siempre ordenamiento político del país. Dicho de otro modo, el orden político, en la Argentina, depende hoy de la clase obrera organizada Se entiende así que la amenaza de desarticulación de la economía a través del Plan Prebisch haya convulsionado al país. A quienes propugnan el retorno al pasado, con la vuelta al campo de los trabajadores industriales, conviene recordarles que, en realidad, están preparando en la actual contingencia mundial y nacional, las condiciones necesarias de una revolución social más avanzada que la que representó Perón.

ES peronismo como partido nacional

El gran partido que agrupa a los trabajadores argentinos no se lo puede disolver con decretos. Pues ese partido, que en su momento concilio a las diversas clases sociales contra el imperialismo angloyanqui, hoy sigue representando, frente al avance de las fuerzas antinacionales del pasado, la voluntad nacional al servicio del país.
Se equivocan quienes piensan que a los trabajadores argentinos se los puede reducir a la mera actividad gremial; se engañan si subestiman el heroísmo de las masas que se hará cada día más patente; yerran quienes creen posibles anestesiar la conciencia histórica de los trabajadores.
Este error de perspectiva —y de clase— explica el fracaso de una campaña periodística a la que millones de argentinos asisten con vergüenza, destinada a borrar la influencia de Perón en las masas. La importancia de Perón es proporcional a los odios y adhesiones de clase que encarnó y encarna, en un momento de la: liberación nacional. Lucha que venía del fondo de la Historia Nacional. Y el error consiste en creer que destruida la imagen desaparecerá la lucha de las masas contra la opresión extranjera.
Además, 1945 libró a vastos sectores populares de la miseria, de la humillación cívica y moral. Ni la miseria será aceptada sin cruentas luchas, ni la humillación sufrida con la resignación de antaño. La Revolución Nacional de 1945 fue simultáneamente económica y política. Fue una revolución de masas. De ahí su fuerza. El hombre argentino se sintió reconciliado con la tierra. Y es abominable que esa prensa amarilla, dirigida desde afuera, acuse de esclavos a millones de argentinos por haber votado libremente a un hombre que concentró la voluntad defensista y nacional de la patria. No son esclavos esos trabajadores argentinos. Son hombres libres. Y es por eso, que el destino nacional gira alrededor del movimiento obrero organizado por Perón. Quien pretenda gobernar el país, sin comprender este hecho gigantesco y nuevo, actúa al margen de la Historia, y al ignorar al proletariado nacional prepara, como ya se ha dicho, una revolución más avanzada que la que representó Perón. Por eso, el 17 de octubre de 1945 no puede ser extirpado de la Historia Argentina.