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miércoles, 4 de diciembre de 2013

EL MITO DEL HOLOCAUSTO Y LA CONCIENCIA OCCIDENTAL


por Norberto Ceresole


El mundo actual es "judío hasta en su núcleo más íntimo".
"El significado definitivo de la emancipación de los judíos
lo constituirá realmente la emancipación de la humanidad
del judaísmo". Karl Marx, La cuestión judía.


"La creación del Estado de Israel aparece en la conciencia occidental como la justa compensación de la Historia, la cura de una gran herida en la marcha de la historia `universal'. El rechazo árabe de este acontecimiento es percibido como un residuo de irracionalidad en el movimiento general del progreso de la humanidad, una supervivencia de los tiempos perimidos del nacionalismo o una expresión adicional de una genética de la violencia propia de la religión musulmana que rechaza la coexistencia con las otras religiones y las concepciones modernas de la laicidad... El error cometido en el primer siglo de nuestra era por el Imperio Romano, que dispersó a los judíos de Palestina y destruyó el templo de David, ha sido por fin reparado. El mundo cristiano europeo... acepta reconocer al judaísmo, tanto bajo su forma teológica como bajo su forma nacional de restauración de una soberanía sobre la tierra de Palestina... El retorno de Israel es entonces altamente simbólico en la conciencia occidental del progreso de la historia"(1) .
En toda esta evolución no del pensamiento sino del sentimiento occidental, claramente manipulado desde la confluencia teológica y estratégica existente entre los Estados Unidos de América y el Estado de Israel, la cuestión del "Holocausto" es absolutamente vital. No vamos a "justificar" ni a "glorificar" a uno de tantos genocidios ocurridos en la historia. Vamos a tratar de comprender un proceso histórico humano, un genocidio no deseado que fue el producto de una expulsión sí deseada.
Para lo cual comenzaremos por definir y separar dos conceptos distintos y distantes, a partir del Diccionario de la Lengua Española (Real Academia Española, decimonovena edición, 1970). Holocausto: "Sacrificio especial entre los israelitas, en que se quemaba toda la víctima. Acto de abnegación que se lleva a cabo por amor". Genocidio: "Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de religión o de política".
Nuestra crítica histórica estará orientada a desmontar el concepto ideológico de "Holocausto", entendido como el más grande Mito desestabilizador del mundo contemporáneo. El Mito del "Holocausto" constituye el epicentro, el punto de inflexión de un cordón umbilical entre Occidente y el Estado de Israel. Es la aceptación a priori de todos los actos políticos del Estado de Israel, y los de las juderías poderosamente instaladas en el propio mundo occidental, por muy demenciales que éstos sean.
Asimismo muchas dirigencias árabes adoptaron finalmente posiciones "... que los israelíes habían dispuesto previamente"(2). Así, esas dirigencias se vieron caracterizadas ante el mundo, "... no como las víctimas del sionismo, sino como sus hoy arrepentidos asesinos de ayer; como si los miles de muertos por los bombardeos israelíes sobre los campos de refugiados, hospitales y escuelas en el Líbano; las 800.000 personas expatriadas en 1948 (cuyos descendientes alcanzan ahora los tres millones de personas, muchos de ellos refugiados sin nacionalidad); la conquista de sus tierras y propiedades, la destrucción de unas 400 aldeas palestinas, la ocupación del Líbano, para no hablar de los estragos de 26 años de ocupación militar... se pudiera reducir a la condición de violencia y terrorismo, como si se debiera renunciar a ello e ignorarlo. Dado que Israel siempre ha llamado a la resistencia palestina violencia y terrorismo, incluso en el plano del lenguaje (Israel) ha recibido (con la firma de los Acuerdos de Oslo) un regalo moral histórico"(3).
Todos buscan lavar y hacerse perdonar de sus pecados, las más de las veces ficticios, cometidos en el pasado. Y todo para convalidar una situación de poder, carente de cualquier fundamento moral, existente en el presente. Es por ello que la destrucción del Mito no puede ser sino un acto re-fundacional abarcante de la totalidad del mundo contemporáneo.
La destrucción del Mito, trabajosamente elaborado, será el corte de ese cordón umbilical legitimador de la irracionalidad más abyecta. La imagen del "Holocausto" es lo que legitima, ante Occidente, y ante una parte de las dirigencias árabes, todos los actos criminales del judaísmo político en el Oriente Medio y otras regiones del mundo. Más aún, la construcción de esa imagen le permitió al judaísmo diseñar y, en parte, comenzar a realizar, a partir del Estado de Israel, un "golpe de Estado teológico y cultural" abarcante de la casi totalidad del mundo occidental.
Fue la construcción de esa imagen moral la que le otorgó al judaísmo contemporáneo un potencial de poder real que nunca antes había tenido en la historia, a excepción, tal vez, de los momentos de máximo esplendor de al-Ándalus (el poder político "terrenal" del judaísmo en el Siglo I de nuestra era fue, comparativamente, residual, respecto del poder alcanzado por los judíos en al-Ándalus y, aún, en la España visigoda). Fueron los sefardíes españoles de al-Ándalus los que más cerca estuvieron de conquistar el poder en la España musulmana.
Lo realmente sorprendente de todo este proceso es que la construcción de esa imagen mítica fue un puro ejercicio de algunas memorias individuales. Contra lo que mucha gente piensa, no existe ni una sola prueba documental, ni un solo documento que pueda ser aceptado como tal por un historiador normal, de que haya existido algo, siquiera remotamente parecido, a lo que proclama el Mito.
El historiador alemán Ernst Nolte, profesor emérito de historia contemporánea de la Universidad Libre de Berlín(4), reemplaza prudentemente el concepto de "Holocausto" por el de "genocidio"(5), (en lo que estamos totalmente de acuerdo) y relativiza esas acciones -aunque, naturalmente, condenándolas- adjudicándolas, con toda razón, a las practicadas por un gran conjunto de Estados(6), culturas, ideologías y épocas históricas. "Era abierto y franco el genocidio implícito en la intención expresada por Churchill el 8 de julio de 1940..., según él había una sola manera de vencer a Hitler: ... un ataque de destrucción absoluta efectuado por bombarderos muy pesados contra Alemania... De hecho los ingleses y los estadounidenses sostuvieron una guerra de exterminio... mediante sus ataques aéreos contra la población alemana, en los cuales fueron sacrificadas aproximadamente 700.000 personas, que en su mayoría fallecieron entre angustias mortales y tormentos antes inconcebibles"(7).
La crítica del "Holocausto" en tanto mito no es nada nuevo. Si nos limitamos sólo al revisionismo francés, constatamos que esa escuela produce su primer trabajo importante ya en 1950. En efecto, en dicho año aparece el libro de Paul Rassinier Le Mensonge d'Ulisses (La Mentira de Ulises, no hay traducción española). Rassinier muere el 28 de julio de 1967, un mes después de editar el último de sus trabajos: Les Responsables de la Seconde Guerre Mondiale.
El continuador de la obra de Rassinier es Robert Faurisson. En el anexo documental de este Capítulo reproducimos dos trabajos de Faurisson, tal como aparecen en su Archivo (Ver Archive Faurisson.). Ya desde los estudios de Rassinier el "Holocausto" aparece como Mito, como sostén cultural del Estado de Israel ante Occidente.
Se puede decir con toda propiedad que Faurisson genera una escuela de pensamiento, con su "izquierda", su "derecha" y su "post". En un contexto analítico diferente al de Nolte, Rassinier y Faurisson, Roger Garaudy expone la naturaleza mítica del "Holocausto" amparándose, aunque sin citarlos, en Paul Rassinier y Robert Faurisson(8).

martes, 4 de junio de 2013

EL ESTADO DE ISRAEL:ORIGEN DEL TERRORISMO JUDÍO


por Norberto Ceresole

Naturalmente el Estado de Israel ha incrementado la rejudaización física de Jerusalén, al mismo tiempo que aplica los llamados "Acuerdos de Paz" (Madrid-Oslo), que en su momento fueron jubilosamente consensuados por la totalidad de la llamada "comunidad internacional" (1).
No es casual, obviamente, que esos hechos coincidan con los mayores esfuerzos realizados en Occidente para continuar simulando que la política del Estado de Israel -y de las organizaciones de la judería sólidamente implantadas en muchos países del mundo- se desarrolla en un plano puramente angelical, o "celestial" (en el estricto sentido bíblico de pueblo y Estado "elegidos").
Desde hace muchos años, en el mundo Occidental es imposible realizar cualquier crítica política al Estado de Israel o al judaísmo en general. En estas cuestiones toda crítica se transforma en blasfemia, y el crítico es sencillamente estigmatizado, demonizado y, finalmente, reprimido. Ello tiene una lógica profunda que se explica a partir de la sustitución de lo político por lo teológico, que es lo que está ocurriendo en esta etapa de refundación ideológica del Estado de Israel. A esta etapa la denominamos nacional-judía o hiperjudía (2).
La política del Estado de Israel está ya totalmente inscrita dentro del nacional-judaísmo, o del hiperjudaísmo, lo que significa, en primer lugar, que la ideología hegemónica de ese Estado tiene ahora, en un nivel cualitativamente distinto al de la etapa sionista, un fundamento religioso, es decir, bíblico.
Una ideología -única en su caso- basada en una interpretación sui generis del Antiguo Testamento, lo que incluye la existencia de un proyecto de ley en Israel (aprobado hacia fines del mes de febrero de 1997) que castiga con penas de hasta un año de prisión "...la posesión, la impresión, la difusión y la importación de informes o materiales que contengan elementos que persuadan a un cambio religioso" en el Estado Judío. La Biblia Cristiana o Nuevo Testamento entra dentro de esa categoría bibliográfica. A partir de la aprobación definitiva de la ley la práctica del cristianismo devendrá en un delito en la "Tierra Santa" (3).
En segundo lugar se le asigna -en esa ideología de Estado- a los patriarcas y profetas fundadores de los pueblos judíos, cristianos y musulmanes, un rol exclusivamente judío. Ellos son considerados por los actuales dirigentes de Israel, como los padres exclusivos de la nación judía, hecho que transforma a ese Estado y a esa sociedad en algo totalmente diferente del resto del mundo (4), y al judaísmo nacional israelí (hiperjudaísmo) en algo contradictorio y hasta opuesto a los otros dos grandes monoteísmos abrahámicos.
El hiperjudaísmo, por ejemplo, es lo que ha convertido a uno de los profetas del Antiguo Testamento o Biblia Hebrea, Josué, en el campeón del nacionalismo judío. Desde 1990 cada soldado judío lleva en su mochila un ejemplar de la Biblia (Antiguo Testamento) donde se ha adjuntado un mapa del Eretz Israel que incluye no solamente Judea y Samaria (Cisjordania), sino Jordania y el famoso espacio del Nilo al Éufrates. El prefacio a esa Biblia Nacional que es para el hiperjudaísmo el Antiguo Testamento fue redactado por el rabino general de las fuerzas armadas judías Gad Navon, quien subraya que Josué es, por así decirlo, el primer jefe militar del nacionalismo judío (5).
Estamos en presencia de una gran complicación teológica y política. Años atrás -durante la etapa de la guerra fría- el concepto sionista era extremadamente útil, porque servía para caracterizar una política, la del Estado de Israel, diferenciada de una religión, el judaísmo. ¿Qué hacer ante el hecho consumado por el cual el judaísmo -una religión- ha sido transformado en ideología oficial de un Estado, es decir, en una política? Toda crítica concreta adquiere así las dimensiones de crítica teológica, que además afecta decisivamente a los otros dos grandes monoteísmos: el cristianismo y el Islam. Las tres religiones aceptan a los mismos patriarcas y profetas con excepción de Cristo y Mahoma -los judíos-, y Mahoma, los cristianos (6).
De esta forma la política del Estado de Israel pretende lograr el blindaje religioso y cultural más invulnerable. ¿Cómo decir, por ejemplo, que ese Estado ha cometido y comete acciones criminales? De hecho ya no estamos hablando de sionistas sino de judíos, los "hermanos mayores", como indica oficialmente la Iglesia Católica Romana desde hace casi una década, del monoteísmo del mundo antiguo.
Dentro de la Iglesia Católica la polémica sobre los "hermanos mayores" es muy antigua. En determinados momentos ella tuvo relación con la existencia de numerosos cuadros eclesiásticos de origen converso. Julio Caro Baroja, en el Cap. 10, Vol. 2 de Los Judíos en la España Moderna y Contemporánea, hace relación al problema en "los jesuitas y los conversos" (p.227).
El hecho es que una lectura sin prevenciones -sin "interpretaciones" previas - de los principales libros que componen la Biblia Hebrea o Antiguo Testamento nos muestra a patriarcas y a profetas judíos sosteniendo proyectos políticos y métodos de acción que corresponden exactamente a las interpretaciones que en la actualidad hace el hiperjudaísmo en esta refundación ideológica del Estado de Israel (7). Y esta realidad es la que mejor explica la unidad de acción estratégica que hoy existe entre los Estados Unidos de América e Israel, que surge y se fundamenta en dos lecturas similares del Antiguo Testamento (la judía y la evangélico-calvinista).
Aunque con diferencia de grado e intensidad, el Estado de Israel y los Estados Unidos de América (EUA) son los únicos poderes fácticos del mundo cuyas acciones se sustentan en "grandes principios". Los (norte)americanos son maestros en proclamar la moralidad perenne de su política exterior; y ello emerge de una lectura muy especial -evangélico-calvinista- de la Biblia Hebrea (Antiguo Testamento) (8). Por esa razón el mito del "Holocausto" se convierte en la piedra angular de la política exterior norteamericana a partir de su derrota militar en Vietnam, y en la base de un chantaje permanente de Israel a Occidente en su conjunto (Ver: Capítulo 7, El Mito del Holocausto y la Conciencia Occidental).
De una lectura sin interpretaciones del Antiguo Testamento surge un indudable sentimiento de superioridad nacional y racial: "Se es más hombre en tanto que se es más judío". "Lo judío es lo que más próximo está de la humanidad". Y así sucesivamente. El origen de esta lectura es ciertamente talmúdico, pero recién en esta contemporaneidad pos-sionista existen las condiciones militares para que la misma se transforme en un hecho estratégico de gravitación extraordinaria.
El Talmud es el gran libro sagrado del judaísmo, donde se ponen por escrito, a partir del siglo II d.C., sus tradiciones orales. La Ley oral es indispensable en el judaísmo, tanto o más que la Torah o Biblia Hebrea, ya que esa tradición (oral) pretende extraer su legitimidad del propio Moisés. En los dos libros del Talmud y en la Mishnah (9) es donde se manifiesta con toda su claridad la violencia anticristiana del judaísmo. Jesús es un traidor que merece eterna condenación ("Cuál es el castigo de este hombre?: excrementos en ebullición -B. Guit 56b-57a). Toda la historia del judaísmo pos-talmúdica es una militancia anticristiana. Es por ello que no se debe entender al cristianismo como "antisemitismo", como propone la hermenéutica católica posmoderna, sino a la inversa, al judaísmo como anticristianismo, como ya sostuvo Lutero en 1543 (ver nota 33).
Por eso es que hoy todo ataque a la política del Estado de Israel, se convierte en una escisión trascendente, en una fractura teológica entre el crítico y lo criticado: se abre un foso insalvable entre un "nosotros" y un "ellos". El crítico se transforma así en "extranjero", en el sentido del Libro de Josué, lo que significa: en enemigo.
La lectura que hoy hace el hiperjudaísmo del Antiguo Testamento no es una lectura tribal. En realidad es una lectura imperial acorde con el papel que aspira a jugar el Estado de Israel y una gran parte de la comunidad judío (norte)americana en la construcción de un nuevo orden mundial globalizado, con un cristianismo institucional que ya actúa como el hermano menor del judaísmo.
Sólo falta reducir a los núcleos "duros" del Islam y del nacionalismo árabe. Y ello está planificado como una operación militar que puede provocar una catástrofe irreversible. Invito a los lectores a leer a Moisés explicando a sus tribus cómo conquistar la tierra prometida, imaginándolo de pie sobre un arsenal nuclear, táctico y estratégico. Imaginemos la metodología política de Moisés realizada con las tecnologías militares actuales, "armas de destrucción masiva", casi todas a disposición del ejército judío.
Este proceso de refundación ideológica del Estado de Israel hace que toda investigación crítica se convierta en algo "abominable" que proyecta al autor hacia la clandestinidad y hacia la "blasfemia" y, en el campo puramente terrenal, hacia la cárcel, o por lo menos hacia la marginalidad más absoluta. No obstante, Israel sigue siendo un Estado criminal, cualquiera sea la ideología con que se recubra, pertenezca ésta al reino de lo terrestre o al reino de lo "celeste". Un Estado criminal desde su misma fundación sionista -es decir, nacionalista, europea, blanca, laica, racionalista y "civilizadora"- en un territorio usurpado y ocupado a sangre y fuego. Al mejor estilo "Antiguo Testamento".
La cobertura ideológica de base religiosa (talmúdica) que hoy explicita ante el mundo el Estado de Israel es de una gravedad aterradora. Los otros dos grandes monoteísmos originariamente pos-judíos quedan, en principio, atrapados en la red. Salvo que se sostenga, como lo hacen los musulmanes a partir del Corán, que los textos bíblicos en sus actuales versiones son, en su mayor parte, apócrifos. Por lo demás resulta francamente artificial la anterior pretensión "progresista" -es decir, infantil- pretender escindir sionismo y judaísmo, y definir "malo" a uno y "bueno" a otro.
La Biblia judía es un discurso ideológico que emite la propia divinidad. Por lo tanto su texto es un texto sagrado. A partir del propio texto Dios se dirige al lector. Él es el destinatario del mensaje. Si esto es cierto hay, por lo tanto, en la lectura nacionalista del judaísmo, un núcleo irreversible de perversidad. Esa perversidad, esa "abominación" que produce "desolación" (San Juan, Apocalipsis), es la que provoca los sucesivos choques de la comunidad judía contra el resto del mundo en estos últimos 32 siglos, si aceptamos como válida la mitológica datación bíblica por la cual la aparición de las primeras tribus hebreas en Palestina (tierras cananeas) ocurre hacia el siglo XII-XI aC.
Ahora, por primera vez desde sus mismos orígenes, el judaísmo ha adquirido una posición geoestratégicamente dominante en la historia, por lo menos en las grandes áreas de la política occidental y del mundo antiguo. Esa posición dominante comienza con la victoria Aliada en la "segunda guerra mundial" y la inmediata fundación del Estado de Israel. En la actualidad el poder judío se sustenta internacionalmente desde el control de los principales órganos de poder del Estado Norteamericano, y a partir del lobby judío-norteamericano, que es hegemónico en el plano cultural, político y financiero. El supuesto esplendor de la etapa davidiana de la prehistoria mítica de Israel queda totalmente opacado ante la situación actual, ya que, supuestamente, el poder político del Rey David sólo llegó a significar, en el mejor de los casos, la existencia de un pequeño espacio geográfico periférico totalmente ignorado por las grandes civilizaciones de la época.
El poder fáctico de que hoy dispone el Estado de Israel -y que en gran parte le ha sido transferido y conquistado por -y dentro de- esa otra gran potencia bíblica que son los Estados Unidos de América, a través de ese "Tercer Estado" que es el lobby judío (norte)americano- tiene como lógica contrapartida una dimensión ideológica a escala "religión fundadora". Por primera vez, la ideología se engancha con el poder y la palabra con los hechos. Ahora el judaísmo es una política de Estado, sustentada por una potencia que dispone de un poder de alcance global.
De esa confluencia entre poder ideológico y poder fáctico surge una gran capacidad de acción, que no se corresponde ciertamente ni con la cantidad de judíos que habitan hoy en el planeta -unos 15 millones de personas, es decir, una pequeña "mancha" demográfica- ni con las insignificantes dimensiones espaciales del Estado de Israel, ni con ninguna otra medición fáctica del poder, en términos estrictamente sociológicos, geopolíticos y/o económicos.
En definitiva, existe una mutación política, cultural y estratégica que sufre el judaísmo en estos tiempos, desde la existencia del Estado de Israel. El nacional-judaísmo ha reemplazado al sionismo (en su versión nacional-revisionista y/o en su versión socialdemócrata) como ideología fundacional de un hecho político. Es esa cosmovisión ultraviolenta del judaísmo pos-sionista quien está organizando el estallido de una guerra mundial de exterminio con epicentro en Oriente Medio y con proyecciones sobre Asia Central.
Esta nueva ubicación de Israel en un mundo al que se intenta globalizar, se corresponde con la lógica de una guerra civil interior potencial que está ocurriendo dentro de la sociedad israelí -incluyendo en ese concepto (sociedad israelí), por supuesto, a las ramas más importantes de la judería en el mundo. Esta guerra civil potencial tiene, lógicamente, una relación muy estrecha con la evolución de lo que se había llamado hasta este momento "Plan de Paz".
El asesinato del señor Rabin y las investigaciones que sobre él se realizaron y aún se realizan, fueron revelando una trama increíblemente compleja. Los sectores judíos que pueden ser definidos como fundamentalistas no sólo conspiraron -con prolongada anterioridad al asesinato propiamente dicho- contra la concepción original del "Plan de Paz" ("paz por territorios"): están asimismo estructurando una fuerza -ideológica y física- a escala internacional, con el objeto de desatar una guerra "definitiva", una guerra de exterminio que tendrá por escenario principal el Oriente Medio (Siria, en primer lugar) y "zonas contiguas" del Asia Central (Irán). Esa "guerra definitiva" es una "solución final" para exterminar y/o transferir a la población palestina y árabe del Eretz Israel (Gran Israel, o territorio de Israel, con fronteras definidas -"desde el Nilo al Éufrates"- a partir de relatos bíblicos considerados "sagrados" por los fundamentalistas judíos) y lograr así una pureza étnica que el nacional-judaísmo considera imprescindible para la realización de su Plan Mesiánico.
A partir de esa guerra, el lobby judío (norte)americano pretende alcanzar un espacio económico ampliado -en Oriente Medio y Asia Central- según objetivos globalizadores. Lo intentó alcanzar bajo gobierno social-sionista, que pretendió convertir al Estado de Israel -vía "plan de paz"- en el cerebro tecnológico y financiero de un espacio árabe-musulmán totalmente domesticado, por medios "pacíficos" (políticos y diplomáticos) (10). Ese proyecto social-sionista ya no es viable porque la sociedad israelí -incluidos los sectores más poderosos de la diáspora judía- no es una sociedad occidental normal, como ingenuamente pensó el propio Occidente hasta hace muy poco tiempo. En su interior se produjo una mutación profunda que tendrá alcances estratégicos trascendentes que afectarán a la totalidad del "mundo occidental".
Esa guerra ya está pre-diseñada a partir de numerosos ensayos sobre el terreno. El exterminio y la expulsión de grandes masas poblacionales de árabes y de musulmanes será un elemento constitutivo esencial en el nuevo conflicto que se está diseñando. Habrá asimismo una fuerte represión en el interior de la sociedad israelí, en la dirección de eliminar del mapa político y físico a todas las versiones del "liberalismo laico judío".
Este conflicto interior no es nada nuevo en la historia del judaísmo. Se planteó en Alemania entre sionistas y "asimilados" con anterioridad y durante la "segunda guerra mundial". Fracciones del sionismo, especialmente las "revisionistas" (así llamadas posteriormente porque querían "revisar" el mapa de Palestina luego de la "partición" de 1947) negocian con la jefatura del Tercer Reich, por lo menos hasta 1942, la transferencia a Palestina sólo de judíos sionistas, dejando a los judíos asimilados para su posterior traslado a campos de concentración de la Europa del Este. Paralelamente miles de alemanes de origen judío, pero no asumidos como tales, pelearon valientemente en la Wehrmacht por la victoria del III Reich.
Como veremos en el capítulo siguiente, la llamada "solución final" no consistió en el exterminio físico y planificado de los judíos europeos. Por supuesto que hubo asesinatos en masa de judíos y de no judíos. Ello sucedió en todos los frentes y en todos los bandos en pugna. Lo que pretendemos señalar es que todos los documentos existentes hasta el día de hoy demuestran con claridad que el objetivo del nacional-socialismo era excluir a la población judía del Tercer Reich, y no exterminar a esa población, como sostiene la teoría del Holocausto o el Mito de los "seis millones".
No se niega la existencia de crímenes cometidos por el nacional-socialismo alemán. Se sostiene que esos crímenes no son de naturaleza distinta a otros crímenes cometidos por otros Estados o grupos humanos a todo lo largo de la historia humana, incluyendo la segunda guerra mundial. En ese sentido no hubo "Holocausto", es decir, un plan ritual de exterminio -por parte del victimario- y una aceptación (necesidad teológica) de ser exterminados, por parte de las víctimas.
Posteriormente, la "teoría del Holocausto" se constituyó en el gran elemento mítico e ideológico justificativo no sólo de la creación del Estado de Israel; sobre todo propició -muy enfáticamente- la "necesariedad" de los crímenes continuos, sistemáticos y progresivos cometidos por ese Estado, contra Palestina, Líbano y el mundo árabe-musulmán en general. Se pretendió fijar en la conciencia mundial la idea de que el "Holocausto" era superior e irreductible a cualquier otro sufrimiento o sacrificio humano en la historia. Ello permitió sostener que "la creación del Estado de Israel era la respuesta de Dios al Holocausto", y que sus crímenes eran un acto de fidelidad al "gran elector". Al Dios que señala e identifica a su pueblo.
Ahora ese "Estado Divino", habitado por un "Pueblo Elegido", planea y ejecuta una guerra de destrucción y de exterminio, un verdadero genocidio contra los pueblos musulmanes (en principio, árabes y persa), siempre protegido por el escudo ideológico del "mito de los seis millones".
Esa guerra de exterminio, en la escala regional, implicará, en primer lugar, al ejército de Siria, y a los movimientos políticos y militares de resistencia nacional como Hezbollah (Líbano) (11). El objetivo de los mandos fundamentalistas del ejército judío -que en ningún momento fueron ajenos a ninguna de las crisis relacionadas con el llamado "Plan de Paz"- será destruir con la mayor rapidez posible a las fuerzas de Damasco y, luego de tener las manos libres -en un tiempo muy corto- arrasar -utilizando armas nucleares, si fuese necesario- a la República Islámica de Irán. Los territorios bíblicos del Eretz Israel estarían así disponibles para el "pueblo elegido".
El nacional-judaísmo o hiperjudaísmo es, en verdad, una combinación sanguinaria entre mesianismo religioso pos-sionista, militarismo de alta tecnología y capitalismo globalizante. La realización plena y efectiva de cada uno de los elementos de ese trípode pasa inexorablemente por el desarrollo de una guerra ya iniciada cuyas líneas principales podrían ser las señaladas anteriormente. En estos días estamos viendo, en Palestina, algunos aspectos preliminares de esa guerra. Algunos ensayos en pequeña escala, como lo son asimismo los bombardeos cotidianos al Líbano.
Que exista ese plan mesiánico-militar orientado a crear una gran zona de globalidad capitalista en lo que hoy es uno de los grandes "agujeros negros" (12) de la política mundial (grandes "vacíos" que desestabilizan la concepción globalista del "Nuevo Orden Mundial"); que exista ese Plan no quiere decir que el mismo se realizará indefectiblemente. Son numerosas y activas las fuerzas resistentes que actuarán en dura oposición a su desarrollo.
Shimon Peres vuelve a la carga con una de las ideas más peligrosas para la supervivencia del pueblo palestino y, también, para la del mundo árabe-musulmán: el proyecto laborista de la "confederación judío-palestina". El proyecto pretende constituirse en el núcleo de un programa de gobierno alternativo al de la coalición Likud-partidos religiosos, actualmente gobernante. Se trata de hacer efectiva la "alternancia en el poder", mecanismo común en las llamadas "democracias normales" occidentales y, con ello, continuar simulando que la sociedad israelí es una "sociedad normal", según parámetros occidentales.
¿En qué consiste la idea de la "confederación judío-palestina"?
En esencia plantea la necesidad de construir un mercado económico en todo el espacio árabe musulmán del Oriente Medio. Ese espacio económico tendría como centro o núcleo al propio Estado de Israel, quien sería el encargado de suministrar su "capacidad tecnológica", entendida como motor de la totalidad de ese espacio económico. La "confederación judío-palestina" hubiese sido la conclusión lógica de los Acuerdos de Oslo, de no haber mediado la victoria electoral de Netanyahu y la creciente hegemonía del fundamentalismo judío, dentro de las fronteras del Estado de Israel. La totalidad del proyecto está expuesta en un libro firmado por Shimon Peres cuyo título en castellano es: Oriente Medio, Año Cero (Grijalbo, Barcelona, 1993).
Dado que las cuestiones económicas están en el centro del proyecto, europeos y norteamericanos siguen convencidos que la "solución" de la cuestión palestina está dentro de la idea de "confederación". Ello significa que la "confederación" sería el mecanismo adecuado para impulsar la dinámica de la paz. Una vez que israelíes, palestinos y árabes desarrollen la confianza mutua, a partir de un desarrollo económico concreto y ordenado dentro de un mismo espacio, los problemas políticos más espinosos quedarían resueltos casi automáticamente.
La "confederación" deberá, naturalmente, poseer un centro o eje: la unidad de intereses entre israelíes y palestinos, primero, y entre israelíes, palestinos y jordanos, de inmediato. Una especie de Benelux medio-oriental para el desarrollo de proyectos económicos conjuntos. Así, la paz será la consecuencia de un acuerdo sobre cuestiones económicas de fondo. Una vez pactada la cooperación económica, todos los demás problemas (soberanía, tierra, Jerusalén, Estado Nacional Palestino, etc.) encontrarían el marco adecuado de solución.
Para los laboristas israelíes -que cuentan con el apoyo de los europeos y, en parte, de los norteamericanos- la idea de la "integración económica" es la base y la condición de la "seguridad". Exactamente lo contrario a como lo ve Netanyahu. La integración económica es el principal componente del proceso de paz. La seguridad de Israel se ampliaría de esta manera a un marco regional: se habla de una "seguridad regional" para combatir al "terrorismo". La lucha por la reconquista de la dignidad del hombre es una cuestión que no puede ser separada del actual combate mundial de los pueblos -de todos los pueblos- contra una globalidad indiferenciadora y crecientemente perversa. El hiperjudaísmo es una parte constituyente esencial del globalismo que separa a la población mundial trazando una frontera infranqueable entre "elegidos" y humillados. Pero dentro de la "confederación" los palestinos encontrarían, por fin, un lugar en el mundo, aceptando la soberanía judía en lo económico, lo tecnológico y lo político. Ya no sería necesario desangrarse en esas luchas estúpidas por la dignidad, como diría el señor Shimon Peres.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

LOS JUDÍOS EN LA ARGENTINA


por Norberto Ceresole

EL factor histórico: España y los judíos

Mucho tiempo ha transcurrido desde los comienzos de la formación de la Gran España Americana-Mediterránea (o Atlántico-Árabe) que es diseñada por los Reyes Católicos –en especial por Isabel, cabeza del Estado del Reino de Castilla-, hasta la Pequeña España post-OTAN, hasta esta España desgarrada de nuestros días. Sin embargo, existe una posibilidad y una necesidad cada vez más imperiosa de relacionar ambas etapas históricas, porque la crisis contemporánea es cada vez más intensa, y la búsqueda de identidad, es decir, de ubicación en el mundo, cada vez más acuciante.
Abarcar un tan largo período de tiempo en una exposición forzosamente limitada nos obligará a realizar síntesis drásticas en el análisis histórico y en la exposición de teorías políticas. Hubiese querido, por ejemplo, explorar y explotar con mayor dedicación los excelentes dos volúmenes del eminente antropólogo español Don Julio Caro Baroja, Los Judíos en la España Moderna y Contemporánea. O sacar más provecho al magnífico trabajo del investigador argentino Federico Rivanera Carlés: Los conversos ¿Víctimas o victimarios de España? Esos cortes involuntarios provocarán en la mayoría de los casos deformaciones parecidas a las que impone la geometría a la cartografía: las proyecciones de una esfera sobre un plano produce siempre alteraciones en la representación de los espacios.
No pretendo ocultar que muchas de mis ideas están orientadas a los lectores católicos que ven con creciente preocupación como el catolicismo institucional se subordina progresivamente a la confluencia judío-evangélica (protestante), que es la ideología imperial de la potencia hegemónica. Hasta ahora en Europa y en Iberoamérica se ha subestimado a ese mundo católico, o se ha presupuesto, según las orientaciones ideológicas de la postmodernidad, que el mismo forma parte automática de lo que el iluminismo llamó "reacción".
Sin embargo el católico no institucional es un "revolucionario natural", porque su conciencia es una conciencia desgarrada. "Desde esa conciencia desgarrada, desde ese mundo pre-revolucionario puede surgir ahora una cultura resistente ante esta victoria provisional del neoliberalismo. La Teología y la Profecía católicas visionaron la nueva forma que hoy adopta, provisionalmente, la historia: su forma homogénea universal. Es el tiempo del Anticristo: 'El Anticristo usurpará simplemente este ideal de unidad del género humano en la institución perversa del Imperio Universal...'".(1)
Bajo esta perspectiva establecimos una relación entre la Inquisición de 1478 (entendida como continuidad lógica e institucional de la expulsión de 1492) y el "Holocausto" (Alemania, 1941-45), entendido este último como una verdadera expulsión.
La relación entre Inquisición y expulsión fue incluida, una vez más, recientemente, en la historia negra de España. La Inquisición fue definida y aceptada como el antecedente "ideológico" del "Holocausto", es decir de un Mito. De allí la necesidad de relacionar este Capítulo 5 con el 7, referido específicamente al "mito del Holocausto".
Nuestra definición es muy otra: una falsa imagen -la historia negra de España- es la apoyatura de un Mito cinco siglos después. Estamos pues no ante la historia, sino ante una teología de la historia. Las imágenes ocupan el lugar de los procesos reales, y la ciencia es reemplazada por la mitología. Imagen negra y Mito están en el subsuelo cultural de la destrucción de Europa. De una destrucción aceptada con tal de producir reconocimiento de cara a la perversa institución del Imperio Universal que se pretende edificar en base a la "ideología" judeo-cristiana.
Este libro no pretende, por supuesto, justificar ni mucho menos glorificar dos hechos moralmente reprobables, como lo son la expulsión de un grupo humano (España, 1492), y un genocidio de los tantos ocurridos en la historia de los hombres (Alemania, 1941-45). Pretende ser una réplica racional y una crítica radical a dos mitos construidos a posteriori de los hechos, y que en ambos casos son deformadores (constituyen interpretaciones deformadas) de esos hechos. Hablaremos, por lo tanto, de ideologías, y no de realidades. Esos mitos fueron construidos a partir de intereses políticos, mucho después de haber ocurrido los hechos a los que se refieren, y por lo tanto constituyen deformaciones específicas de la realidad. Son interpretaciones ideológicas de ambos procesos históricos, y no el proceso histórico propiamente dicho. En todo caso ello es lo que trataremos de demostrar en este trabajo.
Tanto la "Historia Negra de España" como el "Mito del Holocausto" tienen muy poco que ver, en tanto construcciones ideológicas ex post factum, con las respectivas realidades que intentan representar o expresar en términos simbólicos ambas interpretaciones historiográficas. Estamos hablando de mitos y no de realidades. Ambos mitos constituyen, en un sentido estricto del concepto, sacralizaciones, esto es, situaciones reales sacadas de contexto y llevadas al absoluto. Los hechos reales que ambos mitos pretenden representar, son moralmente condenables, pero dado que ocurrieron en un tiempo histórico y no sobrenatural, son explicables a partir de la utilización de los elementos elaborados por las ciencias sociales y, más específicamente, por la ciencia histórica. Son explicables, y no "justificables", a partir del análisis histórico racional.
Rechazamos la Historia Negra de España en tanto y en cuanto constituye la sacralización negativa de la historia de España. Rechazamos el Mito del Holocausto en tanto y en cuanto constituye la sacralización negativa de la historia contemporánea de Alemania. "Negamos" las sacralizaciones construidas para satisfacer fines eminentemente políticos generados mucho después de producidos los hechos.
Como sostiene el historiador alemán profesor Ernst Nolte, el pensamiento científico no puede callar por más tiempo. No existe el "crimen único" ni el "mal absoluto", como pretenden los mitófilos de cualquier signo. El principio más elemental de la ciencia sostiene que todos los fenómenos humanos guardan relación con otros fenómenos humanos. Todos ellos deben comprenderse a partir de esas relaciones. El principio más elemental de la ciencia sostiene que en el estudio de esas relaciones deben excluirse todas las reacciones emocionales, incluidas las religiosas, por muy legítimas o poderosas que ellas sean. "El pensamiento científico sostiene que el acto más inhumano es siempre 'humano' en el sentido antropológico; que el 'absoluto' de postulados y máximas morales, como por ejemplo: 'no matarás', no es tocado por la determinación histórica, en el sentido que desde los principios de la historia hasta el presente la matanza de hombres por hombres, la explotación de hombres por hombres, han sido realidades permanentes; que el historiador no debe ser un mero moralista... El absoluto, o sencillamente lo singular en la historia sería un 'numinosum', al que sólo debería uno acercarse en actitud religiosa, pero no con criterios científicos" (Sobre Ernst Nolte: ver pags. 360 y ss.).
La tarea del pensador es analizar las conexiones de los procesos históricos y sociales. Debe preservarse de las críticas de los que quieren confrontar el "mal absoluto" en nombre del "bien absoluto". "Sólo el análisis mismo y no profesiones de fe y aserciones prematuras logrará acercamientos progresivos a la realidad histórica" (Nolte).
Desde posiciones de poder en otros tiempos inimaginables, algunos hoy proceden de forma inmoral, y creen poder colocarse, sin más ni más, en la antítesis de la ciencia, ya sólo quieren admitir a determinados grupos humanos entre un sinnúmero de víctimas. Ello es así porque están convencidos de la existencia de una desigualdad esencial entre los seres humanos, a pesar de que ellos -"los elegidos"- son tan culpables como aquellos a los que acusan. "Se sobreentiende que no deben negarse las diferencias, porque en ella radica la esencia de la realidad. Sin embargo, el pensamiento histórico debe oponerse a la tendencia del pensamiento puramente ideológico y emocional, orientado a afianzar esas diferencias... La pretendida neutralidad del pensamiento histórico no puede ser de carácter divino y por ende estar a salvo de cualquier error... El pensamiento histórico debe estar dispuesto a revisarse, siempre y cuando se presenten buenas razones y no sólo voces de indignación renuentes a aceptar que es preciso explicarlo todo en la medida de lo posible, pero que no todo lo explicado es comprensible y no todo lo comprensible se justifica. Por otra parte es imposible renunciar a la propia existencia, y sólo de ella resulta una toma de partido directa y concreta" (Nolte).
Nuestro análisis sobre dos procesos concretos de expulsión de grupos humanos (España, Siglo XV; Alemania, Siglo XX) se fundamenta en el hecho absolutamente verificable de que el grupo social expulsador, plenamente mayoritario, era consciente de que a partir de la expulsión estaba preservando su "propia existencia". Esa mayoría social percibía al grupo expulsado como a un peligro muy grande para la continuidad de su propia existencia.
Esta es nuestra explicación relacional entre grupos humanos antagónicos, que trataremos de hacer comprensible, pero en ningún caso "justificadora". Es curioso que los mismos grupos humanos que pretenden negar por decreto lo que es un derecho natural de la vida misma, y no sólo del pensamiento científico, esto es, el ejercicio de la capacidad humana para revisar su propia historia, asumiendo la libertad y la responsabilidad de afirmar o de negar interpretaciones históricas controvertidas (situaciones humanas y no divinas, siempre relativas y nunca absolutas); es curioso que esos mismos grupos humanos ejerzan el poder político, en este mismo tiempo histórico contemporáneo, negando a "los otros" el derecho a la existencia. Eliminando a "los otros", torturándolos y masacrándolos. Como es el caso del simbólico y sacrosanto Estado de Israel, en cuyo nombre se construyeron los mitos criticados en este trabajo.
Contra la "distorsión de nuestro ser histórico" (Heidegger)
La grandeza de España nace con toda precisión en el año 1492. Con la misma exactitud es posible determinar las causas de esta grandeza. El Estado logra consolidar, en términos reales, es decir, en los niveles de la política práctica, y por primera vez en la historia europea, el concepto de homogeneidad nacional.
En 1492 España emerge como un Estado-nación central -en el sentido contemporáneo del concepto- ya que logra superar las principales discontinuidades que habrían prevalecido hasta ese momento, que fueron básicamente tres:
*Las discontinuidades político-geográficas;
*Las discontinuidades sociales y,
*Las discontinuidades culturales.
Discontinuidades geopolíticas
Las discontinuidades político-geográficas estaban constituidas por la existencia de Estados soberanos independientes: el reino de Granada, que fue la expresión última de la antigua y poderosa cultura política de la España Musulmana, Navarra y Vizcaya, Galicia y Valencia, entre otros fueros no totalmente homogeneizados.
Respecto al Reino de Granada hay que destacar la voluntad integradora prevaleciente en la Gran España de 1492. "La minoría musulmana fue incrementada con la conquista del reino de Granada con todos los vencidos que no quisieron emigrar. La capitulación otorgada a los granadinos era muy generosa: podían seguir practicando libre y públicamente su religión, como también sus costumbres tradicionales, y el primer arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, confesor y hombre de confianza de la reina Isabel, puso en práctica un programa de atracción y de evangelización por métodos suaves. Estimaba muy alto la calidad moral de los vencidos y se le atribuye la frase: 'Hermanos, tomad de nuestra fe y dadnos de vuestras costumbres'".(2)

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Nacionalismo chileno e integración iberoamericana (I Parte)


por  Patricio Lara

Al escuchar la palabra "nacionalismo", inmediatamente tendemos a relacionarla con grupos chovinistas que denigran a inmigrantes peruanos o descargan su ira contra el pueblo argentino. Pero muy poco se conoce acerca de la proyección latinoamericanista que movimientos e intelectuales autocalificados como nacionalistas han llegado a proclamar. Comenzando por los numerosos ensayos bolivarianos escritos por el periodista Joaquín Edwards Bello hasta las tesis integracionistas del Centro de Estudios Chilenos CEDECH, haremos un repaso por cada una de aquellas personalidades o instituciones que hayan comprendido al nacionalismo no como un odio hacia el vecino o un patrioterismo termocéfalo, sino como la búsqueda del ansiado proyecto de Bolívar, en pos de la regeneración de Nuestra América disgregada en conveniencia de los imperialismos.

Si bien en nuestra introducción hemos hecho alusión a aquellos intelectuales o movimientos nacionales que han mostrado ciertos atisbos de iberoamericanismo, no podemos dejar de lado a su verdadero patriciado fundacional, surgido en la década de 1910 y que contó entre sus filas con Francisco Encina, Alejandro Venegas, Tancredo Pinochet y Luis Galdames, entre otros. En relación a estos, el Director del Departamento de Historia de la Universidad de Valparaíso, profesor Leonardo Jeffs Castro, comenta: “pese a no desarrollar aún las tesis integracionistas latinoamericanas, este grupo de pensadores, en los años del primer Centenario, fueron unos verdaderos aguafiestas para el júbilo de nuestra oligarquía, próspera gracias a los beneficios del salitre. A pesar de toda la algarabía de la élite, la generación fundacional de nuestro nacionalismo llegó a la conclusión de que el país se encuentra sumergido en el atraso, con un pueblo empobrecido e ignorante y una crisis de identidad enorme”.
Siguiendo esta línea, en la década de los 20’ surgiría la Obra Magna del periodista y ensayista Joaquín Edwards Bello, Nacionalismo Continental, la cual según el mismo Raúl Haya de la Torre “no va a perderse en las vaguedades retóricas de la gran mayoría de los hombres que en nuestros países quieren resolver sus problemas fundamentales con palabrería, con charlatanería de andaluces, más o menos agradables”. Este ensayo, será lo que en un plano práctico intentaron fraguar próceres como Bernardo O’higgins o un José Antonio Vidaurre, es decir, promover el objetivo de la creación de un bloque iberoamericano, que por medio de la interdependencia de las patrias, hiciera frente a la injerencia tanto cultural como económica de las grandes potencias de la época. Otro aspecto a destacar, es la crítica hacia la ‘fronda aristocrática’, que según nuestro autor, estaría engolosinada con todo lo venido de Europa, especialmente si era francés o anglosajón; nadie en el país estaba interesado por reforzar nuestra cultura o buscar la propia identidad, todo era importar, y nada crear o adaptar, no adoptar, manifestaría críticamanete Edwards Bello.
En cuanto a verdaderos movimientos de masas, la década del ’20 pareció quedar al debe. Aunque es de importancia recalcar que entre la cúpula castrense las ideas del autor de Nacionalismo Continental y Francisco Antonio Encina y compañía, sí penetraron hondamente. Ejemplo de esto es el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo, personaje a quien debemos las principales leyes sociales de la Historia de Chile y que además, en una muestra de profundo sentido común iberoamericanista, reintegrara Tacna a Perú y posteriormente, en 1931, propusiera la Unión Aduanera de Latinoamérica – auténtico antecedente del Mercosur aunque en sentido macro – para contrarrestar la hegemonía norteamericana en la zona.
En 1932, mediante putsch liderado por el militar patriota Marmaduque Grove se proclama la ‘República Socialista de los Trabajores Chilenos’. En su manifiesto fundacional el movimiento insurrecional, a parte de mantener una equidistancia ante los imperialismos de turno – Estados Unidos y la Unión Soviética – “propone la creación de una federación de Estados indoamericanos, con un notorio influjo del APRA peruano que queda de manifiesto además en su emblema”, manifiesta el historiador y sociólogo de la Universidad de Chile Rolando Ortiz Zañartu.
En ese mismo año, nacía el Movimiento Nacional Socialista Chileno MNS(*) que, de un modo bastante sui generis, también sustentaba un antiimperialismo latinoamericano. Si bien su líder Jorge González von Marees simpatizaba con la causa del APRA peruano, él no ponía sus manos al fuego por la unión directa del continente bajo un partido guía como proponía la tienda de Haya de la Torre, sino que era partidario de que se formaran movimientos nacionalistas paralelos en las patrias de Iberoamerica y/o lograr constituir gobiernos patriotas fuertes e importantes en cada uno de ellos. En palabras del mismo jefe del MNS:
“..habrá llegado el momento de la constitución del gran bloque continental iberoamericano (…) que permitirá (a las naciones) respaldarse recíprocamente para defenderse de todo intento imperialista y hacerles actuar con dignidad y peso en la historia mundial del porvenir”(**).
Este ha sido el primer recuento de los principales movimientos y personalidades del nacionalismo chileno que a la vez han promovido, de un modo u otro, la unidad latinoamericana. Sin duda que en la primera mitad del siglo XX, en Chile, podemos rescatar importantes ideas-fuerza que mantendrán encendida la llama de la revolución por la búsqueda de nuestra Segunda Independencia y el objetivo de concretar el proyecto unificador de próceres como Bolivar, San Martín y Bernardo O’higgins.


(*) Hay que destacar – aunque sea mil veces – que este movimiento no tiene nada que ver con su homólogo alemán. Aquí en Chile existió una filial del NSDAP la cual no permitió la doble militancia con el MNS; ni viceversa.
(**)Moller Roth, Magdalena, “El Movimiento Nacional Socialista Chileno”.


fuente:ContextoGeopolitico

viernes, 6 de julio de 2012

LOS JUDÍOS EN LA ARGENTINA: UN ENFOQUE ANTROPOLÓGICO. EL FACTOR ÉTNICO.



por Norberto Ceresole


La antropología, en estos tiempos de posmodernidad, al igual que muchas otras ciencias llamadas "humanas", ha sufrido un proceso de re-fundación ideológica acorde con la búsqueda de un mundo in-diferenciado. El canon, como veremos, señala a toda diferenciación como un pecado; o más bien ella, la diferenciación, está originada por el pecado (Génesis, La Torre de Babel). Dos procesos canonizados van en paralelo: el del Holocausto y el de la hegemonía teológica del judaísmo. Ambos tienen el mismo objetivo: asegurar la dominación de los dominadores en este "nuevo orden mundial".
Surje así el hoy llamado, en Occidente, "pensamiento único", que en esencia es una refundación del pensamiento científico, en el sentido de lograr una "indiferenciación del mundo". Las ciencias llamadas "humanas", que hasta este momento habían funcionado en base al estudio de las diversidades o identidades, se transforman en "el pensamiento de la unidad", de lo indiferenciado, de lo único (un dios, un pueblo, una lengua). Si la zoología, por ejemplo, fuese una "ciencia humana", hoy se definiría a las jirafas y a los elefantes como dos especies "casi iguales", porque ambas tienen cuatro patas, un aparato digestivo, etc.
Este proceso de re-fundación del pensamiento científico es una de las consecuencias más importantes de un proyecto de convergencia teológica entre un judaísmo hegemónico y un cristianismo subordinado. El objetivo es la in-diferenciación del mundo, la creación de "ciencias humanas" negadoras de las identidades, para lo cual es preciso crear una "ciencia de la unidad" en contraposición a la "vieja" ciencia de la diversidad.
Todo debe encontrarse bajo el manto de: un solo dios -Yahveh-, un solo pueblo -el elegido-, una sola lengua -la del imperio. De allí que, por ejemplo, en los últimos diccionarios occidentales de antropología el concepto "raza", que en otras épocas fue fundacional en esa disciplina, esté ahora presentado como algo ya inexistente.

viernes, 3 de febrero de 2012

LA OPERACIÓN DE GUERRA PSICOLÓGICA POS-ATENTADOS


por Norberto Ceresole

La sustitución de la realidad

En el Capítulo anterior intentamos señalar un hecho básico: que una vasta y compleja batalla se estaba librando en un remoto lugar del mundo llamado Argentina. Se trata de una guerra global defensiva de la humillación contra la arrogancia. Vimos como una vieja metodología es vuelta a ser usada para falsificar y sustituir la realidad. Ahora, en la Argentina, se trata de demostrar la existencia de un "Holocausto" que tiene que servir de cobertura para justificar lo injustificable. El "Holocausto argentino", en tanto construcción mítica, debería servir para "demostrar" que los atentados de Buenos Aires no fueron obra del terrorismo judío.
Propongo que los lectores no argentinos lean este libro y observen aquellos acontecimientos, los que ocurren en el lejano sur de la América del Sur, dentro de los grandes parámetros de la historia contemporánea del Mundo Occidental, y sus consecuencias en dos grandes regiones "contiguas": el Mundo Antiguo, por un lado, y la Periferia de Occidente, por otro. Argentina está ubicada en la "Periferia de Occidente". No en su periferia geográfica, como es el caso del Mundo Antiguo -Mediterráneo Oriental y Asia Central- sino en su periferia histórica. La historia argentina es un reflejo de la historia del mundo occidental.
En la Argentina no hay historia propiamente dicha, sino sucesión de acontecimientos, como los que se producen entre el 4 y el 9 de febrero de 1998; acontecimientos aparentemente desconectados que se suceden en puntos del planeta muy distantes entre sí. Sin embargo, alguien está re-diseñando y re-construyendo una vieja máquina que será utilizada nuevamente para sustituir la realidad, en este caso, la de un remoto país llamado Argentina. En Davos, Suiza, el asesor especial de William Clinton para América Latina, Thomas McLarty, se reunió con el presidente Menem para anunciarle que a partir de ese momento quedaba formalizada la llamada "alianza extra OTAN" de la Argentina con los EUA. Lo que significa que Argentina pasa a formar parte de un pequeño núcleo de países "privilegiados", junto con Israel, Jordania y
Egipto, entre otros, que son "casi" miembros de la OTAN.
En Beirut, Líbano, donde llegó Menem en "viaje de negocios", la máxima autoridad parlamentaria libanesa, Nabih Berri, le daba la bienvenida en estos términos: "Señor Presidente, evite quedar prisionero de las presiones psicológicas que ejerce Israel* La Resistencia Nacional Libanesa (Berri se refería especialmente a Hezbollah, acusado por Israel de la autoría de los dos superatentados de Buenos Aires) se ha formado como respuesta natural a la ocupación y a las agresiones israelíes, conforme a la legitimidad internacional y a la dignidad de los pueblos libres". Menem respondió ofreciendo su mediación "para impulsar la retirada de Israel del sur del Líbano" y, como de costumbre, mintió: garantizó la neutralidad argentina en caso de un ataque norteamericano a Irak. En Beirut todo el mundo ya sabía que la Argentina era el flamante socio "extra OTAN" de los EUA. Es decir, el aliado natural de Israel. ¿Cómo podría Menem cooperar con Beirut para facilitar la derrota estratégica de su aliado israelí? Nabih Berri se lo recordó con astucia: "Nosotros saludamos su aspiración a que su país desempeñe un papel internacional y contribuya a intentar resolver los conflictos en Oriente Medio. Pero ese papel debe ser conforme a las realidades relacionadas con estos conflictos".
En Washington, el mismo día y casi a la misma hora "* un grupo de exiliados iraníes disidentes le dijo la semana pasada a una subcomisión del Congreso de los Estados Unidos que cuenta con información que vincula al gobierno de Irán con el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ocurrido en Buenos Aires el 18 de julio de 1994". El origen de la información fue Arnold Beichman, investigador del Hoover Institute, organismo "académico" de orientación conservadora, en un artículo publicado el 4 de febrero de 1998 en la edición del diario "The Washington Times". Según Beichman, miembros del "Consejo Nacional de Resistencia" iraní se comunicaron por carta con el congresista Elton Gallegly, titular del subcomité del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes estadounidense, quien a su vez remitió la información al Departamento de Estado para que la analizara. El "Consejo Nacional de Resistencia" iraní es un grupo de exiliados con base en Irak, "enemigos declarados y de larga data del régimen de Teherán". Hace pocos meses, ese grupo había sido catalogado por el Departamento de Estado como "grupo terrorista". Cuando Beichman fue consultado por "Clarín" sobre la confiabilidad del grupo terrorista iraní dijo: "Yo creo que es totalmente confiable porque está avalado por 245 legisladores del Congreso de los Estados Unidos" (Fuente: Clarín digital, 5 de febrero de 1998). Recuerde el lector que 245 es el número exacto de legisladores que conforman oficialmente el lobby proisraelí en el Congreso norteamericano.
En esos momentos llegaba a Washington el mismo Menem que en Beirut, pocas horas antes, había hablado de la neutralidad argentina en relación con Irak. El camaleón recuerda súbitamente su alianza "extra OTAN" y afirma con rotundidad: "Si hay conflicto con Irak, la Argentina estará al lado de las medidas que tomen los Estados Unidos o las Naciones Unidas". Para el corresponsal de "La Nación" en Washington: "Esta definición* es quizás la muestra más clara de la política de alineamiento incondicional con los Estados Unidos... Menem fijó su orden de prioridades: primero los EE.UU., después las NU* comprometió el respaldo de la Argentina aun en el caso de que Bill Clinton decida atacar a Irak sin la autorización del Consejo de Seguridad" (Fuente; La Nacion Line, 7 de febrero de 1998).
Pocas horas después, en Nueva York, Menem se reúne con la comunidad judía de esa ciudad: el centro de gravedad del lobby judío-norteamericano, o el "gobierno del mundo". Fue el momento de aclarar algunos malos entendidos sobre lo que hizo y dijo en Beirut. El embajador argentino en Washington, el judío Diego Guelar, fue el encargado de hacerlo: "El presidente recordó que sería absurdo (que en el Líbano se haya encontrado con terroristas de Hezbollah), cuando (Menem) tiene una posición crítica sobre los gobiernos que tratan con encapuchados" (Fuente: La Nación Line, 8 de febrero de 1998).
Exactamente al mismo tiempo que sucedían los acontecimientos que hemos relatado, en Beirut, Washington y Nueva York, en la lejana Buenos Aires la Corte Suprema de Justicia queda fracturada moralmente, literalmente descuartizada entre el gobierno cipayo y la oposición "judeo-democrática". Ahora, la Corte trata de que los judíos le perdonen el fatal Informe Técnico que hace más de un año la propia Corte le había encargado a la Academia Nacional de Ingeniería. Ya hemos visto que las conclusiones del Informe fueron lapidarias para la comunidad judía residente en la Argentina, para el Estado de Israel y para el lobby judío-norteamericano: la explosión en la Embajada de Israel en Buenos Aires (1992) había sido en realidad una implosión, ya que se había producido, sin ningún tipo de dudas, en el interior del edificio. A partir de ese momento, la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina se convirtió en algo así como la Corte Nazifascista de la Injusticia Universal. Ahora, la fortaleza del máximo organismo judicial argentino se resquebraja. Los ministros de la Corte están dispuestos a negociar con la comunidad judía. Se trata de un regateo obsceno, un negocio de supervivencia: "Los jueces de la Corte estarían estudiando redactar una resolución en la que se señalará la existencia de `indicios' sobre la participación del grupo fundamentalista proiraní Jihad islámica (sic.)* Para llegar a este punto hizo falta que, después de recibir presiones del gobierno, presionado a su vez por Israel y los Estados Unidos, la Corte decidiera a mediados del año pasado derivar la instrucción de la causa al secretario del tribunal* Desde fines de 1995, la investigación había estado a cargo de todos los miembros de la Corte* " (La Nacion Line, 9 de febrero de 1998).

miércoles, 12 de octubre de 2011

DEL "HOLOCAUSTO" ARGENTINO AL "TERRORISMO ISLÁMICO"


por Noberto Ceresole

A la Inteligencia del Estado de Israel se le planteó un problema esencial a partir del segundo atentado terrorista de Buenos Aires ¿Cómo salir de una contradicción que podría dañar la imagen judía en el mundo, en un momento en que todavía se creía, en Occidente, que la aceptación del Plan de Paz por parte israelí parecía lograda? El problema era especialmente sensible en Europa, que había puesto "toda la carne en el asador" en el proceso del Plan de Paz, y sobre todo en asegurar a sus ciudadanos que esta vez sí, el Estado de Israel cumpliría con sus compromisos: se dijo hasta la saciedad que el Estado de Israel era un Estado-normal-democrático. En definitiva era políticamente imposible explicarle a los ciudadanos de la Unión Europea, donde el Estado de Israel carece de un lobby potente y unificado como él que existe en los EUA, que los atentados terroristas de Buenos Aires habían sido el producto de una confrontación -a muerte- entre dos concepciones del judaísmo (sionismo versus mesianismo nacional-religioso). Porque si ello era así, ¿Adónde iría a parar el Plan de Paz?

lunes, 20 de junio de 2011

EL TERRORISMO JUDÍO EN LA ARGENTINA


por Norberto Ceresole

Los Atentados de Buenos Aires fueron el producto de la infiltración del terrorismo fundamentalista judío en el servicio de contraespionaje israelí (Shin Beth)(1)(2).
Son dos los atentados macroterroristas ocurridos en la Ciudad de Buenos Aires, ambos contra instituciones judías.
El primero de ellos fue una implosión(3). Una comisión técnica designada por la Academia Nacional de Ingeniería demostró, por encargo de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina, que la explosión que demolió el edificio de la Embajada de Israel en la Argentina, el 17 de marzo de 1992, produciendo 29 muertos y una gran cantidad de heridos, ocurrió dentro del propio edificio; más concretamente en la planta baja del mismo. Por lo tanto es muy difícil pensar que la motivación política del atentado sea ajena a la crisis intrajudía, que afecta con mucha intensidad a la sociedad israelí en especial desde los inicios del llamado "plan de paz".
Además se hace imposible imaginar a un "terrorista árabe" introduciendo un paquete de explosivos equivalente a unos 3 metros cúbicos sin que los agentes del Shin Beth, custodios del edificio, se enteraran. No olvidemos que en esos momentos gobernaba Israel el partido Likud en coalición con los partidos religiosos, por un lado, y con el partido Laborista, por otro (Shimon Peres, por ejemplo, era ministro de Hacienda). Naturalmente dentro del gobierno y del grupo negociador judío existían serias disidencias.

jueves, 27 de enero de 2011

INTRODUCCIÓN A LA FALSIFICACIÓN DE LA REALIDAD


por Noberto Ceresole

"Nuestras ideas científicas valen en la medida en que nos hayamos sentido
perdidos ante una cuestión, en que hayamos visto bien su carácter
problemático y comprendamos que no podemos apoyarnos en ideas recibidas, en
recetas, en lemas ni vocablos. El que descubre una nueva verdad científica
tuvo antes que triturar casi todo lo que había aprendido y llega a esa nueva
verdad con las manos sangrientas por haber yugulado innumerables lugares
comunes"
José Ortega y Gasset, La Rebelión de las Masas

Este libro es el primer volumen de un largo viaje en tres dimensiones. En la dimensión geográfica comienza en el lejano sur, en Buenos Aires, y llega hasta el Asia Central, pasando por el Oriente Medio y Europa. Finalmente habrá un retorno a la Argentina, cuya crisis, al final del viaje, queda iluminada de manera muy distinta a como lo había estado antes. En la dimensión temporal el viaje dura unos cuatro años, contando desde el segundo atentado terrorista de Buenos Aires (18 de julio de 1994, AMIA) hasta la terminación de este libro. Quedan en el camino, por así decirlo, tres libros anteriores, tres ensayos previos que condujeron finalmente al presente volumen, Terrorismo fundamentalista judío (1996); El Nacional Judaísmo (1997) y España y los judíos (1997).
En la dimensión intelectual yo, el viajero, tuve que procesar informaciones, sentimientos y conocimientos cuya existencia simplemente ignoraba al comenzar el viaje. Para dar un ejemplo, mi toma de contacto con la literatura revisionista francesa y de otros países occidentales se produce recién en enero de 1998. Una parte importante de este trabajo ya estaba terminada para esas fechas, incluidas las críticas al libro de Roger Garaudy Los mitos fundadores de la política israelí. Mi conexión con el revisionismo, en especial el francés, y con la obra de Robert Faurisson, si bien es tardía, no por ello dejó de ser eficaz, ya que he encontrado, casi al final del camino, un fundamento sólido y una importante continuidad entre mi propio pensamiento y la obra del revisionismo. Es mi evolución intelectual personal lo que me hace aceptar lo substancial de la metodología del revisionismo. Ella justifica y explica, a nivel científico, muchas ideas que originalmente nacieron en mí como intuiciones que se fueron desarrollando a partir del estudio de un caso concreto -y no teórico- de terrorismo judío.