viernes, 22 de junio de 2012

EVOLUCION Y TENDENCIAS DE LAS ESCUELAS SOCIALISTAS

por Jorge Eliécer Gaitán
  

Sería errado pensar que a la concepción presente del socialismo la humanidad ha llegado por un impulso de revolución momentánea y no por factores determinantes y antecedentes del mundo físico. En cuatro grandes etapas podemos dividir la trayectoria recorrida por la humanidad en su lucha por la equidad social. Ellas son: Prehistoria del socialismo, Reformismo social, Socialismo utópico y Socialismo científico. Separadamente estudiaremos la fisonomía específica que las caracteriza.

lunes, 18 de junio de 2012

Homenaje a la Revolución Cubana


por Salvador Allende.

27 de julio de 1960

Rendimos homenaje a las milicias inmoladas hace siete años en el asalto al cuartel Moncada y lo hacemos expresando que los sectores populares de Chile, la inmensa mayoría del pueblo, siente, comparte y vive los ideales de la revolución cubana. Tal hecho no puede ser extraño para nadie porque, en la conciencia del pueblo chileno, existe la inmensa y profunda convicción de que América Latina está viviendo uno de los minutos más trascendentales de su historia; que las revoluciones mexicana y boliviana señalaron ya una etapa, y que la cubana marca con caracteres imborrables un proceso de superación, al dar sólidos pasos hacia la plena independencia económica y señalar, con su lucha, el camino que han de seguir los pueblos latinoamericanos para afianzar y acelerar la evolución política, económica y social que los lleve a ser auténtica y definitivamente libres.
Nosotros hemos expresado reiteradamente que, con estrategia y tácticas distintas, tal proceso deberá aflorar en los diversos países de América Latina para terminar con la etapa de vasallaje político, de explotación económica: para poner fin a la angustia, el hambre y la miseria de los miles y miles de hombres de esta parte del Hemisferio; para detener la voracidad implacable del imperialismo; para poner fin al régimen feudal de explotación de nuestras tierras; en resumen: para hacer posible el desarrollo económico y el cambio político capaces de crear un porvenir de dignidad y grandeza para el pueblo latinoamericano.
Por eso, los hombres de nuestras naciones miran con profundo y apasionado interés la revolución cubana, pues es un símbolo antiimperialista y antifeudal. La revolución latinoamericana, con características distintas en su táctica y estrategia -repito- en cada uno de nuestros pueblos, tendrá como fondo indiscutible una lucha emancipadora en lo económico, una frontal batalla contra el imperialismo y un combate decisivo contra el régimen feudal de explotación de la tierra y del trabajador del agro.
La revolución latinoamericana -pensamos y lo hemos dicho- deberá ser, además de antiimperialista y antifeudal, democrática, a fin de que la sientan, compartan y comprendan las masas ciudadanas. Deberá ser profundamente humana, al preocuparse de la realidad de la vida opaca, gris, sin destino ni juventud del hombre común latinoamericano, y darle un futuro de trabajo, salud y educación. Por ello, no puede extrañar a nadie que a lo largo y ancho de América del Sur exista un pensamiento solidario y de lealtad hacia Cuba, su gobierno y su revolución. He estado en tres oportunidades en esa nación y me enorgullezco de decirlo. He sido testigo presencial de lo que es un pueblo movilizado material y espiritualmente, al sentirse interpretado por su Gobierno en la etapa fecunda de una realización con características dramáticas de urgencia, pero con estabilidad permanente por su alcance y contenido.
He tenido ocasión de estar en otros países y de asistir a actos políticos en los Estados Unidos. Lo he hecho, también, en diversos países de América Latina, como Uruguay, Perú, Argentina, Venezuela. Estuve en el estadio Dinamo de Moscú. Fui testigo presencial de la celebración del quinto aniversario de la revolución en la República Popular China, y allí vi desfilar a setecientas mil personas. Pero nunca he visto, en proporción al número de habitantes, a un pueblo movilizado como lo vi en La Habana el 26 de julio del año pasado y como lo vi este año el primero de mayo. Ello sólo puede lograrse cuando un gobierno ha creado un sentido místico, cuando ha sido capaz de darle a los ciudadanos una gran tarea colectiva, al servicio de la patria.
En los actos del 1° de mayo de este año, comparativamente con el 26 de lulio pasado, pude notar una extraordinaria diferencia. El 26 de julio pasado estaban convocados los guajiros, o sea, los campesinos. Los vi desfilar por las calles de La Habana -ciudad calificada anteriormente como una especie de "cabaret" flotantecon expresiones dignas, conscientes de lo que significaban ahora, en esta etapa de la historia de su patria libre. La concentración fue un hecho inolvidable. En una gran explanada, cuatrocientos o quinientos mil campesinos, con sus casacas blancas, con sus grandes sombreros de paja, con sus machetes al cinto, y allá, destacándose a la distancia, la estatua de Martí parecía tomar vida, y, desde el silencio sonoro, volvían sus palabras a señalar el camino del sacrificio y la victoria.
Cuando golpeaban los machetes -forma que tienen los campesinos de expresar adhesión a las palabras de Fidel Castro-, yo sentía el anuncio de lo que esos sonidos sembraban en América: la reforma agraria.
Este año vi a un pueblo organizado, consciente, no una masa humana reunida espontáneamente, con fervor instintivo, como la de los campesinos de la vez anterior. Ahora se trata de un pueblo organizado, disciplinado, absolutamente consciente de la gran tarea que debe realizar. Las consignas, los gritos y, sobre todo, la alegría de esa inmensa multitud-más de 700 mil personas-, están señalando de qué manera están fundidos pueblo y Gobierno, revolución y pueblo, revolución y Gobierno.
He visto en Cuba las más grandes demostraciones de masas posibles de imaginar.

LA MALÉVOLA PROPAGANDA DE LOS SERVILES

Contrasta lo que yo he visto, lo que he leído, lo que he aprendido de lo realizado por la revolución cubana, con la inmensa, con la brutal, con la descompuesta, con la intencionada propaganda que, por medio de las agencias informativas internacionales, día a día y minuto a minuto, se lanza contra la revolución. Me parece innecesario destacar de qué manera la UPI, la AP y las agencias informativas controladas por el capital norteamericano han deformado y deforman lo ocurrido en Cuba. Tan sólo es comparable este tipo de información con la existente cuando se avecinaba ese gran atraco internacional perpetrado años atrás en contra de Guatemala.
Juan José Arévalo, el maestro presidente, nos definía a su país como el del 70%: porcentaje de analfabetos, de palúdicos, de descalzos y del presupuesto invertido en gastos militares.
La propaganda de ese entonces es la misma desatada hoy día, desde hace meses, en contra de Cuba.
Ayer era Guatemala el polvorín comunista que ponía en peligro la hermandad americana. Hoy es Cuba.
Ayer y hoy el Departamento de Estado norteamericano defiende, impúdicamente y por los peores métodos de presión económica y atropello, los intereses de sus connacionales, su influencia política.
Ayer y hoy, muchos gobiernos de Latinoamérica aceptan dócil y servilmente la voz de orden del poderoso país del Norte.
Como siempre, la raída bandera del anticomunismo se esgrime para atentar en contra de la soberanía de los pueblos: ayer, contra Guatemala; hoy, contra Cuba.

viernes, 8 de junio de 2012

ANTE EL 17 de OCTUBRE y DISOLUCIÓN

por  Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina


Buenos Aires, octubre 17 de 1945


Frente a los momentos en que vive el país,, la U. C. R. (F.O.R.J.A.) dio a conocer una declaración en la que fija su posición. La misma expresa lo siguiente:

"La Junta Nacional de F.O.R.J.A. en presencia de la agitación oligárquica promovida por las fuerzas de la reacción en connivencia con las izquierdas extranjerizantes y de la inquietud reinante entre los trabajadores ante el riesgo de una restauración de los sistemas de opresión económica y de dominación imperialista establecidos desde el 6 de septiembre de 1930 por la misma confabulación de intereses e ideologías.

DECLARA:

1º - Que en el debate planteado en el seno de la opinión está perfectamente deslindado el campo entre la oligarquía y el pueblo, cualquiera sean las banderas momentáneas que se agiten y que en consecuencia y en cumplimiento de su deber , argentino y radical expresa su decidido apoyo a las masas trabajadoras que organizan la defensa de sus conquistas sociales.

2º - Que como se expresa en la declaración de principios de F.O.R.J.A., sancionada en el acto de su fundación el 29 de junio de 1935, en la lucha del pueblo contra la oligarquía como agente de las dominaciones extranjeras, corresponde a la Unión Cívica Radical asumir la dirección de la lucha.

3º - Que el Comité Nacional de facto que se atribuye la representación de la U. C. R. se ha pasado al campo de la oligarquía al desoír la opinión y las orientaciones de las figuras representativas del radicalismo yrigoyenista.

4º - Que frente a la vacancia de la conducción partidaria, es deber de esos hombres representativos el asumirla para que ésta sea expresión clara del pensamiento revolucionario de Yrigoyen en el que encuentran solución integral las inquietudes actuales del pueblo argentino, sintetizadas en: PATRIA, PAN y PODER AL PUEBLO.




15 de diciembre de 1945

La Asamblea General de F.O.R.J.A.:

Considerando:

1º - La resolución de la misma, de fecha 15 de octubre de 1945, en solidaridad con el movimiento popular de esa jornada y las siguientes.

2º - La identidad de la gran mayoría de sus miembros con el pensamiento y la acción popular en marcha y su incorporación al mismo.

Declara:

1º - Que el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse F.O.R.J.A. están cumplidos al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización cuya carencia de sostén político motivó la formación de F.O.R.J.A. ante su abandono por el radicalismo.

Y resuelve:

La disolución de F.O.R.J.A. dejando en libertad de acción a sus afiliados.

lunes, 4 de junio de 2012

¿QUE ES EL SER NACIONAL? (La conciencia histórica iberoamericana)



por Juan José Hernández Arregui

PROLOGO

Este libro se explica por la actual situación de la Argentina. He vacilado en lanzarlo a la calle y, finalmente, cedido por el para mí honroso deseo que en su publicación denotasen estudiantes universitarios y públicos diversos del interior del país. Quizá por tales motivos, convenga hacer brevemente su historia, a fin de justificar su existencia en librerías. El bosquejo del trabajo fue una conferencia leída en 1961 con el mismo nombre: ¿Qué es el ser nacional?, bajo los auspicios del Movimiento de Estudiantes Reformistas de la Universidad Nacional del Nordeste, en la ciudad de Resistencia. Un publico heterogéneo y atento, con presencia de obreros, estudiantes y diversos grupos ideológicos, fue el primer indicio de que el tema interesaba. Desde ese año, la conferencia fue tomando dimensión, siempre sobre la idea central originaria, y me convenció de la riqueza del tema. Unos meses después fue leída, ante un público muy vasto —y dividida en dos disertaciones— en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán. Aunque totalmente alejado de la enseñanza universitaria, dadas las condiciones políticas imperantes en el país, mi estada en la ciudad de Tucumán me puso nuevamente en contacto con los estudiantes, con los cuales mantuve un intenso intercambio de ideas, exigido por ellos mismos, y que me sirvió para precisar conceptos sobre el estado de la opinión estudiantil con relación al problema nacional. Fue una experiencia fecunda pero que, además, me persuadió, a pesar del cortés y respetuoso público que asistió a las pláticas, y del auspicioso acogimiento, casi diría entusiasta, con que fueron recibidas, que sus ideas centrales no habían sido íntegramente comprendidas, y no por falta de interés o capacidad de los estudiantes, sino por las deficientes orientaciones que en el orden histórico y filosófico guían la enseñanza superior en la Argentina. De estas cosas se habla también en este libro. Sin embargo, la más grata sorpresa del autor fue la reacción de una provincia profundamente argentina —Santiago del Estero— ante la conferencia. Un auditorio inusual para una ciudad pequeña, en el que estuvieron representadas las más diversas tendencias, cosa difícil de lograr en provincias chicas peronistas, radicales, nacionalistas, gente de izquierda— recibió mis palabras con tal fervor nacional a pesar de mis ideas en tantos sentidos consideradas extremas, que no puedo menos de recordar a la distancia con gratitud la adhesión de ese público provinciano. Y una vez más confirmé mi certeza de que el país verdadero está en las provincias más humildes. En 1962 fue leída, también ante un público poco común en reuniones de este tipo, y muy diversificado ideológicamente, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Santa Fe, invitado por una agrupación de estudiantes peronistas pertenecientes a la Confederación General Universitaria. El efusivo interés que la misma despertó, el breve debate final, altamente conceptuoso para mi persona, las conversaciones posteriores con los estudiantes y el requerimiento expresado por su publicación me convencieron, al fin, de la posible utilidad de la conferencia ampliada en libro. Así nació este trabajo, que no me contenta.

II

Me deja descontento, en efecto, pues ya terminado tiene múltiples defectos. El primero de todos, porque no es más que una introducción al problema. Tuve la intención de olvidar un poco a mi país y hacer un libro iberoamericano. Las causas de este fracaso son varias y de naturaleza distinta, entre ellas, algunas preocupaciones personales que me privaron de la necesaria tranquilidad intelectual, la vastedad del temario y, por último, la falta de una bibliografía exhaustiva, me llevaron paradójicamente a suprimir casi la mitad de los originales, pues no estaba seguro de la seriedad de algunas tesis y del valor de la documentación edita utilizada. Así, lo que en los comienzos era un proyecto ambicioso, quedo en un libro común, casi diría un largo ensayo. Y hasta desaliñado. La conclusión a que he llegado es que el tema de la América Hispánica desborda a un solo escritor, y debe ser, dadas las actuales condiciones del continente, tarea de equipos universitarios coordinados de los diversos países iberoamericanos. Y esto sólo se logrará cuando las universidades estén al servicio de sus países y no del coloniaje, como pasa hasta ahora, al menos en la Argentina. Al primer traspiés de la idea inicial, se agregó un hecho que espero sea comprendido. La dramática situación actual de la Argentina fue mas fuerte que mi voluntad, e insensiblemente, el tema nacional fue dominando a lodos los demás, que si bien no se diluyeron totalmente, pasaron a segundo término. Si tales temas accesorios vinculados a la América ibérica, a pesar de su exigüidad, sirviesen de aliciente preliminar a otros estudiosos, vería compensado el escaso valor y limitaciones de este libro.
 Una de las cosas que tal vez llame la atención es el titulo del trabajo. Sin embargo, el hecho de que aparezca como una interrogación, indica que rechazamos el concepto “ser nacional” como inapropiado. En el primer capítulo se esclarece la cuestión y se determina estrictamente en qué medida puede ser utilizado por pura economía del pensamiento y nada más. De allí que, fuera de ese primer capitulo, la expresión “ser nacional” se usa pocas veces en los siguientes, y siempre como un término puesto entre paréntesis mentales.
No he podido dejar de lado la polémica. Y sé las criticas que libros del tono de éste promueven en ciertos grupos intelectuales pulidos y “ecuánimes”, que se colocan el gorro plateado de las ideas sin acento y de la bondad nazarena frente a los adversarios. Esto es una hipocresía. Nada más fácil para un escritor con oficio literario que manejar cualquier estilo. Yo también lo he hecho en épocas serenas. Mucho más difícil es un estilo honrado. Hasta mi venerado maestro Rodolfo Mondolfo, aun que por causas comprensibles en un europeo, y con la elevación de su ilustre ancianidad, dudó de la dureza de los juicios formulados en mi libro “La Formación de la Conciencia Nacional”. Al respecto debo decir lo siguiente: lo que se llama ponderación de juicio, consideración a la opiniones del prójimo, espíritu crítico equilibrado, en los tiempos tempestuosos de una nación, son con frecuencia evasivas de parte de los intelectuales nativos para no afrontar responsabilidades, la forma cómoda y nirvánica de no comprometerse y evitar los odios contumaces que provocan escritos cuyo único compromiso es la fidelidad al país. Conozco en mi propia persona las dificultades de esta lucha. Pero si alguna dignidad tiene la inteligencia nacional, debe afirmarse en el amor a la patria y en la fortaleza para soportar silencios, calumnias y hasta cárcel. Todo esto es chico porque la patria es grande. He elegido un destino y no me aparraré de éL La influencia que mis libros han ejercido no me halago. Carezco de vanidades. Pero no soy un hombre humilde. Esta influencia no es mía, sino creada por el propios país. Y la aparente rispidez de mis juicios no está dirigida a individuos, sino a lo que ellos y sus grupos, con frecuencia poderosos y organizados, representan. Es el único mérito que me asigno y con ello refuto a los que han desvirtuado mis ideas, incluso mis orígenes ideológicos, al no poder atacar mi vida. Son, por otra parte, contingencias de la lucha. Pero si estas cosas inevitables se comprenden tu los enemigos políticos, carecen de justificación en aquellos que, en una curiosa transposición, al renegar de su pasado mental, son influidos directamente en sus trabajos, en sus ideas, por los escritores de la línea nacional, y luego de repetir mal lo que otros han dicho bien, los atacan y deforman cayendo así en el peor de los fraudes morales. Las ideas sólo sirven para difundirse. Y si no de nada valen. No se trata, pues, de una prioridad. Nadie es original. Todos le deben algo a alguien. Pero seamos probos. Las influencias hay que confesarlas, las ideas ajenas no hay que de formarlas, sino mejorarlas, o por lo menos, asimilarlas con veracidad.
Vuelvo, pues, en este trabajo, que espero sea el último de este tipo, al tono polémico, a ciertas violencias verbales. Pero como se ha dicho, la tan mentada objetividad del pensamiento no es tal, sino una cuestión de estilo literario. Mejor, de carencia de estilo literario. Quizá, en los momentos críticos de un país, los únicos libros objetivos son aquellos escritos con la sangre caliente y la mente fría que los hace neutros a toda pasión innoble. Eso son mis libros. Y en mi ánimo no cabe la ofensa sino un indeclinable amor a la verdad.

III

Debo pedir disculpas a los lectores que han leído mis libros anteriores, Imperialismo y cultura y La formación de la conciencia nacional, pues están agotados y no pienso, por ahora, reeditarlos. Los considero de circunstancias, hijos de la discusión que sacude al país, empequeñecidos por la mención de personas vivas, y en lo esencial, carentes de permanencia. Han cumplido una misión. Y aunque no los estimo como expresiones intelectuales severas, el hecho de que pese al mortal silencio de la crítica colonial, hayan corrido y gravitado, me demuestra que no han sido inútiles. Esta digresión viene, pues aquí —y era inevitable dada la índole del trabajo— se reiteran algunos conceptos desarrollados en esos libros anteriores. Sin embargo, en todos los casos, se ha tratado de mostrar nuevos aspectos y, en suma, ahondar en los mismos. Para los que no conocen esos libros, esto quizá sea ventajoso, pues se evitarán leerlos. Me refiero especialmente a los problemas de la “inrelligentzia”, de las clases medias colonizadas, y de la alienación cultural, teoría hegeliana-marxista, esta última de la que se oye hablar con tanta frecuencia como pedantería, pero que nunca se ha aplicado correctamente a una realidad colonial. En tal sentido, creo haber sido el primero que lo ha hecho en mí libro Imperialismo y cultura, con la originalidad de que los titulados “marxistas” no entendieron nada. Lo cual prueba que el tal “marxismo” en la Argentina no era más que una de las formas de esa alineación cultural del coloniaje. Así, un fecundo método de investigación que influye en todas las esferas del conocimiento desde las ciencias de la naturaleza a las históricas —en la biología, las matemáticas, la etnología y la antropología social, en la física, en la filosofía, en la lógica, en la psicología, en la teoría del conocimiento en la sociología y la historia y de más decirlo, en la economía política—, ha caído en la Argentina en un descrédito indigno de su valor científico. Espero que este libro contribuya en algo a aclarar las cosas, sobre todo en la gente joven, que se interesa no sólo por la metodología, sino por su correcta aplicación a la cuestión nacional.

IV

Al suprimir, como ya se ha establecido, una gran cantidad de material, me he visto obligado a reducir, las pruebas ofrecidas a un mínimo. Es así como he dejado de lado infinidad de testimonios. He utilizado —y hasta abusado— para explicar el cambio de la conciencia histórica de la América Hispánica frente al imperialismo, a das poetas de nuestras tierras, una, porque son representativos —aunque no únicos—, y otra, por hondamente americanos al margen de casilleros políticos. Me refiero a Rubén Darío y Nicolás Guillén. Las citas a ellos, referidas, en todos los casos, tienen valor de documentos históricos al lado de su calidad poética. Y un tal sentido histórico son manejados. También quiero recordar al escritor boliviano Carlos Montenegro, fallecido en nuestro país, de cuyos libros poco conocidos, he tomado algunas informaciones, y al sociólogo brasileño Alvaro Vieira Pinto, autor de la obra Consciencia e realidade nacional (Ministério Da Eduçáo e Cultura), que tuvo la gentileza de hacerme llegar, y que vino tarde a mis manos, aunque alcancé a aplicar fugazmente algunas de sus ideas a la realidad argentina. Cumplo así con un deber de honestidad intelectual.
También aprovecho aquí para refutar una crítica que se me ha formulado: la ausencia en mis libros d notas al pie de página con la nomina de autores y obras consultados. Si no lo he hecho, no es porque ignore la técnica, que justamente he enseñado a varias promociones de estudiantes universitarios, sino porque —y sépanlo estos caballeros que confunden la crítica con la cacería de pulgas— mis libros no son de investigación sino de lucha. Las verificaciones de este tipo, cuando los autores y bibliografía son conocidos y no responden, por tanto, a obras extranjeras, piezas bibliográficas raras o a la labor de archivo, son mera petulancia que, además, sólo sirven para aflojarle la nuca al lector inocente. Por otra parte, cambio mil llamadas a pie de página por una idea.
Y hablando de ideas. A las ideas de izquierda no hay que tenerles miedo. Lo esencial es que sirvan a la causa de la liberación nacional. Muchos motivos explican esta prevención de la denominada línea nacional hacia el pensamiento de izquierda. Y el mayor es, sin duda, el papel que las izquierdas han jugado en la Argentina al servicio de intereses extranjeros. A esta crítica de las izquierdas, creo haber contribuido algo en mis libros, con la peculiaridad de que la misma ha partido de una consideración nacional del problema sin ceder un ápice en mis convicciones ideológicas. De ahí la eficacia de tal crítica. Tengo, pues, derecho a hablar. Pero del fracaso de las izquierdas en la Argentina con relación al pasado, no puede deducirse en modo alguno que esas izquierdas no se nacionalicen. Al revés -y aunque esto encone a los ultramontanos— es en gran parte gracias a la crítica de la “izquierda nacional” surgida con la caída de Perón, que en el orden ideológico esas izquierdas ayer metecas mentales, asisten hoy a un fecundo viraje hacia el país. Y lo que interesa es el país. No los prejuicios ideológicos de las sectas. Es sobre todo la juventud de izquierda la que asiste a esa nacionalización ideológica, y negar este hecho, o verlo con temor, no es mas que una manera del reaccionarismo político. Y por ultimo, libros del orden de éste sólo pueden surgir como efecto de la lucha patriótica por la liberación histórica que ha dejado cauto herencia el peronismo, ese gigantesco movimiento nacional de masas, al cual pertenezco.

J.J.H.A.
Buenos Aires, marzo de 1963.

miércoles, 30 de mayo de 2012

PARTIDA DE NACIMIENTO DEL "MEDIO PELO"

por Arturo Jauretche

            En el capítulo anterior se han mencionado las dos vertientes que concurren a la formación del medio pelo. Antes habíamos visto que también dos corrientes confluyeron en el origen de la clase media paralelas a aquellas.
            La primera –los primos pobres de la oligarquía—constituye el elemento básico que hace viable la constitución del grupo: apellidos relativamente antiguos y entre los cuales, usando varios es posible enganchar alguno de alta clase; un estilo, en cierto modo más tradicional que el de aquella, en cuanto menos influido por la europeización de su época ausentista; una religiosidad formal, de buen tono y poco ecuménica pues se condiciona a la calidad del lugar y feligresía de la parroquia. En resumen un ritualismo social que tiene marcados con minuciosidad los límites de lo que es “bien” y lo que no es “bien”, y da con eso la apariencia de un grupo cerrado. Cerrado, pero no tanto que no se pueda abrir con una llave de oro; lo suficiente para hacer apetecible la incorporación, pero no tanto para que sea difícil.
            Los nuevos constituyen la segunda vertiente y concurren desde variadas procedencias que iremos viendo, pero que fundamentalmente está constituida por elementos de la clase media alta, la “intelligentzia” y la burguesía de los últimos ascensos.
            En esta segunda vertiente del medio pelo, particularmente en la incorporación de los burgueses, el factor tiempo tuvo mucha importancia pues ya se ha visto que su equivalente anterior realizó su ascensión con un ritmo menos acelerado que el de la industrialización brusca, porque correspondía a la primera modernización de la sociedad, nacida de la expansión agropecuaria, en una ciudad más reducida y con sus sectores sociales menos con¬fundidos porque la alta clase, más distante del resto del país, se perfilaba más neta e individualizada. Además los apellidos extranjeros conservaban todavía una reso¬nancia exótica que se perdió con el acostumbramiento. En cuanto a la alta clase media empezaba a confundirse con los primos pobres de la oligarquía a través de una larga convivencia en las mismas funciones de nivel secun¬dario: profesores, altos funcionarios, jueces y secretarios, profesionales, altos grados de las fuerzas armadas.
En una sociedad en que las dignidades primeras estaban dadas por la propiedad de la tierra, todas esas jerarquías de segunda se igualaban en poco tiempo; daba tono también cualquier ante¬cedente anterior al 900, hasta el punto de que llegó a ser importante descender de un conscripto de Curumalal.
En este sentido, y hasta que el medio pelo se caracterizó por sus propias pautas, en el nivel básico de los primos pobres los criterios de aceptación fueron más amplios y modernos que los de la clase alta, y estuvieron más en relación con la sociedad real: estaban referidos al género de actividades desempeñadas que eran las de esa segunda línea de la sociedad tradicional.
A ese nivel, las actividades científicas, el ejercicio de la ma¬gistratura, la política, las letras, la espada, el sacerdocio, etc., repre¬sentaban jerarquías sin cotización en la alta sociedad, donde eran más bien signos de posición, pues a medida que se refinaban las razas ganaderas se producía un refinamiento social paralelo y la marca de la estancia y el nombre de la cabaña cons¬tituían escudos heráldicos que daban más lustre que los antepasados, que en ocasiones hasta se disimulaban. La única actividad no ganadera bien considerada era la de abogado de las grandes empresas extranjeras.

lunes, 21 de mayo de 2012

Proyecto de Perón o guerra civil



1º La política del general Perón y el nuevo encuadramiento mundial 

Si bien toda política nacional es en lo fundamental expresión de las condiciones objetivas internas del país, ella se debe desarrollar en un marco internacional que expresa las tendencias generales de la marcha de la humanidad.
Es parte fundamental del proyecto político peronista el enfrentamiento con las pretensiones de hegemonía de los Estados Unidos. Desde el “Perón o Braden” hasta la ruptura del cerco comercial a la hermana república de Cuba, el Movimiento expresó siempre en lo concreto la conciencia nacional antiimperialista y en especial frente a los yanquis. Fueron los enemigos de Perón, con cualquier enmascaramiento político o ideológico, colaboracionistas concretos de la acción neocolonialista, rapaz y proscriptiva del imperialismo yanqui y sus agentes internos.
Sobre la concepción Tercermundista de nuestro Movimiento, sostenida en condiciones adversas, tales como las existentes cuando salió al mundo, durante la Segunda Guerra interimperialista, en verdad la historia ya reconoce el papel precursor del peronismo. Siendo hoy el dilema “liberación o neocolonialismo” como dice Perón, vemos agruparse en una solidaridad combativa a todos los pueblos del Tercer Mundo, constituyendo la principal fuerza que conmueve la estabilidad del sistema capitalismo-imperialista, sostenido precisamente en la explotación colonial.
En el presente al auge y consolidación del movimiento de Liberación Nacional, se suma la ruptura del bloque capitalista-imperialista y la pérdida creciente de hegemonía por parte de los Estados Unidos, lo cual no es un fenómeno independiente de lo primero. Es evidente en los últimos años la rivalidad creciente entre los renacientes capitalismos de Europa occidental y el Japón con los Estados Unidos. La pérdida de unidad política de los países imperialistas es una realidad. El deterioro de la anterior posición dominante de los Estados Unidos tiene uno de sus signos, entre otros muchos, en la crisis del dólar, a la que podríamos agregar la pérdida de reservas, la crisis de su comercio exterior, el menor desarrollo relativo de sus fuerzas productivas, la dificultad creciente de exportar su inflación, la disminución de su primacía tecnológica, la reducción de su ritmo de exportación de capitales y el incremento de la desocupación obrera.
La crisis del sistema capitalista-imperialista fue caracterizada como de “multipolaridad”, pero siempre dentro del esquema de dominación de las burguesías monopolistas. El retiro derrotado de Vietnam por parte de los gendarmes de los imperialistas norteamericanos es un signo decisivo de la evolución de fuerzas entre el campo de la reacción mundial y las fuerzas de la Liberación y el socialismo. La etapa de ascenso de la revolución nacional árabe desemboca en hostilidades económicas con los países capitalistas adelantados que han fabricado su opulencia apoyados en el saqueo de los recursos y el trabajo de los países coloniales y atrasados. El petróleo abundante y a vil precio, manejado por las empresas monopolistas, se ha terminado. Las luchas de Liberación del Tercer Mundo y en particular la de la nación árabe han sostenido esta política de independencia económica que conmovió toda la estructura productiva del imperialismo. La división internacional del trabajo impuesta por el capitalismo imperialista a los pueblos del Tercer Mundo, que lleva a concentrar la riqueza en un puñado de naciones poderosas y arrojar a la miseria a las grandes masas de la población del mundo colonial, es cuestionada por la Revolución Nacional que recorre todo el Tercer Mundo.
Los precios de los principales productos básicos en los últimos 18 meses se han más que duplicado en promedio y algunos se incrementaron en tres o cuatro veces. Las reservas de los países del Tercer Mundo han aumentado en forma acelerada, sobre todo a partir de 1973; van camino de triplicar el total alcanzado diez años antes.
El peso político del Tercer Mundo es mayor, día a día las naciones y movimientos que luchan contra el imperialismo por su Liberación extienden y consolidan sus filas. El peso en el terreno militar de los pueblos del Tercer Mundo también es creciente; el imperialismo y sus agentes encuentran cada vez más la justa respuesta de los pueblos a su política de guerra. La repercusión en el campo económico, la respuesta a la política imperialista donde más le afecta, la de las riquezas y el trabajo de los pueblos, agrava las contradicciones de los países imperialistas entre sí, conmueve su estructura productiva y social, debilitando su posición ante las luchas del Tercer Mundo por liberarse.
Dentro de este encuadramiento mundial, que favorece el desarrollo de las luchas de Liberación, la política del Movimiento Nacional Peronista, bajo la conducción de Perón, se orienta a conformar dentro del Tercer Mundo, una concertación de intereses entre las naciones iberoamericanas para hablar con una sola voz ante la potencia dominante de esta área, los Estados Unidos. La política de Perón en el orden internacional, política soberana y peronista, defensora leal de los intereses de Argentina, si bien tiene sus raíces en la propia realidad nacional, posee un marco internacional favorable, quizá sin paralelo en su historia —pese a retrocesos importantes para nosotros, como los de Chile y Bolivia— que corresponde a la nueva posición de los pueblos del Tercer Mundo frente al capitalismo imperialista.
La política de Perón tiende a aprovechar la actual coyuntura para acentuar el cambio en la correlación internacional de fuerzas, a los fines de colocar la demanda y el comercio internacional, la cooperación técnica y financiera, junto a las inversiones posibles del Tercer Mundo, países socialistas y países capitalistas-imperialistas en oposición al imperialismo yanqui, como un factor dinámico que apuntale el desarrollo de las fuerzas productivas internas, sostenido naturalmente en el desarrollo de nuestro propio mercado Interno.
El proyecto político-económico de Perón en ejecución, nacido de las condiciones objetivas y de conciencia de las clases sociales que integran el campo nacional, conserva “como eje de aglutinamiento a la clase obrera peronista” tal como sucedió en estos 30 años de existencia del Movimiento. Pero es evidente que el proyecto de Perón no se lo puede definir integralmente ni profundizarlo si no se lo encuadra en la nueva coyuntura que impulsa la Revolución Colonial del Tercer Mundo.

2º La política económica de la dictadura militar y la del gobierno de Perón 

Es sumamente ilustrativo establecer comparaciones entre la política económica que impulsó, sin mayores variantes, la dictadura militar, con la aplicada por el gobierno del general Perón.
En pocas palabras, la dictadura militar se ajustó plenamente al modelo neocolonialista del imperialismo yanqui, a su plan de división del trabajo a escala iberoamericana, que tiene en el sistema brasileño su ejemplo. Concentrar la economía en, el desarrollo monopolista, asociado a la gran burguesía nativa, desnacionalización progresiva, aumentando la rentabilidad de los sectores más “eficientes”, con lo que se generaba en un mercado interno deprimido, una creciente dependencia de factores externos. Restringir el salario y por este medio, achicar el mercado interno de consumo, mientras se elevaban las tasas de ganancia del capitalismo en el sector monopolista, acompañándolo por una promoción del desarrollo tecnológico “eficientista”, provocando un mayor desempleo al asimilar una tecnología imperialista con mínima utilización de mano de obra. El cierre de empresas calificadas de antieconómicas, desde el punto de vista estrictamente financiero, sin atender a su papel en la producción ni al costo social de la desaparición de fuentes de trabajo, encuentra en el cierre de ingenios de Tucumán su mejor ejemplo.
La pérdida de salarios en virtud de su congelación, pero no de los precios, la eliminación de conquistas sociales, como la calificación de trabajos insalubres, edad para jubilación, desprotección ante despidos, liquidación de reglamentos de trabajo, etc., hizo recaer sobre los hombros de la clase obrera el peso principal del Plan Krieger Vasena.
Pero lo que se pudo aplicar en Brasil fue barrido con las rebeliones obreras y populares de 1968 y 1969, que encuentran su punto más alto en el Cordobazo. La existencia de un Movimiento Nacional como el peronista y una organización de la clase obrera peronista de carácter masivo aunque defensista (los sindicatos), convirtieron a esa clase obrera en el eje social del agrupamiento de todas las fuerzas del frente de resistencia antidictatorial, que tomó al Movimiento Nacional Peronista como su expresión de vanguardia y a su jefe el general Perón como barrera ante las maniobras de la dictadura militar.
En la articulación concreta de tocias las fuerzas que iban colocándose al lado del peronismo en el frente dé resistencia antidictatorial, hubo un solo conductor, Perón, poro la historia dirá lo que la Nación les debe a los hombres y mujeres anónimos que integraron la CGT de los Argentinos, la Regional CGT de Córdoba, los Gremios del Peronismo Combativo y en la última etapa la Juventud Peronista y sus “formaciones especiales”. También habrá que escribir la verdadera historia del participacionismo, vandorismo, neo-peronismo y otras malas yerbas que se integran total o parcialmente a los planes de la dictadura militar.
La política de Perón de darse la más amplia base de sustento posible para accionar no es nueva, sino que constituye una constante, remarcada en toda la última etapa de la dictadura militar. La sucesión de las instancias Hora del Pueblo, Frente Justicialista de Liberación, Pautas de coincidencia programática de las organizaciones políticas y sociales (CGT-CGE) del Niño, los “10″ puntos para la Reconstrucción Nacional —planteados a las Fuerzas Armadas durante el gobierno de Lanusse—, el documento “Apreciación de la situación para el año 1972″, etc., confirma lo que decimos.
La salida institucional que buscó la dictadura militar, como mal menor, frente a una guerra civil inminente si persistía en proscribir al Mov. Nacional, lleva al triunfo del peronismo y el Plan Krieger Vasena naufraga definitivamente.
El Pián económico que actualmente aplica el gobierno de Perón es una de las versiones posibles, que inspiradas en la concepción política-ideológica peronista, existían dentro del Movimiento y sus aliados, en la etapa de constitución del Frente Justicialista de Liberación.
La política económica del gobierno de Perón tiene como factor dinámico el aumento de la capacidad adquisitiva del mercado interno, tal como él lo ha explicado reiteradamente, precisamente lo contrario del Plan Krieger Vasena. En el último trimestre de 1973, el consumo interno se incrementó por encima del 10 %, en comparación al mismo período del año anterior. La tendencia a extender el mercado interno va acompañada con una reducción del margen de rentabilidad empresaria, que no obstante todos los aumentes especulativos realizados antes del 25 de Mayo y al incremento del conjunto de las ventas han reducido sus beneficios en un 4,2 %. La limitación de la tasa de ganancia de las empresas imperialistas, no su nacionalización, es un objetivo expreso de la actual política económica, reformulando las condiciones de operación del capital extranjero, desde la ley de radicación, los contratos de provisión de tecnología y marcas, el reconocimiento de la dependencia de la casa matriz por parto de la sucursal desde el punto de vista de las deudas y toda responsabilidad legal consiguiente, la nueva política de créditos que excluye la provisión de fondos a las empresas extranjeras, etc., todas medidas que en su conjunto tienden a rescatar la mayor proporción del mercado interno para el empresariado nacional.
Colocar el mercado interno como un factor coadyuvante a la par de la ampliación del mercado interno, liquidando todas las barreras que el imperialismo yanqui ha colocado en el comercio internacional, es otra característica sustancial de este plan.
Desde el punto de vista de la clase obrera esta es una política dura de tragar; tal como lo admite la propia conducción burocrática de la CGT, “el movimiento obrero puede hacer un nuevo sacrificio”, juicio que avala Perón cuando el 1º de Mayo agradece a los trabajadores el haber “sostenido” el Pacto Social. Los asalariados en conjunto acrecentaron un 4,5 % su parte en la distribución del ingreso en el año 1973 en relación a 1972. Este aumento de por sí modesto se debe reducir pues el 1,7 % corresponde al aumento registrado en el número de trabajadores y sólo el 2,8 % al incremento medio de las remuneraciones, si bien corresponde aclarar que ha sido mayor el aumento para las categorías peor pagas. Mejoran parcialmente este cuadro, los grandes beneficios otorgados a jubilados y pensionados, la asistencia a la salud pública y la inminente aplicación del Plan de Salud integral de Liotta, el restablecimiento de condiciones de trabajo y reglamentos anulados por la dictadura militar, y la próxima ley de Contrato de Trabajo.
El aumento de salarios que flexibilizó antes de lo previsto la política económica con un incremento nominal del 15,2 % (es mayor para los que cobran el salario mínimo) revela claramente uno de los puntos débiles de la política económica, que precisamente alivia en muy escasa medida la situación de quienes más producen, los trabajadores en relación de dependencia, y quienes sufran los dramas sociales de una nación dependiente, llámese mortalidad infantil, superexplotación, desocupación, etc.
Perón es quien ha elegido este camino, confiando la conducción económica a los empresarios de la CGE. Es una política económica nacionalista que se concreta por medio de la concertación social. Si bien se vuelca el peso del aparato estatal en apoyo de esta política, no se instrumenta fundamentalmente por medio de la violencia, sino por acuerdo de las partes, aunque se cuestione la representación de la conducción obrera. En todos los frentes en que se desarrolla la política económica de Perón en esta etapa, rige el principio de concertar, con el apotegma “la situación de la Argentina es de tal gravedad que la arreglamos entre todos o no la arregla nadie”.
Si bien se trata de una política económica de contenido nacional, y en esa medida es una política revolucionaria para un país dependiente como nosotros, se trata de una política de corte “neo-capitalista” como la ha calificado el propio Perón, y es la clase obrera la que hace el principal sacrificio aunque mejore parcialmente su situación. Por otra parte es evidente que no hay desde las filas obreras una opción de corrección del pacto social, y mucho menos una estrategia sustitutiva de anti-Pacto Social. El papel de la burocracia sindical, pre-existente al gobierno popular es el del instrumento que usa Perón para frenar la acción de la clase obrera que podría desbordar el Pacto Social y derrumbar toda la política económico-social del Movimiento. Este Pacto Social es concebido como el fundamento de la etapa de Reconstrucción Nacional, especialmente en el aspecto económico, como condición previa para una modificación de la estructura económica dependiente, creciente desarrollo de las fuerzas productivas, de la ocupación y la redistribución social de ingresos.
La ampliación del área estatal es una condición de inexorable cumplimiento para enfrentar el poder monopolista extranjero en nuestra economía, un verdadero cáncer al servicio de la dependencia. Paradójicamente no se percibieron aún señales evidentes de cambio en la estructura, cuadros y rendimiento del deteriorado aparato del Estado. El marco político prestado por el Movimiento Nacional Peronista está por ahora insuflándole el oxígeno faltante. El Plan Trienal provee que las inversiones estatales deberán crecer hasta 1977 en un 21,9% mientras que la inversión privada aumentará en sólo el 5%. La constitución de empresas mixtas con los países socialistas, junto con su aporte tecnológico y financiero, sumado a la cooperación de los países del Tercer Mundo, posibilitará desde el punto de vista económico, avanzar en este proyecto nacional del peronismo. De la participación activa de la clase obrera, sus formas de cogestión, control de precios y calidad de la producción y su avance a la par en conciencia de clase y organización dependerá en lo fundamental la construcción de la Argentina Liberada.

3º Balance de la situación del Movimiento Nacional Peronista (acción de los enemigos y respuesta) 

Si bien sólo el proyecto político nacional de Perón ha expresado el campo popular durante treinta años y la clase obrera siempre actuó dentro de sus líneas generales, como hoy lo sigue haciendo, hay factores que determinan reacciones diferentes ante el proceso político actual y sus requerimientos.
La burocracia vandorista-participacionista le resta a Perón prestigio. Una de las principales críticas que recibe Perón por parte de los trabajadores es la de que les permite a esos burócratas traidores estar al lado de él. Por eso la burocracia sindical es también una fuerza divisionista del peronismo y un factor aislante entre las bases y el conductor del movimiento. Esta es sin duda una de las causas que explican el 1º de mayo, ocasión en que no hubo una concurrencia masiva de la clase trabajadora a Plaza de Mayo. No la llevaron en ese momento ni Perón a través de la burocracia, ni los Montoneros, las principales fuerzas orgánicas que participaron del acto.
La concurrencia peronista estuvo entre un juego de pinzas, de un lado el aparato vandorista y del otro la organización política Montoneros. La clase obrera peronista sindicalmente organizada, la del Cordonazo, Rosariazo, Mendozaro, 17 de noviembre, 20 de junio, ausente.
Sin embargo, también es evidente que la acción desmovilizadora de la burocracia también la envuelve a ella misma. Pareciera afirmarse la tendencia a la parálisis político gremial de la CGT, Regionales y principales sindicatos que gobierna. Su retroceso ante las bases de cada gremio, pese a las recomposiciones parciales y a las crisis de improvisados oponentes, es permanente. Refluye hacia tareas administrativas del manejo sindical, se dedica a la acción de copamiento del aparato estatal. La oposición a ella parte de la propia clase obrera peronista, tuvo origen y desarrollo dentro de ella, de ahí el irremediable retroceso de esa alianza participacionista-vandorisía, que sólo se podrá hacer más lenta con la coraza legal proporcionada por algunos artículos de la ley de Asociaciones Profesionales.
La convocatoria hecha por Perón el 12 de junio, encuadrada en una situación política modificada, donde el desborde del Pacto Social y la amenaza a toda la política puesta en práctica proviene realmente de los enemigos, muestra otra cara Bien distinta del Movimiento. Ante esa amenaza el apoyo de la clase trabajadora se vuelve activo; la continuidad de Perón en el gobierno resulta lo más importante y se recupera la iniciativa frente a la acción gorila manifestada en las formulaciones de la prensa venal —tradicional enemiga de la causa nacional—, el desabastecimiento y el mercado negro promovido por los monopolios y la oligarquía (con la tolerancia de la propia burguesía nacional) las declaraciones críticas de la Iglesia, de la Sociedad Rural, del lanussismo en el ejército.
O sea aparecen los enemigos constantes del peronismo y Perón los señala al pueblo, que sale sobre la marcha, desde las fábricas, dispuesto a enfrentar a los que “empiezan a mostrar las uñas”.
El histórico 12 de junio fue de Perón y de los trabajadores. Los apresurados llegaron tarde porque para sostener su castillo de naipes político han “inventado” un Perón no peronista, repudiado por el pueblo y desmovilizador. La burocracia sindical participacionista-vandorista, por su parte —como tuvo la rara honradez de reconocerlo uno de sus voceros—, “nada que ver” con la movilización.
En la Plaza de Mayo hubo sólo peronismo; por las consignas, los participantes y los enemigos (no ya internos). De ahí el fortalecimiento de Perón que, dejando atrás el antecedente del lº de mayo, reafirmó la necesidad de la participación activa de los trabajadores para proseguir la tarea iniciada. En esta etapa el punto crítico de la política de Perón, que la clase trabajadora respaldó el 12 de junio, es sin duda la política salarial. Sin la vigencia de la Justicia Social no hay peronismo y no hay verdadera justicia social sin salarios justos. Mas la lucha de los trabajadores se deberá dar en los términos de la política que se avaló, o sea dentro del Pacto Social, poniendo el acento en la Justicia Social.
Un salario justo es lo principal, pero no es el único componente de la Justicia Social y el papel que Perón requirió de los trabajadores es el de la participación activa en la fiscalización y en el control económico (a nivel de la producción y distribución), donde junto a las exigencias de cumplimiento de condiciones de trabajo dignas, se impida el acaparamiento y el mercado negro, facilitando la plena producción y con ella la mayor ocupación.
Poniendo el eje en lo político, obrero y peronista, sin retroceder en ningún momento al campo de un sindicalismo revolucionario siempre mechado de antiperonismo, se facilitará mantener la unidad de la clase obrera, la de cada gremio, lo cual dará margen para avanzar, consolidando el peso de la clase trabajadora en el Movimiento y en el gobierno, al par que se va construyendo así un futuro de Liberación.
Frente a esa unidad y solidaridad orgánica de la clase trabajadora, manifestada activamente dentro del proyecto de Perón, y que es necesaria para garantizar el cumplimiento de los objetivos de la Reconstrucción y Liberación Nacional, se estrellará lo que constituye el instrumento principal de la reacción gorila-imperialista, o sea la promoción de la violencia en el campo de las fuerzas que integran la Unidad Nacional, como un primer escalón para desatar la guerra civil. Toda violencia parapolicial, foquista, de comandos civiles, etcétera, atenta —deliberadamente o no, pero con igual efectividad— contra el proceso de concertación e institucionalización sostenido en la soberanía popular, base del proyecto nacional de Perón y único camino ante la guerra civil que buscan las fuerzas irrepresentativas del Pueblo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

DECRETO DE NACIONALlZACIÓN DE BIENES DE LOS ENEMIGOS DE LA REVOLUCIÓN


El C. General Emiliano Zapata, Jefe supremo de la revolución de la República, a sus habitantes hace saber:

En atención a que los malos mexicanos que apoyaron y sostuvieron a los gobiernos pasados siguen en su labor obstruccionista, oponiéndose, por cuantos medios encuentran a su alcance, a la realización de los principios proclamados por la revolución y contenidos en el Plan de Ayala, retardando el triunfo completo de las reformas agrarias, y de conformidad con las facultades de que me hallo investido, he tenido a bien decretar lo siguiente:

ArtIculo I. Se nacionalizan los bienes de los enemigos de la revolución que defiende al Plan de Ayala y que directa o indirectamente se hayan opuesto o sigan oponiéndose a la acción de sus principios, de conformidad con el artículo VIII de dicho Plan y VI del decreto del 5 de abril de 1914.

Articulo II. Los Generales y Coroneles del Ejército libertador, de acuerdo con el Cuartel General de la revolución, fijarán las cédulas de nacionalización, tanto a las fincas rústicas como a las urbanas.

Articulo III. Las autoridades municipales tomarán nota de los bienes nacionalizados, y después de hacer la declaración pública del acta de nacionalización darán cuenta detallada al Cuartel General de la revolución de la clase y condiciones de las propiedades que sean, así como de los nombres de sus antiguos dueños o poseedores.

Articulo IV. Las propiedades rústicas nacionalizadas pasarán a poder de los pueblos que no tengan tierras que cultivar y carezcan de otros elementos de labranza, o se destinarán a la protección de huérfanos y viudas de aquellos que han sucumbido en la lucha que se sostiene por el triunfo de los ideales invocados en el Plan de Ayala.

Artículo V. Las propiedades urbanas y demás intereses de esta especie nacionalizados a los enemigos de la revolución agraria se destinarán a la formación de instituciones bancarias dedicadas al fomento de la agricultura, con el fin de evitar que los pequeños agricultores sean sacrificados por los usureros y conseguir por este medio que a toda costa prosperen, así como para pagar pensiones a las viudas y huérfanos de quienes han muerto en la lucha que se sostiene.

Articulo VI. Los terrenos, montes y aguas nacionalizados a los enemigos de la causa que se defiende serán distribuidos en comunidad para los pueblos que lo pretendan y en fraccionamiento para los que así lo deseen.

Artículo VII. Los terrenos y montes que se repartan no podrán ser vendidos ni enajenados en ninguna forma, siendo nulos todos los contratos o transacciones que tiendan a enajenar tales bienes.

Articulo VIII. Los bienes rústicos que se repartan por el sistema de fraccionamiento sólo podrán cambiar de poseedores por transmisión legítima de padres a hijos, quedando sujetos, en cualquier otro caso, a los efectos del articulo anterior.

Artículo IX. El presente decreto surtirá sus efectos desde luego.
Reforma, Libertad, Justicia y Ley.
Dado en el Cuartel General en Cuernavaca,
a los ocho días de septiembre de 1914.
El General en Jefe del ejército libertador,
Emiliano Zapata.