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miércoles, 26 de febrero de 2014

EL FASCISMO Y EL MUNDO COLONIAL

1. El fascismo es la forma más salvaje y abominable del imperialismo. Pero esto no significa que la clase obrera y los pueblos oprimidos deban someterse al imperialismo cuando se pone su máscara democrática. Los pueblos latinoamericanos no quieren caer bajo el dominio del imperialismo japonés, italiano o alemán. Pero esto no significa que México pueda tolerar que el imperialismo británico o norteamericano controle sus recursos naturales o sus políticas nacionales. Las clases obreras y los pueblos de los países atrasados no quieren ser estrangulados ni por un verdugo fascista ni por uno “democrático”.
2. El Japón intenta hacer de China una colonia. Italia y Alemania quieren penetrar en las colonias francesas y británicas. En este sentido son los “agresores”. Pero esto de ninguna manera significa que las clases trabajadoras y los pueblos oprimidos tengan el deber de defender los derechos coloniales de Francia, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica, etc. La tarea de los revolucionarios genuinos es deshacer a los regímenes coloniales opresivos. Nuestra consigna: ¡el derecho de todas las naciones a su autodeterminación, no de palabra, sino de hecho; la total y genuina liberación de todas las colonias!
3. El futuro de la humanidad está inseparablemente ligado con el destino de India, China, Indochina, Latinoamérica y Africa. La simpatía activa, la amistad y el apoyo de los genuinos revolucionarios, socialistas y demócratas honestos está completamente del lado de estos pueblos -que constituyen la mayoría de la humanidad- y no del lado de sus opresores, no importa con que clase de máscara política se presenten. Aquellos que activa o aún pasivamente apoyan un régimen colonial bajo el pretexto de defender su propia “democracia” son los peores enemigos de las clases trabajadoras y de los pueblos oprimidos. Nosotros y ellos vamos por caminos muy diferentes.
4. Estamos de todo corazón con el pueblo español en su lucha contra el fascismo. Pero la condición elemental para la victoria de la revolución en España es la expulsión de la GPU de la república española y el desarrollo sin obstáculos de la iniciativa revolucionaria de los obreros y campesinos españoles. Sólo en esta forma se puede movilizar de nuevo a las masas del pueblo español contra los fascistas domésticos y extranjeros; sólo así es posible remover la base social y militar de Franco.
6. En los países atrasados el camino para oponerse al fascismo es ante todo el camino de la lucha revolucionaria por la independencia nacional y por la transformación radical de las relaciones agrarias. Sin la revolución agraria no hay independencia nacional ni salvación contra el fascismo. Cualquiera que bloquee el camino hacia la expropiación de la propiedad territorial y de los recursos nacionales en beneficio de los campesinos y del pueblo en general, está instigando al fascismo. Generalidades vagas acerca de la amistad y la democracia no son suficientes. Se debe tener una posición clara: o con los magnates del capital y de la seudo-democracia, o con la democracia genuina de los obreros, los campesinos y los pueblos oprimidos.
El socialista o demócrata mexicano que encuentra posible creer en el “pacifismo” del bloque entre la burocracia stalinista y la democracia imperialista, es el que más se distingue por su ceguera política. Caballeros de la calidad de Lombardo Toledano, que tratan de subordinar a la clase obrera mexicana al bloque entre la GPU y los pacifistas imperialistas, traicionan abiertamente no sólo a los intereses del proletariado mexicano, sino también a los del pueblo mexicano.
Si México se deja llevar por la corriente política de Lombardo Toledano, es decir, si voluntariamente permite que se lo utilice como moneda de cambio en los negocios entre el Kremlin y la Casa Blanca, significaría la destrucción no sólo de la democracia mexicana sino también de la independencia nacional del país.
El pueblo mexicano no quiere y no puede permitir que se transfieran a su tierra los métodos usados en España; ni los métodos de Franco, ni aquellos de Stalin.
De la mano con cientos millones de oprimidos de razas no blancas, de la mano con cientos de millones de trabajadores en los países imperialistas, los obreros y campesinos de México lucharán por la paz, la libertad, la independencia y el bienestar de su país, así como por la felicidad de toda la humanidad.


Artículo sin firma. Parece ser un documento escrito para proporcionar una plataforma común a los delegados y militantes antiestalinistas del próximo Congreso contra la Guerra y el Fascismo. El manuscrito ruso no contenía el punto Nro. 5. Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo IX, pág. 65, Editorial Pluma.

viernes, 30 de agosto de 2013

EL CONGRESO SINDICAL MONTADO POR EL PC

por León Trotsky[1]

P: ¿Cuál es su opinión sobre el próximo congreso obrero panamericano que se celebrará en esta capital?

R: La más estrecha unificación de los trabajadores del continente americano es una necesidad vital. Sólo esta unidad puede garantizar la influencia de los obreros de cada uno de los países americanos, tanto en la política interna como externa. En particular, sólo una política firme y decidida del proletariado unido puede evitar que América se vea envuelta en la guerra. ¿Realizará esta meta el congreso próximo? Lo dudo.

P: En su opinión, ¿cuál es la verdadera meta de este congreso?

R: En la convocatoria del congreso obrero panamericano, diferentes elementos buscan diferentes metas. Las masas de la clase obrera luchan en forma casi instintiva por una política unificada e independiente. Algunos dirigentes tienen fines completamente diferentes. En nombre del proletariado mexicano, aparece, como director de escena, el señor Lombardo Toledano. Es un político “puro”, extraño a la clase obrera, que persigue sus propias metas personales. La ambición de Toledano es subir a la presidencia mexicana a costa de los trabajadores. En busca de esta meta, Toledano ha ligado estrechamente su suerte con la suerte de la oligarquía del Kremlin. De ahí recibe instrucciones y toda clase de ayuda. Moscú subordina a los comunistas mexicanos al señor Toledano, es decir, a su lucha por el poder. El reciente viaje de Toledano a EE.UU. y Europa, así como los próximos congresos en septiembre, tienen como una de sus metas proporcionarle un trampolín a Toledano. En este aspecto Toledano trabaja hombro a hombro con Moscú. No hay duda de que en los próximos congresos en México participarán todos los agentes internacionales de Moscú, abiertos y secretos.

P: ¿Cuál cree usted que será su resultado práctico?

R: Los resultados del Congreso Sindical Panamericano dependerán en gran medida de hasta qué punto Lombardo Toledano logre subordinar el movimiento de la clase obrera de este continente a las órdenes de sus jefes de Moscú. Estoy convencido de que no tendrá éxito. Uniendo su suerte a la GPU, Lombardo Toledano está preparando una catástrofe para su política y para su carrera.

P: ¿Cómo mira la oposición al congreso?

R: Es poco probable que la oposición pueda entrar al congreso. El congreso no se compone de delegados elegidos por las masas. Las tareas del congreso no fueron discutidas por las masas. El trabajo organizativo es realizado por detrás del escenario, con la agencia de la GPU haciendo la mayor parte del trabajo. En consecuencia, existe toda la razón para creer que será un congreso de la burocracia obrera cuidadosamente seleccionada. Me gustaría equivocarme.

P: En recientes declaraciones, William Green* dijo que sería un congreso de comunistas y extremo izquierdistas y que la AFL no aceptaría la invitación de asistir.

R: William Green presenta falsamente al congreso como “revolucionario” con el objeto de justificar su propia política reaccionaria. Green no quiere la unificación de los obreros de todas las Américas porque el mismo representa a la aristocracia obrera de los EE.UU. y mira con desprecio a los obreros indo-americanos.

P: ¿Qué significado tiene la presencia de John L. Lewis de la CIO en el congreso?[2]

R: Qué metas persigue Lewis con su participación en el congreso, no lo puedo decir todavía. Esto se aclarará por su actitud en el congreso mismo. Sin embargo, es absolutamente claro que Lombardo Toledano y otros agentes de Stalin -mexicanos y norteamericanos- tienen como objetivo la sumisión de la CIO a los dictados de Moscú. Para la diplomacia de Moscú esta cuestión es ahora de importancia decisiva. Es cuestión de transformar las organizaciones de trabajadores de toda América en instrumentos obedientes de Stalin y su GPU. Como es sabido fue con ese fin que la Comintern cambió bruscamente su política. Browder se convirtió en rooseveltiano y Toledano en cardenista. Pero esto es sólo para adormecer al adversario. Su meta principal es penetrar en el aparato del estado a cualquier precio. Precisamente por esto, Moscú apoya las ambiciones de Toledano. Si estas metas son alcanzadas, esto significaría, en todo el sentido de la palabra, una catástrofe para la clase obrera americana y para la cultura americana. No queremos la transformación de México en una Cataluña, donde los mercenarios de la GPU, no mejores que cualquier fascista, estrangulan ahora todo lo que es honesto e independiente en el proletariado y la intelectualidad. Como ya lo he dicho, confío firmemente en que estos designios fracasarán. La GPU y sus métodos son demasiado comprometedores, en particular, debido a la investigación de la comisión de Nueva York dirigida por el doctor Dewey. La clase obrera americana encontrará su propio camino y métodos de unificación para la defensa de sus intereses históricos.


NOTAS 

[1] Publicado en Socialist Appeal el 10 de septiembre de 1938. Este comunicado de prensa en forma de entrevista, fue preparado por Trotsky, en nombre de Diego Rivera para evitar acusaciones de mezclarse en la política mexicana y fue dado al público por Rivera en San Angel, ciudad de México. Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo IX, pág. 616, Editorial Pluma.
El Congreso Sindical Panamericano, se reunió en esta ciudad del 6 al 8 de septiembre de 1938 y a él asistieron delegados de la mayor parte de los países latinoamericanos, lo mismo que John Lewis de Estados Unidos, León Jouhaux de Francia y González Pena, ministro de justicia español. De él salió la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL) con sede en México y Lombardo Toledano como presidente.
[2] John L. Lewis (1880-1969): presidente del sindicato minero norteamericano desde 1920 hasta su muerte. Dirigió la minoría en el consejo ejecutivo de la AFL a mediados de los treinta, donde patrocinó el sindicalismo industrial y fue el principal fundador y dirigente del CIO de 1935 hasta 1940, cuando renunció.

sábado, 2 de marzo de 2013

“MIS CONSPIRACIONES”


por Leon Trotsky

19 de julio de 1938

Durante los 18 meses de mi estadía en este hospitalario país, fui acusado de toda una serie de terribles conspiraciones.
Hace algunos meses, el Sr. Toledano declaró en un mitin que yo estaba preparando la huelga general contra el gobierno del general Cárdenas. Ni más ni menos.
El jefe del Partido Comunista (creo que se llama Laborde)[2] declaró en una manifestación pública, en presencia del presidente de la República, que yo estaba involucrado en un complot fascista con los generales Cedillo y… Villarreal.
Al día siguiente, cada uno de estos señores acusadores arrojaba su propia acusación como se tira una colilla, las olvidaban y pasaban a inventar nuevos hechos.
Hoy, está a la orden del día mi viaje de vacaciones a Patzcuaro, Jiquilipan, Guadalajara y Morelia. Ahora ya no me acusan de preparar la huelga general o la insurrección fascista, sino de… viajar a México, alojarme en hoteles, encontrarme con ciudadanos mexicanos y entrevistarme con ellos. Sí, efectivamente he cometido todos esos crímenes (!), agrego que lo he hecho con gran satisfacción.
De parte de las diferentes capas de la población, obreros, docentes, militares, artistas, autoridades del Estado y de las municipalidades, no encontré más que atenciones y hospitalidad, que de forma general caracterizan tan vivamente a los mexicanos. En Patzcuaro, algunos maestros que vinieron a ver a Diego Rivera y a mí, por iniciativa propia, se informaron a través mío de la situación en la URSS y, más particularmente de la educación popular. Les expuse las mismas concepciones que ya había expuesto frecuentemente en mis libros y artículos. Para asegurarle la precisión necesaria, les adjunté la declaración escrita[3] que ya había hecho. Hasta donde yo sé, ninguno de estos maestros se considera ni se dice “trotskista”.
En Jiquilpan, Guadalajara y Morelia, no tuve estos encuentros, desgraciadamente, porque estuve sólo unas horas en esas localidades.
En Guadalajara, el centro de operaciones de mi “conspiración” fue el Palacio Municipal, la Universidad y el orfelinato, en donde vi los frescos de Orozco[4]. Mucha gente vino a mi encuentro para pedirme autógrafos o simplemente para darme la mano. A algunos, tal como lo había hecho en Patzcuaro, les pregunté bromeando: “¿No tiene Ud. miedo de acercarse a un contrarrevolucionario y fascista?”. Todos me respondían más o menos lo mismo: “Nadie con sensatez lo cree”. Inútil es aclarar que esta respuesta me dio una gran satisfacción moral.
En lo que concierne a mi “conspiración” con el Dr. Atl[5], sólo puedo decir que escuché por primera vez su nombre por las últimas “revelaciones”. Jamás me encontré con el Dr. Atl ni tuve el honor de conocerlo.
No dudo que esta declaración que contiene la refutación de una falsa nueva denuncia, será interpretada por los denunciadores como “una intervención en la vida interna de México”[6]. Pero este proceder no engañará a nadie. Hice una promesa precisa al gobierno de este país, es decir al gobierno del general Cárdenas, y no al gobierno de Lombardo Toledano. Nadie me ha dicho que Toledano estaba encargado de vigilar mi conducta. Jamás prometí callarme acerca de las calumnias o los calumniadores. Me reservé el derecho, tanto en mi casa como durante mis viajes, de respirar el aire de México, de encontrarme con ciudadanos de este país, de entrevistarme con ellos, visitar los monumentos artísticos y, cuando lo juzgue necesario, fustigar públicamente y llamando por su nombre a los “demócratas”, “socialistas” y “revolucionarios” quienes -oh, ignominia!- se han encargado de hacer, por la mentira y la calumnia, que quede librado a las manos de la GPU.


NOTAS

[1] Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 18, pág. 160, editado por el Instituto León Trotsky de Francia.
[2] Trotsky simula ignorar el nombre del Secretario General del Partido Comunista Mexicano. Hernán Laborde (1896-1955), fue erigido secretario general en 1929 luego de una severa purga. Estaba evidentemente dispuesto a todas las campañas contra Trotsky, pero se mostraba menos decidido para la “acción directa”.
[3] Trotsky había redactado la declaración en ruso y Jean Van Heijenoort, que lo acompañaba en ese viaje la había traducido al instante.
[4] José Clemente Orozco (1883-1949) era uno de los grandes pintores muralistas de la revolución y del México contemporáneo.
[5] Dr. Atl era el seudónimo de Gerardo Murillo (1875-1964), pintor y poeta, también veterano de la revolución mexicana, colaborador de Carranza, había sido el maestro de Diego Rivera. Rápidamente evolucionó hacia el fascismo y estaba ligado con el general Cedillo. Se formuló la hipótesis de que se habían encontrado “testigos“ de haberlo “visto“ acompañando a Trotsky, dado su cierto parecido con André Breton.
[6] Cada vez que Trotsky se defendía de un ataque calumnioso de gente como Lombardo Toledano, esta gente gritaba que al atacarlos, Trotsky “intervenía“ en la vida política mexicana y violaba así sus compromisos…

viernes, 28 de septiembre de 2012

MEXICO Y EL IMPERIALISMO BRITANICO


5 de junio de 1938

La campaña internacional que los círculos imperialistas están realizando sobre la expropiación de las empresas petroleras mexicanas, hecha por el gobierno, se ha distinguido por poseer todos los rasgos de las bacanales propagandísticas del imperialismo: combina la impudicia, el engaño, la especulación de la ignorancia con la certeza de su propia impunidad.
El gobierno británico inició esta campaña al declarar el boicot al petróleo mexicano. El boicot, como es sabido, siempre involucra al autoboicot y por lo tanto viene acompañado de grandes sacrificios por parte de quien lo hace. Gran Bretaña era hasta hace poco el mayor consumidor de petróleo mexicano; claro que no lo hizo por simpatía para con el pueblo mexicano, sino considerando sus propios beneficios.
El mayor consumidor de petróleo en Gran Bretaña, es el mismo estado, por su armada gigantesca y el rápido crecimiento de su fuerza aérea. El boicot del gobierno inglés al petróleo mexicano significaba, entonces, un boicot simultáneo no sólo de la industria británica, sino también de la defensa nacional. El gobierno de Mr. Chamberlain ha mostrado con una franqueza inusual que los beneficios de los ladrones capitalistas británicos están por encima de los intereses del estado. Las clases y los pueblos oprimidos deben aprender profundamente esta conclusión fundamental.
Tanto cronológica como lógicamente, el levantamiento del general Cedillo resultó de la política de Chamberlain. La Doctrina Monroe le aconseja al almirantazgo británico abstenerse de aplicar un bloqueo naval-militar a las costas mexicanas. Deben actuar por medio de agentes internos, quienes, en realidad no agitan abiertamente la bandera británica, aunque favorecen a los mismos intereses que sirve Chamberlain, los intereses de una pandilla de magnates del petróleo. Podemos estar seguros de que las negociaciones de sus agentes con el general Cedillo no se han incluido en el Libro Blanco que publicó la diplomacia británica hace pocos días. La diplomacia imperialista realiza sus principales negocios bajo el amparo del secreto.
Con el objeto de comprometer la expropiación a los ojos de la opinión pública burguesa, la presentan como una medida “comunista”.
Se combina aquí la ignorancia histórica con el engaño consciente. El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. Tal es el significado básico de la revolución mexicana en esta etapa. Los magnates del petróleo no son capitalistas de masas, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración. Bajo estas condiciones, la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia.
Qué dirección tome el posterior desarrollo económico de México depende, decisivamente, de factores de carácter internacional. Pero esto es cuestión del futuro. La revolución mexicana está ahora realizando el mismo trabajo que, por ejemplo, hicieron los Estados Unidos de Norteamérica en tres cuartos de siglo, empezando con la Guerra Revolucionaria de la Independencia y terminado con la Guerra Civil por la abolición de la esclavitud y la unidad nacional. El gobierno británico no sólo hizo todo lo posible a finales del siglo XVIII para retener a los Estados Unidos bajo la categoría de colonia, sino que más tarde, durante los años de la Guerra Civil, apoyó a los esclavistas del sur contra los abolicionistas del norte, esforzándose, en beneficio de sus intereses imperialistas, en hundir a la joven república, en un estado de atraso económico y de desunión nacional.
También para los Chamberlains de ese tiempo, la expropiación de los esclavistas aparecía como una diabólica medida “bolchevique”. En realidad, la tarea histórica de los del norte consistía en limpiar el terreno para un desarrollo de la sociedad burguesa democrático e independiente. Precisamente esta tarea está siendo resuelta en esta etapa por el gobierno de México. El general Cárdenas es uno de esos hombres de estado, en su país, que han realizado tareas comparables a las de Washington, Jefferson, Abraham Lincoln y el general Grant. Y, por supuesto, no es accidental que el gobierno británico, también en este caso se encuentre a sí mismo al otro lado de la trinchera histórica. Por absurdo que parezca, la prensa mundial, y particularmente la francesa, continúa arrastrando mi nombre alrededor de la expropiación de la industria petrolera. Si ya he negado esta estupidez, no es porque le tema a la “responsabilidad”, como insinuó un locuaz agente de la GPU. Al contrario, consideraría un honor asumir, aunque fuera una parte, de la responsabilidad de esta medida valerosa y progresista del gobierno mexicano. Pero no tengo las menores bases para ello. Supe por primera vez del decreto de expropiación por los periódicos. Pero, naturalmente, esta no es la cuestión.
Se proponen dos metas al involucrar mi nombre. Primero, los organizadores de la campaña desean impartirle a la expropiación un colorido “bolchevique”. Segundo, se proponen darle un golpe al respeto nacional de México. Los imperialistas se empeñan en presentar el hecho como si los hombres de estado mexicano fueran incapaces de determinar su propio camino. ¡Una psicología esclavista hereditaria, indigna y mezquina! Precisamente porque México todavía hoy pertenece a aquellas naciones atrasadas, que apenas ahora se ven impulsadas a luchar por su independencia, se engendran ideas más audaces en sus hombres de estado que la que corresponde a las escorias conservadoras de un gran pasado. ¡Hemos presenciado fenómenos similares en la historia más de una vez!
El semanario francés Marianne, un destacado órgano del Frente Popular francés, llegó a asegurar que en la cuestión del petróleo el gobierno del general Cárdenas actuó no sólo con Trotsky, sino también... a favor de los intereses de Hitler. Como pueden ver, se trata de privar del petróleo, en caso de guerra, a las grandes “democracias” de corazón y, como contrapartida, suplir a Alemania y a otra naciones fascistas. Esto no es ni una pizca más sensato que los Juicios de Moscú. La humanidad se entera, no sin asombro, que a Gran Bretaña se le ha privado del petróleo mexicano por la mala voluntad del general Cárdenas y no por el propio boicot de Chamberlain. Pero entonces, las “democracias” plantean una forma simple de paralizar el complot “fascista”: ¡déjenlos comprar petróleo mexicano, una vez más petróleo mexicano y de nuevo petróleo mexicano! Para cualquier persona honesta y sensible estaría ahora fuera de toda duda que si México se encontrase forzado a vender oro líquido a los países fascistas, la responsabilidad de este acto recaería total y completamente sobre los gobiernos de las “democracias” imperialistas.
Detrás de Marianne y su gente están los instigadores de Moscú. Esto parece absurdo a primera vista, ya que otros instigadores de la misma escuela utilizan libretos diametralmente opuestos. Pero todo el secreto está en el hecho de que los amigos de la GPU adaptan sus puntos de vista a las graduaciones geográficas de latitud y longitud. Si algunos de ellos les promete apoyo a México, otros pintan al general Cárdenas como aliado de Hitler. Desde el último punto de vista, la rebelión del petróleo de Cárdenas debería de ser vista, según parece, como una lucha en favor de los intereses de la democracia mundial.
Sin embargo, abandonemos a su propia suerte a los payasos e intrigantes. No estamos pensando en ellos sino en los obreros con conciencia de clase del mundo entero. Sin sucumbir a las ilusiones y sin temer a las calumnias, los obreros avanzados apoyarán completamente al pueblo mexicano en su lucha contra los imperialistas. La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista. Por supuesto, Marx no consideró que Abraham Lincoln fuese un comunista; esto, sin embargo, no le impidió a Marx tener la más profunda simpatía por la lucha que Lincoln dirigió. La Primera Internacional le envió al presidente de la Guerra Civil un mensaje de felicitación, y Lincoln, en su respuesta, agradeció inmensamente este apoyo moral.
El proletariado internacional no tiene ninguna razón para identificar su programa con el programa del gobierno mexicano. Los revolucionarios no tienen ninguna necesidad de cambiar de color y de rendir pleitesía a la manera de la escuela de cortesanos de la GPU, quienes, en un momento de peligro, venden y traicionan al más débil. Sin renunciar a su propia identidad, todas las organizaciones honestas de la clase obrera en el mundo entero, y principalmente en Gran Bretaña, tienen el deber de asumir una posición irreconciliable contra los ladrones imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus áulicos fascistas. La causa de México, como la causa de España, como la causa de China, es la causa de la clase obrera internacional. La lucha por el petróleo mexicano es sólo una de las escaramuzas de vanguardia de las futuras batallas entre los opresores y los oprimidos.

lunes, 7 de mayo de 2012

STALIN Y MEXICO

La misión de Lombardo Toledano [1]

28 de mayo de 1938

El título de este artículo puede parecer sorprendente e incluso injustificado: no hay relaciones diplomáticas entre la URSS y México. Parecería entonces que Stalin no pudiera tener una política particular con respecto a México. Sin embargo, semejante conclusión sería perfectamente superficial. Stalin tiene -¡y cómo!- una política con relación a México, sobre todo desde que el gobierno de Cárdenas decidió darle hospitalidad a Trotsky[2]. Recordemos algunos hechos, los más indiscutibles y los más elocuentes.

Al inicio del gobierno del presidente Cárdenas, el denominado Partido “Comunista” de México, es decir, la agencia directa de Moscú, exigía que el gobierno de ese país presente sus excusas a Stalin por los procedimientos del gobierno de Calles-Ortiz Rubio[3] con relación a la URSS, y no habiendo obtenido las disculpas, calificó de “fascista” al gobierno de Cárdenas. Tal es la línea general antes del gran giro.

Lombardo Toledano se dirigió a Moscú en 1935 para ser allí iluminado por la gracia divina. Y naturalmente el “Espíritu Santo” descendió hacia él y le mostró la luz. No es posible ser oficialmente un amigo de Moscú sin denigrar, calumniar y combatir a Trotsky con todas sus fuerzas. Toledano se endosó esta obligación y se consagró a ella lo mejor posible. En nombre de los obreros mexicanos, se opuso al derecho de asilo para Trotsky. Felizmente, los argumentos que dio no le parecieron convincentes al general Cárdenas quien tiene de la democracia y del derecho a asilo una concepción muy diferente que la del devoto discípulo de Moscú[4].

Trotsky llegó a México en enero de 1937. Durante los primeros meses, el Partido Comunista dudaba aún en cuanto a la línea política a seguir en este asunto. Esto es porque Moscú no había tomado aún una decisión con respecto al tema. Para Laborde, Toledano era todavía un enemigo mortal. Y así se llegó a la escisión de la CTM a fines de mayo[5]. La polémica entre quienes habían sido hermanos, o mejor dicho, los compadres en la víspera, era extremadamente violenta. Pero Moscú tomó su decisión. Browder, el jefe del PC de Estados Unidos vino a México en persona para dirigir esta cuestión[6]. Le dio a Laborde la orden de ponerse de rodillas frente a Toledano quien fue proclamado especialmente agente número 1 de Moscú. La unidad sindical se restableció. El Congreso de la CTM se preparó bajo la férula de Moscú.

Pero ¿qué buscaba Moscú con esto? La respuesta es simple y clara: la expulsión de Trotsky de este país, en otros términos, su entrega a las manos de la GPU. Hace años que la política interna de la URSS se resume a la lucha contra el trotskismo. Se ha inventado y puesto en escena una serie de procesos monstruosos. Miles de personas fueron arrestadas, “juzgadas”, fusiladas. Decenas de miles fueron apresadas y deportadas. Todos los fantásticos crímenes imputados a las víctimas del innoble buró de Moscú, si se le cree a Stalin y su Vichinsky, convergen infaliblemente en la personalidad del exiliado que se encontraba antes en Francia y Noruega y que vive hoy en México. El número de las víctimas, la amplitud de los esfuerzos, la interminable campaña de calumnias y de persecuciones, los asesinatos de pretendidos trotskistas en el extranjero, todo indica con evidencia absoluta el precio pagado por Stalin para combatir, y si fuera posible, terminar con aquel que la pandilla del Kremlin considera su enemigo número uno. ¿Cómo es posible entonces creer que Stalin no tiene política para México? Tiene una y muy precisa. En las preocupaciones de Stalin, Coyoacán ocupa uno de los primeros lugares.

Pero, ¿cómo conseguir sus fines? El partido stalinista de México es demasiado insignificante para que su “oposición” pueda llegar a algún lado. Es preciso entonces abandonar las acusaciones de “fascismo” contra el gobierno de Cárdenas. Por el contrario, es necesario demostrar una Devoción Absoluta a Lázaro Cárdenas, a quien ayer trataban de fascista. Es necesario demostrar al gobierno que está rodeado de enemigos y que sólo encontrará salud en los brazos de Stalin.

Pero Laborde es demasiado insignificante para tal misión. Sólo debe limitarse a apoyar a Toledano, escondiéndose modestamente detrás de él, y asistimos así a esta escena edificante: Lombardo Toledano, stalinista de la última hora, pero con celo irreprochable, se transforma al mismo tiempo en cardenista 100%.

En la manifestación pública del 20 de noviembre en presencia del presidente, Laborde pronunció un discurso en el que acusaba a Trotsky de complicidad con los generales “fascistas” Villarreal y Cedillo y con Pepe Vasconcelos[7]. El objetivo de este complot fascista habría sido el de voltear al gobierno de Cárdenas. ¿Esta construcción les parece demasiado absurda? En verdad lo es. Pero no más absurda que las otras acusaciones lanzadas por Moscú y en todo caso hecha en el mismo estilo. Nunca Laborde hubiera pronunciado tal discurso sin el permiso, o mejor dicho, sin una orden directa de Moscú. Se discierne en esta falsificación grosera las líneas generales del plan de la GPU: utilizar el peligro fascista, real o imaginario, crear una amalgama entre Trotsky y los fascistas, verdaderos o supuestos, demostrar al gobierno su devoción más vale pretendida que real, y bajo este disfraz político, acabar con el enemigo número 1.

Este plan se inspira en la experiencia española. Stalin se aprovechó de la insurrección del general Franco contra el gobierno republicano para imponer su dictadura a este último[8], y, utilizando las condiciones “favorables” de la guerra civil, terminar con los más eminentes enemigos de Stalin en el suelo español. El mundo entero conoce por otra parte el partido que ha sacado la GPU en la península Ibérica, el asesinato de Andrés Nin*, expulsado antes de la Unión Soviética, el asesinato de teóricos anarquistas[9], la eliminación de Erwin Wolf*, antiguo secretario de Trotsky y de cientos de personas menos conocidas. Esta experiencia parece haber satisfecho extraordinariamente a la GPU. ¿Por qué no intentar la misma experiencia en México?

Es verdad que aún no tenemos guerra civil. Pero, con la ayuda de la GPU, puede estallar. Así como, el ejemplo de Francia lo muestra, la GPU tiene agentes en todos lados, tanto en el campo de la izquierda como en el de la derecha. Entre los rusos blancos de Francia, hay muchos agentes de la GPU que, siguiendo las necesidades, actúan tanto contra los monárquicos como contra los trotskistas[10]. La GPU es perfectamente capaz de ayudar incluso a los fascistas en México para acelerar un movimiento insurreccional con la mano derecha, mientras que con la mano izquierda, es decir con Lombardo Toledano y Laborde, le da su apoyo al gobierno[11]. Tal es el verdadero plan.

Pero, ¿Lombardo Toledano va a prestarse a ese juego? Ya se ha prestado. ¡Y con qué encarnizamiento! Comenzó por acusar a Trotsky, en reuniones públicas, de preparar la huelga general para derribar al gobierno mexicano. Esta denuncia parece totalmente increíble, pero es un hecho que la prensa mexicana lo ha hecho público a su tiempo. Si Toledano se arriesga a hacer semejantes afirmaciones, es porque se comprometió a hacerlas. No es casualidad que Browder haya venido a México, ni por la cara bonita de Lombardo es que Laborde se pone de rodillas frente a él. Do ut des. Para aprovecharse de la ayuda de Moscú para sus propios fines políticos, Toledano no sólo debe llevar al suelo mexicano la campaña anti trotskista, sino también debe ayudar a su jefe a llevarla hasta su desenlace final.

¿Pero Toledano es un cardenista convencido? Sí, exactamente de la misma manera que Laborde quien, bajo las órdenes de Moscú, transforma al presidente “fascista” en héroe nacional. Estos hombres son cardenistas o anti cardenistas según los objetivos de Moscú. Son agentes disciplinados, es todo, y siempre listos para dar el giro más brutal y más inesperado. No es necesario refutar aquí las acusaciones de complicidad con los fascistas, llevadas contra Trotsky y sus amigos, las falsificaciones de Moscú y sus agentes, porque sólo pueden parecerle convincentes a los imbéciles y a los canallas, y nosotros no escribimos ni para los unos ni para los otros. Evidentemente estamos lejos de negar los peligros fascistas que pueden amenazar no sólo al gobierno de Cárdenas sino al futuro de nuestro país. La nueva crisis mundial que se anuncia cada vez más profunda exacerbará las luchas sociales en el mundo entero, y también en México y su periferia. La lucha contra la reacción y particularmente contra su forma más bárbara, el fascismo, es el deber más elemental y más imperioso de todo obrero, campesino e intelectual honorable y valiente, consciente de sus intereses de clase y de los intereses de su pueblo. Pero lo peor que le puede suceder a nuestro pueblo es que esta lucha se dé bajo la dirección de los agentes de Moscú. La GPU ahogó en España junto a la revolución social, la independencia de las organizaciones obreras y campesinas. Tal es la razón fundamental por la que el heroísmo revolucionario sin límites y los innumerables sacrificios del pueblo obrero español no conducen más que a reveses y derrotas. El pueblo trabajador de México no quiere y no permitirá la repetición de los mismos procedimientos. ¿La lucha contra el fascismo? Sí, con todas nuestras fuerzas. ¿La dirección de la GPU por intermedio de sus agentes? No, no y no. Esto sería el desastre. Y nosotros aspiramos a la victoria.

NOTAS

[1] 1 Artículo publicado en Hoy del 28 de mayo de 1938, bajo la firma de Diego Rivera. La forma y el contenido conducen a pensar que era uno de los artículos escritos por Trotsky y firmados por el pintor como este último lo indica en una carta de enero de 1939: se trataba de evitar la acusación de injerencia en la vida política mexicana. Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 17, pág. 265, editada por el Instituto León Trotsky de Francia.
[2]El presidente Cárdenas había accedido a fines de 1936 a la demanda de asilo político para Trotsky que le había sido presentada por Diego Rivera, con el apoyo del general Mujica.
[3] Plutarco Elías Calles (1877-1945), devenido general durante la revolución, había sido presidente de México desde 1924 a 1928, con el apoyo de EEUU; hasta la presidencia de Cárdenas, y bajo diferentes presidentes, fue el verdadero jefe del país. Pascual Ortiz Rubio (1877-1963) fue uno de sus hombres: fue presidente desde 1930 a 1932. Los gobiernos mexicanos de la época “callista” se negaban a tener relaciones diplomáticas con la URSS.
[4]Lombardo Toledano había combatido el otorgamiento de asilo a Trotsky, explicando que éste combatía la colaboración de clases, base de la política del gobierno y del sindicato. El gobierno fue inundado con telegramas de protesta provenientes de los sindicatos de la CTM.
[5]Hernán Laborde (1896-1955), ferroviario, fue secretario del Partido Comunista Mexicano desde 1929. La escisión de la CTM se había producido en el IV Consejo Nacional de esta central. El conflicto se refería sobre todo al lugar del PC en el Frente Popular. El PC había fundado un “Comité de Organización del Frente Popular”. La CTM de Lombardo Toledano consideraba que el Frente Popular se realizaría en el interior del partido gubernamental reorganizado. El secretario de organización, Fidel Velázquez, excluía sistemáticamente a los comunistas de los puestos de mando. En el Consejo Nacional, anunció de entrada el rechazo a reconocer mandatos y delegados de varias organizaciones controladas por los miembros del PC, el sindicato de docentes, la alianza de los trabajadores del Estado, la Federación de Trabajadores de Nuevo León y los de La Laguna, etc.: algunas de ellas se habían constituido como sindicatos independientes sólo para aumentar el número de los mandatos controlados por el PC. Lombardo Toledano dio su apoyo a Velázquez. Los sindicatos más grandes (sobre todo los ferroviarios, mineros, petroleros, electricistas) dejaron la sesión para reunirse en “Consejo Nacional” en la sede de los ferroviarios y proclamarse la dirección de la CTM. Esta CTM bis que se pretendía la “única verdadera” tenía en su dirección tres secretarios de la CTM (sobre siete) de antes de la escisión.
[6]Earl Browder, secretario general del PC americano, miembro del Ejecutivo de la Internacional, era el responsable de los partidos comunistas del continente. Pronto tomó partido contra el PCM, publicando en el Daily Worker sólo la carta de Lombardo Toledano acusando a los comunistas mexicanos. Luego se dirigió a México en donde, al término de largas discusiones, obtuvo del comité central del 26 al 30 de julio una resolución autocrítica sobre la “unidad a cualquier precio”.
[7] El general Saturnino Cedillo (1890-1939), dinamitador de trenes devenido en general, antiguo ministro de agricultura, era el cacique de San Luis Potosí. La prensa comunista y la de la CTM lo acusaba de preparar una sublevación contra Cárdenas: el general era, sino fascista, al menos un reaccionario obtuso y brutal. José Vasconcelos (1881-1959), intelectual, antiguo rector de la universidad y ministro de educación, se había exiliado en EEUU y no había dejado de evolucionar hacia la derecha. Por el contrario, Antonio I. Villarreal (1879-1944), organizador antes de la guerra del Partido Liberal, fundador de la primera central sindical nacional, la CNT, presidente de la convención de Aguascalientes, no podía considerarse “fascista”. La amalgama entre él y estos dos hombres de extrema derecha era utilizada porque a pesar de no haber podido tomar parte de la Comisión Dewey por razones prácticas, había afirmado su solidaridad con los objetivos de la investigación y su indignación por las calumnias lanzadas contra Trotsky.
[8] Francisco Franco Bahamonde no sólo era uno de los jefes del pronunciamiento español de julio de 1936 sino que se había convertido rápidamente en caudillo de la España “nacionalista”. Se sabe de qué manera Stalin había utilizado la necesidad de armas de la República para dictar sus condiciones al gobierno.
[9] El único “teórico anarquista” asesinado en esta época era el italiano Camillo Berneri (1897-1937) arrestado en su domicilio y hallado muerto en la calle al día siguiente de las “jornadas de mayo”.
[10] Trotsky hace alusión al hecho de que algunos de los principales hombres de la GPU comprometidos en el asesinato de Ignace Reiss en septiembre de 1937 eran emigrados blancos como Sergei Efron y Vadim Kondratiev.
[11] Trotsky parece haber tenido la idea de que la GPU podía actuar del lado de Cedillo.

viernes, 16 de diciembre de 2011

LAS EXPROPIACIONES MEXICANAS DEL PETROLEO

por Leon Trotsky

Un desafío al Partido Laborista británico[1]
23 de abril de 1938
Al director del Daily Herald

Londres
Estimado señor:

En el vocabulario de todas las naciones civilizadas existe la palabra “cinismo”. La defensa que hace el gobierno británico de los intereses de una camarilla de explotadores capitalistas debería introducirse en las enciclopedias como un ejemplo clásico de cinismo descarado. Por lo tanto, no estoy equivocado al decir que la opinión pública mundial espera oír al Partido Laborista británico respecto al escandaloso papel de la diplomacia inglesa sobre la cuestión de expropiación de la Eagle, sociedad anónima petrolera, por el gobierno mexicano.
El aspecto jurídico de la cuestión es claro hasta para un niño. Con el objetivo de explotar la riqueza natural de México, los capitalistas británicos se colocaron bajo la protección y al mismo tiempo bajo el control de las leyes y las autoridades mexicanas. Nadie obligó a los señores capitalistas a hacer esto, ni por medio de la fuerza militar ni con notas diplomáticas. Actuaron voluntaria y conscientemente. Ahora el señor Chamberlain[2] y Lord Halifax desean forzar a la humanidad a creer que los capitalistas británicos se han comprometido a reconocer las leyes mexicanas solo dentro de aquellos límites que ellos consideran necesarios. Además, ocurre incidentalmente que la interpretación totalmente “imparcial” de las leyes mexicanas de Chamberlain-Halifax coinciden exactamente con la interpretación de los capitalistas interesados.
Sin embargo, el gobierno británico no puede negar que sólo el gobierno mexicano y la Corte Suprema del país están capacitados para interpretar las leyes de México. A Lord Halifax, quien tiene una calurosa simpatía por las leyes y cortes de Hitler, las leyes y cortes mexicanas le parecerán injustas. ¿Pero quién le dio al gobierno británico el derecho de controlar la política interna y los procedimientos legales de un estado independiente? Esta pregunta contiene ya parte de la respuesta: el gobierno británico, acostumbrado a mandar a cientos de millones de esclavos y semiesclavos coloniales, está tratando de aplicar esos mismos métodos a México. Habiendo encontrado una resistencia valerosa, instruye a sus abogados para que rápidamente inventen argumentos en los cuales la lógica jurídica es reemplazada por el cinismo imperialista.
El aspecto económico y social del problema es tan claro como su aspecto jurídico. En mi opinión, el Comité Ejecutivo de su partido actuaría correctamente, si crease una comisión especial que estudie la medida en que el capital británico y en general el capital extranjero, han aportado a México y han extraído de él. Tal comisión podría, en un corto período, presentarle al público británico, ¡el balance sorprendente de la explotación imperialista!
Una pequeña camarilla de magnates extranjeros succiona, en todo el sentido de la palabra, la savia vital tanto de México como de otra serie de países atrasados o débiles. Los discursos solemnes acerca de la contribución del capital extranjero a la “civilización”, su ayuda al desarrollo de la economía nacional, y demás, representan el más claro fariseísmo. La cuestión, en realidad, concierne al saqueo de la riqueza natural del país. La naturaleza requirió muchos millones de años para depositar en el subsuelo mexicano oro, plata y petróleo. Los imperialistas extranjeros desean saquear estas riquezas en el menor tiempo posible, haciendo uso de mano de obra barata y de la protección de su diplomacia y su flota.
Visiten cualquier centro de la industria minera: cientos de millones de dólares, extraídos por el capital extranjero de la tierra, no le han dado nada, nada en absoluto a la cultura del país; ni autopistas, ni edificios, ni un buen desarrollo de las ciudades. Aún las instalaciones de las mismas compañías a menudo parecen barracas. Ciertamente, ¿por qué hay que gastar el petróleo mexicano, el oro mexicano, la plata mexicana en las necesidades de un México lejano y extraño cuando, con los beneficios obtenidos, es posible construir palacios, museos, teatros en Londres o en Mónaco? ¡Así son los civilizadores! En lugar de las riquezas históricas, dejan agujeros en la tierra mexicana y enfermedades en sus trabajadores.
Las notas del gobierno británico se refieren a la “ley internacional”. Aún la ironía deja caer las manos impotentes ante este argumento. ¿Sobre qué clase de ley internacional estamos hablando? Evidentemente acerca de la ley que triunfó en Etiopía y que el gobierno británico se prepara ahora a sancionar.
Evidentemente de la misma ley que los aeroplanos y tanques de Mussolini y Hitler están anunciando en España desde hace dos años, con el invariable apoyo del gobierno británico.
Este último sostuvo interminables conversaciones acerca de la evacuación de España de los “voluntarios” extranjeros. La opinión pública, ingenua por largo tiempo, pensó que esto significaba el retiro de los bandidos fascistas extranjeros. Realmente el gobierno británico sólo le pidió a Mussolini una cosa: que retirara sus tropas de España únicamente después de garantizar el triunfo de Franco. En este caso, como en todos los demás, el problema consistía no en defender la “ley internacional” o la “democracia”, sino en salvaguardar los intereses de los capitalistas británicos en la industria minera de España de posibles amenazas por parte de Italia.
En México, el gobierno británico realiza básicamente la misma política que en España, pasivamente con relación a España, activamente con relación a México.
Ahora estamos presenciando los primeros pasos de esta actividad. ¿Cuál será su posterior desarrollo? Todavía nadie lo puede predecir. Chamberlain mismo aún no lo sabe. Una cosa podemos afirmar con seguridad: el posterior desarrollo de los atentados del imperialismo británico contra la independencia de México dependerá, en gran parte, de la conducta de la clase obrera británica. Aquí es imposible evadir el asunto recurriendo a fórmulas indefinidas. Es necesaria una decisión firme para paralizar la mano criminal de la violencia imperialista. Por lo tanto, termino como empecé: ¡la opinión pública mundial espera la voz firme del Partido laborista británico!.

NOTAS

[1] Carta al Daily Herald, periódico del Partido Laborista británico. Publicado en Socialist Appeal el 14 de mayo de 1938. Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo IX, pág. 472, Editorial Pluma.
[2] Primer ministro británico.

martes, 6 de septiembre de 2011

POR LA REORGANIZACIÓN DE LA SECCION MEXICANA

por León Trotsky

15 de abril de 1938[1]


Querido camarada Cannon*:

¿Puedo hacer algunas propuestas respecto a la situación mexicana?[2]
1. Sería muy bueno si nuestro partido se dirigiese al Partido Laborista británico, a los sindicatos, al Partido Laborista Independiente, etcétera, con la propuesta de oponerse vigorosamente a la política de Chamberlain en el asunto del petróleo[3]. Nuestro partido podría asumir el papel dirigente en esta cuestión.
2. Vuestra participación en el mitin aquí[4] tuvo un resultado “inesperado”. Galicia*, en nombre de la Liga restaurada, publicó un manifiesto en el cual atacaba a Cárdenas por su política de compensar a los capitalistas expropiados y colocó este manifiesto principalmente en los muros de la Casa del Pueblo[5]. Tal es la “política” de esta gente.
No sé si ellos han contestado su carta sobre la expulsión del grupo de Fernández*. En todo caso ellos continúan llamándose sección de la Cuarta Internacional. En mi opinión, la Conferencia Panamericana no debe reconocerlos, sino designar una comisión para la reorganización de la sección mexicana. Pero es necesario enviar al menos un responsable que pueda permanecer aquí al menos dos o tres meses. Mientras más pronto lo manden, mejor[6]. Usted sabe que el proyecto de una revista teórica en español fue retrasado por la crisis de la Liga. Esta revista no debería ser, por lo menos al principio, un órgano oficial de la Cuarta Internacional, sino el órgano de un bloque de los integrantes de la Cuarta Internacional con algunos simpatizantes como los hermanos Zamora* y otros, con el objeto de proteger a la revista de los intentos de los grupos y pandillas locales. Debe ser organizada no como una revista mexicana, sino latinoamericana bajo el control oficial del Comité Panamericano, que puede designar a Diego (Rivera) y su representante (Curtiss*) a la redacción de la revista. Tal decisión es muy urgente[7].


Mis mejores deseos.
Hansen (Trotsky)

[1] Tomada de la versión publicada en Escritos, Tomo IX, pág. 457, Editorial Pluma. De los archivos de James P. Cannon.
[2] 2 La situación de los partidarios de la IV Internacional en México era más bien preocupante. Esta sección, que había vegetado durante mucho tiempo, se desarrolló en 1936 contando con una centena de miembros por ese período, sobre todo obreros de la construcción. Un folleto (inspirado por L. Galicia) contra la carestía de la vida que llamaba a una “acción directa” contra el gobierno provocó una grave crisis.
Mediante una carta del 12 de junio Trotsky había roto sus relaciones con esta sección (ver pág. 53), Galicia renunció al Buró Político en julio. Se produjo una escisión en el Sindicato de la Construcción y numerosos militantes lo abandonaron. El 12 de febrero de 1938, con la oposición de Octavio Fernández, el grupo -algunas decenas- eligió una dirección de tres personas (Galicia, Velásquez, Rivera), y el 19, decidió la exclusión de Rivera de la dirección. Frente a la protesta de Rivera y Fernández, los partidarios de Galicia respondieron que tenían claro que “la línea revolucionaria de la organización estaba definida por las necesidades de la estadía de Trotsky en México”. Al arribo de la comisión de tres dirigentes del SWP, Rivera había propuesto por carta confiar la cuestión a esta “Comisión del Secretariado Internacional”. La respuesta de Galicia consistió en proponer la disolución de la Liga Comunista Internacionalista y fundar en su lugar un “Centro de Estudios”. Fue votada por 30 votos contra 7: por lo tanto no había más “sección mexicana”.
Por la época en que Cannon y sus camaradas estuvieron en México, la “Comisión del SI” (Cannon, Dunne, Shachtman), sólo encontró a Diego Rivera y Octavio Fernández el 25 de marzo... No obstante, rápidamente Galicia y sus amigos “reconstituirían” la Liga.
[3] En marzo de 1938, el gobierno mexicano nacionalizó las propiedades petroleras extranjeras. En represalia, los gobiernos británico y norteamericano impusieron un embargo al petróleo mexicano conjuntamente con las compañías petroleras que poseían barcos tanques para enviar el petróleo al extranjero. Al mismo tiempo, iniciaron una campaña de calumnias en Gran Bretaña y en Estados Unidos que facilitaría la intervención armada en México. En 1941 los gobiernos mexicano y norteamericano llegaron a un acuerdo para la indemnización de las compañías petroleras norteamericanas; en 1947 se alcanzó un acuerdo similar con Gran Bretaña. El Partido Laborista británico, fundado en 1906 y afiliado a la Segunda Internacional, era la principal fuerza opositora a la mayoría conservadora en el parlamento.
[4]Durante su estadía en México, Cannon y Shachtman, tomaron la palabra el 30 de marzo, en un mitin de apoyo a la nacionalización de las empresas petroleras, en la Casa del Pueblo.
[5]La Casa del Pueblo era la oficina principal de un sindicato de panaderos que sirvió como centro de unión del ala izquierda en la ciudad de México.
[6] La Conferencia Panamericana declaró que no existía una sección de la Cuarta Internacional en México. La conferencia de fundación de la Cuarta Internacional en setiembre ordenó al Secretariado Internacional reorganizar la sección mexicana sobre la base de la aceptación de las decisiones de la conferencia de fundación y la disciplina de la Cuarta Internacional. La Conferencia Panamericana decidió enviar a Charles Curtiss a México como representante de la pre-conferencia y del SWP y el Secretariado Internacional. Estuvo allá de julio de 1938 a julio de 1939.
[7] El Comité Panamericano fundó la revista Clave como órgano de todas las secciones de habla española de la Cuarta Internacional. Adolfo y Francisco Zamora, José Ferrel, Diego Rivera, Octavio Fernández y Trotsky (quien usó el nombre de Crux para evitar el cargo de interferir en los asuntos internos de México) eran sus directores.

lunes, 25 de abril de 2011

ENTREVISTA PARA MEXICO AL DIA

por León Trotsky

16 de agosto de 1937[1]

¿Ha leído Ud. el artículo publicado el 10 de agosto por El Universal Gráfico, en la página 9?. Trata de los motivos de su oposición al Comité Central del Partido Comunista. ¿Podría decirnos algo sobre cuáles fueron las verdaderas razones de vuestras divergencias con Stalin?

Mi lucha contra Stalin tenía profundas raíces sociales. La revolución de Octubre se realizó en favor de las masas trabajadoras contra todos los privilegios. Sin embargo, debido a las causas históricas que no podemos discutir aquí, una nueva casta privilegiada, la todopoderosa burocracia soviética, se elevó por encima de las masas obreras y campesinos. Stalin es su jefe. Los que se llaman a sí mismos “trotskistas” luchan por los intereses de las masas trabajadoras contra los nuevos explotadores. Si la dominación de la burocracia se estableciera definitivamente, todas las conquistas de la revolución de Octubre serían aniquiladas. Por el contrario, si las masas trabajadoras lograsen derribar a la casta dirigente, el país podría conocer un desarrollo socialista. En consecuencia, es una lucha irreconciliable. Su resultado final depende de factores que son a la vez nacionales e internacionales.

¿Qué piensa sobre la nueva Constitución soviética? Según vuestra opinión, ¿hasta dónde ha seguido Stalin los lineamientos indicados por Lenin?
La nueva Constitución de la URSS constituye un intento de consolidar en el terreno jurídico la dominación incontrolable de la camarilla dirigente y de su Führer. La Constitución tiene un carácter bonapartista en la medida en que trata de ocultar un poder personal sin límites mediante una parodia plebiscitaria.

Según vuestra opinión, ¿cuál es el futuro del Estado soviético, y cuáles son los peligros que lo amenazan?

Ya hemos hablado de los peligros internos. Los peligros externos están ligados con la amenaza de guerra. En su lucha incansable contra el pueblo, la burocracia soviética debilita la defensa del país. Esto fue en parte probado por la reciente y vergonzosa capitulación de Moscú frente a Japón sobre la cuestión de las islas del Amor. La liquidación de la dictadura stalinista está igualmente dictada imperativamente por las necesidades de la defensa del país.

Se dice que Ud. está escribiendo sus memorias. ¿Será este libro una ampliación o una continuación de vuestra obra Mi Vida?

Terminé mi libro sobre los procesos de Moscú, titulado Los crímenes de Stalin. Ahora empecé a trabajar en la biografía de Lenin.

¿Está Ud. satisfecho, no sólo políticamente sino sobre todo como hombre, de vuestra situación en el mundo, dicho de otra manera, abandonaría la política, por circunstancias particulares, y estaría dispuesto a gozar, como hombre común y no como hombre político, de lo que la vida pueda ofrecerle en un modesto retiro?

Pensar es la única satisfacción total que posee el hombre. El trabajo intelectual depende relativamente poco de las circunstancias exteriores. Si se tienen libros, papel y una pluma, no es necesario nada más para formular sus propias experiencias vitales, o las de otros, y para participar así en la preparación del futuro. También sería falso decir que me he retirado de la política. No participo en la vida política corriente; en particular, no intervengo en la vida interna de este país que me ha ofrecido tan magnánimamente su hospitalidad. Pero mi actividad literaria, ya sea la consagrada a la teoría o a la historia, tuvo siempre en vista el destino de la humanidad y tratar de ayudar a la emancipación de los obreros de todas las maneras posibles. En este amplio sentido de la palabra, toda mi actividad tiene un carácter político.
Durante mis cuarenta años de lucha revolucionaria, estuve en el poder durante siete años a lo sumo. No era más feliz que en la actualidad. Del mismo modo, no vi ninguna razón para considerar mi exilio como una desgracia personal. El exilio estuvo condicionado por la lucha revolucionaria y, en ese sentido, era un eslabón natural, lógico, en mi vida.

¿Cómo es su vida actual? ¿Cuál es esencialmente su actividad? ¿Está satisfecho con su estadía en México? ¿Considera Ud. que el hombre, como ser humano, le interesa al público tanto como la política?

Mi vida actual apenas se distingue de la que llevaba en el Kremlin; está totalmente consagrada al trabajo. Les he hablado ya del carácter de este trabajo, en sus aspectos esenciales. Estoy muy satisfecho con las condiciones de mi estadía en México. Es verdad que los agentes de Stalin -no es necesario nombrarlos- hacen lo posible también aquí, por enturbiarla. Pero una larga experiencia me ha enseñado a considerarlos con indiferencia, con un ligero toque de desprecio.
Para terminar, déjeme decirle que una parte considerable de mi tiempo está consagrada a cooperar con el trabajo de la Comisión Internacional de Investigación sobre los procesos de Moscú. Puse a disposición de la Comisión varios centenares de documentos originales, en su mayoría cartas, y más de un centenar de testimonios. Las sesiones plenarias de la Comisión comenzarán el 17 de septiembre. El trabajo de las subcomisiones de Nueva York y París continúa sin cesar: la verificación de los documentos, el examen de los testimonios, etc. A pesar de las calumnias de los mercenarios de Stalin, tanto la subcomisión como la comisión no está compuesta solamente por “trotskistas” sino también por muchos individuos que son sus adversarios políticos. Naturalmente, no son agentes de la G.P.U. sino gente honesta, irreprochable. Agregaré que la comisión no ha dejado de invitar y de reiterar sus invitaciones a los representantes del gobierno de Moscú, a la Comintern, a los “Amigos de la Unión Soviética”. Todos estos cobardes se han negado a participar para tener un pretexto para acusar a la comisión de parcialidad.
A comienzos de septiembre, el informe estenográfico (600 páginas) de las audiencias de la subcomisión de investigación en Coyoacán será publicado en Nueva York. Luego vendrá un segundo volumen que abarcará a todos los documentos presentados a la comisión[2]. La comisión internacional de investigación tendrá así la posibilidad de sacar sus conclusiones sobre un cimiento sólido de hechos estrictamente verificados. No tengo dudas que el juicio de la comisión y de la opinión pública mundial será un golpe fatal para la burocracia stalinista y sus “amigos”.
El hecho de estar convencido de la justeza de su posición y de luchar por el triunfo de la verdad sobre las mentiras y las falsificaciones le da al ser humano la mayor satisfacción posible. Estoy lleno de reconocimiento hacia el pueblo mexicano y su gobierno, que me han dado la posibilidad, en un período crítico de mi vida, de continuar sin obstáculos mi lucha contra la más monstruosa de las imposturas judiciales.

NOTAS

[1] Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 14, pág. 289, editadas por el Instituto León Trotsky de Francia.
[2] Tal empresa era difícilmente realizable, dado el volumen de los documentos en cuestión. El segundo libro fue el informe de la comisión mencionando sobre todo los extractos. Fue publicado con el título de No culpable.

jueves, 18 de noviembre de 2010

RUPTURA CON LA SECCIÓN MEXICANA

por León Trotsky

12 de junio de 1937[1]

Querido amigo[2]:

Ud. sabe que yo no intervengo en la política mexicana en general ni en la acción de la Liga Comunista Internacionalista sección mexicana en particular, pero ciertas manifestaciones de la Liga que afirma su solidaridad con el “trotskismo” me obligan a expresar por vuestro intermedio mi opinión con la mayor claridad.
¿Qué significa “acción directa”? ¿contra la carestía de la vida, huelgas, sabotaje, boicot, contra los hambreadores del pueblo?[3]
Es la primera vez en mi vida que escucho que el sabotaje es un método de lucha obrera. El sabotaje de la producción o de los transportes no significa la baja de los precios, sino el alza. Los farsantes stalinistas acusan a los trotskistas de sabotaje. Nosotros rechazamos esta acusación con indignación. Pero esta proclama de la Liga puede ser y será interpretada como la confirmación de las calumnias y las falsificaciones stalinistas.
¿Qué significa en esta caso la “acción directa” sin definir su contenido político? Esta fórmula del vocabulario anarco-sindicalista puede ser y será interpretada por nuestros adversarios como una incitación a la realización de actos terroristas.
El llamado es antimarxista, falso y aventurero. Pero no sólo eso: para esta política errónea, los autores del llamado eligieron una fórmula que parece creada especialmente para servir a los planes stalinistas.
Me reservo el derecho de condenar total y radicalmente esta política ligera y criminal. Estoy seguro que Ud. tendrá la misma opinión que yo.

Con mis más amistosos saludos.

Notas

[1] 1 Carta a D. Rivera. Traducido del francés de la versión publicada en Oeuvres, Tomo 14, pág. 125, editadas por el Instituto León Trotsky de Francia.
[2] El gran pintor y muralista mexicano Diego Rivera (1886-1957) había sido dirigente del Partido Comunista Mexicano, luego se ligó con la Oposición de Derecha de Lovestone. Se unió en 1936 a la sección mexicana, la Liga Comunista Internacional y fue miembro de su dirección. Fue, junto con su mujer Frida Khalo, quien hospedó a los Trotsky, a quienes les habían prestado la “Casa Azul”. En 1939 rompió con Trotsky y la IV Internacional (ver Balance de la ruptura de Diego Rivera).
[3] La dirección de la sección mexicana acababa de publicar un llamado a la “acción directa” contra la carestía de la vida. Lo inspiraba en ese momento el docente Luciano Galicia quien era en la LCI el adversario de Diego Rivera y sobre todo de Octavio Fernández.

sábado, 19 de junio de 2010

LA INVESTIGACION PRELIMINAR EN COYOACAN

por León Trotsky


[1]En la época del “proceso Kirov” [2] (diciembre 1934-enero 1935), las relaciones entre París y Moscú ya estaban bien encaminadas. La disciplina “nacional” de la prensa francesa es un hecho público y notorio. Los representantes de la prensa extranjera, principalmente la norteamericana, no pudieron encontrarme debido a mi “incógnito”. Por lo tanto, me encontraba aislado. Mi respuesta al primer juicio de Zinoviev*-Kamenev apareció en un folleto de circulación muy restringida. Moscú tomó nota del hecho con satisfacción: esto facilitaba el montaje del gran proceso cuya preparación demoraría dieciocho meses más. En este interín, la amistad entre Stalin y los Partidos del Frente Popular se fortaleció hasta el punto en que la GPU pudo contar firmemente con la benévola neutralidad de radicales y socialistas. Le Populaire cerró sus páginas a todas las revelaciones sobre la actividad de la GPU en la URSS e inclusive en Francia. Mientras tanto, la fusión de los “sindicatos rojos” con los reformistas selló los labios de la Confederación General del Trabajo. León Blum postergó sus rencillas con Thorez [3], León Jouhaux* se esforzó por consolidar su amistad con ambos. Friedrich Adler, secretario de la Segunda Internacional, hizo todo cuanto le fue posible por revelar la verdad. Pero todos los partidarios de la Segunda Internacional, casi sin excepción, boicotearon a su propio secretario. No es la primera vez en la historia que las organizaciones dirigentes se convierten en instrumentos de una conspiración contra los intereses de las masas trabajadoras y los reclamos de su conciencia. Jamás hubo una conspiración tan cínica. Por eso Stalin pudo creer que apostaba a lo seguro.

Se equivocó. En el seno de las masas se suscitó una resistencia sorda, no siempre explícita. Resultaba difícil aceptar que todo el estado mayor de la Vieja Guardia se había aliado al fascismo y debía ser exterminado. Los intelectuales de izquierda más honestos y sensibles dieron la alarma. En estas condiciones se hizo clara la importancia de las organizaciones que se agrupan bajo la bandera de la Cuarta Internacional. Estas no son, no pueden ser organizaciones de masas en un período de reacción como el que estamos atravesando. Son los cuadros, la levadura del futuro. Se formaron en la lucha contra los partidos dirigentes de la clase obrera en la época de decadencia. En toda la historia, ningún grupo del movimiento obrero ha sido perseguido con tanta saña, ni atacado con calumnias tan venenosas como el de los llamados “trotskistas”. Los mismos hechos que lo templaron políticamente, le dieron espíritu de sacrificio y le acostumbraron a nadar contra la corriente. Nuestros cuadros jóvenes y perseguidos aprenden a pensar; piensan con seriedad y estudian su programa honestamente. Su capacidad para orientarse en una situación política y anticipar su desenlace les da una gran ventaja con respecto a los líderes más “calificados” de las internacionales socialista y comunista. Son profundamente leales a la URSS -es decir, a lo que queda de la Revolución de Octubre en la URSS- y, a diferencia de la mayoría de los “Amigos de la URSS”, lo demuestran ampliamente en tiempos difíciles. Pero odian a la burocracia soviética como a su peor enemigo. Las mentiras y amalgamas no los engañan. Cada uno de estos grupos ha sido blanco de calumnias, no seguidas de ejecuciones, por cierto, pero sí por intento de asesinato moral y, frecuentemente, de la violencia física. Detrás de las mentiras de la Internacional Comunista ha aparecido invariablemente la GPU. Por eso los juicios de Moscú no sorprendieron a los trotskistas en el exterior. Fueron los primeros en dar la señal de iniciar la resistencia; recibieron el apoyo inmediato de los distintos círculos y grupos de la clase obrera y de la intelectualidad de izquierda.

Su tarea esencial era iniciar la investigación de los crímenes jurídicos de Moscú. En las condiciones imperantes, no podía tratarse de una comisión tal, que recibiera el apoyo de las organizaciones obreras oficiales. El único recurso era apelar a individuos calificados, destacados e intachables. Así visualizó el problema el Comité Norteamericano por la Defensa de León Trotsky; el Comité Francés de Investigación de los Procesos de Moscú siguió el ejemplo. Inmediatamente, los agentes stalinistas del mundo clamaron que la investigación sería “parcial”. Esta gente tiene una concepción propia de la imparcialidad, encarnada en Iagoda, organizador del proceso de Zinoviev y Kamenev. El Comité de Nueva York trató de lograr la participación de la embajada soviética, del Partido Comunista y de los “Amigos de la Unión Soviética” en la investigación: fue en vano. En el viejo y en el nuevo mundo, las respuestas fueron gritos e insultos. De esta manera los celosos defensores de la imparcialidad demostraron su solidaridad con la justicia de Stalin-Iagoda.

Pero, como dice el viejo proverbio. “Los perros ladran, señal de que cabalgamos”. Se conformó la comisión. John Dewey*, filósofo y pedagogo, veterano del liberalismo norteamericano, fue su jefe natural. Lo acompañaron Suzanne La Follette, escritora de izquierda. Benjamín Stolberg, periodista de izquierda, Otto Rühle*, veterano marxista de la izquierda alemana, Carlo Tresca, conocido militante anarquista, Edward Alsworth Ross, destacado sociólogo norteamericano, el rabino Edward L. Israel y otros[4]. Se equivoca la prensa de la Comintern cuando afirma, absurdamente, que los miembros de la comisión eran o son mis partidarios políticos. Otto Rühle, quien como marxista se encuentra más cercano a mí -desde el punto de vista político- fue un implacable adversario de la Internacional Comunista en la época en que yo era miembro de su dirección.

Sin embargo, se trata de algo enteramente distinto. El tribunal de Moscú no me acusa de “trotskismo” -es decir, de defender el programa de la revolución permanente-, sino de aliado de Hitler y del Mikado, es decir, de traidor al trotskismo. Aunque los miembros de la comisión fueran simpatizantes del trotskismo (lo cual, repito, no es así), no hubieran podido mostrarse indulgentes con mis relaciones con el imperialismo japonés contra la URSS, Estados Unidos y China. Otto Rühle ha demostrado su odio al fascismo con el trabajo de toda su vida, sobre todo en el exilio. Será menos indulgente con los aliados de Hitler que los funcionarios que maldicen y bendicen en cumplimiento de órdenes de la superioridad. La parcialidad de los miembros de la comisión no reside en que dudan de la palabra de Iagoda, Vichinsky*, o Stalin. Quieren pruebas; las exigen. No es culpa suya si Stalin no les da lo que no tiene.

La comisión de París, orientada por la de Nueva York, es presidida por adversarios políticos míos: Modigliani, abogado italiano, miembro del ejecutivo de la Segunda Internacional; señor Delepine, miembro del Comité Administrativo Permanente del partido del señor León Blum. Nunguno de los otros miembros (señora Caesar Chambrun, presidenta del Comité de Ayuda a los Presos Políticos; señor Galtier-Boissiere, director de Crapoullot; señor Mathe, ex secretario del Sindicato Nacional de Carteros; señor Jacques Madaule, escritor católico) es trotskista. Agrego que jamás tuve vínculos personales con ningún miembro de las comisiones de Nueva York y París.

Como primera medida, la comisión de Nueva York resolvió enviar una subcomisión a entrevistarme, con el fin de saber si yo poseía materiales suficientes como para justificar una investigación. Integraban la subcomisión la señora La Follette, los señores J. Dewey, B. Stolberg, O. Rühle y Carleton Beals[5], periodista. Este último remplazó a otra personas de mayor autoridad, quienes a último momento no pudieron viajar a México. La subcomisión incorporó como asesor legal al señor John Finerty, abogado, ex combatiente revolucionario irlandés, defensor de Sacco y Vanzetti y de Tom Mooney[6]. Por mi parte, invité al señor Albert Goldman* a asumir mi defensa. La prensa stalinista lo acusó de trotskista, esta vez con razón. Lejos de ocultar su solidaridad conmigo, Goldman la anunció públicamente durante la indagación. ¿Quizá hubiera sido mejor que yo encomendara la defensa de mis intereses al señor Pritt?

Al llegar a México la subcomisión invitó al Partido Comunista, a los sindicatos y a las organizaciones obreras del país a participar en la indagación, con pleno derecho a formular preguntas y exigir la verificación de todos los testimonios. Los autotitulados comunistas y los “amigos oficiales” de la Unión Soviética respondieron con negativas categóricas, encubriendo su cobardía con frases altaneras. Así como Stalin sólo puede procesar públicamente a quienes han confesado previamente todo lo que él quiere, los amigos de la GPU no hablan sino cuando tienen la seguridad de que nadie los contradirá. Ni él, ni éstos, apoyan la libertad de expresión.

La subcomisión quería realizar sus sesiones en un salón público de México. El Partido Comunista amenazó con realizar manifestaciones. Es cierto que este partido es más bien insignificante; pero la GPU dispone de fondos y medios técnicos considerables. Las autoridades mexicanas habían aceptado no interferir en el trabajo de la subcomisión, pero no podía hacerse cargo de la protección de las sesiones públicas. La subcomisión resolvió, por propia iniciativa, reunirse en la casa de Diego Rivera, en un salón capaz de albergar a unas cincuenta personas. Los representantes de la prensa y de las organizaciones obreras tuvieron acceso a las sesiones, independientemente de las tendencias que representaran. Había delegados de distintos sindicatos mexicanos.

La subcomisión realizó sus sesiones entre el diez y el diecisiete de abril. En su discurso de inauguración de las sesiones, el profesor Dewey dijo: “Si León Trotsky es culpable de los actos que se le imputan, ningún castigo será demasiado severo. Pero la extrema gravedad de las acusaciones es una razón más para garantizarle al acusado el pleno derecho de presentar las pruebas que posea en su descargo. El hecho de que el señor Trotsky haya rechazado personalmente las acusaciones es algo que no concierne a la comisión. Pero el que se le haya condenado sin haber tenido la oportunidad de hacerse oír es algo que concierne en grado máximo... a la conciencia del mundo entero”.

Nada sintetiza el espíritu con que la comisión encaró su obra mejor que estas palabras. No menos características son las palabras finales con que el señor Dewey, hablando a título personal, explicó por qué había asumido la dura responsabilidad de presidir las sesiones: “He entregado mi vida a la educación, a la que concibo como una obra de esclarecimiento público en bien de los intereses de la sociedad. Si acepté el puesto de responsabilidad que ahora desempeño fue porque comprendí que actuar de otra manera sería una violación de la obra de toda mi vida”. Ninguno de los presentes dejó de comprender la importancia de estas palabras, tan notables por su sencillez, pronunciadas por un anciano de setenta y ocho años.

En mi breve respuesta dije, entre otras cosas, “Soy perfectamente consciente de que los motivos que guían la obra de la comisión son incomparablemente más importantes y profundos que la preocupación por la suerte de un individuo. ¡Pero tanto mayor es mi respeto y tanto más sincero mi agradecimiento! Pido vuestra indulgencia para con mi inglés que -lo digo desde ya- es el punto más débil de mi posición. Para lo demás no pido la menor indulgencia. No exijo confianza a priori de mis afirmaciones. La tarea de esta comisión investigadora es verificar todo, desde el principio hasta el fin. Mi deber consiste en ayudarla en su trabajo. Cumpliré con este deber ante los ojos del mundo entero”.

La comisión encaró su trabajo con una visión sumamente amplia. Un taquígrafo, actuando bajo juramento, tomó las actas de las sesiones, que serán publicadas próximamente en toda su extensión -250.000 palabras- en Estados Unidos e Inglaterra. Quien quiera conocer la verdad o, al menos, acercarse a ella, deberá empezar comparando las respectivas actas taquigráficas de Moscú y Coyoacán.

Las dos primeras sesiones se refirieron a mi biografía política, en particular a mis relaciones con Lenin. Hube de observar una vez más como la colosal campaña de mentiras iniciada por la Internacional Comunista hace dos años había penetrado en las mentes de hombres honestos y serios. Muchos miembros de la subcomisión desconocían la historia verdadera del Partido Bolchevique, sobre todo de su degeneración. Se hubiera podido refutar más completamente los inventos y leyendas de los historiadores de Moscú, pero para ello se necesitaba más tiempo y... un inglés mejor que el mío. Posiblemente esta primera parte de la investigación hubiera producido un cuadro político más completo. Pero sólo pude mencionar mis obras y pedir que se agregaran a las actas.

En las dos sesiones siguientes hablé de mis relaciones con los principales acusados de ambos procesos. Traté de demostrarle a la subcomisión que los acusados no eran trotskistas, sino adversarios enconados del trotskismo y de mi persona. Los hechos y textos que presenté destruyeron las falsificaciones de Moscú de manera tan completa, que los miembros de la comisión no pudieron ocultar su sorpresa. Cuando, al responder a las preguntas de mi abogado defensor, hablé de las historia de los agrupamientos y las relaciones personales en el seno del Partido Bolchevique, ¡yo mismo me sorprendí más de una vez de que Stalin hubiera osado presentar a Zinoviev, Kamenev, Radek y Piatakov como mis amigos políticos! La clave del enigma es muy sencilla: tanto en éste como en otros casos, la insolencia de la mentira es directamente proporcional al poder de la Inquisición. Stalin no sólo obligó a mis enemigos a declararse amigos míos, inclusive los obligó a exigir para sí mismos la pena de muerte como castigo de esta amistad inexistente. Con semejante apoyo jurídico, ¿necesitaba Vichinsky preocuparse por hechos, cifras, cronología y psicología?

Dedicamos casi tres sesiones para analizar y refutar las acusaciones más importantes: la supuesta visita de Goltsman a Copenhague en noviembre de 1932; mi supuesto encuentro con Vladimir Romm en julio de 1933; por último, el supuesto vuelo de Piatakov a Noruega para reunirse conmigo en diciembre de 1935. En estos tres casos decisivos presenté los originales de mi correspondencia de aquella época, distintos documentos oficiales (pasaporte, visas, recibos de telegramas, fotografías, etcétera) y más de cien declaraciones juradas provenientes de todas partes de Europa. Aclaré todos los detalles de mi vida correspondiente a estos tres periodos, tan breves como importantes, con tanta minuciosidad que los falsarios no encontraron lugar para insertar siquiera un alfiler. Agrego que en estos momentos la comisión de París está verificando las pruebas de mis escritos. Llegado a este punto, la indagación de Coyoacán alcanzó su pico culminante.

Los miembros de la comisión, los periodistas y el público eran conscientes de que la verificación de mis coartadas en los únicos tres casos en que la acusación es concreta en cuanto a los factores de tiempo y lugar, significa un golpe mortal para toda la justicia de Moscú. Es cierto que el señor Beals -vale la pena detenerse un momento en el papel que desempeñó- trató de apoyar la versión oficial de Moscú y encontrar contradicciones en mis respuestas[7]. Cualesquiera fuesen sus intenciones, le estoy agradecido por ello. Mi posición era sumamente favorable: hablaba ante un auditorio inteligente y honesto, interesado en verificar la verdad; demostré la verdad de los hechos con base en documentos irrefutables; los periódicos, los libros, la correspondencia, las memorias personales de diversas personas, la lógica, la psicología, todos acudieron en mi ayuda. Cuando hube respondido a todas las preguntas del señor Beals, este extraño miembro de la comisión quedó en silencio, completamente desorientado. Los miembros del auditorio que le apuntaban sus preguntas, le pasaban papelitos constantemente. En lo más profundo de su conciencia, los hombres ya habían pronunciado su veredicto. Indudablemente, ello ocurrió tan sólo en un cuartito de una casita azul en Coyoacán. Pero con ayuda del tiempo y la imprenta llegaremos al resto del mundo.

Dedicamos las seis sesiones siguientes al estudio del sabotaje, mi actitud hacia la economía soviética, las relaciones con mis amigos políticos en la URSS, al terrorismo, la defensa de la URSS, las actividades de la Cuarta Internacional y, por último, mi actitud hacia el fascismo. No pude usar siquiera la vigésima parte del material. La dificultad, principal consistía en seleccionar rápidamente los documentos más importantes, los textos más breves y los argumentos más sencillos. Jan Frankel* y Jean Van Heijenoort*, dos antiguos colaboradores, fueron una ayuda inestimable. Los miembros de la comisión mantuvieron una actitud de reserva total. Sin embargo, me pareció que los hechos y argumentos habían penetrado hasta su conciencia.

Conforme a las normas del derecho anglosajón, en la segunda parte de la sesión fui interrogado por el asesor legal de la comisión, J. Finerty. Los stalinistas lo acusaron posteriormente de interrogarme de manera “demasiado blanda”. Es posible. Por mi parte, no había nada que yo deseara más que un interrogatorio duro, desconfiado y combativo. Pero el señor Finerty no se encontraba en una posición cómoda. Mis documentos y testimonios habían destrozado la acusación. Formalmente, no había otra cosa que hacer sino someterlos a una verificación crítica. Esa tarea corresponde en parte a la comisión de París y principalmente a la comisión plenaria de Nueva York. En esta fase, ni siquiera los apuntadores del señor Beals pudieron formular una pregunta que apoyara, siquiera indirectamente, las tesis del tribunal de Moscú.

El señor Finerty y otros miembros de la comisión trataron de aclarar cuidadosamente si existe en verdad una diferencia tan profunda entre el “régimen stalinista” y el “régimen de Lenin y Trotsky”. Se estudiaron cuidadosamente las relaciones entre el partido y los soviets y el régimen interno del partido en distintas etapas. La mayoría de los miembros de la comisión creían que la burocracia stalinista, acusada por mí de varios crímenes, es un producto inevitable de la dictadura revolucionaria. Naturalmente, yo no podía permitir que la cuestión se planteara de esa manera. Para mí, la dictadura del proletariado no es un principio absoluto que determina resultados buenos y malos; es un fenómeno histórico que, de acuerdo con las circunstancias internas y externas puede evolucionar por el camino de la democracia obrera y la abolición total de la autoridad, o bien por el de la degeneración y hacia el aparato de represión bonapartista. Estos pasajes de la indagación de Coyoacán demostrarán vigorosamente las profundas diferencias que existen entre el pensamiento democrático formal y el dialéctico ante un problema histórico; demostrarán también cuánto distan del “trotskismo” los miembros de la comisión.

En la decimosegunda sesión se leyó la renuncia del señor Beals, escrita en términos muy ambiguos. Nadie se sorprendió. Al llegar a México, el señor Beals, ex corresponsal de la agencia soviética Tass, empezó a colaborar con el señor Lombardo Toledano, el señor Kluckhohn y otros “amigos” de la GPU. Sus colegas de la comisión desconocían su dirección. Muchas de sus preguntas no guardaban relación con los procesos de Moscú; eran provocaciones deliberadas, con el fin de comprometerme ante las autoridades mexicanas. Agotados sus escasos recursos, el señor Beals no tuvo otra alternativa que renunciar a la comisión. Comunicó sus intenciones a sus amigos periodistas, y éstos lo publicaron en la prensa mexicana, con imprudencia digna de encomio, tres días antes de la renuncia. De más está decir que la prensa comprada por Stalin utilizó al máximo este episodio cuidadosamente preparado. Al mismo tiempo, los agentes de Moscú trataron de obligar a otros miembros de la comisión a renunciar, empleando argumentos que no se encontrarán en ningún diccionario bajo los rubros “lógica” y “moral”. Pero eso es otra historia.

En la decimotercera y última sesión hubo dos discursos: el de mi abogado y el mío. En las páginas siguientes el lector encontrará el texto completo del mío[8]. Espero que con ello el lector, aunque no esté familiarizado con las actas taquigráficas y con los documentos, puede juzgar si las sesiones de Coyoacán han dejado piedra sobre piedra de las amalgamas de Moscú.

Ya hemos dicho que esta subcomisión tenía como objetivo inmediato determinar si yo disponía de hechos que justificaran una investigación. El nueve de mayo, en Nueva York, John Dewey leyó su informe ante la Comisión Internacional. He aquí el párrafo central mismo:

“El señor Trotsky como testigo. Es regla establecida, inclusive en los tribunales legalmente constituidos, que la actitud del testigo puede servir de elemento de juicio para la valoración del testimonio. Ese es el principio que nos guía al comunicar la impresión que nos produjo la actitud y el porte del señor Trotsky. Durante todas las sesiones parecía ansioso por colaborar con la comisión para verificar la verdad acerca de todas las etapas de su vida y de su actividad política y literaria. Respondió a todas las preguntas rápidamente y con actitud franca y sencilla...”. La conclusión práctica del informe dice: “Vuestra subcomisión hace entrega de las actas taquigráficas de las sesiones junto con los documentos entregados en calidad de pruebas. Todo el material nos convence de que el caso del señor Trotsky merece una amplia investigación. Por lo tanto, recomendamos que la comisión prosiga con sus trabajos hasta el final”.

No pido nada más. La Comisión Internacional de Nueva York proseguirá con su trabajo. Su veredicto pasará a la historia.


Notas


1. Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo VIII, pág. 349, Editorial Pluma. Del 10 al 17 de abril de 1937 una subcomisión de la Comisión Investigadora realizó 13 sesiones de indagación preliminar de las acusaciones presentadas contra Trotsky. La subcomisión dictaminó que el caso de Trotsky debía ser investigado. Volvió a Nueva York para reunir más información y realizar nuevas audiencias públicas. Pronunció su histórico veredicto “inocente” poco después.

2. Sergei M. Kostricov, llamado Kirov (1886-1934): obrero bolchevique en 1905 a la cabeza del partido en Leningrado en 1927 cuando cayó Zinoviev. A partir de 1932 era considerado como uno de los delfines de Stalin aunque también como un adversario del terror. Fue asesinado en diciembre de 1934 en el Smolny por Nicolaiev, un antiguo miembro de la Juventud Comunista de Leningrado, según toda evidencia en una intriga donde él fue manipulado por la GPU.

3. MauriceThorez: Dirigente del Partido Comunista Francés. En la inmediata post segunda guerra mundial, fue ministro del primer gobierno del general De Gaulle.

4. Benjamin Stolberg (1891-1951): periodista de publicaciones obreras y escritor. Otto Rühle (1874-1943): miembro del bloque socialdemócrata del parlamento alemán y fundador del Partido Comunista Alemán, escribió una biografía de Marx y un resumen de El Capital, el cual fue prologado por Trotsky (El pensamiento vivo de Marx). Carlos Tresca (1878-1943): anarquista ítalo-americano y director del periódico Il Martelo. Edward Alsworth Ross (1866-1951): profesor de sociología y autor de obras especializadas.

5. Carleton Beals (1893-?): periodista norteamericano, miembro de la Comisión Dewey. En la undécima sesión hizo una pregunta provocadora, destinada a demostrar que Trotsky había intervenido en la política mexicana ya en 1919. Cuando los demás miembros de la Comisión repudiaron esta provocación, Beals renunció a la misma, entregando una declaración calumniosa a prensa.

6. Nicola Sacco (1891-1927) y Bartolomeo Banzetti (1888-1927): inmigrantes anarquistas italianos en Estados Unidos, fueron acusados falsamente de robo y asesinato. A pesar de la gran campaña y movilizaciones internacionales de protesta fueron ejecutados en 1927. Tom Mooney (1882-1942): dirigente sindical norteamericano, fue acusado de arrojar una bomba que mató a 9 personas (1916). Condenado a muerte, la sentencia fue conmutada por cadena perpetua. Fue amnistiado y puesto en libertad en 1939.

7. Véase el alegato de Trotsky a la comisión Dewey en Los crímenes de Stalin

8. Ver nota anterior.