jueves, 10 de marzo de 2011

El ibero-americanismo y el pan-americanismo


por José Carlos Mariátegui

El ibero-americanismo reaparece, en forma esporádica, en los debates de España y de la América española. Es un ideal o un tema que, de vez en vez, ocupa el diálogo de los intelectuales del idioma. (Me parece que no se puede llamarlos, en verdad, los intelectuales de la raza).

Pero ahora, la discusión tiene más extensión y más intensidad. La prensa de Madrid, los tópicos del ibero-americanismo adquieren, actualmente, un interés conspicuo. El movimiento de aproximación o de coordinación de las fuerzas intelectuales ibero-americanas, gestionado y propugnado por algunos núcleos de escritores de nuestra América, otorga en estos días, a esos tópicos, un valor concreto y relieve nuevo.

Esta es la discusión repudia en muchos casos, ignora al menos en otros, el ibero-americanismo de protocolo. (Ibero-americanismo oficial de don Alfonso, se encarna en la borbónica y decorativa estupidez de un infante, en la cortesana mediocridad de un Francos Rodríguez. ) El ibero-americanismo se desnuda, en el diálogo de los intelectuales libres, de todo ornamento diplomático. Nos revela así su realidad como ideal de la mayoría de los representantes de la inteligencia y de la cultura de España y de la América indo-ibera.

El pan-americanismo, en tanto, no goza del favor de los intelectuales. No cuenta, en esta abstracta e inorgánica categoría, con adhesiones estimables y sensibles. Cuenta sólo con algunas simpatías larvadas. Su existencia es exclusivamente diplomática. La más lerda perspicacia descubre fácilmente en el pan-americanismo una túnica del imperialismo norteamericano. El pan-americanismo no se manifiesta como un ideal del Continente; se manifiesta, más bien, inequívocamente, como un ideal natural del Imperio yanqui. (Antes de una gran Democracia, como les gusta calificarlos a sus apologistas de estas latitudes, los Estados Unidos constituyen un gran Imperio.) Pero, el pan-americanismo ejerce -a pesar de todo esto o, mejor, precisamente por todo esto- una influencia vigorosa en la América indo-ibera. La política norteamericana no se preocupa demasiado de hacer pasar como un ideal del Continente el ideal del Imperio. No le hace tampoco mucha falta el consenso de los intelectuales. El pan-americanismo borda su propaganda sobre una sólida malla de intereses. El capital yanqui invade la América indo-ibera. Las vías de tráfico comercial pan-americano son las vías de esta expansión. La moneda, la técnica, las máquinas y las mercaderías norteamericanas predominan más cada día en la economía de las naciones del Centro y Sur . Puede muy bien, pues, el Imperio del Norte sonreírse de una teórica independencia de la inteligencia y del espíritu de la América indo-española. Los intereses económicos y políticos le aseguraran, poco a poco, la adhesión, o al menos la sumisión, de la mayor parte de los intelectuales. Entre tanto, le bastan para las paradas del pan-americanismo los profesores y los funcionarios que consiguen movilizarle la Unión Pan-Americana de Mr. Rowe.

II

Nada resulta más inútil, por tanto, que entretenerse en platónicas confrontaciones entre el ideal ibero-americanismo y el ideal pan-americano. De poco le sirve al ibero-americanismo el número y la calidad de las adhesiones intelectuales mientras el ibero-americanismo se apoya en los sentimientos y las tradiciones, el pan-americanismo se apoya en los intereses y los negocios. La burguesía ibero-americana tiene mucho más que aprender en la escuela del nuevo Imperio yanqui que en la escuela de la vieja nación española. El modelo yanqui, el estilo yanqui, se propagan en la América indo-ibérica, en tanto que la herencia española se consume y se pierde. El hacendado, el banquero, el rentista de la América española miran mucho más atentamente a Nueva York que a Madrid. El curso del dólar les interesa mil veces más que el pensamiento de Unamuno y que La Revista de Occidente de Ortega y Gasset. A esta gente que gobierna la economía y, por ende, la política de la América del Centro y del Sur, el ideal ibero-americanista le importa poquísimo. En el mejor de los casos se siente dispuesta a desposarlo juntamente con el ideal pan-americanista. Los agentes viajeros del pan-americanismo le parecen, por otra parte, más eficaces, aunque menos pintorescos, que los agentes viajeros -infantes académicos- del ibero-americanismo oficial, que es el único que un burgués prudente puede tomar en serio.

III

La nueva generación hispano-americana debe definir neta y exactamente el sentido de su oposición a los Estados Unidos. Debe declararse adversaria del imperio de Dawes y de Morgan; no del pueblo ni del hombre norteamericanos. La historia de la cultura norteamericana nos ofrece muchos nobles casos de independencia de la inteligencia y del espíritu. Roosevelt es el depositario del espíritu del Imperio; pero Thoreau es el depositario del espíritu de la humanidad. Henry Thoreau, que en esta época, recibe el homenaje de los revolucionarios de Europa, tiene también derecho a la devoción de los revolucionarios de Nuestra América. ¿Es culpa de los Estados Unidos si los ibero-americanos conocemos más el pensamiento de Theodore Roosevelt que el de Henry Thoreau? Los Estados Unidos son ciertamente la patria de Pierpont Morgan y de Henry Ford, pero son también la patria de Ralph Waldo Emerson, de William James y de Walt Whitman. La nación que ha producido los más grandes capitanes del industrialismo, ha producido asimismo los más fuertes maestros del idealismo continental. Y hoy la misma inquietud que agita a la vanguardia de la América Española mueve a la vanguardia de la América del Norte. Los problemas de la nueva generación hispano-americana son, con variación de lugar y matiz, los mismos problemas de la nueva generación norteamericana. Waldo Frank, uno de los hombres nuevos del Norte, en sus estudios sobre Nuestra América, dice cosas válidas para la gente de su América y de la nuestra.

Los hombres nuevos de la América indo-ibérica pueden y deben entenderse con los hombres nuevos de la América de Waldo Frank. El trabajo de la nueva generación ibero-americana puede y debe articularse y solidarizarse con el trabajo de la nueva generación yanqui. Ambas generaciones coinciden. Los diferencia el idioma y la raza; pero los comunica y los mancomuna la misma emoción histórica. La América de Waldo Frank es también, como nuestra América, adversaria del Imperio de Pierpont Morgan y del Petróleo.

En cambio, la misma emoción histórica que nos acerca a esta América revolucionaria nos separa de la España reaccionaria de los Borbones y de Primo de Rivera. ¿Qué puede enseñarnos la España de Vásquez de Mella y de Maura, la España de Pradera y de Francos Rodríguez? Nada; ni siquiera el método de un gran Estado industrialista y capitalista. La civilización de la Potencia no tiene su sede en Madrid ni en Barcelona; la tiene en Nueva York, en Londres, en Berlín. La España de los Reyes Católicos no nos interesa absolutamente. Señor Pradera, señor Francos Rodríguez, quedaos íntegramente con ella.

IV

Al ibero-americanismo le hace falta un poco más de idealismo y de realismo. Le hace falta consustanciarse con los nuevos ideales de la América indo-ibérica. Le hace falta insertarse en la nueva realidad histórica de estos pueblos. El pan-americanismo se apoya en los intereses del orden burgués; el ibero-americanismo debe apoyarse en las muchedumbres que trabajan por crear un orden nuevo. El ibero-americanismo oficial será siempre un ideal académico, burocrático, impotente, sin raíces en la vida. Como ideal de los núcleos renovadores, se convertirá, en cambio, en un ideal beligerante, activo, multitudinario.

lunes, 7 de marzo de 2011

LA AFIRMACIÓN

por Luis Alberto de Herrera

CONTRA EL PACTO_KELLOGG

El voto del Dr. Luis Alberto de Herrera contra el Pacto Kellogg, constituyó un claro pronunciamiento internacional.
Fue, además, su primer acto antimpenalista en carácter de go¬bernante. Ocupaba en ese momento un cargo en el Consejo Nacional de Administración; tenia funciones ejecutivas. Adquirió, pues, su voto, una significación especialísima; fue la afirmación de su vocación antimperialista; la historia lo recogió como una actitud y una conducta muy claras y expresivas.
Del libro biográfico de Pintos Diago, ya citado, extractamos la crónica de la sesión del Consejo, realizada en octubre de 1928:
"Al discutise en el seno del Consejo Nacional de Adminis¬tración el mensaje de la presidencia de la República, que lo consultaba sobre el pacto antibélico de que es autor el canciller norteamericano Mr. Kellogg, y que acaba de ser firmado por las grandes potencias, manifestó el Dr. Luis Alberto de Herrera su decisión de votar contra la adhesión del Uruguay al referido pacto, por dos razones fundamentales: por la necesidad de imprimir cada vez mayor vigor a la personalidad moral de América y por el sar¬casmo que importa tal acertó pacifista de Estados Unidos y su exaltación teórica del derecho de los pueblos, a la misma hora que sus tropas arrasan con el derecho en Nicaragua".
Dijo: "Para estar en paz con todo el mundo, nosotros no precisamos el pacto Kellogg. Tampoco tenemos por qué incorporar¬nos al candido coro. Después de un siglo de independencia, ya es tiempo de que las repúblicas colombianas piensen y procedan con criterio propio, examinando los asuntos externos desde sus propios puntos de vista. En cuanto al segundo aspecto de la cuestión, considera que en las circunstancias actuales, el pacto Kellogg debe sonar a hueco en los oídos sud y centro americanos. Dice su cláusula esencial, como lo destaca el mensaje de la Presidencia, que por él "se condene la guerra para el arreglo de conflictos inter¬nacionales, renunciando a ella como instrumento de política nacional en sus relaciones mutuas, reconociendo que el arreglo o la solución de todos los conflictos y litigios de cualquier naturaleza o de cualquier origen que sea, que puedan surgir entre ellos, sólo de¬berán buscarse por medios pacíficos". Y bien: esas bellas promesas están totalmente desautorizadas por la política atentatoria que se desarrolla en Nicaragua. La conciencia continental condena acerbamente ese odioso atropello, también condenado por gran parte del pueblo de los Estados Unidos.
Con la resistencia de Sandino están nuestros corazones. Ante lo que sucede en Nicaragua enmudece el elogio al pacto Kellogg. El sentimiento de verdadero panamericanismo nos identifica con el dolor de la pequeña y valerosa república, esclarecida por su derecho y por su propia debilidad. Artigas, el primero, reconoció en su famoso decreto autorizando el corso, la hermandad de las repúblicas nacientes. A través de cien años se han estrechado esos vínculos fraternos, de tan noble tradición entre nosotros. Vota, pues, contra la ahesión al pacto Kellogg por entender que mientras haya un solo soldado norteamericano en Nicaragua, el pacto Kellogg no pasa de ser otra "tira de papel".
Esta fue la única voz oficial que se levantó contra la doctrina norteamericana, incompatible con los hechos nicaragüenses. Manuel Ugarte, eminente americanista argentino, lo felicita desde Niza, diciendole: "Así debe vibrar la voz de nuestra América".

LA CAUSA SANDINISTA

Vuelve a apuntar Carlos Zubillaga en su documentado y severo estudio sobre la personalidad de Herrera:
"La causa nicaragüense encuentra en Herrera — en su exaltada definición antimperialista— un vocero desinteresado y eficaz. Vincula la agresión a la tierra de Sandino con la secesión panameña, y la actitud de desembozada prepotencia pacifista en la Conferencia Panamericana de La Habana, brindando en una página de inusual severidad, habida cuenta de su posición política de entonces, el juicio condenatorio de las ambiciones imperiales norteamericanas".
Sigue, reproduciendo los conceptos de Herrera:
"Fuera de duda, la acción de Estados Unidos en Nicaragua presenta los más odiosos caracteres. Para condenarla, no es si¬quiera necesario tomarla en detalle. A la misma hora en que se extermina, en guerra desigual y tan bochornosa, por lo mismo, para el fuerte, a los bravos de Sandino, que encarnan el derecho sagrado do las patrias, se inaugura, con palabras sacramentales de paz, la asamblea corintia de La Habana. Con razón, abundó en ironías la prensa europea. Dos modos distintos y un solo fin verdadero: repe¬tir en Nicaragua lo que antes se hiciera en Panamá. Arrebatar, porque así conviene, el solar ajeno. El presidente Roosevelt lo hizo, invocando, con singular rudeza, la doctrina inicua del garrote, del bigstick. El presidente Coolidge opta por pasar, sin verlo, junto al atentado, absorvido en lalectura del evangelio, predilecto del puri¬tanismo. A pesar de ser tan repudiables las dos actitudes, quizá sea preferible, por su misma y confesada crudeza, la de quien dijo todo lo que quería y no la de quien quiere todo lo contrario de lo que dice".

LA DECADA DEL 30

El año 1931 estuvo signado por urgencias de política interna que polarizaron la atención de Luis Alberto de Herrera. No por ello, el ojo avizor, dejó de ver los problemas americanos que se desenca¬denaban.
Y aquí es necesario poner el énfasis; ya que es muy común — en algunos historiadores— la tendencia a limitar la concepción nacionalista y antimperialista de Herrera al solar nativo, con despreocupación del panorama americano. Con solo leer las actas del Directorio del Partido Nacional y las colecciones de "El Deba¬te", surje nítida su constante preocupación por las americanas pa¬trias hermanas. En cuanto a las Conferencias Panamericanas, puso siempre especial celo y vigilancia porque no fuera vulnerado el principio de no intervención; y, las más de las veces, sin que fuera nuestro país el agraviado, se levantó condenatoria su voz contra la agresión ajena.
Terminamos de examinar el caso de la Nicaragua de Sandino; otras vendrían en el panorama de latinoamérica, como lo veremos.
La dictadura de Uriburu en la Argentina mereció su severa condena, expresada en múltiples intervenciones y artículos lapi¬darios en "El Debate", así como con el ofrecimiento de su casa al gobernante derrocado, Hipólito Irigoyen, "caso de que resuelva venir a estas playas..."
Al prologar el libro "Del Plata a Usuhaia", de Salvador de Almenara, en clara referencia al confinamiento de Irigoyen en la isla Martín García, complementada con la analogía histórica, escri¬be para el bronce: "Irigoyen en 1828 habría sido fusilado; Dorrego en 1931 estaría en Martín García".
En julio de 1931, recala en Montevideo rumbo al destierro, Carlos María de Alvear; Herrera lo recibe, en acto de confratemi¬dad platense y de solidaridad en el infortunio.
También en Chile había sido derrocado el presidente Alesandrí, por el dictador Ibañez. Herrera, desde "El Debate", asumió personería por el presidente derrocado; y cuando, a su vez, cayó Ibañez, escribió alborozado: "Resurgió el pueblo chileno. Ha caído un dictador".
En Cuba usurpaba el poder el dictador Machado y el pueblo cubano se lanzó a la insurrección. No demoró Herrera en tomar posición; así escribió en agosto del 31: "Se tambalea la dictadura de Machado en Cuba. La rebelión cubana es una acción nacional contra quien ha transformado la república en una monarquía".
Saludó, en setiembre del mismo año, la incorporación de México a la Liga de las Naciones, de la que estuviera ausente por su posición ante la doctrina de Monroe y la política de absorción norteamericana.
Iguales actitudes fundamentó ante problemas similares de las repúblicas americanas. Así con Nicaragua, otra vez. Con los sugestivos título y subtítulo: "La Epopeya de la Libertad" — Nicaragua y Sandino—, escribe el Io de octubre:
"Un telegrama llegado ayer, nos trasmite en su laconismo trágico, la noticia de un nuevo choque entre Sandino, el romántico defensor de las libertades, y tropas de desembarco americanas, de¬fensoras de los intereses de los Banqueros de Wall Street.
En esta guerra infame que soporta Nicaragua por el solo hecho de ser un territorio estratégico para la construcción de un nuevo canal, cuyo dominio es codiciado por EE.UU. no sólo desde el punto de vista militar que ya de por sí es fundamental, dado que el de Panamá es fácil de obstruir en cualquier momento de peligro, sino también desde el punto de vista económico puesto que la distancia a recorrer entre costas Orientales y Occidentales de EE.UU. se re¬ducirán en 1.608 kilom. Hoy por hoy Nicaragua representa el dolor sangriento de América, que se debate entre las guerras del im¬perialismo, que no se para a escarniar el derecho siempre invocado en sus campañas de rapiña. "...Pero América, esa América cantada por el poeta de la oda vibrante y soberana: esa América que tembló de huracanes y que vive de amor no puede ceder el paso sin ver manchadas de oprobio las páginas de la historia. Sandino, un héroe continuador de la obra de los grandes libertadores —Washington, Bolívar, San Martín, Artigas, Sucre— águila el mismo desde su montaña abrupta, vigila, acecha para caer a golpes de ala sobre los fusileros liberticidas ciervos del dólar, salvándose así la dignidad de su pueblo, mientras los hermanos de América —¡todos sus her¬manos! — pregonan el plan de defensa contra el avance insolente del actual imperialismo. Nicaragua doliente, Nicaragua sangrienta, es hoy el símbolo de la América libre, amenazada por el tirano moder¬no: el dólar".

CONFERENCIA DE MONTEVIDEO

La VII Conferencia de Montevideo, inaugurada el 3 de diciembre de 1933, marcó un hito importante en las relaciones entre EE.UU. y América Latina.
Desde las páginas de "El Debate", el Herrerismo prestó pre¬ferente atención al desarrollo de la Conferencia; y si bien es cierto que mostró un cauteloso optimismo ante el "giro anunciado por Estados Unidos", también es cierto que destacó profusamente toda manifestación latinoamericana, tendiente a salvaguardar sus derechos. Por ejemplo: cuando el delegado cubano, Ángel Alberto Geraudy, reclamó enfáticamente una declaración tajante sobre la no intervención, al tiempo que denunciaba que los EE.UU. estaban interviniendo en su patria y anunciaba el retiro de su delegación; Herrera destacó con grandes titulares: "Fue vibrante el alegato de Cuba contra las intervenciones".
También dio amplia publicidad a las declaraciones de los delegados de Ecuador, Cuba y Haití, sintetizadas así: "Expresan un criterio contrario en absoluto a las intervenciones y la más amplia independencia y soberanía de las naciones".
Del 15 al 19 de diciembre la Conferencia entró en el período fuerte de las definiciones. "El Debate", a través de sus titulares y artículos editoriales, fue marcando la tónica de las mismas. Mientras el 15 informaba: "Mr. Hull anunció una nueva era de la política internacional de los Estados Unidos"; al otro día se ufana¬ba: "Se sancionó el repudio a las intervenciones". "Por unanimidad 20 naciones aclamaron el principio de no intervención". "Por primera vez en la historia de las siete conferencias panamericanas, se resuelve el problema palpitante de América".
Harto concluyentes son estos testimonios, que jalonan una etapa importante en la política antimperialista del Partido Nacional.
También le da importancia fundamental a la posición la¬tinoamericana ante la ponencia yanki sobre sistemas arancelarios, transcribiendo las declaraciones del delegado de Ecuador, Dr. Antonio Parra: "La única manera que tienen nuestros Estados para independizarse es la de crear una unidad económica".
El 26 de diciembre, al clausurarse la Conferencia, editorializa con satisfacción patriótica, resumiendo los resultados en tres fundamentales: 1) Orientación antitarifista y creación de un or¬ganismo interamericano para la orientación económica-financiera de los 21 países; 2) No intervención; 3) Reafirmación del pacifis¬mo.
Esta última fue el epílogo para la guerra del Chaco al anun¬ciarse la paz entre Paraguay y Bolivia y declararse al 19 de diciembre de 1933 el "Día de la Paz de América" (El conflicto se estiraría, artificialmente, por los "intereses creados", hasta 1935).
Finalmente merece un párrafo la decisión adoptada por la Conferencia, referida al revisionismo histórico, materia prioritaria para el Herrerismo. "El Debate" publicó una entrevista al delegado paraguayo, Dr. Justo Pastor Benítez, quien pronunció una frase memorable: "La revisión de los textos de Historia podría llamarse la condonación de las deudas morales de los pueblos".

LA "BUENA VECINDAD"

Pero ¿cómo interpretar, si no conciliar, la anunciada nueva política, de la "Buena Vecindad", del presidente Franklin Delano Roosevelt, con los verdaderos propósitos imperialistas?
Es imposible, para una cabal interpretación del drama la¬tinoamericano con relación a su poderoso vecino norteño, sus¬traerse a observar, aunque más no sea a vuelo de pluma, a los "buenos vecinos".
Cuba, para empezar: ¿no era, acaso, un feudo norteamericano? La Enmienda Platt le había dado a los yankis el control militar, político y económico de la isla. Y cuando en 1933 Grau San Martín asumió el poder, sin miramientos ni recato, Summer Welles (emba¬jador de los EE.UU.) comenzó a preparar su derrocamiento. Y cuando cayó Grau y empezó el tiempo del sargento Batista, aquel pudo acusar, sin reticencias, al gobierno de Washington como responsable de su caída.
Guatemala, Honduras y Costa Rica, con los Ubico, los Tiburcio Carias y los Jiménez, eran feudos de la United Fruit. El Salva¬dor con Maximiliano Hernández; el "protectorado" de Panamá; Trujillo en la República Dominicana; por citar los más notorios, fueron ejemplos típicos de que dio en llamarse "las republiquetas del Caribe".
El drama de Nicaragua con el asesinato de Sandino y la "entronización" de los Somoza; la dictadura de Juan Vicente Gómez en Venezuela; fueron hechos en los que también —cier¬tamente— no estuvieron ajenos los Estados Unidos.
¿Dónde, pues, la buena vecindad?
Después, aún, vendrá e* ueii^^muento de Getulio Vargas en Brasil; lo de Spuille Braden en la Argentina; lo de "las bases" por nuestras playas; la dependencia de Colombia con el presidente Santos; los "vaivenes" de Alesandri en Chile; la vía cruxis de México con su "peligrosa" vecindad; Morínigo en el Paraguay, como ejemplo elocuente de la tragedia paraguaya.
¡Habría tanto qué escribir de este período!
Sin olvidar los sucesivos derrocamientos en Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Puerto Rico..., que hicieron trágico el panorama latinoamericano y escribieron el infortunio de los Germán Busch, Velazco Ibarra, Paz Estenssoro, Gaitán, Haya de la Torre, Albizu Campos,...
¡Todos con su fe nacionalista y antimperialista a cuestas!
Toda la década del 30, la pre-guerra, estuvo signada por las "intervenciones" más o menos descaradas de las embajadas yankis en los países latinoamericanos.
La nueva política, entonces, que registró lo más resonante con la supresión de la Enmienda Platt y el retiro de "los marines" de América Latina, tuvo el precio de admitir cualquier gobierno, por espúreo que fuera su origen, con tal de que fuese un "buen vecino" de los Estados Unidos.

LA DECLARACIÓN DE LIMA

Todo este panorama americano de pre-guerra se cierra con la Declaración de Lima (diciembre de 1938), complementaria de la Conferencia de la Paz celebrada en Buenos Aires en 1936.
El 23 de noviembre de 1938, ante la inminencia de la Conferen¬cia, Herrera —previendo y previniendo— pregunta desde las columnas de "El Debate": ¿Qué programa tiene la Conferencia de Lima? (...) ¿Qué ha probado que la América del Sur está en peligro? (...) ¿Quién ha pedido protección a Estados Unidos? (...) ¿No hay algo de alucinación y de miedo en esa pesadilla guerrera que padece Estados Unidos?"
El día 14, ya inaugurada la Conferencia, arremete con este ti¬tular: "Hermandad continental, sin cláusulas de vasallaje".
Hasta que el día 19, formulada la Declaración de Lima, luego de trabajosos esfuerzos, durante los cuales la Argentina consiguió incluir importantes modificaciones a la ponencia inicial de Estados Unidos, el Herrerismo saca sus propias conclusiones; muy jugosas por cierto:
"LA CONFERENCIA DE LIMA. Epílogo. La Conferencia de Lima terminó sus tareas. De las laboriosas sesiones ¿qué queda?
Aparte de la obra cultural y sanitaria cuyos resultados son como los de todas las demás Conferencias panamericanas especializadas que se reúnen periódicamente; de la cuestión internacional del momento, nos interesa saber ¿qué aporte representa la VIII Conferencia Panamericana a la paz y a la prosperidad económica de los pueblos latinoamericanos? (...) Abarca los "platónicos" ideales panamericanos en toda su gravedad y comprende todas sus consecuencias. En efecto: 1) El "generoso" propósito de la soli¬daridad panamericana traerá aparejado el rearme de la América LatirUi y por lo tanto la suscripción de empréstitos en dollars para comprar armas. 2) El contrato de empréstitos creará el des¬plazamiento de las preferencias comerciales de Europa hacia Esta¬dos Unidos, con grave daño de los intereses económicos de América Latina. 3) Automáticamente las bases navales, pero sobre todo, aéreas, de nuestras repúblicas pasarán con el pretexto de organizar su defensa a manos de los Estados Unidos". He aquí la realidad cruda y dura de los democráticos votos del venerable Mr. Hull. Su estampa de apóstol de la paz, se luce con dulce elocuencia en las conferencias panamericanas; sin embargo, la realidad "que es lo que es —y no lo que parece y lo que desearíamos que.fuera—, nos descubre en Mr. Hull al profeta de la guerra, queriendo arrastrar a naciones felices y jóvenes —ajenas a los planes europeos o asiáticos de EE.UU. — con declaraciones que no responden ni a la historia, ni a la sangre, ni al porvenir de la América española. ¿Peligros remo¬tos? El único peligro para América T.:*:~% ha siáu hasta ahora la voracidad de Estados Unidos".

¡CONCLUYENTE!
CONFERENCIA DE PANAMÁ

El año 1939 marcó el tragicismo del inicio de la segunda guerra mundial, a un cuarto de siglo de declarada la primera.
América se proclamó neutral, sin excepciones, organizándose en Panamá una conferencia consultiva.
Paz y Neutralidad — al tiempo que diseñó la tercera posición— fu» el grito patriótico de Luis Alberto de Herrera Con esta fe se mostró optimista por la anunciada reunión, aunque, no abdicando de sus naturales recelos, pidió que todo lo que se hiciese tuviera luego sanción legislativa. Tenía la mitad del Senado y sabía que por allí no pasaría ninguna iniquidad ni entregamiento.
Del ejemplar de "El Debate" del 19 de setiembre de 1939, transcribimos un editorial, en el que —con la inspiración de
Herrera— se analiza y define claramente la posición del Partido Nacional ante los problemas que agitan al mundo:
"El criterio con que a nuestro juicio deben ser encarados los temas que serán objeto de deliberación en la conferencia a reunirse próximamente en Panamá, debe sintetizarse en la consecución de dos objetivos primordiales: el mantenimiento de la neutralidad y las consecuencias que necesariamente han de derivar de la guerra en el orden económico-financiero para nuestro continente. Y, se añade a esta proposición, la de que se hace indispensable evitar que los anhelos de "espacio vital" en la América del Sur, se conviertan en realidades más o menos inmediatas. El mal ejemplo cunde y contra él, en el caso concreto de la doctrina inventada por el régimen nazi, es necesario estar prevenidos. Pero, quienes así se han pronunciado ya, omiten todo cuanto por otras vías que no sean las que las aspiraciones de "espacio vital" puedan abrir en la órbita de Hispanoamérica, es suceptible, también de "minar" las democracias que sus jóvenes Estados encarnan."...

EL NAZI COMUNISMO

"Si la Conferencia de Panamá ha d§ considerar el problema de lo que podemos denominar la defensa de las teorías políticas inherentes al predominio democrático, desvinculadas o no de las gravitaciones que a su respecto puedan ejercer las mudanzas económicas, producto de la actual contienda bélica, preciso será que sus miembros dirijan la vista tanto a los peligros de la derecha como a los de la izquierda, —en realidad hoy constituyen uno solo, por la fusión inconcebible del nazismo con el comunismo— puesto que ese invento insólito del "espacio vital" no representa una concepción menos sugerente, por lo que hace a sus medios posibles de obtención que la que traducen los planes comunistas, para — según declaración reciente de uno de sus cabecillas— "acabar con todo lo que se opone a los intereses de clase", finalidad para cuyo logro se afirma proyectar en estos precisos momentos "un golpe estratégico para aplastar al enemigo". Y no debe presumirse que en la calificación de "enemigo" no están comprendidas las democracias americanas. No es asunto baladí, el que refiere a la me¬jor defensa de las democracias, a una aplicación escrupulosa y sistematizada de los postulados políticos y sociales que les dan jerarquía en la estructuración gubernamental de las naciones. Este aspecto del problema que hoy plantean las pugnas ideológicas, en el terreno político, es el que menos se justiprecia cuando se trata de hacer prevalecer una u otra tendencia militante. Sin embargo, no es en otro ninguno, donde con mayor significación se encierra la clave de la verdadera defensa de un régimen democrático. Las fallas que a éste se le atribuyen, no están, por cierto, en la doctrina que lo sustenta, sino en la forma como ésta es interpretada y transforma¬da en acción concreta de gobierno. La idea permanece invulnerable, pero las aplicaciones no armonizan, generalmente, en los fines en que aquella reposa y para los cuales ha sido filosóficamente conce¬bida. De aquí se sigue, que para hacer eficaz la defensa de las democracias americanas, independientemente de la obra de cola¬boración colectiva inspirada en comunes ideales, es imprescindible la particular de cada gobierno, dentro de los límites políticos que le están trazados. Porque si la primera es de orden trascendente en los dominios del derecho internacional, la segunda debe estimarse de necesidad vital, a los efectos de fortalecer la fe de los pueblos respecto de las ventajas que el sistema ofrece del punto de vista de la preminencia de los derechos del individuo en sus relaciones recíprocas y del de la posesión de los fueros de soberanía al amparo de la libertad y de la justicia distributiva."
En las líneas que acabamos de leer, el Partido muestra su doctrina, con una precisión y amplitud tal, que puede llamarse —a justo título— una doctrina eminentemente americana.
Queda —bien sentado— el criterio autonómico e independiente de derechas e izquierdas, con un objetivo claro de orientalidad que apunta, convergentemente, al nacionalismo y al antimperialismo. Y por esa vía llega, natualmente, al americanismo.
El Partido no improvisa en la materia, el Partido recoge la herencia histórica con firme raíz federal y artiguista, cuajada en el legado lavallejista: Libertad o Muerte. Oribe se sintetiza en Independencia-Nacionalidad-Americanismo. Independencia o Muerte está gritando, heroicamente, Leandro Gómez ante los escombros de Paysandú y frente a la metralla flonsta-mitrista-brasileña. In¬dependencia y Libertad exige la lanza de Timoteo Aparicio. Todo por la Patria, fue la consigna de la causa por la libertad civil y polí¬tica, v la consecuente inmolación de Aparicio Saravia.
La defensa del sistema democrático, es la base subsiguiente a la doctrina matriz; y se emparenta —por vía natural— con los principios fundamentales: libertad, soberanía, derechos del indivi¬duo, justicia social.
Leer dos veces el editorial transcripto, importa beber —con avidez— en la fuente prístina del origen y destino del Partido Nacional.

CONFERENCIA DE LA HABANA

Finalizadas las reuniones de Panamá, que recomendaran "el establecimiento de la zona de seguridad" y "la libre circulación de las listas negras"; de inmediato comenzaron los sondeos para nm> próxima conferencia a realizarse en La Habana, donde se propondría el establecimiento del "cartel económico panamericano". (Contaron con la frontal oposición del Herrerismo).
De las ediciones de "El Debate" de esa época, extractamos dos artículos jugosísimos, en los que Herrera desenmascara el "interés yanki" en lo que atañe al hemisferio colombiano, y denuncia lo que más tarde serla el estrangulamiento económico.
En efecto, después, con creciente crudeza, se soportaron las presiones de las organizaciones económicas internacionales, dirigi¬das desde y por Estados Uñidos, sucediéndose bajo diferentes ró¬tulos: "Plan de Ayuda Económica a América Latina", "Alianza para el Progreso", "Fondo Monetario Internacional",...

EL CARTEL ECONÓMICO


"El Debate" (27/6/1940). "Los sudamericanos no tienen por qué entrar por el "cartel económico" que pomposamente se le ofrece desde el otro extremo del continente. Más de una vez, hemos se¬ñalado el doble aspecto egoísta y politiquero de la serie de ruidosas actitudes —a pretexto de "conmovedor" panamericanismo— que presentan los gestos internacionales de la Unión, en lo que atañe al hemisferio colombiano. Por una parte, se sirve la política domés¬tica; por la otra, se ata al propio interés mercantil el destino económico de las repúblicas sudamericanas".

"El Debate" (15/7/1940). "Como la palabra de los muy po¬derosos tiene siempre, aunque no se quisiera, inflexiones demasiado apremiantes, nunca se insistirá con exceso sobre la necesidad de que las delegaciones a la Conferencia de La Habana resistan a la se ducción estadounidense. Así lo decimos refiriendo, con especial mo¬tivo a la muestra. Nos apresuramos a reconocer lo difícil y aún desagradable, que resulta discrepar y resistir cuando el invitante se multiplica en cordialidad, desde luego, singularmente interesadas; pero ANTES QUE TODO, está nuestro propio interés económico".

LOS MANDATOS COLECTIVOS

Siempre refiriéndose a los puntos que serán tratados en la publicitada Conferencia de La Habana, editorializa mencionando el régimen de mandatos colectivos sobre las colonias europeas en el continente americano. Reproducimos estos sabrosos párrafos:
"...Cambiar de dueños, es acaso el único camino que debemos aconsejar a los hermanos continentales sometidos todavía al régimen de la colonia? Creemos confiadamente que el juicio ilustra¬do y valiente de los delegados a la Conferencia de La Habana ofrecerá otras soluciones más en concordancia con la historia de La Revolución Americana". "...Elemental parece seguir la norma polí¬tica de excluir para siempre el régimen colonial de la América li¬bre". ...Con tanta más razón debemos apoyar el deber elemental de luchar con todos los medios por la independencia nacional de las colonias". "...Es la única solución legítima que debiera adoptar la Conferencia de La Habana, interpretando el eco legendario de los Libertadores: Washington, Bolívar, Morelos, San Martín, O'Higgins, Artigas, Martí..."
Al editorial le hace digno corolario el artículo "Como la tin¬torera" aparecido en el mismo ejemplar, con el particular e incon¬fundible estilo de Herrera:
"A título, también de que no sufra melladura la resobada doctrina de Monroe, alguien pedirá —ya todo preparado de an¬temano— que "desinteresadamente" Estados Unidos, sacrificán¬dose como de costumbre, acepte ejercer mandato sobre las posesiones holandesas y francesas en América, a pesar de que tal no piden las respectivas metrópolis. ¿Puede alguien aseverar sin¬ceramente que corren riesgo de invasión Las Guayanas? Corre, sí, riesgo de que los Estados Unidos se queden arbitrariamente con ellas, a pretexto de "mandato", de necesidad militar, de cancelación de deudas atrasadas... Lo deplorable es que se quiera asociar a las patrias americanas y latinas a la gran farsa politiquera de los plutócratas neoyorquinos que a rio revuelto, aprovechan la oportunidad para pescar..."
En ediciones siguienes continúa Herrera, implacable: "¡Ah, no! Las Repúblicas sudamericanas no pueden entrar en eso. Pues tendría que ver que, a título de un peligro más que remo¬to, pero arteramente invocable como "cuco" circunstancial —muy ventajoso para quienes lo alega— la Unión echara la mano sobre las Guayanas y las islas del Caribe, que jamás le pertenecieron! La teoría de "los mandatos" fue hipócritamente creada por la descon¬ceptuada Liga de las Naciones para disfrazar conquistas terri¬toriales. En este hemisferio, nadie puede adherir a semejante extra¬vío. No es concebible que eso se admita".

NACIONALISMO BENDITO


Suelen anotarse, por historiadores, algunas limitaciones en la militancia antimperialista de Herrera.

Carlos Zubillaga, por citar un ejemplo, señala debilidades en su concepción nacionalista y algunas actitudes incongruentes, referi¬das — principalmente— a su exaltación de la doctrina Monroe; pero también —justo es destacarlo— se apresura a recurrir a ex¬presiones del propio Herrera, que las desestima: ("alguien equi¬vocándose, podrá atribuirme alguna incongruencia").
Por supuesto que no se está, durante sesenta años, martillando, sin que alguna vez el martillo no se desvíe. De cualquier
manera, es demasiado denso el pensamiento herrerista en la materia, para que puedan anotársele debilidades o incongruencias.
Serían —en definitiva— meras actitudes "sueltas", impuestas por
motivos circunstanciales y no de fondo; a las que Herrera solía
hacer concesiones de momento. Luego y desde atrás la línea es
vertical y homogénea, como que está afirmada en un estricto sentido de nacionalismo: nacionalismo bendito, como él mismo
proclamaba. ?
El referido historiador, con absoluta objetividad y honestidad crítica, se encarga de subrayarlo:
"Sea como fuere, al promediar la década del 40, Herrera recti¬fica plenamente sus juicios sobre la doctrina Monroe, y en una rei¬terada prédica periodística, cuestiona este instrumento de la polí¬tica exterior norteamericana, retomando el tono de las lejanas advertencias que como diplomático afectuara a comienzos del siglo e integrando, en forma congruente, este aspecto de su pensamiento internacional al esquema general de la opción nacionalista y antim¬perialista".
No es necesario abundar en lo de "rectifica plenamente sus juicios sobre la doctrina Monroe"; que no hay tal.
Herrera, a través de toda su actuación, hace continuas in¬vocaciones a la doctrina, "beneficiosa en su alcance defensivo"; pero — concomitan temente— recela del abuso que de ella hacen los Estados Unidos.
Así (más adelante lo veremos) en su discurso en el Senado so¬bre las bases, en pleno 1941, afirma: "Soy decidido partidario de la doctrina de Monroe". Diez años después (también lo veremos) ante Edward Miller, repite:"En su alcance defensivo aceptada la doctrina Monroe". Pero siempre agregó: "A título también de que no sufra melladura la resobada doctrina de Monroe", como lo dice en el artículo arriba transcripto; o el: ¿Por qué le beneficie estirar hasta el abuso y lo vituperable su elástica doctrina de Monroe, nosotros tendremos que aplaudir?
No hay rectificación tal, entonces. Siempre hubo una misma linea de conducta; graduando las limitaciones de la doctrina a sus alcan¬ces defensivos. Un examen atento de la política internacional de Herrera, lo pone, claramente, de manifiesto.

DESPUÉS DE LA HABANA

Finalizada la Conferencia, ufanos volvieron a sus lares los mandatarios de las repúblicas sureñas. Se había frenado, aparentemente, al coloso. Pero, a poco andar...
"La teoría en el tintero" (19/8/1940). La Conferencia de La Habana, moderando proposiciones irrefrenadas, acordó juiciosamente: Io) que lo del cartel económico se redujera a la simple colocación de los sobrantes de la producción, luego de servi¬dos los mercados universales, y 2o) que sólo se pondría la mano en las posesiones americanas de las naciones europeas (Francia, Ingla¬terra y Holanda) cuando ellas corrieran riesgo de caer en manos de otras potencias ultramarinas. En tal caso, se confiaría el gobierno accidental de dichas posesiones a la autoridad conjunta de varias repúblicas de este hemisferio. Por lo demés, y en última instancia, ¡sus habitantes decidirían de su suerte por propio pronunciamiento. Fundamental esta resolución.
Pero no ha pasado un mes desde la celebración de este otro cónclave espectacular. En efecto, en estos momentos, Estados Uni¬dos, por su sola cuenta y conveniencia, está en negociaciones con Inglaterra sobré las islas Jamaica, Trinidad y Vírgenes. Cuestión de trueque: una mano recibe barcos y la otra paga con bases na¬vales, con el consabido arriendo de los 99 años. En plata: la Unión adquiere nuevos territorios americanos, mediante una tratativa contraria a lo resuelto en La Habana. Otra vez aquello de, a mar re¬vuelto, ganancia de pescadores... Lo impuesto habría sido enterar del asunto a las cancillerías, por cuanto en La Habana se prohi¬bieron expresamente las adquisiciones territoriales en el continente y se dispuso que nada se haría sin el común consenso y, sobre tod, sin consultar a las soberanías insulares: ¡qué ellas decidieran de su destino!
Pero nada de eso se ha hecho. Todas las promesas y obligaciones de respeto al "prójimo" han quedado en aguas de borrajas. Y... Estados Unidos saca la cosecha.

Capitulo II de "Antiimperialismo y los yanquis"

lunes, 28 de febrero de 2011

CONCIENCIA HISTÓRICA Y LIBERACIÓN NACIONAL

por Juan José Hernández Arregui

CAPÍTULO VI

En la Argentina del presente, el nacionalismo de derecha se ve compulsado a reconocer la presencia de las masas como actoras de la historia, y el comunismo el hecho de que las masas, antes que nada, encuadran su lucha en un marco nacional, aunque el destino del proletariado sea internacional. El resultado es el creciente ahondamiento de los problemas y el nacimiento de una izquierda nacional, cuya crítica anuncia la superación teórica tanto del internacionalismo de las izquierdas colonizadas mentalmente, como el conservatismo no menos colonial adverso a las masas del nacionalismo tradicional.
Dado el endeudamiento de la economía internacional, la Argentina semicolonia altamente desarrollada es un eslabón frágil del imperialismo, y su lucha nacional amenaza el dominio mismo de los oligopolios mundiales sobre el resto de los países latinoamericanos.
La terrible presión sobre la Argentina posterior a Perón, la resistencia de su pueblo a la recolonización, es tanto síntoma de la crisis del imperialismo como del creciente malestar revolucionario de América Latina.
La lucha antiimperialista en la Argentina, tiene una fecha de origen: 1930. El pueblo argentino sabe hoy, a diferencia de entonces, cuáles son las causas del drama nacional, ubica las potencias que han convertido a la Argentina en una patria avasallada que resiste con bombas y huelgas la penetración extranjera.
La caída de Perón fue provocada por Inglaterra, no por EE.UU., que luego de años de ofensiva debió ceder ante un gobierno de contenido nacional. En el intervalo, Inglaterra después de la Segunda Guerra Mundial, recuperó su antigua condición de potencia exportadora de capitales de inversión y con ello la voluntad de reconquistar su influencia en la Argentina y participar en la explotación del petróleo luego del desastre en el Medio Oriente.
A Perón se lo puede y debe juzgar en sus graves errores. Pero antes que nada se lo debe ver como el portaestandarte de un momento histórico glorioso de la liberación nacional.
¿Cuáles son las fuerzas antinacionales en la Argentina? 1º) La oligarquía terrateniente que gravita sobre el poder por vías indirectas e inseguras, como supervivencia de la Argentina agropecuaria en la industrial. Hecho que se expresa, bajo la presión de los dos imperialismos, en el carácter proyanqui pero contradictorio de una política, derivada del mayor peso de los EE.UU. y de la decadencia británica como gran potencia mundial, de la presencia interna de una burguesía comercial dependiente del comercio de importación y exportación, vale decir, del imperialismo, particularmente norteamericano, y de un sector de la burguesía industrial que también entrelaza sus intereses a las compañías petroleras, etc., de nacionalidad extranjera. 2º) Amplios sectores de la clase medio en sus estratos superiores –profesionales, intelectuales, funcionarios de corporaciones extranjeras- adicionados en formas diversas al imperialismo y mentalmente disformados por el aparato educativo de la oligarquía, en particular por la Universidad. 3º) Los restos de los partidos tradicionales, parte de la masa estudiantil, etc.

LAS IZQUIERDAS

El movimiento de masas desatado por Perón ha desbarajustado a las izquierdas. El PS asiste a resquebrajamientos, especialmente por una tradicional política de claudicaciones, ocultada durante la oposición a Perón, pero ahora debido a la presencia del proletariado como clase organizada.
El PC merece mayor atención debido al avance del comunismo a nivel mundial. La incompetencia de sus cuadros, su burocratización y su alejamiento de las masas tornan incierta su función nacional.
Tres años después de la caída de Perón, el dirigente Rodolfo Ghioldi expresa el pensamiento de su partido mediante la apoteosis de la Unión Democrática y hablaba todavía del nazifascismo de Perón.
La consecuencia de este error ha sido el desprestigio del PC y su desconexión con el movimiento de masas. De este modo, lo que en su momento pudo ser una táctica útil a Rusia, que piensa en términos nacionales de gran potencia mundial, se ha convertido en una crisis histórica de la izquierda nada fácil de superar.
El mismo Ghioldi dijo en esa ocasión refiriéndose al movimiento de masas: “No es una revolución todo lo que sea movimiento popular en la calle”. Esa revolución puede medirse por los fusilamientos que ejecutó la clase reaccionaria en 1956. Pero el dirigente comunista no habla de las ejecuciones ni de los millares de presos que atestaron las cárceles del país después de la caída de Perón. También dirá que “no hay revolución sin movimiento revolucionario de masas”.
Y al mismo tiempo oculta al 17 de octubre de 1945 para hablar de su primera etapa, el 4 de junio de 1943. Sigue perorando en 1958 sobre la Unión Democrática, que se aprestaba a “resolver por sus propias fuerzas todos los problemas que afligen a la Nación”. Y como es habitual no entiende nada. Para las masas populares, el 17 de octubre fue una etapa histórica de su emancipación como clase, una transformación del Estado mismo, que de la represión militar exigida por las clases reaccionarias pasó a la pasividad policial dispuesta por el gobierno revolucionario.
“La libertad política –escribe Lenin- no librará inmediatamente a los obreros de la
miseria, pero les dará armas para la lucha contra ella. No existe ni puede existir otro medio de luchar contra la miseria que la unidad de los obreros mismos. No hay posibilidad de unión para millones de hombres mientras no haya libertad política”.
Un comunismo así, para el imperialismo, es más barato que los aliados. Estos son los objetivos del PC mismo. Victorio Codovilla sigue defendiendo en 1960 el Frente Popular de 1935. En 1953 creía en la filantropía y acusaba al gobierno de Perón “por embarcar a los países de América Latina contra el imperialismo yanqui”.
Son tan bruscos los virajes y contradicciones de los comunistas, que hasta el afiliado más testarudo, debe pensar que ha contraído matrimonio con una descuartizada.
Se opusieron a las nacionalizaciones pero ahora aducen que esas empresas nacionalizadas “son palancas que si estuvieran en manos de un gobierno verdaderamente democrático y popular servirían para impulsar el desarrollo de la economía nacional y liberarla de la explotación imperialista”.

EL CAMIO IDEOLÓGICO DE LA IZQUIERDA

En este desposeimiento de la mentalidad de la izquierda ha punzado con éxito el control y propaganda de las ideologías mundiales. Sería grave error creer que esa mentalidad es inmodificable.
La revisión de la historia cumplida por otros grupos, el desarrollo de una izquierda nacional que concilia el marxismo con la realidad del país, y sobre todo, la trágica experiencia del retorno del liberalismo económico, inquietan a muchos espíritus que dudan de las antiguas valoraciones de izquierda a través de las cuales pervirtieron su visión de lo nacional.

ERNESTO SÁBATO

El caso de Sábato es también un síntoma del cambio que se opera en determinados sectores de la intelectualidad liberal. este escritor ha sido y sigue siendo adverso a Perón, pero ha planteado la cuestión argentina en los términos de lo nacional y lo antinacional, sobre todo, con referencia al problema de la intelectualidad y el pueblo. Y lo ha hecho como confesión y acusación.
En esta elección ha cuestionado a los próceres de la oligarquía. Ha ubicado a Sarmiento en su lugar, y distinguido el carácter literario valioso de su obra de su intención histórica apócrifa.
Lo ha hecho no como literato puro sino como escritor solidario con su pueblo. Y así, este enemigo de Perón, ha dicho: “Perón politizó profundamente la vida del país y de una manera u otra hizo recurrir a la política a los sectores más diversos de la Nación”. Estas cosas no se las perdonan ni la inteligencia liberal, ni la izquierda. Pues Sábato, enjuició también a esa izquierda sin conciencia nacional que invalidó a la propia generación de Sábato al segregarla del país.
Con compresión del problema dijo: “Se oye decir en este país, sobre todo en los llamados sectores democráticos que es malo que exista un conductor”. Y analizando este argumento expresó:
“El propio Marx ha dicho que la historia se hace en condiciones determinadas o predeterminadas ajenas a la voluntad de los seres humanos, pero la historia la hacen los hombres y naturalmente los grandes hombres. No alcanzo a comprender cómo Churchill, por el solo hecho de ser inglés, haya de ser un líder aceptable y no han de serlo otros que no gozan de tan privilegiada nacionalidad”. Por eso Sábato, a diferencia de la izquierda cipaya, aunque tarde, ha comprendido las causas del triunfo de Perón: “....las banderas nacionales habían sido abandonadas por nuestra élite, y en cambio habían sido empuñadas por las masas que tan a menudo han sido calificadas de chusma iletrada, y hasta lo que es cruelmente paradojal, por los líderes de la llamada izquierda”.
Sábato incluyéndose en ella ha condenado a esa intelectualidad distante del pueblo y de sus símbolos. “Y en 1945 volvimos a equivocarnos, nosotros, precisamente el sector más ilustrado del país. Dijimos “cabecitas negras”, hablamos de “chusma” y de “alpargatas”, olvidándonos que esos “cabecitas negras” habían construido el 90% de los ejércitos patriotas que habían llevado a cabo la liberación de América....¡Qué fácil despreciarlos era desde nuestras aulas!
Pero no hay todavía un auténtico monumento para aquellos soldados anónimos de la libertad americana, para aquellos descamisados de nuestro ejército republicano, mientras hay tantos monumentos y tantas calles para generales que no nienen el mérito de aquellos héroes anónimos”.

LA JUVENTUD UNIVERSITARIA

La crisis de la izquierda abarca a vastos sectores de la masa estudiantil. Por su composición de clase, la mayoría del estudiantado se plegó a la coalición reaccionaria que derrocó a Perón en 1955, que festejó el hecho como un triunfo de la libertad.
El idilio duró poco, y en 1957 se produjeron 92 conflictos, en 1959, 250, mientras 4.000 profesores y funcionarios eran separados sin juicio de la Universidad. Pero a la orientación del estudiantado argentino, ha seguido la toma de conciencia frete al problema nacional.
Es una actitud reaccionaria, no comprender este cambio operado en sus millares de estudiantes.
No sólo han variado, sino que hoy enjuician sus propias creencias. Hasta la Reforma Universitaria de 1918, es analizada desde otros ángulos y se empieza a entender, cómo sus principios, en realidad, fueron armas de la antinación.
Conviene por eso hacer algo de historia. En 1955 los estudiantes católicos no se declaraban reformistas “en cuanto a su ideología y principios”: “Caído el régimen de la dictadura y la corrupción, vemos con júbilo las posibilidades de libertad y democracia que se abren en el panorama nacional. Posibilidades que se tornan garantías si la revolución toma la responsabilidad de encauzar la vida nacional dentro de normas democráticas de libertad y justicia social”.
Este era el pensamiento de estudiantes católicos frente a una Universidad avasallada en su mayoría, por profesores católicos.
Este documento católico es similar a los que lanzaba la FUBA. La Liga de Estudiantes Humanista, en representación de siete facultades, adhería a FUA: “Al caducar las autoridades universitarias nombradas por el régimen anterior y efectuada la toma del gobierno de la Universidad y sus facultades por la FUBA, la Liga adhiere a sus declaraciones al respecto”.
Por la misma época –1956- la Federación Juvenil Universitaria de la Capital Federal denunciaba:
“La intervención de los EE.UU. en Nicaragua, el asesinato del patriota Sandino, los pactos militares que amenazan con la soberanía nacional”.
Ese año caían bajo los pelotones de fusilamiento, argentinos que resistían el retorno de la oligarquía.
Pero los estudiantes callaron.
Pronto la unidad estudiantil colapsaría. La Iglesia fue la primer sorprendida. La caída de Perón convirtió la vuelta de la oligarquía al poder –hecho deseado por la Iglesia- en la expulsión de profesores católicos y su substitución por la izquierda liberal. Y esta masa estudiantil utilizada como fuerza de choque contra Perón, se la convirtió en instrumento para fragmentar y debilitar al estudiantado.
En las tendencias, vistas las cosas a la distancia, se percibe la acción oculta de las fuerzas liberales o eclesiásticas que dirigieron el conflicto. En un manifiesto reformista se lee:
“No cabe duda que esta batalla heroica a favor de la Cultura y el Progreso ha enrolado a todo el estudiantado. Los estudiantes secundarios hemos levantado con orgullo y firmeza la tradición sarmentista y laicista, porque queremos estudiar más y mejor, sobre bases racionales y científicas, y salimos a la calle a defender ese legado. Sabemos a ciencia cierta que no estamos solos. Nos acompañan y nos acompañarán aún más, nuestros profesores que nos enseñaron a defender con pasión el ideal de Echeverría, Moreno y Sarmiento”.
Documento en el que es visible la mano de la oligarquía tras el lenguaje de la reforma del 18 en su mistificación liberal posterior. Sin embargo la conciencia histórica del país unida al movimiento de masas, empieza a penetrar en el estudiantado. En otro comunicado reformista se lee:
“La amenaza fundamental la constituye el problema creado artificialmente por el P.E. con el que se intenta, quizás, ocultar problemas más graves al país. La prensa no nos ayuda. Intenta crear la impresión de que existe una división en el ambiente universitario”.
En un manifiesto de estudiantes de izquierda, se toca la cuestión en forma más categórica todavía:
“Entendiendo que la enseñanza, la difusión de la cultura, es uno de los medios que utilizan las clases explotadoras para mantener su dominio, su forma de vida y pensamiento, y para formar el equipo de técnicos intelectuales e ideólogos a su servicio, es que los estudiantes debemos oponernos con todas nuestras fuerzas a estos intentos”.
La reparación del problema no es casual, sino que forma parte del proceso general de la lucha entre las clases dominantes por la posesión de los instrumentos de dominio, en este caso la enseñanza. Si la oligarquía perdió el control del Estado, hoy en manos de la burguesía nacional industrial, no por ello se resigna a perder el control de las instituciones”.
La masa estudiantil, después de la experiencia de dos años de “libertad y democracia”, no sabe que hacer con los mitos vacíos y exige desorientada participación en la lucha nacional, de vuelta ya del frenético y estúpido delirio de 1955. En este período, el estudiantado empieza a comprender en qué consiste la esencia de esa “democracia”, la verdad sobre una “intelligentzia” mártir a la que ahora conoce en las cátedras. Simultáneamente, se nota el acercamiento al obrero y una defensa implícita del peronismo.
“Es así que la política gubernamental se caracteriza por un marcado contenido antinacional y antipopular, se persiste en el criterio de desnacionalización del gobierno de ipso (es decir de las empresas nacionalizadas, JJH. Arregui); se sigue con el criterio de romper el movimiento obrero, no se toma ninguna medida para solucionar el pavoroso problema del costo de vida, se entrega la política petrolera así como la política energética a los consorcios internacionales”.
En otro documento de la FUBA se dice:
“Es así que después de haber entregado al imperialismo nuestro patrimonio energético, parte de nuestro territorio, la base de Ezeiza, el Frigorífico Nacional, de defender los intereses de aquel que ante las Naciones Unidas, de intentar destruir y oprimir violentamente el movimiento obrero, de enajenar nuestras cultura, de aplicar el plan de austeridad del FMI; el gobierno para poder asegurar el cumplimiento de tales designios asegura la paz social a punta de tanques y bayonetas.
Otro líder de la Reforma de 1918, Alfredo Palacios, declaraba que la Universidad debe formar la conciencia nacional.
El estudiantado volvía a la realidad:
“A ocho meses de la asunción al poder de un gobierno elegido por los votos prestados de la clase obrera obligada a optar por aquellos que le dieron un respiro a su apaleada lucha sindical –se lee una declaración del plenario de la FUBA realizado en 1958- se evidencia que ese apoyo no disminuyó el hecho de que el movimiento obrero atraviesa épocas poco diferentes a las peores jornadas de la reacción oligárquica, revanchista y gorila”.
Ya los estudiantes no atacan al peronismo. Es la misma FUBA que en 1955 instrumento de la oligarquía y con protección policial, ocupó las Universidades, agravió a los trabajadores con su orgullo libresco y desplazó en su furia democrática, todo lo que en la Universidad representaba un pensamiento nacional. En una de sus declaraciones dice:
“Ante el problema del Frigorífico Nacional tenderemos a la realización de un frente común obrero estudiantil, para enfrentar a la patronal y al imperialismo en la lucha conjunta por la liberación nacional”.
¡La Unidad Obrera y popular ha de obligar a retroceder a las fuerzas de la reacción! ¡Los estudiantes no saldrán a la calle para combatir al Pueblo!”
Es un estudiantado, trabajado aún por el lenguaje de la vieja izquierda, pero que comienza a pensar en términos nacionales. En otro manifiesto de la FUBA de 1959 se lee:
La clase obrera, despreciada por los estudiantes, tanto reformistas como católicos en 1945 al grito de: ‘Libros sí, alpargatas no’, ya con anterioridad y hondo sentido nacional, habían accedido al requerimiento de los estudiantes con palabras que debería avergonzarlos:
“El plenario de la CGT consideró los suceso conocidos y resolvió exigir al ministro del interior la separación de sus cargos de los jefes que ordenaron abrir fuego contra los estudiantes”.
Así recibía la clase obrera al estudiantado que tres años antes había militado junto a la oligarquía y al imperialismo.

LA UNIVERSIDAD DE LA ENTREGA

El profesor Enrique Gaviola es un claro ejemplo de la mentalidad antinacional universitaria.
Este profesor acusó de farsante en tiempo s de perón, al sabio de fama mundial Ronal Richter.
Gaviola, al servicio de EE.UU. sostenía que la URSS no tenía interés en que las universidades colonianes se perfeccionasen, en tanto los EE.UU. propician el perfeccionamiento universitario, con el fin de la formación, en los países coloniales, de equipos universitarios gobernantes cuyo genio impedirá la revolución social”. Gaviola llama “tendencia neofascista” a las fuerzas nacionales antiimperialistas. Es la inteligencia del imperialismo que busca desde la cátedra apartar a los estudiantes de la lucha nacional.
En 1946 el profesor Gaviola se volcó contra la Univertsidad de la cual era profesor. Una Universidad que abrió las puertas a todos los argentinos sin distinciones sociales. En esos días, Gaviola defendía a la escuela primaria al servicio de las valoraciones conservadoras y liberales de la oligarquía. Por eso decía: “El ambiente de nuestras escuelas primarias es, a en lo que los niños alcanza, buena”. Y piensa que la corrupción se produce en la enseñanza media y universitaria.
Es partidario, entonces, del privilegio en los estudios: “Por suerte, una parte pequeña pero creciente de los alumnos se muestra inmune al contagio. La influencia de la cuna honrada domina a la de la educación. Pero esa parte es muy pequeña aún”. Tal es el pensamiento “democrático” de este cavernícola liberal. Para Gaviola, la meta es apartar al estudiantado de la acción.

LA IZQUIERDA NACIONAL

En la Argentina, como producto de la transformación del país y de la evolución y confrontación de las ideas ha crecido una tendencia que puede calificarse genéricamente como “izquierda nacional”.
Por Izquierda Nacional, en un país dependiente, debe entenderse en sentido lato, la teoría general aplicada a un caso nacional concreto, que analiza a la luz del marxismo, en tanto método de interpretación de la realidad, teniendo en cuenta las peculiaridades de cada país.
Esta tendencia, en la Argentina, fue acusada falsamente por las derechas y las izquierdas colonizadas de trotskista.
La grave lucha interna se agudizó en Rusia, con posterioridad a la muerte de Lenin en 1923 dio origen a dos tendencias, cuyas cabezas visibles fueron José Stalin y León Trotsky. En ambos bandos militaron revolucionarios de la vieja guardia, calumniados los unos y los otros, lo cual terminó proyectándose al orden internacional. Entre 1936-1938 culminó la crisis con el aniquilamiento en Rusia de la corriente trotskista.
En la Argentina, el trotskismo, en sus orígenes, se expresó como discusión del problema ruso.
En 1939 se insinúa una posición más nacional y una crítica justa a las tácticas de los frentes populares.
El trotskismo, en sus minúsculos grupos, parece condenado a oscilar entre un violento extremismo, la absorción por el movimiento nacional de masas y el socialismo pequeñoburgués, pero al mismo tiempo, en el plano ideológico por su comprensión de la cuestión nacional y el nivel teórico de sus elementos individuales, cumple una tarea crítica de positivo valor ideológico.

EL REVISIONISMO DE IZQUIERDA

Entre los representantes de la izquierda nacional que surgen a la vida política cerca de 1945 debe citarse al más influyente: Jorge Abelardo Ramos. El pensamiento histórico-político de Ramos está expuesto en su obra más elaborada Revolución y Contrarrevolución en la Argentina.
En este libro, la historia de la oligarquía desenmascarada en su esencia ensangrentada por los valores de la Bolsa portuaria, afirmada en la barbarie política de la clase dominante y orientada por el interés extranjero.
El libro está vertebrado sobre una idea fundamental: sólo los personajes de nuestra historia que se han apoyado en las masas y en su voluntad histórica de ser, han representado tendencias sociales auténticas. La aplicación metodológica de esta tesis marxista da por resultado una reconstrucción henchida de vida, donde el pasado y presente de los argentinos se ensamblan con la orgánica continuidad de los hechos colectivos de la historia nacional. Tamos sigue y analiza desde las alturas de la Argentina actual y no desde las abstracciones secas de una historia oficial fraudulenta. Por eso, la clave de Ramos está en sus propias palabras: “La historia es prisionera de la política”.

EL METODO Y LA DOCUMENTACIÓN

Ramos no maneja documentación inédita, pero si es notable su interpretación. Presenta la sucesión de hechos y personajes que en las historias oficiales aparecen determinados por azares psicológicos, sujetos al matraz invisible de los vastos y lentos procesos de la economía internacional.
En este marco, los actores adquieren vida y se esclarecen a sí mismos en sus motivaciones de clase, al encajar dentro de los fenómenos colectivos, bases de toda explicación racional de la historia –para Ramos- es el conflicto entre el interior meditetrráneo empobrecido, el litoral ganadero indeciso entre el país y Buenos Aires, y en definitiva, en permanente compromiso con la aduana de la ciudad puerto. De estos antagonismos surge al primer plano político el triunfo de la oligarquía portuaria, unitaria primero, liberal después y finalmente apartida. Todo esto sobre el trasfondo de una voluntad desdibujada e inflexible: Inglaterra.

ROSAS, MITRE, ROCA

La figura de Rosas, pivote de nuestra historia, es enfocada en sus orígenes y consecuencias históricas. Tal visión, ajena al odio liberal y a la apologética católica, devuelve sus dimensiones a esta personalidad histórica
Las páginas más brillantes del trabajo apuntan a la destrucción de un trágico mito histórico:
Mitre. Una documentación que los historiadores marxistas han rehuido u oscurecido, le permite a Ramos presentar a Mitre como la figura antinacional por excelencia, negador del federalismo, campeón del separatismo y encarnación de la política impuesta por el imperialismo, con su resultado, la conformación colonial del país. Lo mismo puede decirse del enjuiciamiento de la guerra del Paraguay, conducida por Mitre al servicio del interés británico y en beneficio del Brasil.
La tesis algo estrepitosa del autor, está en su reivindicación del Gral. Julio A. Roca, en quien ve la personificación, con relación a un período histórico complejo y mal estudiado o deformado por los intereses del presente, del federalismo popular, que en diverso sentido encarnaron Rosas y los caudillos, opuestos al poder de Buenos Aires. Roca habría sido una especie de fórmula transaccional entre el país y la ciudad puerto obligada a conceder parte de su hegemonía ante el peso político y militar de las provincias. La tesis en sí misma no es falsa. Es exagerada.
Puede aceptarse dentro de la oligarquía nacional en formación, Roca representó su tendencia más argentina.
Nuestra crítica consiste en que a raíz de la política nacional de Roca, la oligarquía portuaria derrotada política y militarmente por Roca, en realidad heredó un país más vasto. La explotación oligarco-imperialista, a raíz de la unificación del país por Roca, se hizo posible en escala nacional, pero al mismo tiempo quedaron creadas las bases de la lucha por la liberación también en escala nacional. Roca, en última instancia fue absorbido por la oligarquía y nunca dejó de ser su representante.

INDUSTRIA LIVIANA – INDUTRIA PESADA

Una de las críticas al régimen de Perón formulada por Ramos consiste en señalar que la industria pesada fue postergada en beneficio de la liviana. Esta crítica pone como ejemplo, de primera intención convincente, a Lenin, quién enfiló todo el esfuerzo nacional ruso, después de 1917, hacia la consolidación de la industria nacional pesada, a pesar de los sacrificios cruentos pero necesarios, impuestos a la población en su conjunto, y particularmente al campesinado.
Tal crítica, es también aplicable a la Argentina. De lo que se olvida es que ya en Rusia, en la época de los zares, existía una gran industria pesada. La situación no es la misma en un país colonial, donde los gobiernos de orientación nacional se ven obligados a luchar con medios legales contra la antigua clase de los grandes propietarios territoriales.
En tales países, la posibilidad de la industria pesada tiene por causas, o bien necesidades militares, o bien el desarrollo desordenado de la industria liviana, y generalmente ambas causas se complementan.
Durante el gobierno de Perón ese desarrollo, en un breve plazo de tiempo, fue tan poderoso que creó la necesidad de la industria pesada en términos perentorios. Esto explica que Perón se viese obligado a solucionar el problema energético, particularmente, el del petróleo. A demás la industria pesada estuvo en las ideas de comienzos del régimen, y por ello se construyeron las gigantescas usinas de San Nicolás, diques, altos hornos, etc.
De todos modos, queda como un alto mérito de Ramos haber formulado una interpretación histórico-política de contenido nacional, de innegables consecuencias educativas y de poderoso soplo crítico y revolucionario.

PENSAMIENTO FINAL

El dilema es de hierro. O nación o factoría. Ante la conciencia histórica de los argentinos que se levanta el mandato de nuestras glorias nacionales enlutadas por voluntad de antipatria. Y es la conciencia nacional de los argentinos, fruto de un acaecer histórico doloroso pero no gratuito, la que les anuncia a las naciones opresoras de la tierra invirtiendo el temor de Darío –poeta inmortal de nuestra América- que los hispanoamericanos no hablaremos inglés.

jueves, 24 de febrero de 2011

Nota a la Tercera Edición de El IMperialismo y El APRA


por V. R. Haya de la Torre

Cuarenta y dos años después de escrito este libro, y a los treinta y cuatro de su segunda edición, se publica ahora en una tercera. Ni "corregida y aumentada" como es de uso, ésta reproduce cabalmente el contexto de las dos precedentes a fin de mantener auténtico su valor documental.
El lector del presente trabajo habrá de evaluarlo a la luz del acontecer histórico, especialmente americano, en el lapso transcurrido desde 1928. Consideración de perspectiva sin duda pertinente para una justa apreciación de sus enfoques y planteamientos. Los cuales en su esencia ratifico, habida cuenta, claro está del espacio y el tiempo en que fueron formulados.
De los grandes sucesos acaecidos en los cuatro últimos decenios, el mayor ha sido la segunda gran guerra que conflagró al mundo de 1939 a 1945. Acerca de su posibilidad e inminencia se escribió previsiblemente en el Capítulo V de este libro que "no ha de ser un acontecimiento que pueda sorprendernos"[1]. Ello no obstante, lo que sí debe considerarse como un carácter inesperado de aquel terrible conflicto universal, es el movimiento político que le dio origen y la ideología racista del nuevo tipo de imperialismo, que promovió el insólito y veloz surgimiento y prepotencia del Partido Nacional Socialista alemán acaudillado por Hitler.
"Cuando un imperialismo adopta como ideario las diferencias raciales, proclama que los hombres son superiores o inferiores según la sangre que llevan en sus venas y el color de su piel, entonces los pueblos que no pertenecen a la raza escogida y destinada al dominio del mundo deben temer dos veces la victoria de aquel imperialismo. Porque no sólo trae la hegemonía económica, la explotación y sojuzga­miento de los pueblos por razón de su pobreza o debilidad, sino el derecho de esclavizarlos porque son racialmente "inferiores". Y ésa es la esencia de la filosofía nazi-fascista que entraña la lucha de razas"[2].

jueves, 17 de febrero de 2011

I. EL ESTADO, ÓRGANO COMUNITARIO (7)

por Jaime María de Mahieu

La utopía anarquista

No han faltado teóricos, sin embargo, que consideren dicho mando superfluo y parasitario.
Para los sociólogos de la escuela anarquista, la autoridad central es, no sólo inútil, sino también perjudicial para la existencia común de los grupos y los individuos. No es sino un instrumento en manos de una minoría opresora, y se superpone a la realidad comunitaria sin jamás formar parte de ella. Kropotkin, en eso muy distinto de los individualistas, analiza perfectamente la estructura orgánica de la sociedad, pero la jerarquía, para él, sólo tiene razón de ser en el interior de los grupos y no entre ellos La Comunidad anárquica estaría formada, pues, por un mosaico de colectividades pequeñas, que se entenderían automáticamente por el solo hecho del interés común y de la solidaridad natural. Según el ejemplo preferido de nuestro autor, la colaboración de los grupos autónomos sería tan fácil como la de las compañías de ferrocarriles de un mismo continente, que coordinan sin dificultad alguna sus diferentes actividades técnicas y comerciales aunque no existe por encima de ellas ninguna autoridad central.
Para Marx y sus discípulos, el poder no pasa de ser la expresión dominadora de una clase económica, burguesía o proletariado, y la dictadura socialista, una vez quebradas las resistencias interiores y exteriores, desaparecerá para dejar lugar a una sociedad comunista sin clases en la cual la administración de las cosas sustituirá al mando sobre las personas Aunque no tiene de la estructura social natural una concepción tan claramente enunciada como la de Kropotkin y considera la extinción de la autoridad comunitaria como la conclusión de un largo proceso evolutivo, Marx estima, pues, no sólo deseable, sino también inevitable la sociedad anárquica.
Pero se trata evidentemente, en uno como en otro, de una utopía que procede de una herencia enciclopedista no repudiada: la creencia en la bondad natural del hombre. Por paradójico que eso pueda parecer en Kropotkin, cuya concepción orgánica de la sociedad es del todo semejante, salvo en lo que atañe al punto que nos ocupa, a la de Maurras, y en Marx, que, en el campo económico, reacciona tan violentamente en contra del liberalismo del siglo XVII, uno y otro siguen impregnados de las teorías elaboradas y utilizadas por la burguesía en su esfuerzo por desintegrar la comunidad tradicional y adueñarse del poder.
Rechazan, sin embargo, el individualismo y admiten el carácter natural de la sociedad. Kropotkin muestra además con una claridad sorprendente la existencia en el hombre de un instinto de solidaridad más fuerte que su tendencia egoísta a la lucha por la vida. Pero se niega a ver, también como Marx, que dicho instinto se expresa precisamente por un orden jerárquico. Igualitarios, niegan la autoridad en sí, o, por lo menos, su legitimidad. Optimistas, piensan que el hombre vivirá pacíficamente en buena inteligencia no sólo con los miembros de su grupo, sino también con los grupos vecinos. Olvidan que el instinto de solidaridad sólo actúa automáticamente en el marco reducido al que el individuo se siente ligado por una vida colectiva inmediata, y que le es necesario, para afirmarse en el seno de conjuntos más amplios, apoyarse en la realidad de una estructura preestablecida que no puede existir sin mando.
La historia de la Edad Media nos muestra un ejemplo irrefutable de los límites de la solidaridad espontánea. En el caos nacido de las invasiones bárbaras y de la desintegración del Imperio romano, los grupos comunales se replegaron en sí mismos, estrechamente unidos alrededor de los jefes militares que las necesidades de la defensa hacían imprescindibles. Pero se trabaron en lucha entre sí. La Comunidad no sobrevivió a la desaparición de la autoridad que la hacía real, y esto a pesar del interés que todos tenían en conservarla.

lunes, 7 de febrero de 2011

Plan revolucionario de operaciones


por Mariano Moreno

Señores de la Excelentísima Junta Gubernativa de las Provincias Unidas del Río de la Plata:

Volar a la esfera de la alta y digna protección de V. E. los pensamientos de este Plan, en cumplimiento de la honorable comisión con que me ha honrado, si no es ambición del deseo, es a lo menos un reconocimiento de gratitud a la Patria; ella solamente es el objeto que debe ocupar las ideas de todo buen ciudadano, cuya sagrada causa es la que me ha estimulado a sacrificar mis conocimientos en obsequio de su libertad, y desempeño de mi encargo. Tales son los justos motivos que al prestar el más solemne juramento ante ese Superior Gobierno hice presente a V. E., cuando, en atención a las objeciones que expuse, convencido de las honras, protestó V. E. que nunca podrían desconceptuarse mis conocimientos, si ellos no llegaban a llenar el hueco de la grande obra.
En esta atención y cumplimiento de mi deber, sería un reo de lesa patria, digno de la mayor execración de mis conciudadanos, indigno de la protección y gracias que ella dispensa a sus defensores, si habiéndose hecho por sus representantes en mi persona, la confianza de un asunto en que sus ideas han de servir para regir en parte móvil de las operaciones que han de poner a cubierto el sistema continental de nuestra gloriosa insurrección, no me desprendiese de toda consideración aun para con la Patria misma, por lisonjear sus esperanzas con la vil hipocresía y servil adulación de unos pensamientos contrarios, que en lugar de conducirla a los grandes fines de la obra comenzada, sólo fuesen causa de desmoronar los débiles cimientos de ella; y en esta virtud, el carácter de la comisión y el mío, combinando un torrente de razones, las más sólidas y poderosas, uniformando sus ideas, me estrechan indispensablemente a manifestarme con toda la integridad propia de un verdadero patriota.

jueves, 3 de febrero de 2011

Nacimiento y transfiguración de una fe, que también puede ser de otros

por Raúl Scalabrini Ortiz

El hombre habla frecuentemente de su vida, pero pocos, en verdad, la habrán palpado como una unidad consistente. Yo, al menos, no la he sentido así. He tenido días, simplemente. Días de sufrir. Días de esperar. Hubo momentos magnéticos, como relámpagos, y grandes zonas de depresión. A mis días le faltó conjunción. Fueron los unos extrañamente ajenos a los otros. Ni aun en la plasticidad del recuerdo se refunden. Les faltó sometimiento a una empresa más grande que ellos mismos. Les faltó subordinación a una fe. Desde ese punto de vista, mis días fueron característicos de una generación que se relajaba en el descreimiento. Por eso hablo en primera persona. Se habla de sí mismo por orgullo o por humildad zoológica, como hablaría de sí el tero, el chajá o el ñandú.

Desde esta colina de los cuarenta y ocho años, recién veo claramente que a través de todas las alternativas yo buscaba una creencia, un sistema de perfección, una tarea irrealizable que podía ser realizada en cualquier momento. Para ser yo mismo quería fundirme en algo más grande que yo mismo.

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Mi búsqueda fue desesperada sin saberlo. Sin una creencia, el hombre vale menos que un hombre. Sus poderes se amenguan, su vitalidad se marchita. Ignoraba que fuera tan arduo el aprendizaje del saber creer. Con premurosa ingenuidad hurgué todos los conocimientos. Mi puericia, mi adolescencia y parte de mi juventud se fraccionaron entre el revelado chacoteo de la calle y la disciplina del estudio.

Bajo la tutela de mi padre, maestro de maestros, me inicié en razonamientos eruditos, descifré textos de filosofía, supe de discrepancias conceptuales y aprendí a arrebañar y conducir abstracciones. Poco obtuve de los filósofos, sin embargo. El filósofo no es gustoso de consignar en las letras la debilidad substancial de sus días. La primera esperanza de una fe se me desgastó en ellos. Luego he seguido leyéndolos, pero ya fue con ánimo mezquino, para aguzar y adiestrar en su manejo los instrumentos de comunicación y de expresión.

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Mi desasosiego me adentró en ese minucioso escarbar del mundo material que se llama ciencia. El aprendizaje de las ciencias es cautivador, porque a medida que se estudia se sabe cada vez menos. El mundo se escurre de todas las mallas de las sistematización. Cuanto más secretos de arquitectura cósmica, de estructura atómica u orgánica se enumeran y dilucidan, más se multiplican los misterios. No hay ciencia que resista la demolición de tres preguntas candorosas de niños. La tarea fundamental de la ciencia es suplantar las definiciones ajadas por otras de palabras flamantes. Por eso yo manejé la biología, la física, la botánica, las probetas y los frascos de Erlenmeyer con el mismo estado de ánimo de quien tira al blanco: con profunda concentración inmediata, pero sin convicción permanente.

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También fui aplicado en álgebra y en toda matemática. Es un ejercicio mental apenas más laborioso que el juego de ajedrez. Pero hay un límite para la acción sin apego y pronto el ingenio del cálculo infinitesimal y de la geometría proyectiva se fueron al archivo de las recreaciones transpuestas, junto a las bolitas de vidrio y a la pelota de fútbol. Debo confesar que la capacidad de concatenar un razonamiento se fortificó en ellas. Además, las matemáticas me libraron del encandilamiento matemático. La intensidad del pensamiento abstracto me acercó, sorpresivamente, a la intensidad del pensamiento lírico. Cuando se reduce el alcance de un número al de un adjetivo, la fórmula matemática alcanza una fuerte densidad emocional. Quizá en reposo lejano pueda fundar esta inusitada semejanza, que Gauss presintió. Pero hoy mi voluntad es hablar solamente de mis creencias perdidas, fundamentando, así, mi derecho a ser uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera.

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Pasé varios años de desafuero educacional. Leía desordenadamente y creía ser ajeno a la ciudad, cuando la ciudad comenzaba a insumirme. Sin saberlo, y más bien suponiéndome distinto, yo estaba comenzando a ser un muchacho porteño. Jugaba al billar, boxeaba y hasta fui campeón en el arte de endosar trompadas. Pero mi intimidad de veinticinco años se encontraba perdida y sin objeto. En mi escaso juicio, yo era un extranjero entre los míos. Poco recibía de ellos y poco les daba, suponía. Fueron días desapaciguados, de acción mortecina y de pasión reticente, tan desvaídos que es casi imposible reconstruirlos. Lo más vitalmente valioso de mi juventud quedó tirado en las calles de Buenos Aires.

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Fueron épocas de vagancia, sacudidas por extremas tentaciones y zarandeadas por deseos escurridizos. Era el tiempo de conocer. Cada día ofertaba un itinerario y una fisonomía forzosamente desemejante. Traté personas de toda laya. La sabiduría leída comenzó a parecerme despreciable. Me percaté de cuánta suma de perspicacia, de ahínco y de vigor se malgasta anónimamente en la simple función de vivir. Oscuramente presentía que el hombre es digno de serlo por lo que calla, no por lo que expone; por lo que sofoca, no por lo que desencadena; por lo que proyecta no por lo que realiza. Me pareció que el fracaso es el mejor temple del corazón humano. La sabiduría, el poder y la riqueza se me ocurrieron plebeyas, y con frecuencia solía avergonzarme de saber un poco más. Al rever esta etapa de mi vida comprendo que la ciudad tenía para conmigo una severidad de maestra de primeras letras. La inédita visión del mundo autóctono subía en mí como sube el zumo de la tierra en el gajo recién transplantado. Una convicción ascendía hasta el espíritu desde lo elemental.

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Pero aún me faltaba una lejanía. La lejanía es una gimnasia del afecto. Y así fue mi alejamiento. Comencé a buscar mi verdad huyendo. Conocí la pampa, los bosques, la cordillera. Anduve en los ásperos altiplanos tocadores de quena y en las orillas de mi río natal, cuyas aguas descienden al mar con un silencio de siglos. Y un día sin importancia, un día cualquiera, un día desproporcionado con la decisión, me fui a Europa en un barco de carga.

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La distancia es el tiempo mismo que está acostado, y por eso lo mío lejano es más mío. Europa es la tierra con la forma sensual del anhelo del hombre. Allí todo es blando y fácil, hasta el morirse. Yo llevaba una estima reverente. Conjeturaba que los europeos eran con relación a sus obras lo mismo que nosotros con relación a las nuestras: infinitamente superiores a sus realizaciones. Me equivoqué. Di con técnicos. Técnicos del saborear. Técnicos de la escritura. Técnicos del querer. Técnicos del cálculo. Me sorprendí al comprobar que la producción era superior al productor. Sus obras resumían lo más valioso de cada uno, acrecentadas por el esfuerzo coincidente de los antecesores. Cada hombre está íntegramente en su órbita. El labriego es el mejor labriego y el historiador, el mejor historiador, nada más. Pero no sentí en ellos esa congestión de posibilidades, ese atrancamiento de pasiones, esa desorientación de solicitudes, ese afán de determinar inhallables que había sentido palpitar en la entraña joven de mi tierra. Días hubo en que me gané mi pan barriendo la nieve de las calles de París, pero en ningún momento se me privó de la posesión de cuanto es más grato al hombre: la doble carne tibia del hambre y del afecto. Sin embargo, nunca me he sentido más solo e incapaz de comunicación. Allá no entienden el vibrante lenguaje de nuestro silencio con que expresamos lo que no podría expresarse de otra manera. Allá, en la butté Montmartre, ella recitaba su técnica de amor, pero lo único mío era una luna lúcida y rechoncha, una luna porteña que espiaba jovialmente por un ojo de la noche.

En Europa se produjo el mágico trueque de escalafones del que aún me sorprendo. Fue un inusitado cambio de niveles, algo así como un sifón que se colma y de pronto vacía el recipiente que iba llenando. El pasado se reincorporaba en mi espíritu con apuros de reconsideración. Comprendí que nosotros éramos más fértiles y posibles, porque estábamos más cerca de lo elemental. La revisión fue brusca y profunda. Hasta la historia de los hombres de mi tierra, de la que estaba atosigado por una didáctica torpe e insistente, se abrió ante mí como si sus hechos fueran las ridículas procuradoras de la sabia del futuro. La probabilidad de una fe encontrada en el seno mejor de mi propia entraña se expandió súbitamente.

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Cada creencia implica una concepción propia e integral del mundo, y la mía naciente presuponía un imperativo de primordialidad, una virginidad mantenida a toda costa. Era preciso mirar como si todo lo anterior a lo nuestro hubiera sido extirpado. La única probabilidad de inferir lo venidero yacía, bajo espesas capas de tradición, en el fondo de la más desesperante ingenuidad.

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Así brotó en mí una fe alegre. La alegría viene de adentro, es una creencia armónica tan bien calzada con el ser que no necesita deshacerse en carcajadas. La legítima alegría es una incandescencia del espíritu. Desde entonces mi vanidad es, no de libros leídos sino de vidas hojeadas en que sentí similitud con la mía. Mi orgullo: el saber licuarme entre los hombres que sienten como yo. Mi fe: la de que los hombres de esta tierra poseen el secreto de una fermentación nueva del espíritu.

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Ausculté la ciudad por todos sus perímetros. Vi el río joven profundizar sus canales y trazar su cauce. Vi la pampa inaccesible y el humo de las chimeneas y del aliento del hombre que asciende en lentos halos incendiados por el recogido sol de la tarde. Ya sé los hipos de los autos, el zumbar de las dínamos, el voceo de los mercaderes, el pregón de los baratilleros y el puntilloso deletrear del niño. Cada casa con su bulla y su color fundidos en un solo ulular grisáceo que cimbra en cadencias sordas...era la magnificencia del progreso hablando y no me interesó. La ciudad se me ocurría opaca e inerte.

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La ciudad es de tierra cocida y extiende entre cilancos su estructura petisa. Está inmóvil. Unas casa son más altas, otras más bajas. Calles hay rectas y torcidas, angostas o anchurosas. Pero hay un pedazo particular en la emoción de cada una. Un pedazo que como un miembro palpitante del recuerdo, un elemento del enternecimiento. Ese edificio, mudo para todos, cuenta la persecución de una muchacha hace diez años. Esa cuadra del primer rubor supo tus quebrantos, luego, y tu aniquilación paulatina. La aventura posible embanderó cada cuadra y cada barrio, y la afección personal da una perspectiva a cada perspectiva chata.

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Mas aún no era mi presentida ciudad. Hay algo, en esta confesión, de vida incompleta, de involuntaria restricción, y el que cercena una parte de su ser más profundo pierde su equilibrio y lo que hubiera sido unidad poderosa se desgaja en violencias, en alternativas o en la concentrada ebullición del desencanto.

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Me reincorporé a la monotonía innumerable de la vida porteña. Me insumí en ella. Vi mis días como granos en que mi vida se desmoronaba. Esa carcoma llegó a mostrarme lo vivo y actual como ya deshecho y podrido. Mi unción seguía implacable descascarando el frente impasible de las casas y de los hombres. Entrevistaba zaguanes con rastros de intimidad, recogía intenciones, reencontraba inocencias en desafueros, castidad en aparente lujuria. Rehacía en la ciudad opulenta la tímida ciudad interior. Recomponía. Imaginaba. Conocía.

Un inmenso vacío circundaba y pesquisé un testimonio trasmisible de mi recóndito conocimiento. Quería formas expresivas para ese silencio adverso en que consientes, para esa prontitud arisca en que te acorralas, para ese mirar como si nada fuera nuevo y todo hubiera sido tuyo, para ese deslizar de tu pasión sobre la pasión ajena, para esa sonrisa sin nada en que disuelves tu ventura, para ese estar en vigencia, así como todos en cada uno y cada uno en ninguno.

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Presumí incapaz a la sola descriptividad. Mi vocación es de realidad y de atenerse a ella. El mundo es un sueño que no debe desvanecerse, un sueño que debe defenderse a toda costa, un sueño al que de cualquier modo debe conferírsele una eternidad. Pero la realidad no es la materia ni lo sensorial exclusivamente. La casa en edificación asciende y admiramos la casa y la mano que la erigió. Pero la casa nació de una intención anterior. La intención de una voluntad primitiva. La voluntad de un deseo. El deseo de un espíritu. Ese espíritu era el objeto de mi búsqueda y la manera de connotarlo. La realidad de ejecución es despreciable. El espíritu es lo permanente.

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Es miserable la consecución de los pueblos erígidores. Los egipcios dejaron dos pirámides para estupor de botaretes, los persas unos leones y perfiles de tachuelas cincelados en la piedra. En cambio aquellos hindúes haraganes encontraron la fuente de toda filosofía. Por occidental que parezca, no hay especulación que de ellos no emane. No hablaron casi, no testificaron nada más que la reducción última de su pensamiento y de su sentimiento más puro, y la energía latente de su estatismo prosigue desconcertando sucesivamente a la dinamicidad europea, El Ganges irreductible, prosigue musitando Inglaterra entera.

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El que nada hace puede hacer más que el que hace, puede elaborar su propio espíritu. El nada hacer no significa inactividad. Para el espíritu, la forma y su presencia es un estado de acción, es la acción misma en toda su posibilidad y extensión. Una rodilla no puede flexionarse lateralmente sin dejar de ser rodilla, y el que tiene alas algún día volará. En potencia, está volando siempre. El espíritu, como el corazón del hombre, no cesa mientras existe. Su detención es su destrucción.

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Penetraba sin determinación en la entraña de la ciudad, porque hay jerarquías de voluntad, de sentidos, de arrojo, de inteligencia; formas de mensurar su tenacidad, su aptitud de aguante, su longitud de constancia, pero no hay jerarquías de espíritu. En él todo se equivale porque es suma y resumen.

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El espíritu yace en el fondo de la realidad. El espíritu es la perla de la realidad. Para alcanzarlo hay que zambullir hasta las napas primordiales, perforar las olas de lo contingible, resistir la comprensión, soportar el ahogo y discernir en la profundidad.

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El espíritu no son las palabras y ni siquiera las ideas. El espíritu es mudo y sordo como otra energía. Por eso, más cerca de su localización y hallazgo está el sentidor que el pensador.

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En este sorites yo quise determinar una subconsciencia mía:

Las formas del cuerpo son anécdotas del cuerpo, como los gestos, timbres, colores y olores.

El cuerpo es una anécdota del espíritu individual, como la lealtad, la memoria, la perspicacia.

El espíritu individual es una anécdota del espíritu de la tierra, como el clima, el ambiente, la idea fundamental, el tono del cielo, lo que no se precisa: germinación de una esperanza.

El espíritu de la tierra es una anécdota del espíritu cósmico, como es posible que también en otros círculos siderales exista.

El espíritu cósmico es una anécdota de Dios, ser pluscuamperfecto de toda acción.



Para rozar la extremidad hay que someterse a la humildad de no eludirse a sí mismo y sondar en sí lo estructural, catear esa parcela de perdurabilidad que en nosotros anida y que es como el granito básico de nuestro azar emocional e intelectual.

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Lo imprescindible es a partir de lo propio: de sus ojos, de su emoción, de su impulso. Andar su camino con sinceridad despiadada y sin asombros de sí mismos. Decir empequeñecidamente: yo, y sentir que ese pronombre se hincha hasta ser inconmensurablemente más grande que uno mismo.

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Así advine a la expansión de voluntad lírica, único vaso comunicante en que una transfusión de esencias es factible. Lo demás puede ser repetido, pero no absorbido. Es información no consubstanciación. Puede ser petulancia o ficticio principio de autoridad, pero no verdadera consolidación. La emoción solamente es transferible y de ella es la imagen. La imagen puede requerir un libro o toda la obra narrativa de un hombre, pero la comunicación es casi siempre instantánea. Una mirada suele bastar, una palabra, un apretón de manos o una idea exactamente emitida. Di, pues, en ser resumido. Lo que así no fuera, no sería de ninguna otra manera. Me exigí mínimos progresivos. Ellos se irguieron en afirmación de imagen.

Cuando es fidedigna, la imagen es la suprema probabilidad de comunicación humana. Los demás productos de la inteligencia son chácharas. Todo lo que se ha corrompido en el mundo, se ha corrompido por buenas razones. Esa frase fue de Hegel. Al repetirla la hago mía. Lo cierto es que el fruto mejor de la inteligencia aislada, la ciencia y su arrogancia, no es más que un bastardo espionaje del mundo. Algún día esto será demostrado y la demostración será también una impotencia, porque provendrá de un sentido del mundo fraccionado.

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La opción, pues, de estas expresiones no fue sino escasamente decidida. Pero lo sincero es forzosamente pariente de lo sincero. Hay palabras gastadas, pero la pasión que las empapa no puede haber sido manoseada aún por otras palabras. Digo Dios, por ejemplo, y ese Dios no es señor de cultos profesados ni está en servidumbre de dogmas vigentes. El dogma es una fe anquilosada. Los dogmas se pervierten de inmediato en el empleo del hombre y todo dogma pervertido es un concepto enconado contra el hombre, en que yo estoy.

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Este Dios es menos servicial de plegarias, ex votos y salutaciones. Es el módulo intangible del sentimiento. La única solución verbal de la limitación lógica. La ligazón extrema de todas las coexistencias. La respuesta de todos los paralogismos. El nudo de los afectos y pavores. La posible consolación. En una palabra, en la anarquía sin norma de los aconteceres, el concebir de una constancia.

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Nada hay más cercano a Dios que el hombre multiplicado por sí mismo en la potencia humana de la muchedumbre, porque ella es la expresión de la tierra y la voz del tiempo que la acuna.. pero la multitud no es nada más que un hombre aislado, reducido a su limpieza elemental de hombre, en que lo inmanente aflora y se proclama. Un solo hombre aislado, también es Dios cuando no es nadie, cuando es un simple festón de tiempo que en él madura, detenido.

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Esta es la tierra sin nada, tierra, para nosotros, huérfana de seducción visual y de intimidad concreta. Es la tierra de crearlo todo, hasta la tierra misma. Solamente el espíritu del hombre puede engalanarla y acercarla a su Dios, que está esperando.

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La paleontología y la semántica podrían demostrar, con argumentos razonablemente irrecusables, que el primer hombre del mundo germinó en esta pampa argentina. Pero dentro de nosotros mismos hay una demostración más integral aún. Son chispazos de primitivismo que hienden de cuando en cuando la oscura rutina de nuestra aparente cultura, en que todo es ajeno: la sangre, la técnica, los dioses. En esas efímeras y apenas perceptibles manifestaciones del espíritu de la tierra pervive la única probabilidad de grandeza auténtica, porque en lo elemental Dios y el hombre están frente a frente, creándose mutuamente.


fuente www.scalabriniortiz.galeon.com