martes, 1 de diciembre de 2009

POR QUÉ CAYÓ EL GOBIERNO PERONISTA


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por Jorge Abelardo Ramos
Las fuerzas armadas han derribado el gobierno y ocupado el poder. En 1930, voltearon el gobierno popular de Yrigoyen; en 1943, al gobierno oligárquico de Castillo; en 1955 a Perón; en 1962 al gobierno de Frondizi, votado por los peronistas en forzada opción; y en 1966 a Illia, que había llegado a la presidencia por la proscripción del peronismo con el 20 % de los votos.
Dejemos a un lado las veinte conspiraciones o cuarenta y más “planteos” en ese medio siglo de historia argentina. Semejante regularidad en los pronunciamientos militares indica claramente que la sociedad argentina está enferma, ¿Cuál es la naturaleza de su enfermedad? Simplemente que la Argentina está a mitad de camino entre el capitalismo avanzado tal cual se dio en Europa y Estados Unidos, y una estructura petrificada, puramente agraria, comercial y pastoril, típica de una semicolonia disfrazada con un barniz superficial de modernidad. La vieja oligarquía no deja avanzar hacia el capitalismo y la débil burguesía nacional es incapaz de eliminar a la oligarquía. El Ejército se ha hecho intérprete, según las circunstancias y el nivel político de la oficialidad, de uno u otro sector. Pero este dilema histórico-económico ha dado lugar a la aparición de dos grandes movimientos nacionales, el yrigoyenismo y el peronismo. Sus caudillos representaron la ambición legítima de las masas populares, del naciente proletariado, del pequeño empresariado, de los colonos y agricultores, de la clase media vinculada a la burocracia o a las economías provinciales, de crear un país autónomo, con un régimen capitalista próspero y una soberanía inatacable. Pero los grandes caudillos y las clases agrupadas alrededor de ellos fracasaron en ese empeño. Fueron infamados, después de vencidos, por un sistema rapaz integrado por los grandes ganaderos, bolsistas y zánganos, los exportadores, banqueros y capitalistas extranjeros, con una prensa venal a su servicio.
El golpe militar del 24 de marzo reitera este ciclo funesto! Su programa se personifica en Martínez de Hoz, ganadero y director de grandes empresas monopólicas ligadas al imperialismo. Como en otras oportunidades, las Fuerzas Armadas han colocado el poder económico en las manos de los terratenientes y banqueros. Con las espaldas bien guardadas, este grupo se dispone a eliminar todas las medidas protectoras de los derechos obreros y la política nacionalista defensiva, débil sin duda, pero nacionalista al fin, del tercer gobierno peronista. Que el carácter antiobrero y antiburgués de este movimiento militar no ofrece la menor duda, se demuestra por la intervención a la cgt y a la cge. Para la camarilla de asesores oligárquicos de los comandantes, los obreros y los empresarios industriales despiertan sospechas y merecen una investigación, pero omiten investigar a la Sociedad Rural Argentina, el núcleo de los grandes propietarios latifundistas que constituye el “poder detrás del trono” de la mayoría de los gobiernos antipopulares desde hace más de un siglo.
Antes de seguir adelante, hagamos un repaso de los acontecimientos anteriores que nos permita comprender el presente.
EL REGRESO DE PERÓN
Onganía se había propuesto inmovilizar la voluntad popular durante veinte años, esperar la muerte de Perón y dejar al funcionario de Deltec, Krieger Vasena, el control del poder económico. Pero la conmoción nacional marcada por el “cordobazo” y los acontecimientos similares en Corrientes, Tucumán, Catamarca, Mendoza y el resto de la República , demostraron bien a las claras que los argentinos habían llegado al límite extremo de su paciencia con la dictadura militar. La caída de Onganía y Levingston obligó al Ejército a sacar las conclusiones de tales hechos y a convocar a elecciones. La primera de ellas, el 11 de marzo, tuvo aspectos ilegítimos, pues excluía a Perón de sus derechos a participar; la segunda, el 23 de septiembre, fue totalmente democrática, ya que no lo excluía. El regreso de Perón coincidió con un florecimiento de las ilusiones más exageradas de un sector de la juventud de la clase media, que pretendía ver en el anciano caudillo al retorno de su prolongado exilio, una versión idealizada de un jefe socialista dotado de todas las virtudes y de los propósitos más audaces. Para esta juventud, hija de los gorilas que habían execrado y desterrado a Perón, semejante devoción por el enemigo de sus padres escondía de algún modo un latente antiperonismo. Puesto que si Perón no satisfacía tales esperanzas, sin duda los padres gorilas habían tenido razón. Pero como Perón no había sido nunca —ni pretendía ser en su vejez— un revolucionario socialista, sino simplemente un nacionalista popular, la decepción fue proporcionada a la ilusión: una minoría de esa juventud de 1973 se volvió rápidamente antiperonista, se alió con las juventudes “democráticas” (radicales, comunistas, cristianos) e integró la izquierda cipaya hasta formar un fantasma sin masas llamado Partido Auténtico. Un pequeño sector de esa juventud pasó a engrosar los grupos terroristas que con su acción criminal han contribuido durante los últimos tres años a facilitar el acceso al poder de las Fuerzas Armadas. El resto de esa juventud, que era la aplastante mayoría y que en la hora dorada de Cámpora había pasado al campo nacional quedó atrapada en un mortal movimiento de pinzas: la única opción entre los grupos terroristas montoneros y el terrorismo oficial de López Rega era el abandono de la acción política y es justamente lo que hizo.
Perón, por su parte, volvía al país en crisis con sus propias ilusiones, desmentidas luego por los hechos. Gracias a la segunda guerra mundial, el país pudo sustituir las importaciones de artículos extranjeros y desarrollar su industria, facilitando así la formación de una importante clase obrera y de una pequeña y mediana burguesía industrial nacional. La Argentina , como todos los países semicoloniales lograba ciertas formas de crecimiento sólo a través de las dificultades financieras o militares de los grandes imperios que tradicionalmente la sojuzgaban. Las divisas acumuladas durante la guerra permitieron a los dos primeros gobiernos de Perón desarrollar una política popular, mantener altos salarios, construir obras públicas, repatriar la deuda externa, etc. Esas divisas se agotaron y hacia 1955, cuando la oligarguía intocada por Perón observó las primeras dificultades del régimen, dividió al Ejército y con la ayuda de todos los partidos, desde el conservador hasta los comunistas, lo derribó. A su regreso, veinte años más tarde, Perón declaraba que para arreglar la economía del país hacía falta un acuerdo entre los partidos y los capitales procedentes de Europa. Pero en 1973, a diferencia de 1946, el país, lejos de ser acreedor, era deudor. Los partidos “democráticos”, directa o indirectamente se habían encargado de aumentar esa deuda a lo largo de 18 años de gobiernos de Lonardi, Aramburu, Frondizi, Guido, Illia, Onganía, Levingston y Lanusse. No podía esperarse en modo alguno que los capitales extranjeros concurriesen a dotar a la Argentina de capitales para volverla grande e independiente. El papel del imperialismo es justamente el inverso. Por lo demás, Perón volvía del destierro viejo y enfermo, rodeado de una banda corrompida, ávida del poder mismo y dispuesta a aprovecharse hasta el último minuto de vida del caudillo de todas las achuras del poder próximo. Nada más lejos de los propósitos ambiguos de esta banda que impulsar a Perón a cualquier forma de lucha contra el poder mundialmente establecido. Pero si los capitales no provenían del exterior, como esperaba Perón, la Argentina debía permanecer sumergida en sus crisis cíclicas, dependiendo eternamente de sus exportaciones tradicionales, de carnes y granos, sujetas a la variación de los precios fijados por Europa, despojada internamente de esa renta agraria por los parasitarios terratenientes o especuladores del comercio exterior.
¿Acaso no había alguna manera de romper el círculo vicioso? Al no poder acumular más capital por medio de otra guerra mundial como en 1939-45, que había permitido a Perón realizar su gran política, ¿debía el país renunciar a la prosperidad y los trabajadores a una vida digna?
¿Es que nuestro país era “pobre en capitales”, como se decía? Nada era más falso. La Argentina tenía y tiene capitales para crecer rápidamente. Las gigantescas riquezas potenciales y manifiestas son:
• Las grandes empresas de capitales extranjeros residentes en el país, muchas de las cuales se han constituido en realidad con capital del Estado, mediante facilidades crediticias, impositivas y aduaneras, y que cuya inversión, cuando existe, ha sido pagada varias veces por las remesas de beneficios, royalties, intereses, comisiones, coimas y exportación ilegal de ganancias;
• Los grandes latifundios improductivos, en particular de la Patagonia y de la región pampeana, que no pagan impuestos, no aumentan en un cuarto de siglo una sola vaca el plantel de la ganadería argentina y acaparan miles de millones de dólares anuales procedentes del mercado interno y de la exportación, fuera de los robos gigantescos probados por la investigación parlamentaria en la cap;
• La comercialización (exportación-importación) constantemente fraudulenta, que arrebata al Estado millones de dólares anualmente;
• La evasión impositiva de la mayor parte de las empresas nacionales y extranjeras que priva al Estado de cuantiosos recursos para pagar a su personal y emprender obras públicas;
• El contrabando sistemático, mediante la complicidad de parte del sistema policial del Estado, que extrae del mercado interno valores muy considerables.
Ni siquiera podría decirse que la expropiación por el Estado de estos recursos revistiría un carácter socialista, sino meramente patriótico, como lo ha demostrado el Ejército en Perú al llevar a cabo medidas análogas.
Allí están para comenzar, capitales enormes que una revolución nacional podría emplear en beneficio de toda la Nación. Que el peronismo ya no podía emprender esa tarea se demuestra al considerar el intento del General Perón de apadrinar el proyecto de Ley Agraria que establecía un régimen impositivo gradual para los latifundios improductivos. Dicho proyecto fue bloqueado por los senadores terratenientes del propio peronismo en el Senado (Romero, Maya, Cornejo Linares y otros) con el apoyo de los senadores radicales no menos reaccionarios y terratenientes. Como si fuera poco, tal proyecto, que era notablemente moderado, fue rechazado por la cgt. Para no ser menos, la filial de la cgt en Santa Cruz condenaba por esa misma época, la idea de nacionalizar las gigantescas estancias de la Corona (de la Corona británica) en el Sur argentino.
Cuando Perón volvió al país en 1973, y cuando comenzó su gobierno en ese año, el gran movimiento del 45 ya evidenciaba signos de agotamiento y decadencia. El caudillo no sólo se veía impedido de poner orden en sus propias filas, de depurar a la cgt de algunos de sus más contumaces y corrompidos burócratas, de reorganizar a la juventud peronista impregnada de estudiantes tan soberbios como cipayos —que no eran ni peronistas ni socialistas—, sino que tampoco podía hacer marchar y aprobar un modestísimo proyecto de ley agraria. Esto no podía imputarse a la ancianidad de Perón, o a la camarilla rasputiniana que lo rodeaba, pues de otro modo la historia sería muy sencilla de explicar, atribuyendo sus vicisitudes a las meras cualidades personales de sus héroes y villanos. De algún modo, la ancianidad de Perón y la corte burlesca de los Frank Nitti que la adornaban, reflejaban la crisis profunda del peronismo. Pero la crisis del gran movimiento de masas era a su vez la consecuencia de que el parasitismo de la sociedad oligárquica no había logrado, a lo largo de treinta años, ser eliminado por los gobiernos peronistas. Esto mismo había ocurrido anteriormente con el radicalismo. En tanto estos grandes movimientos nacionales, cada uno de los cuales había suscitado el fervoroso apoyo de las masas, vencía a la oligarquía en elecciones pero no suprimía su base social, como una verdadera revolución podía y debía hacerlo, la oligarquía insurrecta terminaba siempre por arrojarlos del poder y el movimiento nacional se precipitaba hacia una crisis mortal. El carácter inconcluso de la revolución peronista condenaba al movimiento que la había inspirado a la impotencia, al fraccionamiento o a la muerte. De las masas peronistas y de sus sectores más revolucionarios depende que las banderas del 17 de octubre no sean arriadas, sino impulsadas hacia adelante y entren al gran camino del socialismo, para que su triunfo, en la próxima batalla, sea inexpugnable.
LA JAURÍA “DEMOCRATICA” CONTRA EL PERONISMO
La renuncia de Cámpora, que el fip había indicado mucho antes como el deber de cualquier candidato electo el 11 de marzo, facilitó el camino del triunfo de Perón el 23 de septiembre. En esta última oportunidad nos negamos a apoyar al sector más burocrático del movimiento obrero, encarnado por Rucci, a la burguesía nacional expresada por Gelbard, o a los aliados conservadores del Frejuli, en la persona de Frondizi, y así lo expresamos en una entrevista con Perón donde acordamos con el General apoyar su nombre pero en Boleta propia con la consigna “Vote a Perón desde la izquierda”. En nuestra boleta podía leerse: “Liberación y Patria Socialista”. Nunca estuvimos en el Frejuli, no votamos por Cámpora y votamos por Perón el 23 de septiembre con boletas del fip, que merecieron el apoyo de 900 mil argentinos. Pero el haber rehusado siempre cargos y honores del gobierno peronista y haber mantenido sistemáticamente una posición independiente fue parte de nuestra conducta política, que puede completarse diciendo que sostuvimos el gobierno votado por el pueblo contra la oligarquía enfurecida y señalamos el carácter pérfido de los viejos partidos, comenzando por el radicalismo de Balbín y sus aliados del género de Alende, Sueldo y los comunistas, que sólo esperaban los tropiezos del peronismo para saltarle a la garganta y apoderarse del poder, con o sin la ayuda militar. Pero así como el peronismo, por su debilidad histórica no logró hacer la revolución nacional, el conjunto de sus adversarios de los viejos partidos se propuso y se propone impedirla a toda costa.
LA MUERTE DE PERÓN
Perón pronunció su último discurso el 2 de junio. En esa ocasión anunció que su único heredero era el pueblo. Sin embargo, al morir el 1 de julio la banda de astrólogos y gangsters se apoderó del poder inmediatamente y excluyó al movimiento peronista de las decisiones capitales. La Presidente fue un mero instrumento fantasmal del astrólogo y ese hecho tan grotesco como trágico, simbolizó mejor que nada la impotencia del movimiento peronista para reconducirse hacia nuevos horizontes. Todo el peronismo dirigente (los senadores y los grandes burgueses, los altos dirigentes gremiales, los diputados y los gobernantes) se preguntaba qué mal rayo había partido al peronismo para recibir tanta desgracia. Toda la ciencia política de los sectores más influyentes del peronismo se redujo durante los últimos años a cavilar sobre qué método era mejor que otro para “separar a la Presidente de su círculo”. A nadie se le ocurrió que la Presidente era inseparable de su círculo simplemente porque ella lo había elegido y porque ese círculo representaba su visión personal del país y del peronismo.
Pero ese espectáculo del gobierno de Isabel, con todo su ridículo patetismo, y su lejano rabdomante emitiendo instrucciones por teletipo de Madrid, no era sino la expresión de que la muerte del caudillo había desencadenado rápidamente la crisis que la gran autoridad de Perón postergaba. En otras palabras, la incapacidad de los dirigentes peronistas para realizar la gran misión que le habían encomendado las masas el 23 de septiembre. El pueblo comprendió claramente que el conjunto del movimiento peronista se mostraba paralizado para orientar la política del gobierno en la dirección deseada. La Presidente se erigía en el principal obstáculo para aplicar la política tradicional de ese movimiento. Parecía que la historia la había escogido después de la muerte de Perón para aplastar y castrar al peronismo. A su vez el sector gremial del peronismo sólo atinaba a esgrimir veladas amenazas, pero enseguida se rendía, a cambio de conseguir algunas migajas del gobierno. Nadie se atrevía a romper con la Presidente por una razón que era la única doctrina circulante en tales círculos influyentes: “ella” es la que lleva el nombre del líder y el pueblo sólo votará el apellido Perón, sea quien fuere el que lo pueda exhibir.
Este desprecio de la mayoría de los jefes políticos y gremiales del peronismo por la inteligencia y perspicacia del pueblo era análogo al que sienten por las masas los enemigos declarados del campo oligárquico. Pero no todos los dirigentes gremiales ni políticos del peronismo pueden ser incluidos en un juicio tan severo, del mismo modo que no todos los estudiantes o sectores de la clase media deben ser calificados como “cipayos”. El país, en la nueva etapa que muy pronto se abrirá, debe prepararse pare reunir bajo las grandes banderas del 17 de octubre y del socialismo a unos y otros sectores a fin de superar en la lucha los dolorosos episodios del pasado.
En momentos en que la dictadura de los banqueros y terratenientes vive la hora de su restauración, analicemos brevemente la política económica y social que el peronismo, pese a todo, logró establecer a lo largo de 36 meses. Durante el período de Perón y Gelbard, la ocupación obrera aumenta, mejora el salario real, se amplían las obras públicas, se establecen pactos comerciales con los países del área socialista, se reorienta la política impositiva para gravar la improductividad y se nacionalizan los depósitos bancarios poniendo en manos del Estado la orientación del crédito, restringiendo sus beneficios a los monopolios extranjeros. Al mismo se pone en vigencia la Ley de Contrato de Trabajo, que constituye una poderosa defensa legal para los derechos de los obreros y de las mujeres que trabajan, perpetuamente olvidadas. Asimismo, se decreta la nacionalización del comercio interno de combustibles, que aspira a arrebatar a los monopolios petroleros más de 300 millones de dólares anuales que los argentinos pagan por el consumo de nafta, gasoil y kerosén, decreto que sólo es cumplido a medias tanto por la resistencia de las empresas petroleras como por la debilidad del gobierno de Isabel para hacer aplicar su propio decreto, asunto sobre el que guardan caritativo silencio los famosos charlatanes del petróleo, como Alende, Balbín y aliados, así como la prensa petrolera del género de “ La Opinión ”, órgano de la Cities Service y de la Banca Loeb. Sin embargo, todo este conjunto de medidas es paralizado en parte al morir Perón por el astrólogo máximo, López Rega, sobre todo aquellas medidas ligadas al sistema de acuerdos con el área socialista. La aparición de Rodrigo anuncia una tentativa contrarrevolucionaria y antiperonista que pone al gobierno y a Isabel al borde del abismo. Este viraje es contrarrestado por la espontánea concentración popular del 27 de junio en la plaza de Mayo, que origina la caída de López Rega, la homologación de los convenios laborales que Isabel pretendía rechazar y que introducen un rayo de esperanza en el peronismo anonadado. Los dirigentes sindicales, que carecían de influencia real ante la clase obrera, puesto que en su mayoría procedían de la cgt de Rucci bendecida y protegida por la dictadura de Onganía, al presenciar las manifestaciones populares no provocadas por ellos, se apresuraron a utilizarlas. En nombre de ellas presionaron sobre la Presidente para obtener la homologación de los convenios. De ese modo, reconquistaron cierta parte de la confianza perdida ante las masas. El peronismo pudo, al mismo tiempo, alimentar la creencia de que la Presidente podía ser influida por el movimiento. El ministerio de Cafiero y Robledo así parecieron confirmarlo. En ese momento la atmósfera se purificó, se supuso que las bandas de las aaa formadas por el astrólogo serían desarmadas y que el peronismo recobraría el sentido nacional y popular de sus orígenes. Pero la caída de López Rega alarmó profundamente a la oligarquía y a los partidos sirvientes. Mientras duró el delirio estatal del astrólogo, que pretendía construir una nueva Bizancio en el Ministerio de Bienestar Social —al que llegó a incorporar la venta de kerosén y la perrera— la “unión democrática” de partidos, prensa y banqueros sonreía satisfecha, porque advertía que bajo la mirada del astrólogo el gobierno peronista corría hacia su pérdida. Pero cuando el mundo empolvado del viejo régimen advirtió que con Cafiero y Robledo se ensayaba una política de “peronismo racional” se lanzó al ataque. En seis meses derribaron a Cafiero. Éste último, por temor a la oligarquía, no había puesto a las fuerzas de seguridad del Estado a custodiar los precios y enviado a la cárcel a los especuladores y ladrones del comercio mayorista, los ganaderos, matarifes y abastecedores.
Todo el sistema comercial del país, desde las grandes empresas a las pequeñas, se consagró a practicar el contrabando, el ocultamiento de mercaderías, el agio y el aumento de precios, con el preciso objetivo de derribar al gobierno, exactamente en la misma forma que lo hicieron clases sociales semejantes contra el presidente Allende en Chile y exactamente como el fip lo había denunciado, anunciado y prevenido a los espantados dirigentes peronistas que no sabían qué hacer con el poder.
Lo único que se le ocurrió hacer a la Presidente y al peronismo, que ya había perdido la brújula por completo, fue llamar a Mondelli, que intentó una política parecida a la de Rodrigo. En otras palabras, la última línea del gobierno fue una tentativa de aplacar a la jauría oligárquica, a las grandes empresas y al fmi. Pero los enemigos no podían ser aplacados. Habían olido el pánico que invadía al peronismo y no cejaron en su bandidaje económico, que llevó los precios por las nubes y amenazó con desarticular el sistema económico del país. De ahí al golpe de Estado no había ni un paso. El primer paso lo dieron los aviadores con sus proclamas fascistas de diciembre. El segundo, los terroristas en Monte Chingolo. El tercero, noventa días después, las tres fuerzas armadas. El gobierno peronista agonizaba justamente cuando el justicialismo, en la figura de Bittel, se reunía con una espectral multipartidaria, a la que rehusó asistir el fip, para deliberar con los radicales, comunistas, intransigentes y cristianos, sobre la mejor manera de que nada cambiase. El final no podía ser más miserable y más alejado de las masas que habían derrotado a la oligarquía en 1945 y derribado a la dictadura militar a partir del cordobazo. Puesto que al fin y al cabo, las Fuerzas Armadas sólo culminaron lo que los antiguos partidos, la infame oligarquía y las bandas terroristas habían buscado obtener con distintos métodos: la caída de un gobierno elegido por el pueblo.
El gobierno militar ha designado Ministro de Economía a Martínez de Hoz. ¿Quién es este caballero? Es Presidente de Acindar (capital yanqui) y ex director de la cap, acusada por una Comisión del Congreso Nacional de haber defraudado al Estado en millones de dólares por subfacturar exportaciones y guardar los dólares sobrantes en Bancos del extranjero. Asimismo es director de la itt, director de la Italo Argentina de Electricidad y gran ganadero. Sus primeras medidas fueron dirigidas a desmantelar todas las normas legales e institucionales establecidas por el peronismo y que protegían la economía argentina.
El “moralismo”, característico de las campañas oligárquicas para derrocar los gobiernos populares de América Latina, reviste en este caso un carácter abiertamente cínico. ¿De modo que para depurar el aparato del Estado de una banda de rateros y a los sindicatos de algunos dirigentes archicorrompidos, las fuerzas armadas han sustituido a la voluntad soberana del pueblo e instalado en el poder a un clan de ladrones internacionales? La moral pública de los que estafan al Estado en materia impositiva, de los ganaderos que exportan por medio de la cap y arrebatan dólares a la República ¿será custodiada por Martínez de Hoz y su clase social, beneficiaria de tales actos?
Martínez de Hoz y este gobierno constituyen una tentativa de realizar el programa incumplido de la Revolución Libertadora de 1955. Se ha enfrentado con todo el pueblo argentino, tanto con la clase media como con los trabajadores.
Es un gobierno que nadie podrá salvar de una ruina completa. Los terroristas pueden estar satisfechos; han contribuido a que la dictadura militar se adueñe momentáneamente del Estado. Pero en las propias Fuerzas Armadas, que monopolizan el poder político, se ha entablado ya una ardua polémica. A diferencia del Ejército peruano, que se enfrentó a la oligarquía terrateniente, liberó a los indios y estableció una economía da Estado, el Ejército argentino ha restituido todos sus privilegios a la caduca oligarquía y se ha erigido en gendarme del pueblo argentino, arrebatándole sus derechos y libertades. La voluntad de las masas populares puede ser burlada o postergada, pero nadie duda, y la historia así lo ha probado, que termina por imponerse.
Ni el terrorismo contrarrevolucionario, ni los mandos pro oligárquicos del Ejército, ni los jerarcas corrompidos que traicionaron al peronismo, ni los partidos de la decadencia, tendrán cabida en el porvenir de la patria. El socialismo del fip, unido a las divisas de las grandes patriadas nacionales, como la del 45, señalan la ruta a seguir.

Antipolíticos



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por Manuel González Prada

Felizmente, en medio de la algarabía formada por intereses mezquinos y rastreros se ha lanzado un grito nuevo, un grito salvador que va repercutiendo en las clases trabajadoras: ¡Guerra a la política!
A más de existir en Lima publicaciones que francamente se llaman antipolíticas, empiezan a tener lugar conferencias o reuniones de índole antipolítica, como por ejemplo, la efectuada en esta ciudad el 19 de mayo.
Diez años ha, una reunión semejante no habría sido posible, tanto por falta de oradores como de público; hoy lo es porque en las agrupaciones obreras han surgido personas conscientes que se afanan por llevar luz al cerebro de sus compañeros, y porque los más ignorantes comienzan a presentir que hay algo luminoso fuera del oscuro subterráneo donde vegetan y mueren.
Nada degradó tanto al obrero nacional, nada le sigue envileciendo tanto como la política: ella le divide, le debilita y le reduce a la impotencia, haciéndole desperdiciar en luchas, no sólo vanas, sino contraproducentes, las fuerzas que debería aprovechar en organizarse y robustecerse. ¡Qué han logrado los trabajadores con ir a depositar su voto en el ánfora de una plazuela? Ni elegir al amo, porque toda elección nacional se decide por el fraude o la violencia.
El interés que el político toma por el obrero siempre que estalla un conflicto grave entre el capital y el trabajo, se ve hoy mismo, no muy lejos de nosotros, con los operarios de la Dársena: ¿qué hacen los partidos mientras los huelguistas del Callao luchan por conseguir un aumento de salario o el cumplimiento de obligaciones solemnemente contraídas? Nada; y tiene que suceder así mañana, como sucede hoy, porque una cosa son los intereses de la política y otra cosa los intereses del proletariado.
Aunque se predique la igualdad y la confraternidad, el mundo sigue dividido en clases enemigas que viven explotándose y despedazándose. En los pueblos que más blasonan de civilizados, el cristianismo brota de los labios, mas no llega hasta el fondo de los corazones. Todos son hermanos, pero unos habitan en alcázares y otros duermen al raso; todos son hermanos, pero unos se abrigan con buenas ropas de lana y otros se mueren de frío; todos son hermanos, pero unos comen y otros ayunan. Y ¿a quiénes les toca el papel de víctimas o hermanos desposeídos de su herencia? A los trabajadores.
Ellos son el derecho; ellos son la justicia; ellos son el número; mas, )por qué no son el ejército arrollador o la masa de empuje irresistible? Porque viven desunidos; porque frente al bloque homogéneo y compacto de los verdugos y explotadores, forman grupos heterogéneos y fofos, porque se dividen y subdividen en fracciones egoístas y adversas.
Uno de los grandes agitadores del siglo XIX no cesaba de repetir: Trabajadores del mundo, uníos todos. Lo mismo conviene decir a todas horas y en todas partes, lo mismo repetiremos aquí: Desheredados del Perú, uníos todos. Cuando estéis unidos en una gran comunidad y podáis hacer una huelga donde bullan todos --desde el panadero hasta el barredor-- ya veréis si habrá guardias civiles y soldados para conteneros y fusilaros

El justicialismo, la unidad y la identificación del enemigo


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por Juan Perón

La concepción justicialista y el problema de la liberación

Perón: La concepción justicialista que nace en 1945, es una concepción simple, con una base filosófica firme, y que obedece a un concepto cristiano y humanista de la política. Indudablemente que el mundo ha venido desarrollando una evolución que hay que captar si queremos darle una continuidad congruente en el futuro. Es ahí de donde parte el justicialismo. Es indudable que el capitalismo que se instaura como sucesor del medioevo, trae consigo la empresa, la máquina que modifica extraordinariamente la actividad de la comunidad.


La etapa capitalista


No podemos negar que en los dos siglos de acción del capitalismo, el mundo -técnica y científicamente- ha progresado más que en los diez siglos precedentes.

Aunque, indudablemente, ese progreso ha gravitado sobre las espaldas de los pueblos, que han vivido sacrificados y miserables durante esos dos siglos. Llegamos a este momento en que se ha producido una gran revolución, con aspiraciones de ser revolución mundial, la Revolución Rusa , y que un sinnúmero de revoluciones ha explotado en el mundo como reacción contra ese sistema, que impone el sacrificio de los pueblos para el avance científico y técnico de la humanidad.


La etapa socialista


Indudablemente que hoy los pueblos están muy esclarecidos en razón de los medios de comunicación; de la televisión, de la radio, los diarios, las revistas, en fin... Eso ha esclarecido las masas populares que han llegado a darse cuenta de que se prepara para el futuro otro sacrificio semejante, para también obtener un progreso parecido. Y ya no quieren los pueblos que eso se realice sobre el sacrificio, el dolor, el hambre y la miseria de ellos. Así es como nosotros lo concebimos. Entonces es necesario que ofrezcamos a los pueblos la posibilidad de que trabajen felices, con un grado suficiente de dignidad, para un progreso técnico y científico de la humanidad, que quizá no sea tan grande como el que ha venido asegurando el capitalismo, pero, por lo menos, que no sea sobre el sacrificio de nadie. Pueblos felices, trabajando por la grandeza de un mundo futuro, pero sin sacrificios y sin dolor. Que eso es lo humano, que eso es lo natural, y que es también lo científico.


Justicialismo, socialismo nacional


Entonces debe haber una tercera posición que es la que concibe el justicialismo, donde el hombre, en una comunidad que se realiza, pueda también realizarse como ente humano. Esa es la verdadera concepción justicialista que venimos expresando desde hace veinticinco años. Las dos terceras partes de los habitantes del mundo y sus comunidades están pujando por colocarse en esa tercera posición.


La tercera posición

El antiimperialismo del Tercer Mundo


Tan distante de uno como del otro de los imperialismos dominantes, lógicamente, el Tercer Mundo está en la tercera posición. La evolución de la humanidad ha ido hacia integraciones mayores: del hombre a la familia, la tribu, el estado primitivo, el estado feudal, la nacionalidad -que hemos vivido los de mi generación-. Ahora ustedes vivirán la etapa que sigue: continentalismo. Y es posible que sus nietos y sus bisnietos lleguen a la futura y última integración, que es el universalismo como aspiración de una humanidad realizada.


Liberación nacional y social

Liberación continental


Si nuestra liberación es inseparable de la liberación continental, ¿debemos coordinar también esta lucha con la de Asia y África? ¿Es esta lucha del Tercer Mundo la que puede universalizar la liberación del hombre?

¡Natural!, es el Tercer Mundo, y hoy nosotros, los que trabajamos dentro de esta línea, estamos en el Tercer Mundo y trabajamos en el Tercer Mundo, y estamos conectados todos los dirigentes populares de América con ese Tercer Mundo, como estamos conectados con la idea de la liberación del continente, trabajando para eso. Y creemos que la juventud, la gente del futuro, debe aferrarse a esa posición, porque ésa será la posición del futuro.


La continuidad de la vieja guerra por la segunda independencia


Esta concepción, digamos, esta vocación independentista y liberadora, ¿es también continuidad de las viejas vocaciones nacionales, la "guerra patria"?

¡Y natural! Natural, en nuestro país no es un secreto para nadie que el imperio inglés se fundó sobre los despojos del imperio español. Nosotros, colonia española, pasamos a ser colonia inglesa.


La línea entreguista


Por eso en la Argentina ha habido una línea anglosajona y una línea hispánica. La línea hispánica ha sido la que siguió con la idea independentista, la otra es la línea colonial.


La línea nacional


Y en nuestro país la línea nuestra es la línea, diremos, de la Primera Junta , que era independentista. De Rosas que defendió eso, de Irigoyen, que fue otro hombre que también defendió eso. Y de Perón. Todos los demás gobiernos argentinos han pertenecido a la línea anglosajona y la han servido, de una manera directa o indirecta. De manera que todo esto tiene una continuidad histórica, porque los países están viviendo el reflejo del resto del mundo.


La integración latinoamericana

La Patria Grande


Ya en el año 1949 dije, con motivo del Tratado de Complementación Económica -que tenía por finalidad constituir una comunidad económica latinoamericana con fines de integración continental-, que el año 2000 nos encontrará unidos o dominados. Pero han pasado los años. Y hoy vemos auspiciosamente surgir revoluciones salvadoras en varios países hermanos del continente: Cuba, Chile, Perú, son dignos espejos en los que han de mirarse muchos otros latinoamericanos que luchan por la liberación. Ahora es preciso que, sin pérdida de tiempo, se unan férreamente, para conformar una integración que nos lleve de una buena vez a constituir la patria grande que la historia está demandando desde hace casi dos siglos. Y por la que debemos luchar todos los que anhelamos que nuestros actuales países dejen de ser factorías del imperialismo, y tomen de una vez el camino de grandeza que nos corresponde por derecho propio. El futuro de un mundo superpoblado, y superindustrializado será de los que dispongan de mayores reservas de comida y materia prima. Pero la historia prueba que tales reservas son solución sólo si se las sabe y se las quiere defender contra el atropello abierto o disimulado de los imperialistas.


El Movimiento Justicialista


La única fuerza cívica que conserva su estructura y su potencia es el peronismo, y dentro de él la clase trabajadora. Estas fuerzas representan el eje del movimiento revolucionario nacional.

Pero, ¿qué es lo que define, hoy, en la Argentina a una persona como peronista?

Peronista para mi, como conductor del Movimiento, es todo aquél que cumple la ideología y la doctrina peronista. Por otra parte, nosotros esto lo hemos aclarado bien en el Movimiento: hay un decálogo peronista, donde dice cuales son las diez condiciones básicas que debe llenar un hombre para ser, sentir, y poderse decir peronista.


Primero la Patria , después el Movimiento


De manera que persuadido de esa verdad él la sirve. Eso es ser peronista. Indudablemente que en este momento hay un desplazamiento natural hacia el peronismo que nos lo da el éxito de toda esta larga lucha de los dieciséis años pasados desde el ‘55 hasta hoy. En eso no hay que extremar la cosa, el Movimiento Peronista jamás ha sido ni excluyente ni sectario. Nuestro Movimiento por ser de una tercera posición, es un movimiento de gran amplitud, ése es el peronismo.


La incorporación al Movimiento


Ahora, dentro de la acción política que se desarrolla todos los días, vemos mucha gente que proviene de otros sectores políticos, que pueden ser del comunismo, o pueden ser del conservadorismo. Porque de todo hay en la huerta del Señor. Por aquí han pasado las más diversas tendencias, yo a todas les digo exactamente lo mismo: vean señores, cuando nosotros formamos el Justicialismo vinieron hombres conservadores como el doctor Remorino (era secretario de Julito Roca, así que imagínese, el riñón de la oligarquía) ¡Y fue un gran peronista!, un buen servidor y un gran peronista. Del otro lado vinieron sectores socialistas, como Bramuglia, como Borlenghi, como, en fin, un montón. Y también del comunismo. Y todos esos hombres han demostrado a lo largo de estos años, que han sido buenos peronistas, ¿por qué vamos a presuponer que un hombre que se incorpora hoy, en vez de haberlo hecho hace veinticinco años va a ser peor que esos que se incorporaron entonces? En ese sentido, el Movimiento Justicialista, para ser realmente justicialista, debe admitir que todos los hombres pueden ser buenos, y que todos pueden tener razón, e incorporarlos a servir al Movimiento.


El peronismo no es sectario ni excluyente


En ese sentido, con todo lo que ha pasado en el país, yo pienso que habrá un sector mal intencionado, pero más que nada ha sido un sector desaprensivo o ignorante. Y el bruto es siempre peor que un malo, porque el malo suele tener remedio, el bruto no. He visto malos que se han vuelto buenos; jamás un bruto que se haya vuelto inteligente. De manera que todo esto que uno va echando a la balanza, en la apreciación de los hombres, debe servirle para calificar y para compensar; eso es conducción. Los hombres son útiles en la medida de su capacidad y su buena intención. El hombre bien intencionado, aun cuando no sea muy capaz, suele servir.


Sacrificar pasiones e intereses


Es indudable que el hombre no puede ser perfecto, entonces tiene sus pasiones y tiene sus intereses. Las pasiones y los intereses individuales son los que desvían y deforman la actuación peronista. Porque no podemos pedir que en cada peronista haya un santo o un héroe, ésos no salen todos los días. Es bastante con que sea un hombre con sentido y con sentimientos peronistas. Es lo que más podemos exigir.

Un hombre de nuestro Movimiento podrá tener cualquier defecto pero el más grande de todos será no ser un hombre del pueblo.

En la política esto es tan cierto como en la vida. En consecuencia, todas estas condiciones son las que debe reunir un peronista, o un justicialista.

El Movimiento Peronista es de todos los que lo formamos y defendemos y allí radica el derecho que cada peronista tiene de sentir y de pensar para el beneficio común como lo establece un viejo apotegma peronista: "Que todos sean artífices del destino común, pero ninguno instrumento de la ambición de nadie"

Los hombres que vengan al peronismo deben hacerlo con la voluntad decidida de poner todos los días algo de su parte para ennoblecerlo y dignificarlo.

Eso es, en pocas palabras, y en síntesis, el Movimiento Justicialista.


Compañeros y aliados, traidores y enemigos


El Movimiento tiene enemigos de afuera y enemigos de adentro: quien no lucha contra el enemigo ni por la causa del pueblo, es un traidor. Quien lucha contra el enemigo y por la causa del pueblo, es un compañero. Y quien lucha contra un compañero es un enemigo o un traidor.

Dice Mao Tsé Tung que el que lucha contra un compañero es que se ha pasado al bando contrario. Esto lo hemos observado todos, no hay peronista que no haya observado este tipo de disidencia sospechosa, pero más que nada negativa para el trabajo de conjunto que debemos realizar. En el Movimiento Peronista esto tiene su remedio, porque el Movimiento Peronista ha sido creado y conducido en forma de desarrollar sus propias autodefensas. En esto hay una tremenda similitud entre el organismo fisiológico y el organismo institucional; en el organismo fisiológico ocurre un fenómeno del cual debemos aprender.

Si el hombre no tuviera sus autodefensas hace miles de años que hubiera desaparecido de la tierra. Solamente son las autodefensas las que conservan la especie. No son ni los médicos ni la penicilina, desgraciadamente. Ahora, ¿cómo se generan las autodefensas? El protector de ella es el microbio, germen patógeno que entra al organismo, que a su vez genera sus propios anticuerpos, de los que salen las vacunas, las inmunidades que crea la propia enfermedad. Esos microbios generan esos anticuerpos y son estos anticuerpos las autodefensas del organismo.

En lo institucional pasa lo mismo: cuando el Movimiento Justicialista fue creado, yo me persuadí de esta necesidad y de esta verdad, y dejé actuar al Movimiento con la mayor libertad posible. Cada uno hizo lo que quiso dentro de él. Claro que eso dio lugar a que aparecieran algunos de los que se denomina traidores en política o tránsfugas, como los llaman otros. Pero, ¿qué son los tránsfugas? o ¿qué son los traidores dentro del organismo institucional de la política? Y, son los microbios, y generan las autodefensas que ya se han producido dentro del Movimiento. Es decir, el Movimiento se defiende de por sí, porque los movimientos o los partidos políticos o las organizaciones que no tienen sus autodefensas desaparecen, como habría desaparecido el hombre si no tuviera las suyas. Por eso la conducción de un movimiento político ha de pensar en la necesidad de dar esa absoluta libertad. Ahora hay que tener en cuenta que cuando aparece un hombre de nuestro Movimiento que lucha contra otro hombre de nuestro Movimiento, puede ser lo que dice Mao, "que se haya pasado al bando contrario". Pero generalmente defiende un interés no un ideal, porque el que defiende un ideal no puede tener controversias con otro que defiende el mismo ideal. Es que en la política además de los ideales juegan los intereses, desgraciadamente. Y hay horas distintas en la política: el 1955 fue la Hora de los Enanos; en 1971 es la Hora de los Logreros. Entonces naturalmente, son esos intereses los que han venido y siguen jugando. Pero el peronista debe darse cuenta de que cualesquiera que sean sus intereses no deben estar sobre el ideal que todos defendemos y por el cual todos debemos luchar, por eso el justicialismo creó un apotegma que dice que "para un peronista no puede ni debe haber nada mejor que otro peronista". Entonces, ¡cómo es posible que un señor que está en la misma lucha esté luchando contra otro peronista, cuando tiene un enemigo contra quien naturalmente debe luchar!

El Movimiento tiene enemigos de afuera y enemigos de adentro: quien no lucha contra el enemigo ni por la causa del pueblo, es un traidor. Quien lucha contra el enemigo y por la causa del pueblo, es un compañero. Y quien lucha contra un compañero es un enemigo o un traidor.

Claro, todo esto es consecuencia de poner en armonía la necesidad de crear las autodefensas dando absoluta libertad de acción a todo el que se desempeñe dentro del Movimiento. Esto tiene de favorable la creación de las autodefensas. Naturalmente que en la vida no todos los factores son favorables. Hay un factor desfavorable, y es el que muchas veces se empeñan en lucha fracciones de nuestro Movimiento, en contra del objetivo común que perseguimos. La conducción debe ejercer sobre todas las fuerzas -sin violencia- su acción persuasiva, que es lo que trato de hacer yo. Es decir, que el que conduce el conjunto debe ser una suerte de Padre Eterno que bendice "urbi et orbe", e influenciar a todos para que esa bendición los alcance en forma de encaminarlos hacia el objetivo y desviarlos de los objetivos sospechosos, que sostienen intereses parciales. Porque en política, sobre todo en el ambiente dirigente, es donde están todos los problemas; en la masa no hay ningún problema. Es que entre los dirigentes sucede que a menudo cada uno de ellos lleva un gallito bajo el brazo, y defiende sus intereses y los intereses de su gallito. Esto es, indudablemente, en este momento perceptible. Pero debe ser corregido. Cuando hay dirigentes que no están en lo que están todos los demás dirigentes, hay que desconfiar de ellos. Esos andan en algo inconfesable, aunque den otras razones. Y eso nosotros lo hemos tenido en evidencia durante estos dieciséis años muchas veces. Sin embargo, la misma organización sindical o el Movimiento...


Las autodefensas son las bases del Movimiento


...se ha encargado de aplicar las sanciones que las autodefensas han aconsejado. Cualquiera, en el escenario en que se lucha, se lucha por la misma causa; de manera que no hay que mirar al costado para ver qué hace el compañero, hay que mirar al frente para ver qué hace el enemigo.

Es decir que desde los que trabajan en todos los frentes de superficie, a los que trabajan, digamos, en organizaciones de activistas, con todos...

Todos están luchando por lo mismo, porque el dispositivo de la lucha táctica necesita estar articulado: unos están en una acción contemplativa, otros están en una acción de superficie, otros están en una acción violenta y activa, otros se están preparando para la futura acción con estudios tecnológicos, etc. Cada uno de ellos está trabajando para lo mismo.


Identificar aliados y enemigos


¿Cómo identificamos al aliado y al enemigo? Usted definió al compañero y al traidor, ¿Puede definir al aliado?

Bueno, un aliado es el que trabaja por la misma causa que trabajamos nosotros. También lo dice Mao: "Lo primero que el hombre ha de discernir cuando conduce es establecer, claramente, cuáles son sus amigos y cuáles sus enemigos", y dedicarse después, esto ya no lo dice Mao, lo digo yo: al amigo todo, al enemigo ni justicia. Porque en esto no se puede tener dualidades. Todo el que lucha por la misma causa que luchamos nosotros, es un compañero de lucha, piense como piense. Y sobre todo, nosotros no tenemos que tener suspicacias en ese sentido, porque ninguno de los grupos que se incorporan al peronismo, con buenas y otras veces con peligrosas intenciones, nos harán peligrar a nosotros. Porque todavía nadie ha conseguido teñir el océano con un frasco de tinta. En toda la marcha de nuestro Movimiento, hemos demostrado que no ha habido fuerza política capaz de enfrentarse con nosotros, y en el futuro habrá menos, porque ya hoy estas cosas se están esclareciendo convenientemente como para que cada argentino pueda pensar lo que conviene al país. Ahora, indudablemente, quizás eso no sea lo que le convenga a él. Por la, diremos, compartimentación de intereses. Pero lo que le interesa y conviene al país es indudablemente la realización de nuestras ideas, y no las que acaban de fracasar a través de esta dura, amarga y triste experiencia de dieciséis años de desorganización, de desgobierno, de injusticia y de arbitrariedad.

Los enemigos de la patria son los enemigos del pueblo. La Argentina actual es un satélite del imperialismo yanqui y su gobierno está al servicio de la oligarquía y de la burguesía. Su pueblo, lógicamente, está tan en contra del imperialismo como de la oligarquía y de la burguesía, pero especialmente opuesto al gobierno que les sirve y a las fuerzas de ocupación que lo hacen posible


La unidad y la solidaridad


Si en esta situación de guerra, como usted dice, general, cada compañero lucha como puede o con los medios que tiene, y que no todos pueden ser héroes o combatiente. ¿cuál es el tipo de solidaridad y de unidad que debemos tener todos los peronistas? y ¿qué solidaridad debe brindarse a aquellos compañeros que están realizando la lucha activa y armada?

Bueno, naturalmente por principio cada peronista debe ser solidario con cualquier otro peronista que lucha en cualquier otra parte. Naturalmente que esta gente que se está sacrificando es la que merece nuestro mayor respeto y nuestro mayor estímulo, pero nosotros no solamente somos solidarios con ellos, somos solidarios con todos los que están en el dispositivo luchando cada uno a su manera, porque aquí cada uno lucha de acuerdo a las condiciones que tiene para luchar. Cada uno agrega una pequeña acción. Porque no se le puede pedir a un movimiento multitudinario como el nuestro, que esté formado por santos y por héroes. Hay héroes y hay santos, pero no son todos. Los demás son hombres. Entonces somos solidarios en mayor medida con aquellos que se someten a un mayor sacrificio, eso es lo usual, eso es lo natural. Por eso digo, la solidaridad de que yo he hablado es para conseguir la unidad. La unidad nos da la fuerza, la solidaridad nos da la cohesión, y mantiene esa cohesión. La organización utiliza ese dispositivo dándole las formas naturales para la ejecución de la misión a que va a ser sometido. Pero la solidaridad es la base de la cohesión. Y esa solidaridad es la que hay que cultivar desde un sector para otro y de la misma manera, y de eso he hablado ya mucho con los dirigentes. La solidaridad nuestra está ya en un apotegma peronista, que dice que "para un peronista no debe haber nada mejor que otro peronista", y si de esto se trata en el campo de la lucha, si en el campo normal de todos los días es una verdad, en el campo de la lucha activa... ¡bueno, es una realidad que debemos apoyar con todas nuestras fuerzas, si queremos seguir luchando y si queremos vencer!

Cuando nosotros decimos que para un peronista no debe haber nada mejor que otro peronista, estamos levantando la bandera de la solidaridad dentro de nuestras fuerzas. Esa conciencia colectiva y esa conciencia social por la que nosotros luchamos. Lo importante es comprender que todo este espíritu de solidaridad hay que imponerlo. Hay que ir persuadiendo, si es preciso de a uno, para que cada uno sepa sacrificar un poco de lo suyo en bien del conjunto. Predicamos con el ejemplo, que es la mejor de todas las prédicas.

Nuestra solidaridad no ha sido jamás ni sectaria ni excluyente. Para nosotros, todos los que luchan contra los enemigos de nuestro país son nuestros amigos, y en el carácter de tales les hago llegar mi saludo emocionado y cariñoso. Somos solidarios con todos los pueblos del mundo que están luchando contra los enemigos de la patria grande.

POR QUE SOY PERONISTA


por Eva Perón

El peronismo no se aprende ni se proclama, se comprende y se siente, ha dicho Perón.
Por eso es convicción y es fe. Es convicción porque nace y se nutre en el análisis de los hechos, en la razón de sus causas y de sus consecuencias. Tiene el empuje y la dinámica de la historia en marcha. Es la conciencia hecha justicia que reclama la humanidad de nuestros días. Es trabajo, es sacrificio y es amor, amor al prójimo. Es la fe popular hecha partido en torno a una causa de esperanza que faltaba en la Patria y que hoy proclama el pueblo en mil voces distintas en procura de una libertad efectiva nunca alcanzada, a pesar del dolor y del esfuerzo de este glorioso pueblo de descamisados.

Cómo las mujeres argentinas podrían desertar de esta causa de todos?

En la lucha todos tenemos un puesto y esta es una lucha abierta por el ser o no ser de la Argentina. Luchamos por la independencia y la soberanía de la Patria, por la dignidad de nuestros hijos y de nuestros padres, por el honor de una bandera y por la felicidad de un pueblo escarnecido y sacrificado en aras de una avaricia y un egoísmo que no nos han traído sino dolores y luchas estériles y destructivas.

Si el pueblo fuera feliz y la Patria grande, ser peronista sería un derecho; en nuestros días, ser peronista es un deber. Por eso soy peronista.

Soy peronista, entonces, por conciencia nacional, por procedencia popular, por convicción personal y por apasionada solidaridad y gratitud a mi pueblo, vivificado y actuante otra vez por el renacimiento de sus valores espirituales y la capacidad realizadora de su jefe: el general Perón. Mi dignidad de argentina y mi conciencia de ciudadana se sublevó ante una patria vendida, vilipendiada, mendicante ante los mercaderes del templo de las soberanías y entregada año tras año, gobierno tras gobierno, a los apetitos foráneos del capitalismo sin patria y sin bandera.

Mi solidaridad con el pueblo, cuya callada epopeya he sentido en mi carne y he sufrido en mi sensibilidad, reafirma mi peronismo. Porque he vivido los problemas del movimiento, su difícil gestación, su desenvolvimiento y la victoria final de la Revolución y porque he pulsado el amor apasionado que el general Perón alienta por su pueblo y por sus vanguardias descamisadas, es que me he convertido en humilde de esta causa del pueblo, un soldado con una fe inquebrantable en el éxito y con un deseo irrefrenable de quemar mi vida para alumbrar el camino de la liberación popular.

Soy peronista porque veo al general Perón levantarse al amanecer y agotar su salud en interminables jornadas para proveer al bienestar de su pueblo; soy peronista porque gradúo con su fatiga la felicidad de su espíritu por llevar alegría y dignidad a los trabajadores argentinos; soy peronista porque me ha sido concedida la felicidad de compartir sus luchas, de sufrir sus olores de vivir sus alegrías y de alimentar sus esperanzas, en un futuro mejor para todos los que trabajan y para todos los desvalidos, de quienes nadie se acordó hasta que él llamó al pueblo a la realidad de nuestra patria. Soy peronista, en fin, por convicción y por sentimiento, por confianza en la bondad y en los esfuerzos de los descamisados, en esta lucha por la total independencia económica de la Patria, por nuestra completa liberación y por nuestra absoluta y limpia soberanía.


Este peronismo mío se ha retemplado en la lucha, se alimenta de ella y se afirma en la fe. Tiene la fuerza incontenible de las causas justas. Se ha forjado en la dignificación del trabajo, en la humanización del capital, en la protección al desvalido, en la prodigiosa multiplicación de escuelas y hospitales, en la potencialidad de las fábricas levantadas por la Revolución, en las mejoras al obrero del campo. Este peronismo mío se ha forjado y se afirma en este mismo lenguaje, que uso para definirlo, que es lenguaje de pueblo y que choca y desagrada a los que usan el lenguaje de la mentira coligada. En este mismo lenguaje, como lo hago ahora, seguiré hablando a los descamisados de mi patria desde las columnas de "Democracia”