
por Enrique Rivera
Andarán por ahy sin madre
Ya se quedaron sin padre,
Y ansí la suerte los deja
sin naides que los proteja
y sin perro que los ladre.

Uno de los que leyeron aquella mi correspondencia aquí publicada, a la que titulé Mi religión, me escribe rogándome aclare o amplíe aquella fórmula que allí empleé de que debe buscarse la verdad en la vida y la vida en la verdad. Voy a complacerle procediendo por partes.
Primero la verdad en la vida.
Ha sido mi convicción de siempre, más arraigada y más corroborada en mí cuanto más tiempo pasa, la de que la suprema virtud de un hombre debe ser la sinceridad. El vicio más feo es la mentira, y sus derivaciones y disfraces, la hipocresía y la exageración. Preferiría el cínico al hipócrita, si es que aquél no fuese algo de éste.
Abrigo la profunda creencia de que si todos dijésemos siempre y en cada caso la verdad, la desnuda verdad, al principio amenazaría hacerse inhabitable
Y no basta no mentir, como el octavo mandamiento de la ley de Dios nos ordena, sino que es preciso, además, decir la verdad, lo cual no es del todo lo mismo. Pues el progreso de la vida espiritual consiste en pasar de los preceptos negativos a los positivos. El que no mata, ni fornica, ni hurta, ni miente, posee una honradez puramente negativa y no por ello va camino de santo. No basta no matar, es preciso acrecentar y mejorar las vidas ajenas; no basta no fornicar, sino que hay que irradiar pureza de sentimiento; ni basta no hurtar, debiéndose acrecentar y mejorar el bienestar y la fortuna pública y las de los demás; ni tampoco basta no mentir, sino decir la verdad.
Hay ahora otra cosa que observar—y con esto a la vez contesto a maliciosas insinuaciones de algún otro espontáneo y para mí desconocido corresponsal de esos pagos—, y es que como hay muchas, muchísimas más verdades por decir que tiempo y ocasiones para decirlas, no podemos entregarnos a decir aquellas que tales o cuales sujetos quisieran dijésemos, sino aquellas otras que nosotros juzgamos de más momento o de mejor ocasión. Y es que siempre que alguien nos arguye diciéndonos por qué no proclamamos tales o cuales verdades, podemos contestarle que si así como él quiere hiciéramos, no podríamos proclamar tales otras que proclamamos. Y no pocas veces ocurre también que lo que ellos tienen por verdad y suponen que nosotros por tal la tenemos también, no es así.
Y he de decir aquí, por vía de paréntesis, a ese malicioso corresponsal, que si bien no estimo poeta al escritor a quien él quiere que fustigue nombrándole, tampoco tengo por tal al otro que él admira y supone, equivocándose, que yo debo admirar. Porque si el uno no hace sino revestir con una forma abigarrada y un traje lleno de perendengues y flecos y alamares un maniquí sin vida, el otro dice, sí, algunas veces cosas sustanciosas y de brío —entre muchas patochadas— pero cosas poco o nada poéticas, y, sobre todo, las dice de un modo deplorable, en parte por el empeño de sujetarlas a rima, que se le resiste. Y de esto le hablaré más por extenso en una correspondencia que titularé: Ni lo uno ni lo otro.
Y volviendo a mi tema presente, como creo haber dicho lo bastante sobre lo de buscar la verdad en la vida, paso a lo otro, de buscar la vida en la verdad.
Y es que hay verdades muertas y verdades vivas, o mejor dicho: puesto que la verdad no puede morir ni estar muerta, hay quienes reciben ciertas verdades como cosa muerta, puramente teórica y que en nada les vivifica el espíritu.
Kierkegaard dividía las verdades en esenciales y accidentales, y los pragmatistas modernos, a cuya cabeza va Guillermo James, juzgan de una verdad o principio científico según sus consecuencias prácticas. Y así, a uno que dice creer haya habitantes en Saturno, le preguntan cuál de las cosas que ahora hace no haría o cuál de las que no hace haría en caso de no creer que haya habitantes en tal planeta, o en qué se modificaría su conducta si cambiase de opinión a tal respecto. Y si contesta que en nada, le replican que ni eso es creer cosa alguna ni nada que se le parezca.
Pero este criterio así tomado —y debo confesar que no lo toman así, tan toscamente, los sumos de la escuela— es de una estrechez inaceptable. El culto a la verdad por la verdad misma es uno de los ejercicios que más eleva el espíritu y lo fortifica.
En la mayoría de los eruditos, que suele ser gente mezquina y envidiosa, la rebusca de pequeñas verdades, el esfuerzo por rectificar una fecha o un nombre, no pasa de ser o un deporte o una monomanía o un puntillo de pequeña vanidad; pero en un hombre de alma elevada y serena, y en los eruditos de erudición que podría llamarse religiosa, tales rebuscas implican un culto a la verdad. Pues le que no se acostumbra a respetarla en lo pequeño, jamás llegará a respetarla en lo grande. Aparte de que no siempre sabemos qué es lo grande y qué lo pequeño, ni el alcance de las consecuencias que pueden derivarse de algo que estimemos, no ya pequeño, sino mínimo. Todos hemos oído hablar de la religión de la ciencia, que no es —¡Dios nos libre!— un conjunto de principios y dogmas filosóficos derivados de las conclusiones científicas y que vayan a sustituir a la religión, fantasía que acarician esos pobres cientificistas de que otras veces os he hablado, sino que es el culto religioso a la verdad científica, la sumisión del espíritu ante la verdad objetivamente demostrada, la humildad de corazón para rendirnos a lo que la razón nos demuestre ser verdad, en cualquier orden que fuere y aunque no nos agrade.
Este sentimiento religioso de respeto a la verdad, ni es muy antiguo en el mundo ni lo poseen más los que hacen más alarde de religiosidad. Durante los primeros siglos del cristianismo y en
De cuando en cuando recibo escritos, ya de católicos, ya de protestantes —más de éstos, que tienen más espíritu de proselitismo, que de aquéllos— en que se trata de demostrarnos tal o cual cosa conforme a su credo, y en ellos suele resplandecer muy poco el amor a la verdad. Retuercen y violentan textos evangélicos, los interpretan sofísticamente y acumulan argucias nada más que para hacerles decir, no lo que dicen, sino lo que ellos quieren que digan. Y así resulta que esos exegetas tachados de racionalismo —no me refiero, claro está, a los sistemáticos detractores del cristianismo, como Nietzsche, o a los espíritus ligeros que escriben disertaciones tratando de probar que el Cristo no existió, que fue discípulo de Buda, u otra fantasmagoría por el estilo—, esos exegetas han demostrado en su religioso culto a la verdad una religiosidad mucho mayor que sus sistemáticos refutadores y detractores.
Y este amor y respeto a la verdad y este buscar en ella vida, puede ejercerse investigando las verdades que nos parezcan menos pragmáticas.
Ya Platón hacía decir a Sócrates en el Parménides, que quien de joven no se ejercitó en analizar esos principios metafísicos, que el vulgo estima ocupación ociosa y de ociosos, jamás llegará a conseguir verdad alguna que valga. Es decir, traduciendo al lenguaje de hoy ahí, en esa tierra, que los cazadores de pesos que desprecian las macanas jamás sabrán nada que haga la vida más noble, y aunque se redondeen de fortuna tendrán pobrísima el alma, siendo toda su vida unos beocios; y siglos más tarde que Platón, otro espíritu excelso, aunque de un temple distinto al de aquél, el canciller Bacon, escribió que "no se han de estimar inútiles aquellas ciencias que no tienen uso, siempre que agucen y disciplinen el ingenio".
Éste es un sermón que hay que estarlo predicando a diario —y por mí no quedará— en aquellos países, entre aquellas gentes donde florece la sobreestimación a la ingeniería con desdén de otras actividades.
En el vulgo es esto inevitable, pues no juzga sino por los efectos materiales, por lo que le entra por los ojos. Y así, es muy natural que ante el teléfono, el fonógrafo y otros aparatos que le dicen ser invención de Edison —aunque en rigor sólo en parte lo sean de este diestro empresario de invenciones técnicas— se imaginen que el tal Edison es el más sabio y más genial de los físicos hoy existentes e ignoren hasta los nombres de tantos otros que le superan en ciencia. Ellos, los del vulgo, no han visto ningún aparato inventado por Maxwell, verbigracia, y se quedan con su Edison, lo mismo que se quedan creyendo que el fantástico vulgarizador Flammarión es un estupendo astrónomo.
Mal éste que, con el del cientificismo, tiene que ser mayor que en otros en países como ése, formados en gran parte de emigrantes de todos los rincones del mundo que van en busca de fortuna, y cuando la hacen, procuran instruirse de prisa y corriendo, y en países además donde los fuertes y nobles estudios filosóficos no gozan de estimación pública y donde la ciencia pura se supedita a la ingeniería, que es la que ayuda a ganar pesos. Al menos, por lo pronto. Y digo por lo pronto, porque donde la cultura es compleja, han comprendido todos el valor práctico de la pura especulación y saben cuánta parte cabe a un Kant o un Hégel en los triunfos militares e industriales de
Pero aparte esta utilidad mediata o a largo plazo que pueden llegar a cobrar los principios científicos que nos aparezcan más abstractos, hay la utilidad inmediata de que su investigación y estudio educa y fortifica la mente mucho mejor que el estudio de las aplicaciones científicas. Cuando nosotros empezamos a renegar de la ciencia pura, que nunca hemos cultivado de veras —y por eso renegamos de ella— y todo se nos vuelve hablar de estudios prácticos, sin entender bien lo que esto significa, están los pueblos en que más han progresado las aplicaciones científicas escarmentándose del politecnicismo y desconfiando de los practicones. Un mero ingeniero —es decir, un ingeniero sin verdadero espíritu científico, porque los hay que le tienen— puede ser tan útil para trazar una vía férrea como un buen abogado para defender un pleito; pero ni aquél hará avanzar a la ciencia un paso, ni a éste le confiaría yo la reforma de la constitución de un pueblo.
Buscar la vida en la verdad es, pues, buscar en el culto de ésta ennoblecer y elevar nuestra vida espiritual y no convertir a la verdad, que es, y debe ser siempre viva, en un dogma, que suele ser una cosa muerta.
Durante un largo siglo pelearon los hombres, apasionándose, por si el Espíritu Santo procede del Padre solo o procede del Padre y del Hijo a la vez, y fue esa lucha la que dio origen a que en el credo católico se añadiera lo de Filioque, donde dice qui ex Patre Filioque procedit; pero hoy ¿a qué católico le apasiona eso? Preguntadle al católico más piadoso y de mejor buena fe, y buscadlo entre los sacerdotes, por qué el Espíritu Santo ha de proceder del Padre y del Hijo y no sólo del primero, o qué diferencia implica en nuestra conducta moral y religiosa el que creamos una cosa o la otra, dejando a un lado lo de la sumisión a
Y la condena del actual Papa contra las doctrinas del llamado modernismo, no es más sino porque los modernistas —Loisy, Le Roy, el padre Tyrrell, Murri, etc.— tratan de devolver vida de verdades a dogmas muertos, y el Papa, o mejor dicho sus consejeros —el pobrecito no es capaz de meterse en tales honduras—, prevén, con muy aguda sagacidad, que en cuanto se trate de vivificar los tales dogmas, acaban éstos por morirse del todo. Saben que hay cadáveres que al tratar de insuflarles nueva vida se desharían en polvo.
Y ésta es la principal razón por qué se debe buscar la vida de las verdades todas, y es para que aquellas que parecen serlo y no lo son se nos muestren como en realidad son, como no verdades o verdades aparentes tan sólo. Y lo más opuesto a buscar la vida en la verdad es proscribir el examen y declarar que hay principios intangibles. No hay nada que no deba examinarse. ¡Desgraciada la patria donde no se permite analizar el patriotismo!
Y he aquí cómo se enlazan la verdad en la vida y la vida en la verdad, y es que aquellos que no se atreven a buscar la vida de las que dicen profesar como verdades, jamás viven con verdad en la vida. El creyente que se resiste a examinar los fundamentos de su creencia es un hombre que vive en insinceridad y en mentira. El hombre que no quiere pensar en ciertos problemas eternos, es un embustero y nada más que un embustero. Y así suele ir tanto en los individuos como en los pueblos la superficialidad unida a la insinceridad. Pueblo irreligioso, es decir, pueblo en que los problemas religiosos no interesan a casi nadie —sea cual fuere la solución que se les dé—, es pueblo de embusteros y exhibicionistas, donde lo que importa no es ser, sino parecer ser. He aquí cómo entiendo lo de la verdad en la vida y la vida en la verdad.
F.O.R.J.A. quiere afrontar los problemas argentinos con criterio argentino, porque considera que el vicio más funesto que padecemos es la entrega permanente y ominosa de la economía nacional a la colonización de las grandes potencias imperialistas, servidas onerosamente por nuestras más destacadas personalidades políticas y profesionales. Sin la total emancipación de
......
Es necesario, para disponerse a la acción heroica y salvadora, empezar por la propia purificación. Ningún hombre que continúe participando, activa o pasivamente, en la complicidad que comporta no repudiar sin piedad la corrupción política del ambiente, empezando por los propios círculos donde actúa, estará en condiciones de colaborar en la gran obra reparadora que exige la salud de

por Arturo Jauretche
EL "AUSENTISMO" DE LA ALTA CLASE
Se ha visto que el nuevo siglo, encontró en el mismo grupo a la alta clase porteña y las figuras provincianas del roquismo. Había terminado también el "luto social" impuesto a las familias rosistas recalcitrantes.
La Argentina entraba triunfalmente en el mercado mundial y se

por Manuel García Castellón
Introducción
En 1908, el erudito alemán Richard Pietschmann descubrió en
Pero la mayor singularidad de la exposición es que el autor la concibe a partir de la problemática del indio, y no desde el estamento dominador. He ahí la razón de que el autor prometa como “nueva” su propia crónica. Habiéndose criado con fuertes influencias clericales (ya fueran éstas testimoniales o contratestimoniales) y habiendo aceptado fervorosamente el Evangelio, el indio Felipe Guamán Poma, nieto de Incas y nobles Yarovilcas, testimonia abrazando él mismo las condiciones objetivas de pobreza, por lo que instaura la primera visión cronística desde la perspectiva del indio, es decir, del pobre.
Parte de la obra es una simulada conversación entre el autor y el rey de España, lo que bien podría representar el diálogo del indio (y desde el sentir indio) con la ideología de la metrópolis. Guamán quiere que el rey, lejano en Castilla, sepa que su pueblo peruano es víctima de crudelísimos abusos por parte de funcionarios, clérigos y colonos; que los españoles son advenedizos y déspotas y que sólo al monarca hispano toca el título de propiedad de la tierra, pues a él se acogieron los naturales como nuevo Inca para dirimir así la querella fratricida entre Atahualpa y Huáscar. Dice también Guamán que, en aquellas circunstancias, el pueblo precisa un valedor, a lo que él mismo se brinda. Para hacer la lectura llevadera a su Majestad, el autor la ilustra con más de 400 dibujos propios, complemento plástico de la denuncia textual. En general, puede decirse que se trata de un clamor genuinamente indio, traducido grosso modo a la altura, a la religión e incluso al arte de los amos.
Si bien las implicaciones de la teología jurídica lascasiana y salmantina están presentes, el caso de Guamán no consiste en un mero pleito. Más bien, la actitud de Poma de Ayala —autor, narrador y protagonista de
Paradójicamente, el hombre nuevo o redimido no se hará sin el cumplimiento de una retro-utopía de antiguos valores andinos restaurados. En busca de dignidad humana se contempla volver a los días del Inca, cuya previsión alimentaria hacía innecesaria una caridad degradante y cuya intransigente justicia criminal, laboral y social mantenían una rígida virtud en el pueblo. Como la protesta se hace en nombre del Evangelio, ello implica que lo cristiano cuenta en la re-estructuración de un mundo peruano feliz y exento de malos “viracochas” o españoles. El autor es consciente del peligro de su compromiso político: no sólo él mismo ha sufrido persecución y prisión por su actitud rebelde, sino también alguno de sus discípulos ha sido encarcelado y torturado.
Hasta la fecha, el aspecto religioso en la obra de Guamán ha sido tratado sucintamente y siempre con relación a la antropología (Ossio) o a la crítica textual, semiótica, etc. (McCormack, Adorno, López Baralt). En el presente trabajo hemos querido aplicar los principios de
A fin de establecer el marco teórico en el que se funda este trabajo, esbozamos brevemente lo que son las grandes líneas de
Gustavo Gutiérrez afirma que no debe perderse de vista “el aporte de la vida y de la reflexión de la comunidad cristiana en su peregrinar histórico [...] ‘dando cuenta de su esperanza’ hacia ‘nuevos cielos y nueva tierra” (1987: 80-81). Por ejemplo, en el proceso dialéctico de construcción de la conciencia cristiana, el humanismo renacentista es momento especial por su fluir de critica social. De dicha crítica depende el surgimiento de actitudes teológicas en diálogo con lo real. Por entonces, frente a la escolástica estática de las Universidades y Estudios Generales, iba surgiendo una teología en libertad, espontánea, multifacética, informal, pero dimanante del más puro compromiso evangélico. Podemos citar aquí el profetismo de Montesinos y Las Casas acusando a los que esclavizan y exterminan a los antillanos; el entusiasmo de Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán, en que Dios suscite una inédita y ejemplar cristiandad americana; el erasmismo que en España inclinaba a la autenticidad y a la simplicidad evangélicas; el Papa Paulo III pronunciándose en favor de la humanidad y libertad de los indios de América y decidiendo, en persona, la cristianización de ultramar; la misión jesuita con su fe en el hombre de las nuevas tierras y su voluntad de formarlo integralmente. Como se ve, del seno mismo de
El nuevo fermento espiritual salía de los púlpitos de sacerdotes testimoniales y pasaba al corazón y a la conciencia de los vencidos. A veces, favorecido por la imprenta, se convierte en tratadística de denuncia, como ocurrió, con
Dicha teología comenzaba a dar algunos frutos de justicia hacia mediados del siglo XVI, con la llegada a la colonia de funcionarios humanistas y magnánimos como
Con el tiempo, empero, muchos indios llegaron a apropiarse del útil de la letra escrita y a servirse de él en sus querellas contra los dominadores. Es entonces cuando el mensaje adquiere una virtualidad propia y extraña. Uno de dichos indios escritores es Guamán Poma de Ayala, “cacique y príncipe”, como a sí mismo se nombra, quien a pesar de su espíritu díscolo se ha disciplinado lo suficiente como para escribir su “carta al Rey”. Respecto a sintagmación y ortografía, Guamán escribe como Dios le da a entender, pero nunca está carente de una articulación: dado que los peruanos se ofrecieron voluntariamente al amparo del rey de España, nuevo Inca por legado de Atahualpa, no hubo ni “guerra justa”, ni conquista, ni el consiguiente derecho a subyugar al pueblo (según el derecho de gentes de la época). Los españoles son extranjeros o “mitimaes” que deben volverse cuanto antes a Castilla. Su presencia en el virreinato es nefasta para la vida temporal y espiritual de los andinos. La fidelidad al rey, no obstante, queda garantizada; se infiere que una administración autóctona hará llegar al monarca su “quinto real” de la fabulosa plata del Potosí y Huancavélica.
Así pues, es de todo punto posible afirmar que

por Emiliano Zapata
El General Emiliano Zapata, Jefe de la revolución del sur y centro de
Primero. Todos los jefes que tengan bajo su mando fuerza armada, procurarán darle la mejor organización posible, a fin de que tengan buenos resultados en las operaciones militares y movilicen su tropa con más exactitud y rapidez. Por cuatro soldados nombrarán un cabo, por cada dos cabos nombrarán un sargento, quedando al arbitrio del Jefe Superior designar el número de sargentos a cada capitán y demás jefes de subordinación, para mantener el buen orden y la disciplina.
Segundo. Todos los soldados prestarán la debida subordinación y respeto a los jefes superiores que les sean designados; asimismo, tendrán iguales atenciones para los demás jefes y superiores de las diversas compañías que forman el ejército libertador. Todo soldado o soldados, bajo ningún pretexto desobedecerán las órdenes aún cuando no militen bajo su mando. Cualquier falta de obediencia o de respeto a un jefe será debidamente castigada.
Tercero. Todos los soldados en general tienen la obligación, tanto en los combates como en las marchas que se originen, de permanecer al lado de los jefes a que están subordinados, pues de ninguna manera deben mezclarse con otra gente o compañia, porque serán causantes de desórdenes y confusión, siendo responsables de este acto.
Cuarto. Todo soldado que se aparte de sus jefes, sin motivo legal; que los abandone en el campo de batalla, que al ejecutar marcha vuelva atrás, sin causa justificada, con el fin de no concurrir al ataque donde se dirijan las fuerzas, será considerado como desertor y como tal irremisiblemente desarmado.
Quinto. Todo soldado o soldados que abandonen la compañia a que correspondan para ir al desempeño de una comisión o mandato de cualquier naturaleza que sea, debe constar por escrito; pues de otra manera quedarán sujetos a las penas que se aplican a los desertores.
Sexto. Toda clase de tropa, compañias, guerrillas o cuerpos de gente armada, que se han puesto bajo la sombra de la bandera revolucionaria, deben otorgar completas garantías a las personas y propiedades; pues bajo ningún pretexto ni causa personal, deben cometerse atentados contra las vidas y propiedades. La revolución no tolerará, sino que, por el contrario, castigará a los culpables de la manera más severa, para dejar satisfecha a la justicia y a la sociedad.
Séptimo. Solamente a los enemigos de la revolución que se compruebe que ayudan o están en connivencia con el mal gobierno ilegal, directa o indirectamente, para hostilizar nuestra obra revolucionaria, se le suspenderán las garantías constitucionales. Igual pena tendrán todos aquellos que, en calidad de voluntarios, tomen las armas en favor del mal gobierno ilegal de Huerta.
Octavo. Todos los voluntarios que se han puesto al servicio del mal gobierno ilegal de Huerta, por el solo hecho de que al avistarse las fuerzas revolucionarias se pongan al lado de ellas, tendrán derecho a la protección y garantías de que se trata.
Noveno. Cuando se ponga sitio a una población o se efectúe el ataque a una ciudad, o cualquier poblado de la importancia que fuere, queda absolutamente prohibido que la gente se dedique al saqueo, al robo o a otra clase de depredaciones; quedando bajo la más estrecha responsabilidad de los jefes de operaciones vigilar y evitar a todo trance los desmanes de referencia, castigando enérgicamente a los infractores y reprimiendo esos actos contrarios a nuestro credo y a la causa que defendemos. Los habitantes de las poblaciones que sin pertenecer al Ejército libertador, se entreguen al pillaje o cometan depredaciones, aprovechándose del fragor del combate o ataque que se haga a los defensores del mal gobierno, serán igualmente castigados por los jefes revolucionarios que tengan fuerzas a su mando en el lugar de los acontecimientos.
Décimo. Los soldados de la revolución, lo mismo que la gente pacífica que salgan de dentro de la población estando en vigor el ataque, con mercancía u otros objetos, serán aprehendidos inmediatamente pará ser juzgados, y comprobados los delitos sertin castigados con severidad.
Décimoprimero. Cuando una plaza, ciudad o población sea tomada por las fuerzas revolucionarias, el Cuartel General, de acuerdo con los demás jefes y adictos a la causa de cada población o lugar de que se trate, ocupado por las fuerzas libertadoras, nombrará de entre los revolucionarios una comisión que se encargue de recolectar entre los principales comerciantes y capitalistas de la localidad, la contribución de guerra que en efectivo o mercancías de antemano impusiere el Cuartel General, y la misma comisión se encargará de distribuir entre los jefes, oficiales y soldados, bien sea en dinero o en mercancías, lo que cada quien necesite, de una manera equitativa, satisfaciendo hasta donde sea posible las necesidades de cada cual, según las circunstancias lo demanden.
Décimosegundo. De los saqueos y depredaciones que se cometan en las poblaciones al ser atacadas, cada jefe revolucionario responderá de la zona en que ha operado y todo soldado o jefe subalterno tiene el deber de denunciar en el acto a todo culpable o culpables de depredaciones, a fin de evitar la mancha que se arroja sobre la revolución y sus principios.
Décimotercero. Hago presente a los jefes revolucionarios que están bajo mi mando, que redoblen sus esfuerzos a fin de que a todo trance, cuiden de que no se emborrachen en calles y plazas públicas los revolucionarios que estén bajo sus órdenes, con el noble propósito de infundir en las fuerzas el mayor orden y disciplina posibles; que comprendan que la constante práctica de orden y de justicia nos hará fuertes; que nuestra bandera es de salvación en favor de los pueblos, no de exterminio, que la revolución y la patria estimarán a sus buenos hijos que hagan de nuestro credo la sentencia de la equidad y la justicia, de nuestros esfuerzos la tumba de los tiranos y del triunfo de nuestros ideales la prosperidad y bienestar de
Dado en el Cuartel General en Tlacozoltitlán, Estado de Guerrero, a los cuatro días del mes de octubre de mil novecientos trece.
El General en jefe del Ejército libertador del sur y centro
Este espacio se encarga de difundir educando y formando el concepto comunitario de nuestra noble tradición en su lucha por la liberación nacional del colonialismo conspirativo (liberalismo, progresismo, marxismo) que van desde el anticlericalismo y el antimilitarismo hasta el ultraindigenismo y la Leyenda Negra. Por el fortalecimiento aguerrido de una nueva cultura frente a la degeneración del hombre en un sistema materialista que pregona el mas ruin y descarado hedonismo, antipatriotismo y anacrónico individualismo el cual, al carecer de raíces, si no es llevado por el viento es deber nuestro derribarlo a martillazos.
La izquierda indo hispánica no es otra vertiente mas dentro de la corriente socialista. Nace de esta pero a diferencia de las demás tendencias que terminan estancadas o desvinculadas de la realidad la Izquierda IndoHispánica es la más autentica. Somos socialistas por lo tanto no nacemos ni morimos con Marx, nacemos con los luchadores iberoamericanos y continuamos vivos. Así como el s. XVIII la pedagogía indiana adopta "las luces" que termina encegueciéndola con su luminaria, el positivismo del s. XIX le devuelve la lógica que lleva al progreso a una especie de idolatría salvaje que el marxismo del s. XX logra corregir aunque contradiciéndose con deducciones eurocentricas y que el s. XXI logra superar gracias a sus aciertos y errores.
Las diferencias básicas entre las izquierdas han sido:
1. la izquierda cipaya hija del socialismo ingles y de las internacionales.
2. la Izquierda Nacional que surge con el "antiimperialismo" francés de Maximiliano I de Mejico contra el imperialismo anglosajón pero aun así arrastra un lastre de la ilustración francesa desde el marxismo manteniendo un liberalismo cultural enajenante y por lo tanto distorsiona la historia y la cultura hispanoamericana.
3. la Izquierda IndoHispánica surgida con el reformismo colonial de Carlos III tanto contra el imperialismo anglosajón como contra el avance de la enciclopedia francesa. Dando sus primeros retoños en las primeras constituciones de Colombia donde se destacaba el liberalismo político y la restricción económica a las oligarquías intentando fomentar el mercado interno (por supuesto que las oligarquías hubiesen preferido, al revés, mas liberalismo económico y mas conservadurismo político). Pero siendo que los primeros ensayos socialistas surgen con los ayllu incaicos, la experiencia de Vasco de Quiroga en Méjico y los primeros acertamientos jesuitas sobre todo en lo que hoy es Paraguay.
Mientras no se entienda que el efecto no es el mismo en la metrópolis que en la periferia se seguirá jugando al primer mundo (o este jugará con nosotros). Mientras no se entienda que la ilustración, el positivismo y el marxismo son consecuencias naturales de sociedades superdesarrolladas, creer que pueden ser "causa" en los países semicoloniales es el ilusorio de un grupo de intelectuales. Debe entenderse que nuestra causa real y original no pasa por el "internacionalismo" sino por el tercermundismo, la soberanía y la liberación.
Cuando con el Ser Nacional se intenta desplazar y manipular el factor social surge una derecha completamente miope de la realidad de igual manera que cuando la dialéctica social posterga o utiliza el espíritu nacional deviene en izquierda perjudicial. Tanto la derecha social como la izquierda internacional son victimas y agentes encubiertos de los grandes banqueros y la sinarquía mundial. Nuestra izquierda se encuentra más cerca de la Tercera Posición que de las izquierdas cipayas. Nuestro socialismo se impulsa como disciplina espiritual y material reconstructiva de la descomposición social e individual. No se encuentra solo a la izquierda de la derecha como suele hacer la izquierda marxista mas senil, se encuentra a la izquierda del Imperio y del sistema en general.
Ya no podemos confiarnos en las consignas democráticas de “Libertad, Igualdad, Fraternidad” con las que el Imperio somete a la opinión mundial y a los pueblos. Hoy solo podemos confiar en las consignas de Soberanía y Liberación.
Nuestro nacionalismo diferente al nacionalismo burgués y reaccionario de los países europeos ha devenido siendo popular y revolucionario como nuestro socialismo criollo se distancia del socialismo europeo mucho mas ilustrado.
Porque el socialismo no es una enciclopedia cientificista ni una necesidad ideológica; un nuevo tipo de secreto exitoso que es digno importar de los países mas remotos y ajenamente civilizados; tampoco se trata de rebajarlo al nivel "real existente" ni de idealizarlo. Es mas bien la superación de la comunidad tribal y del individuo grosero. El socialismo es la máxima expresión de orden racional y conjunto entre un individuo, su comunidad y su estirpe es decir su origen y destino común. Es un medio hacia y un fin en la Justicia Social.
El socialismo no es mero igualitarismo, no es beneficencia sino que cada uno debe producir al menos lo que consume. No es tampoco la adaptación de la sociedad a la receta de un partido, es mas bien la diversidad en su mayor amplitud; la formación de trabajadores y también de guerreros en el desarrollo potencial del hombre como productor, no ya en el estancamiento de mercancías superfluas y riquezas privadas sino, de arte, de ciencia, espiritual y político. Un modo concreto y popular de construir desde el disenso antes que desde el circo de la oposición consensuada; desde la carne viva de gremios y organizaciones antes que desde la partidocracia y la democracia formal que postula como solución mágica: un voto = una persona.
El poder no se reforma desde las formas arcaicas sino que se construye desde su base y la misma profundidad. Un sistema que sirve para que la hegemonía chantajee (por "terrorismo", "guerra", "la vuelta a un pasado oscuro" etc.) para perpetuarse como "necesaria", deformando en una cuestión numérica el concepto de mayoría. La democracia como Soberanía popular excede la democracia burguesa que juega con la libertad pre-formada que vota partidos, candidatos, publicidad etc. cada determinado tiempo para elegir entre propuestas, leyes y plebiscitos en su momento preciso. La Soberanía Popular a través de juntas delega su autoridad sobre un caudillo. Esto se llevo a cabo en nuestro medio durante tres siglos hasta que la oligarquía revolucionaria devino reaccionaria copiando los moldes anglo-franceses.
El socialismo entre intelectuales y masones degeneró en ideológico e introducción a la globalizacion y el liberalismo cultural, es urgente traerlo a su origen científico dado en el método de análisis social a través de la dialéctica histórica el cual remonta al realismo de nuestra tradición cultural. Por lo que Nuestro Socialismo entiende la Guerra Cultural como el motor de lucha social de los trabajadores contra la oligarquía nativa y la élite mundial encargada de domesticar, adormecer y confundir a los pueblos.
Nuestra cultura se mantiene como bastión nacional y jerarquía de valores degradada por el modernismo burgués quien no responde ni respeta tradición ni sociedad. Nuestro análisis social e histórico nos lleva a través de la dialéctica a reconocer la "otredad" como vehículo natural de la igualdad que es el y lo Otro y que propio de nuestro carácter diferente del anglosajón el cual obsesionado por su raza temía por la perdida de sus rasgos e identidad, eso es lo que dio origen a la integración y solidaridad como piedra inicial del municipalismo y del bien común mezclándose con el aborigen afro, mongol y americano dentro de una jerarquía cultural que mas tarde la ilustración francesa y el idealismo jacobino intentarían nivelar desde arriba hacia abajo y forzando la síntesis desconociendo mas que reconociendo al Otro asentando los cimientos de la hegemonía del pensamiento único que somete a personas, organizaciones y patrias. La otredad es la virtud de extenderse y entenderse para lograr una mismidad real entre iguales, de lo contrario existiría la idea individualista (sea personal o sectorial) y la de automática exclusión propia de la sociedad burguesa donde la Libertad funciona mas como muralla ("mi libertad termina donde empieza la del otro") que como puente.
Por eso la autenticidad y autoreconocimiento del indohispanismo se diferencia del eurohispanismo en que este ultimo aparece tras la decadencia del siglo de oro como reacción y siguiendo el liberalismo anglofrances desconociendo a los criollos periféricos y enajenando toda posible reforma extendiéndose mas tarde en la pugna entre oligarquías y Pueblo, llegando hasta nuestros días donde el atlantismo y el Euro aniquilaron toda posibilidad de acercamiento cultural sincero.
El socialismo reconoce a la tecnología mas que a la teología, biología, economía o romanticismo como origen de la cultura social y nacional ya sea desde herramienta "espiritual" como el lenguaje por el que dos personas aprenden, se conocen y entienden sobre algo objetivo y se ponen de acuerdo hasta el desarrollo en base a las necesidades concretas de una comunidad. Lo cultural es lo que trasciende la ideología que no es mas que un repertorio de ideas subjetivas por eso el colonialismo distorsiona ideológicamente lo mas vital en un Pueblo exacerbando algo particular (o sectorial) por sobre lo total.
El realismo de nuestro socialismo no interpreta la historia como el materialismo anglosajón en base a la lucha de clases ni como el progresismo ilimitado del idealismo francés sino como Lucha de Liberación. La liberación es lo que llevó al hombre a organizarse con otros hombres para frenar la brutalidad de la naturaleza controlandola y poniéndola a su favor así como del ataque de tribus o fuerzas extranjeras mediante Juntas consiguiendo paulatina soberanía social y particular. Pero dicha lucha por conservar la libertad y adquirir mas soberanía dio paso a diferentes etapas históricas de dominación de reyes seguido por ciudades expancionistas que dieron lugar al imperialismo de naciones para continuar como corporaciones multinacionales. La izquierda clasista se detiene apenas en la etapa de imperialismo mundial y al no adelantar atrasa mas allá de su supuesta postura revolucionaria. No se trata de la "formación" de una conciencia de clase entre contradictoria y enajenante, sino del despertar la conciencia de una situación económica, social y cultural real.
Por lo que hay tres tipos de conciencias que hoy marcan una revolución o un proceso profundamente progresista:
· Conciencia Social; la cual introduce al individuo en lo social alejándolo del liberalismo y oponiéndose a la explotación y exclusión.
· Conciencia Nacional; por la cual la lucha social desde la cuestión colonial trasciende el clasismo y se encausa en lo popular buscando la fusión de distintos sectores contra la oligarquía anti-patria.
· Conciencia Cultural; contra el colonialismo se alza la lucha nacional contra la sinarquía de la Elite mundial que desde la globalización le ha declarado la guerra cultural a todos los pueblos inclusive a las potencias del primer mundo y por ello utiliza como escudo debilitador a las izquierdas y a la progresía muchas veces mas útiles que los grupos nacionalistas. Por eso muchos socialistas y "anti-imperialistas" que no advierten esto ultimo terminan siendo los peones fundamentales en esta "revolución mundial" redactada por los globalizadores.
Introducir revoluciones prefabricadas como “la lucha de clases” es como el haber introducido a su madre ideológica, la competencia liberal; es sembrar y cosechar precipitadamente gérmenes extraños que debilitan cualquier organismo trayendo decadencia tras decadencia. No se trata de exterminar a la burguesía, se trata de superarla fortaleciendo a los trabajadores. La “proletarización” del ser humano es tan injusta como conservar o reformar la brecha entre ricos y pobres; ambos polos mantienen los parámetros del capitalismo (liberal o estatal). Nuestra conciencia de clase es diferente a las que resultan de las contradicciones liberales del capitalismo, nosotros no necesitamos fomentar apariencias y formar una conciencia aparte eso es propio de la cultura burguesa, los trabajadores siempre y unicamente han tenido conciencia de Patria. Una conciencia "proletaria" es tan aparente y contradictorio como un movimiento "policlasista". Solamente se puede apuntar a una sola clase nacional de los trabajadores la cual varía en grados: técnicos, profesores, obreros, productores, militares, dirigentes, artesanos etc. Como se ve, burguesía, pequeña burguesía, proletariado y lumpen-proletariado no son mas que la teoría burguesa de un país que carece de una Nación trabajadora. Dogmatismos ultristas y confusionistas que van desde: “proletariado contra burguesía” a “obreros contra patronal” es jugar el juego de los poderosos internacionales no queriendo ver la raíz real del problema: Imperialismo y Oligarquía entreguista, y lo único capaz de frenarlos: Patria y Pueblo. Un Frente Nacionalista como supergremio (cultural, político, económico) del Pueblo. El Estado es el origen histórico y base concreta de una sociedad compuesta por el individuo y los cuerpos sociales como la familia y los gremios que dan origen al Municipio. El Estado es el espíritu social y la encarnación histórica que forma la nación de un pueblo. Sin estado solo hay un conglomerado de individuos, tribus, regiones y corporaciones donde rige la lucha de intereses.
La teoría de Lucha de Clases como motor histórico de la izquierda internacional es contradictorio en muchos puntos, empezando por el hecho de que el proletariado como clase, en complicidad con la burguesía, para lograr un mejoramiento social en las metrópolis dependería de la explotación de las clases y sociedades periféricas por lo que contra eso el estatismo y nacionalización de estos últimos llevaría a un empeoramiento del proletariado metropolitano que llevaría a una tensión social. Muchos piensan que la nacionalización en los países colonizados es un empuje para la "lucha de clases" en las metrópolis, pero en verdad es una falacia ideológica a razón de que la Elite, los consorcios y la banca mundial son los primeros en querer provocar y promover dicha lucha en contra los nacionalismos de las grandes potencias poniéndose del lado de los sectores ultraizquierdistas y progresistas. Lo que ya no se trata de "proletarios del mundo, únanse" sino de "la solidaridad de naciones trabajadoras y oprimidas contra la usura mundial" y que nos vuelve a la idea de que el único motor histórico del socialismo ha sido la Guerra Cultural contra la hegemonía de la globalización.
Mientras el concepto de Lucha de clases en los países ultra desarrollados llego a determinarse por una cuestión natural donde la riqueza acumulada por los capitalistas a expensas del proletariado ya rebasaba limites. Nuestra “Lucha de clases” es muy diferente, lo nuestro no pasa por la guerra entre dos clases europeístas tan concretas como “burguesía” y “proletariado” sino que nuestra situación es mas diversificada ya que nuestro continente es rico en recursos y pobre en industria llegando a etiquetarnos como: “países bananeros” lo cual es lógico a causa de nuestro dogmatismo manufacturero impulsado por las grandes oligarquías agraria y minera que llevó a estancarnos en la pobreza y a establecernos como patio trasero.
Esta es una guerra donde no hay lugar para la moralina pacifista que enseña como “debería o no debe” actuar el Imperio con los pueblos mas débiles. El objetivo del zapato es pisar y el del verdugo es castigar, el del usurero es robar y el del explotador es aprovecharse; por ende lo fundamental para nosotros es reconstruir fuerzas y resistir en el combate, lo demás se añadirá.
La tarea de reunir las veinte partes de Iberoamérica no es un sueño, como si lo es la romántica Unión Europea, sino que es una realidad histórica inconclusa de nuestra herencia hispánica ya que desde un principio Iberoamérica fue una sola patria dividida entre virreinatos solamente por cuestiones administrativas. Tanto las discordias e intereses oligárquicos junto a la inmiscusión de Francia y del imperio anglosajón hicieron que un puñado de caudillos se conformen con sus patrias chicas y sus sueños foráneos de civilización y progreso. Es más posible que veinte países semicoloniales terminen reunidos a causa de un factor histórico en común que formaría una superpotencia y una preocupación para el imperio anglosajón (algo que este teme y sabe desde hace siglos), a que un circo como la Unión Europea siga en pie a causa de sus Bancos y mercado interno. Sean reivindicados todos nuestros héroes y quijotes históricos que han intentado reunir veinte partes que el Imperio y el Nuevo Orden Mundial fueron dividiendo en esta Gran Patria llamada Iberoamérica.