El importante tema de la nueva organización del Estado antimperialista será tratado con mayor amplitud en un estudio más especializado y más orgánico. Vale, por ahora, insistir en que de la gran experiencia de la Revolución Mexicana -la más profunda y valiosa hasta hoy de la historia política de Indoamérica-, pueden deducirse conclusiones fundamentales y plantearse con ellas valiosos puntos de vista. Un estudio científico de ese extraordinario fenómeno social dará a Indoamérica mucha luz en el camino de su liberación. México, histórica, geográfica, étnica, social y económicamente, es una síntesis de todos los problemas que vemos ampliados en el resto de nuestra gran nación continental. México es el campo de experiencia de toda la vasta complejidad de fenómenos que encierran los pueblos indoamericanos.
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sábado, 21 de diciembre de 2013
Organización del Nuevo Estado
por Haya de la Torre
El importante tema de la nueva organización del Estado antimperialista será tratado con mayor amplitud en un estudio más especializado y más orgánico. Vale, por ahora, insistir en que de la gran experiencia de la Revolución Mexicana -la más profunda y valiosa hasta hoy de la historia política de Indoamérica-, pueden deducirse conclusiones fundamentales y plantearse con ellas valiosos puntos de vista. Un estudio científico de ese extraordinario fenómeno social dará a Indoamérica mucha luz en el camino de su liberación. México, histórica, geográfica, étnica, social y económicamente, es una síntesis de todos los problemas que vemos ampliados en el resto de nuestra gran nación continental. México es el campo de experiencia de toda la vasta complejidad de fenómenos que encierran los pueblos indoamericanos.
El importante tema de la nueva organización del Estado antimperialista será tratado con mayor amplitud en un estudio más especializado y más orgánico. Vale, por ahora, insistir en que de la gran experiencia de la Revolución Mexicana -la más profunda y valiosa hasta hoy de la historia política de Indoamérica-, pueden deducirse conclusiones fundamentales y plantearse con ellas valiosos puntos de vista. Un estudio científico de ese extraordinario fenómeno social dará a Indoamérica mucha luz en el camino de su liberación. México, histórica, geográfica, étnica, social y económicamente, es una síntesis de todos los problemas que vemos ampliados en el resto de nuestra gran nación continental. México es el campo de experiencia de toda la vasta complejidad de fenómenos que encierran los pueblos indoamericanos.
Como la Revolución Francesa, "el 48" y la Comuna de París para la Europa prerrevolucionaria del siglo
pasado, la Revolución Mexicana ha sido el primer movimiento social contemporáneo que pudiera ofrecer a nuestros pueblos una
invalorable experiencia. Sus aciertos y sus errores -principalmente sus errores-, aportan un fecundo acervo de enseñanzas
trascendentes que conviene recoger y analizar con método científico y con nítido y firme sentido de nuestra realidad.
La tesis del Estado Antimperialista, sugerida por la gran experiencia histórica de la Revolución Mexicana, suscitará
sin duda objeciones numerosas. Con riesgo de incurrir en excesiva insistencia, y sin dejar de reconocer que la cuestión en
sí debe tratarse más extensa y minuciosamente, es necesario detenerse a examinar y respaldar algunos de los posibles puntos
polémicos que han de formular seguramente nuestros europeizantes obsedidos. Lo que primero se objetará, sin duda, es la colaboración
de las clases medias en la nueva estructura estatal. En la colaboración de las clases medias, tal como el APRA lo preconiza,
radica una de las diferencias fundamentales entre el Capitalismo de Estado adoptado en Rusia, al plantear la revisión a que
dio lugar la Nueva Política Económica o NEP, y el Capitalismo de Estado Antimperialista o Aprista. Lenin define esta Nueva
Política como "un contrato, un block, una alianza entre el Estado Sovietista, es
decir, proletario, y el Capitalismo de Estado contra el pequeño propietario (patriarcal y pequeño burgués)"[71]. El Capitalismo de Estado, en Rusia, se ejercita, pues, bajo la dictadura del proletariado
y contra la pequeña burguesía y clases medias, como transición hacia el socialismo integral. Pero hemos demostrado ya que
la dictadura del proletariado es históricamente imposible en nuestros países, mientras no se realice su previa desfeudalización,
o mientras -como ocurre en la gran mayoría de ellos-, no exista realmente una definida clase proletaria con conciencia de
tal.
jueves, 27 de junio de 2013
El Estado Antimperialista
por V. Haya de la Torre
Nuestro doctrinarismo político en Indoamérica es casi todo de repetición europea. Con excepción de uno que otro atisbo de independencia y realismo, filosofía y ciencia de gobierno, jurisprudencia y teorización doctrinaria, no son en nuestros pueblos sino plagios y copias. A derecha o a izquierda hallaremos la misma falta de espíritu creador y muy semejantes vicios de inadaptación y utópico extranjerismo. Nuestros ambientes y nuestras importadas culturas modernas no han salido todavía de la etapa prístina del trasplante. Con ardor fanático hacemos nuestros, sin ningún espíritu crítico, apotegmas y voces de orden que nos llegan de Europa. Así, agitamos férvidos, hace más de un siglo, los lemas de la revolución francesa. Y así, podemos agitar hoy las palabras de orden de la revolución rusa o las inflamadas consignas del fascismo. Vivimos buscando un patrón mental que nos libere de pensar por nosotros mismos. Y aunque nuestro proceso histórico tiene su propio ritmo, su típico proceso, su intransferible contenido, lo paradojal es que nosotros no lo vemos o no queremos verlo. Le adjudicamos denominaciones de prestado o lo interpretamos antojadizamente desde ángulos de visión que no son los nuestros. Esto nos ha llevado a la misma falsa seguridad de los que durante siglos creyeron que la tierra estaba quieta y el sol era el que giraba en torno de ella. Para nuestros ideólogos y teóricos de derecha e izquierda, nuestro mundo indoamericano no se mueve. Es el sol europeo el único que gira. Para ellos, nuestra vida, nuestra historia, nuestro desarrollo social sólo son reflejos y sombras de la historia y desarrollo de Europa. No conciben por eso, sino estimarlos, medirlos, denominarlos y seguirlos, de acuerdo con la clasificación histórica y las normas políticas que dicta el viejo mundo.
Este colonialismo mental ha planteado un doble extremismo dogmático; el de los representantes de las clases dominantes -imperialista, reaccionario y fascista-, y el de los que llamándose representantes de las clases dominadas vocean un lenguaje revolucionario ruso que nadie entiende. Sobre esta oposición de contrarios, tesis y antítesis de una teorización antagónica de prestado, el APRA erige como síntesis realista su doctrina y su programa. Parte esencial de él es la teoría "el Estado Antimperialista" mencionada ya ocasionalmente en las páginas anteriores.
De nuevo la Revolución Mexicana nos ofrece puntos de referencia interesantes. Se oye frecuentemente a los estudiosos de política y a los marxistas europeos o europeizantes formular una pregunta grave: ¿Qué tipo de Estado es el actual Estado mexicano post-revolucionario, dentro de la concepción clasista de su origen y formación? Los ortodoxos marxistas han buscado en la evolución estatal que estudia Engels en su libro sugerente "El Origen de la Familia, de la Propiedad Privada y del Estado", el momento presente del Estado mexicano, después de la revolución, sin encontrarlo. Algunos de los más autorizados portavoces de la Revolución Mexicana han intentado una definición cuando nos dicen: "El Estado Mexicano acepta la división de la sociedad en oprimidos y opresores pero no quiere, considerarse incluido en ningún grupo. Considera necesario elevar y proteger las condiciones actuales del proletariado hasta colocarle en condiciones semejantes al del capital en la lucha de clases; pero quiere mantener intacta su libertad de acción y su poder, sin sumarse a ninguna de las clases contendientes, para seguir siendo el fiel de la balanza el mediador y el juez de la vida social".[63] Empero, si esta opinión confirma que evidentemente el Estado Mexicano post-revolucionario no cabe dentro de las clasificaciones conocidas no explica clasistamente su real y característico significado.
Vencido con la dictadura porfiriana el Estado Feudal representativo de los grandes terratenientes y aliado del imperialismo, el nuevo Estado mexicano no es ni un Estado patriarcal campesino, ni es el Estado burgués, ni es el Estado proletario, exclusivamente. La Revolución Mexicana -revolución social, no socialista- no representa definitivamente la victoria de una sola clase. El triunfo social correspondería, históricamente, a la clase campesina; pero en la Revolución Mexicana aparecen otras clases también favorecidas: la clase obrera y la clase media. El Partido vencedor -partido de espontáneo frente único contra la tiranía feudal y contra el imperialismo- domina en nombre de las clases que representa y que en orden histórico a la consecución reivindicadora, son: la clase campesina, la clase obrera y la clase media.
Conviene, sí, distinguir bien los elementos activos y representativos del partido revolucionario vencedor que en México -como en la lucha revolucionaria de Indoamérica contra España- han sido casi exclusivamente hombres de armas, verificadores de la acción libertadora y aprovechadores temporales de las ventajas de la fuerza victoriosa. Este aspecto meramente episódico y necesariamente transitorio de lo que se puede denominar "el militarismo revolucionario"[64] complica aparentemente el cuadro histórico de la Revolución Mexicana. No es extraño que algunos comentaristas interesados o poco agudos, hayan juzgado ese gran movimiento social como un mero cambio de posiciones oligárquicas o una primitiva y sangrienta disputa de caudillos y facciones. Contrariamente, muchos simplistas, del otro extremo, han creído ver también en la Revolución Mexicana la aparición ya definida de un auténtico movimiento socialista obrero. Mas es necesario recordar -punto de vista insistentemente sostenido en el Capítulo III- que la Revolución Mexicana, sin un programa científico previo, sin una definida orientación doctrinaria -movimiento biológico, instintivo, insurreccional de masas-, no ofrece a primera vista un panorama claro que precise clasificadamente su contenido social.
En la Revolución Mexicana se ubica bien el período inicial de la lucha por los derechos electorales suprimidos brutalmente por la larga dictadura porfiriana[65]. Pero a la etapa de romanticismo democrático -ahogado en la propia sangre de sus apóstoles- sucede el violento empuje social de las masas campesinas, aprovechando las condiciones objetivas favorables a un movimiento de franca reivindicación económica. Las masas obreras secundan el movimiento y contribuyen a dar a la revolución sus verdaderos perfiles sociales. Distinguiendo lo que hay de meramente militar -rivalidades, caudillismo, barbarie-, o de exclusiva política personalista o de grupo -elementos adjetivos-, la Revolución Mexicana aparece y queda en la historia de las luchas sociales como el primer esfuerzo victorioso de un pueblo indoamericano contra la doble opresión feudal e imperialista[66]. Confuso, aparentemente, por la tremenda fascinación de sus grandes episodios trágicos, el movimiento social mexicano es, en esencia: primero, el estallido ciudadano contra la dictadura feudal, supresora despótica de los derechos democráticos; después, el alzamiento campesino contra la clase que ese gobierno representaba, y, finalmente, acción conjunta de las masas de la ciudad y del campo --campesino, obrero y clase media- que cristaliza jurídicamente en la Constitución de Querétaro de 1917.[67] El contenido social-económico de esa ley fundamental de la Revolución Mexicana es antifeudal y antimperialista en el artículo 27, obrerista y meso-clasista en el artículo 123, y demo-burgués o liberal en su inspiración total[68].
Un Estado constituido por este movimiento victorioso de frente único para mantener y cumplir las conquistas revolucionarias que sumariza la Constitución Mexicana, encuentra -como primera y más poderosa barrera para verificarlas- el problema de la soberanía nacional que plantea la oposición imperialista. México post-revolucionario halla que ninguna conquista social contra el feudalismo puede ir muy lejos sin que se le oponga la barrera imperialista en nombre de "los intereses de sus ciudadanos", derecho legado por el estado feudal, instrumento del imperialismo. De nuevo nos encontramos con el argumento formulado en el Capítulo III: la Revolución Mexicana no ha podido avanzar más en sus conquistas sociales porque el imperialismo, dueño de todos los instrumentos de violencia, se lo ha impedido. Consecuentemente, los programas revolucionarios han debido detenerse ante una gran valla: la oposición imperialista. La lucha de diez años, tras la promulgación de la Constitución revolucionaria, nos presenta claramente este conflicto: de un lado el Estado post-revolucionario mexicano tratando de aplicar, con acierto o sin él, las conquistas traducidas en preceptos constitucionales, y, del otro, el imperialismo, ya abiertamente, ya usando de los vencidos sedimentos reaccionarios, oponiéndose siempre a la total aplicación de los principios conquistados. Ejerciendo en gran parte el contralor económico, resultado de su penetración en el período pre-revolucionario, el imperialismo usa de todas sus formas de presión, provoca y ayuda movimientos faccionarios de reacción para recapturar el gobierno estatal y desviarlo de su misión revolucionaria. México, aislado, tiene la posición desventajosa en esta lucha palmariamente desigual.
¿Cuál es, pues, en principio, el rol primordial del Estado post-revolucionario en México? ¿Cuál su verdadero tipo clasista? Constituido como resultado del triunfo de tres clases que han conquistado beneficios en proporciones graduales, el adversario histórico no es únicamente el casi vencido poder feudal. Es el imperialismo que reencarna en el enemigo agonizante impidiendo el usufructo de la victoria. El Estado deviene, así, el instrumento de lucha, bien o mal usado, de esas tres clases, contra el enemigo imperialista que pugna por impedir la consumación revolucionaria. El Estado es, pues, fundamentalmente un instrumento de defensa de las clases campesina, obrera y media unidas, contra el imperialismo que las amenaza. Todo conflicto posible entre esas clases queda detenido o subordinado al gran conflicto con el imperialismo, que es el peligro mayor. El Estado, consecuentemente, se ha convertido en un "Estado Antimperialista".
No importa que esta misión histórica del Estado no se vea, cumplida, fija y absolutamente, en México. No importa que el carácter instintivo e improgramado de la Revolución Mexicana no permita distinguir una clara manifestación permanente de este rol del Estado, haciéndole aparecer a las veces como desviado o como sirviendo alternativamente intereses opuestos. Conviene no confundir Estado con gobierno. Institucionalmente, jurídicamente, el Estado mexicano tiene sus principios normativos en la Constitución de Querétaro, que es antifeudal, antimperialista y democrática.
¿Cuáles los resultados de la experiencia histórica?
Los estudiosos del movimiento emancipador antimperialista indoamericano -al aprovechar la gran lección mexicana- tienen que distinguir y separar dos elementos importantes para un certero análisis: de un lado, los principios jurídicos del Estado enunciados en la Constitución, que lo caracterizan como un Estado Antimperialista, instrumento de defensa de tres clases simultáneamente amenazadas, que luchan por mantener sus conquistas; y de otro lado, el método o praxis de su verificación política. Los principios jurídicos proclamados por la Revolución Mexicana son inobjetablemente antimperialistas. Su aplicación práctica supone la instauración de un sistema económico y político que concuerde con el nuevo tipo estatal. Es imposible coordinar la teoría de un Estado Antimperialista con la vieja aplicación de un concepto económico, político y social que no corresponda a aquél. Lo más trascendental de la experiencia histórica que México ofrece al presentar el nuevo tipo de Estado, es la contradicción entre sus enunciados teóricos antimperialistas y sus sistemas de aplicación prácticos, parcialmente inconexos. Es de esa contradicción de la que pueden inferirse con mayor claridad los verdaderos lineamientos de todo el gran problema mexicano post-revolucionario. Para algunos, la gran cuestión podría radicar en el conflicto de los intereses, más o menos antagónicos, de las tres clases que han alcanzado su representación en el Estado y que luchan por el predominio de una sobre las demás. O en la lucha de éstas contra la reacción feudal que, perdido el poder político, conserva aún otros elementos de dominación. Pero examinando detenidamente la realidad histórica mexicana encontramos bien pronto que tales antagonismos están subordinados absolutamente a la presión común que el Estado soporta del imperialismo, el que, claro está, se alía a la reacción feudal. El conflicto radica, pues, fundamentalmente, en la inconformidad entre la contextura política del Estado y su estructura económica. En el segundo acápite del breve prefacio a la edición alemana de su Manifiesto, Marx y Engels, refiriéndose a la lección histórica de la revolución de París de 1848, insisten en que ésta ha demostrado que las clases trabajadoras no pueden sencillamente apoderarse del mecanismo que les presenta el Estado tal como existe y hacerlo servir así para sus propios fines. La Revolución Mexicana ha demostrado, también, que la revolución antifeudal y antimperialista triunfante no puede utilizar tampoco el viejo aparato del Estado para hacerlo servir a sus propósitos. Al producirse el movimiento antimperialista que captura de las clases dominantes el Estado -instrumento de opresión del imperialismo-, aquél debe transformarse. La nueva arquitectura del Estado -del que vemos sólo un intento incumplido en México, pero del que aprovechamos la experiencia incomparablemente valiosa para nuestros pueblos- nos sugiere los fundamentos del verdadero Estado Antimperialista indoamericano.
Un Estado Antimperialista no puede ser un Estado capitalista o burgués del tipo del de Francia, Inglaterra o los Estados Unidos. Es menester no olvidar que si aceptáramos los antimperialistas como objetivo post-revolucionario el tipo característicamente burgués del Estado, caeríamos inexorablemente bajo el rodillo del imperialismo. La cualidad del Estado antimperialista tiene que ser, pues, esencialmente, de lucha defensiva contra el enemigo máximo. Conseguida la derrota del imperialismo en un país dado, el Estado deviene el baluarte sostenedor de la victoria, lo que supone toda una estructuración económica y política. El imperialismo no cesará de atacar y sus ataques tenderán a buscar una nueva adaptación o ensamblaje en el flamante mecanismo estatal erigido por el movimiento triunfante. El Estado Antimperialista debe ser, pues, ante todo, Estado de defensa, que oponga al sistema capitalista que determina el imperialismo, un sistema nuevo, distinto, propio, que tienda a proscribir el antiguo régimen opresor.
Así como la ofensiva imperialista es aparentemente pacífica durante el período de "penetración económica" -y la lucha no se percibe ostensiblemente sino cuando la garra aprieta, cuando la fuerza viene en defensa del interés conquistado-, así, la lucha defensiva, después de producido el derrocamiento del antiguo Estado feudal, instrumento del imperialismo en nuestros países, habrá de ser una lucha aparentemente pacífica, quizás, pero una lucha implacable en el campo económico. Por eso, después de derribado el Estado feudal, el movimiento triunfador antimperialista organizará su defensa estableciendo un nuevo sistema de economía, científicamente planeada y un nuevo mecanismo estatal que no podrá ser el de un Estado democrático "libre", sino el de un Estado de guerra, en el que el uso de la libertad económica debe ser limitado para que no se ejercite en beneficio del imperialismo.
La nueva organización estatal tendría evidentemente algo del llamado Capitalismo de Estado que alcanzó gran desarrollo en la época de la guerra imperialista de 1914-1918 y que en Alemania consiguió un grado de organización verdaderamente extraordinario. Pero precisa establecer diferencias. El Capitalismo de Estado del tipo aludido es una defensa del propio capitalismo concentrado en los momentos de peligro en su instrumento de opresión y de defensa. Durante la guerra europea las potencias imperialistas beligerantes establecieron los llamados monopolios de Estado. La producción y el comercio fueron puestos totalmente o casi totalmente bajo su contralor. La clase burguesa reconcentró su fuerza económica en torno del Estado y le hizo entrega de su soberanía económica[69]. Pero pasado el conflicto, el capitalismo privado recuperó el dominio de la producción y de la circulación de la riqueza y el Capitalismo de Estado- medida de emergencia-, no ha servido sino para reafirmar el poder de su propio sistema. En el Estado Antimperialista, Estado de guerra defensiva económica, es indispensable también la limitación de la iniciativa privada y el contralor progresivo de la producción y de la circulación de la riqueza. El Estado Antimperialista que debe dirigir la economía nacional, tendrá que negar derechos individuales o colectivos de orden económico cuyo uso implique un peligro imperialista[70]. Es imposible conciliar -y he aquí el concepto normativo del Estado antimperialista- la libertad absoluta individual en materia económica con la lucha contra el imperialismo. El propietario nacional, de una mina o de una hacienda, que vende su propiedad o negocio a un empresario yanqui, no realiza una acción contractual privada, porque el comprador no sólo invierte dinero en una operación, sino que invierte soberanía, llamémosle así. Tras el nuevo interés creado por esta operación económica, aparentemente sencilla, está el amparo político, la fuerza de la potencia imperialista que respaldará -con un punto de vista distinto y hasta opuesto al del país que recibe la inversión-, los intereses del extranjero. ¿Será esa una operación privada? Ciertamente, no. El Estado Antimperialista limitará, pues, el ejercicio de uso y abuso -jus utendi, jus abutendi-, individuales, coartará la libertad económica de las clases explotadoras y medias y asumirá, como en el Capitalismo de Estado, el contralor de la producción y del comercio progresivamente.
La diferencia entre el Estado Antimperialista y el Capitalismo de Estado europeo radicará fundamentalmente en que mientras éste es una medida de emergencia en la vida de la clase capitalista, medida de seguridad y afirmación del sistema, el Estado Antimperialista desarrollará el Capitalismo de Estado como sistema de transición hacia una nueva organización social, no en beneficio del imperialismo -que supone la vuelta al sistema capitalista, del que es una modalidad-, sino en beneficio de las clases productoras, a las que irá capacitando gradualmente para el propio dominio y usufructo de la riqueza que producen.
Si el Estado Antimperialista no se apartara del sistema clásico del capitalismo, y alentara la formación de una clase burguesa nacional, estimulando la explotación individualista insaciable -amparada en los enunciados clásicos del demoliberalismo-, caería pronto en el engranaje imperialista del que ningún organismo nacional burgués puede escapar. Por eso ha de ser indispensable en el nuevo tipo de Estado la vasta y científica organización de un sistema cooperativo nacionalizado y la adopción de una estructura política de democracia funcional basada en las categorías del trabajo. Así, por ambos medios, realizará el Estado Antiimperialista la obra de educación económica y política que necesita para consolidar su posición defensiva. Y así, también, canalizará eficiente y coordinadamente el esfuerzo de las tres clases representadas en él. Hacia otro sistema económico que niegue y se defienda del actual por el contralor progresivo de la producción y la riqueza -nacionalización de la tierra y de la industria dice el programa del APRA-, orienta y dirige su camino histórico el Estado Antimperialista. Él ha de ser la piedra angular de la unidad indoamericana y de la efectiva emancipación económica de nuestros pueblos.
Notas
[63] Vicente Lombardo Toledano, La Libertad Sindical en México, op. cit., cap. II, págs. 84 y 85.
[64] El libro de Blasco Ibáñez, Militarismo Mexicano, acusa esa tendencia de interpretación arbitraria y falsa de la Revolución Mexicana. Muchos otros, en inglés y castellano, podrían llenar un catálogo numeroso.
[65] "El proletariado y el peón participaron en la Revolución de Madero, ciegamente, sin objetivo definido, comprendiendo sólo que eso era contra el explotador. Ellos no lucharon por fines políticos o, directamente, para mejorar su situación económica; ellos lucharon sola y exclusivamente para recuperar la dignidad que se les había negado". Cita del discurso de Carlos Glacidos en la Convención Constitucional de Querétaro de 1917, que demuestra las exageraciones y limitaciones para explicar el fenómeno de la participación de las masas mexicanas que, en verdad, no aparece claro para muchos. (Tomado del libro de Carleton Beals, México. An Interpretation. B. W. Huebsch Inc. New York. 1923, pág. 132).
[66] México, bajo la presidencia de Venustiano Carranza, intentó un movimiento de acercamiento hacia los demás pueblos de Indoamérica. Esa gestión de Argentina, Brasil y Chile (ABC) para impedir la intervención armada del imperialismo en México, estimuló esta política de Carranza. Pero sólo fue un intento. Sobre él se han escrito algunos libros: México y la Solidaridad Americana - La Doctrina Carranza, por Antonio Manero. Edit. América, Madrid. La Herencia de Carranza, por el Lic. Blas Urrea, Imp. Nacional, México, 1920. La Revolución Constitucionalista, los EE.UU. y el A.B.C. (Recopilación de documentos y artículos notables, referentes a la intromisión de elementos extranjeros en los asuntos de México y a la patriótica actitud asumida por el Primer Jefe Venustiano Carranza). Talleres de "Revista de Revistas", México, 1916. "El Imperialismo de los Estados Unidos y otros Ensayos". Biblioteca Popular, Veracruz, 1927, etc.
[67] "La Revolución Mexicana, iniciada en 1910, culminó en la reunión de un Congreso Constituyente que aceptando la estructura de la antigua Constitución, formuló una nueva" Vicente Lombardo Toledano. "La Libertad sindical en México", pág. 14.
[68] Vale citar los comentarios de un reaccionario al art. 27 de la Constitución de Querétaro: "En el fondo lo que el artículo 27 se propone es erigir la propiedad privada, estableciendo un principio que parece transplantado de la Europa feudal". C. Díaz Dufoo, La Cuestión del Petróleo. E. Gómez de la Puente Editor, México, 1921, pág. 219. Véase en el Apéndice el texto del artículo 27 y del artículo 123 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos del 31de Enero de 1917.
[69] "The hastly improvised State Socíalism of the war..." John A. Hobson. The Evolution of Modern Capitalism. London & New York, 1927. Op. cit., pág. 484.
[70] En Indoamérica ya tenemos algunos casos de estatización parcial de la economía. Argentina nacionalizó y administra estatalmente su petróleo. En el Uruguay el insigne hombre de gobierno D. José Batlle y Ordóñez, jefe del Partido Colorado y uno de los más grandes espíritus creadores y constructivos de su país y del Continente, ha logrado el monopolio y administración estatal desde 1911, 12 y 14 de las Compañías de Seguros, del Banco Hipotecario, del Banco de la República -con sección de crédito rural-, de la Electricidad en todo el país, de los ferrocarriles, etc. El ex presidente de la República del Uruguay, Dr. Baltazar Brum, sostuvo en un discurso pronunciado ante los empleados del Banco Hipotecario del Estado, el 7 de julio de 1927, que "...aun cuando fuera cierto que el Estado es un mal administrador por el encarecimiento que comporta en los servicios, siempre sería preferible desde el punto de vista de la economía nacional una mala administración por el Estado a una excelentemente ahorrativa por cuenta de capitalistas extranjeros". Defendiendo en el mismo discurso el Dr. Brum el programa de total nacionalización y estatización económicas de su partido, decía: "¿Cuáles son, por lo tanto, las causas de que algunas veces, en la práctica, una y otra administración (la extranjera y la nacional) conduzcan a resultados diferentes? Es fácil indicarlas: Primero, el Estado-industrial no busca dividendos; segundo el Estado-industrial se interesa por el mejoramiento del servicio público que atiende; tercero, el Estado-industrial paga sueldos y jornales que permiten vivir a los empleados y obreros que lo sirven, a los que siempre debería hacer participar también de 1as ganancias que pudieran producirse. En este sentido al Estado corresponde ser un patrono altruista y humano que se complazca con la felicidad de sus servidores y que trate de hacerles todo el bien que esté a su alcance". En 1919 Batlle y Ordóñez y su Partido presentaron un proyecto de ley cuyo artículo 1º decía: "Se destinará hasta las dos terceras partes de las utilidades que se obtengan en cada una de las empresas industriales del Estado, cuyos servicios se hagan con obreros principalmente, a elevar los salarios y sueldos de sus obreros y empleados hasta el doble, por lo menos, del promedio de los salarios de los obreros particulares de la localidad en que funcione la empresa, debiendo aumentarse todos los sueldos y salarios en una cantidad igual a la que sea necesario agregar a los menores sueldos y salarios en cumplimiento de esta disposición". Véase la obra de Roberto B. Giudici, Batlle y el Batllismo, Imp. Nacional Colorada. Montevideo, 1928, págs. 767 a 829 y 957 a 969.
miércoles, 9 de enero de 2013
La Tarea Histórica del APRA
por Haya de la Torre
Para los patriarcas criollos de la ortodoxia marxista las conclusiones contenidas en los capítulos anteriores implican, sin duda, profanación audaz de todos los conceptos sacrosantos de un credo que ellos consideran absoluto, estático e inviolable. Empero, es menester recordar que existe una profunda diferencia entre el marxismo interpretado como dogma y el marxismo en su auténtico significado de doctrina filosófica. En aquél, todo es quietismo y parálisis; en éste, todo es dinamismo y renovación. El apotegma inmortal de Heráclito el Oscuro, recogido por Marx a través de Hegel, no debe olvidarse: "Todo se mueve, se niega, deviene; todo está en eterno retorno...".[56] En él se funda la dialéctica de la vida y de la historia.
viernes, 3 de agosto de 2012
El Frente Único del APRA y sus Aliados
por Haya de la Torre
En la tercera parte del artículo "¿Qué es el APRA?", está escrito:
"El APRA organiza el gran Frente Único Antimperialista y trabaja por unir en ese frente a todas las fuerzas que en una o en otra forma han luchado o están luchando contra el peligro de la conquista que amenaza a nuestra América".
Frecuentemente se nos han planteado a los apristas estas preguntas: ¿El APRA es Partido o es Frente Único? ¿Puede ser las dos cosas a la vez?
Antes de responder, completemos la lectura del párrafo arriba citado:
"Cuando a fines de 1924 se enuncia el programa del APRA, presenta ya un plan revolucionario de acción política y de llamamiento a todas las fuerzas dispersas a unirse en un Frente Único".
El APRA es un Partido de bloque, de Alianza. Esto quedó ya demostrado al formularse las bases de su estructuración en los capítulos anteriores. Hemos presentado como caso de semejanza el Partido Popular Nacional Chino o Kuo-Min-Tang originario, que también ha sido un partido antimperialista de frente único. Recordemos que aún en los países más avanzados económicamente se dan casos de partidos de izquierda que constituyen vastas organizaciones de frente único contra el dominio político de la clase explotadora. El Labour Party inglés es eso.[42] No sólo agrupa a obreros y campesinos: incluye en su frente a un vastísimo sector de clases medias pobres y alía bajo sus banderas a numerosas agrupaciones y tendencias. Al ejemplo del laborismo inglés podrían agregarse muchos otros casos similares de partidos de izquierda en Francia, Alemania, Países Bajos y Escandinavos. Y si en las naciones industriales europeas, donde los proletariados son antiguos y numerosos, ha sido necesaria la alianza de clases proletarias, campesinas y medias -formando frentes comunes bajo disciplinas de partido-, en Indoamérica por las condiciones objetivas de nuestra realidad histórica, lo es mucho más.
El APRA debe ser, pues, una organización política, un partido. Representa y defiende a varias clases sociales que están amenazadas por un mismo peligro, o son víctimas de la misma opresión. Frente a un enemigo tan poderoso como es el imperialismo, deviene indispensable agrupar todas las fuerzas que puedan coadyuvar a resistirlo. Esa resistencia tiene que ser económica y política simultáneamente, vale decir, resistencia orgánica de Partido. Como tal, el APRA debe contar con su disciplina y sus tácticas propias.
Hemos dicho en el capítulo anterior que la lucha contra el imperialismo es, también una lucha nacional. Conviene recordar que así como hay clases sociales permanentemente atacadas y explotadas por el avance imperialista, las hay que son sus víctimas temporales. Una gran parte de nuestra burguesía en formación presenta ese carácter. Por eso, el APRA puede aliarse con ellas en un frente transitorio, mientras sea necesario sumar sus esfuerzos a la defensa común. Vale recordar que la etapa de lucha nacional contra el imperialismo se presenta en todos nuestros países y ha de durar todavía algunos años.
martes, 28 de febrero de 2012
El APRA como un solo Partido

por V. R. Haya de la Torre
El APRA, como partido de frente único nacional indoamericano, se distingue de todos los demás partidos de izquierda existentes en nuestras veinte repúblicas en cuanto a su finalidad y en cuanto a su organización. Recordemos que ningún partido, sin exceptuar a comunistas y socialistas, se ha constituido en Indoamérica, hasta ahora, llevando como objetivo primordial la lucha antimperialista. Los más avanzados y modernos han concedido a la acción contra el imperialismo un limitado aspecto, casi siempre teórico y adjetivo de su programa doctrinario. En cuanto a su organización, todos los partidos de izquierda indoamericanos, o circunscriben su radio de acción a las fronteras del país en el que han sido constituidos, o lo amplían hasta hacerlo confinar con los límites del planeta. Los partidos radicales, social-demócratas y laboristas, corresponden a la primera clasificación. Aislados en un localismo casi xenófobo, jamás han tenido la visión del problema continental; ni siquiera han dejado sentir su acción en zonas geográficas aledañas. Amedrentados por los chauvinismos, o incapaces para descubrir la relación indestructible e ineludible de nuestros países entre sí, se mantuvieron en un arrogante aislamiento. Los otros, los partidos llamados de extrema izquierda, abarcan demasiado. Sectores subalternos de organizaciones mundiales, subordinan los problemas indoamericanos a los que más interesan naturalmente a los comandos de sus partidos. Lógicamente, Europa es su objetivo. Fuera del viejo continente, la visión política del mundo se torna brumosa y vaga. La generalización y el simplismo llenan los inmensos vacíos que dejan abiertos el confusionismo y la ausencia de sentido realista. Tal ocurre con las secciones comunistas de la Tercera Internacional y con las de ciertos sectores de la Segunda.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Qué Clase de Partido y Partido de qué Clase es el APRA
por V. R. Haya de la Torre
Un partido antimperialista indoamericano con sentido de nuestra realidad social, no puede ser un partido exclusivo de clase. Menos, un partido de remedo o calco europeo. Y menos, todavía, un partido sometido a dirección extranjera.
Tres razones en contra de la objeción comunista analizada en el capítulo anterior.
Y un partido antimperialista indoamericano, con sentido de nuestra realidad social, debe ser un partido nacional de Frente Único, que agrupe todas las clases sociales amenazadas por el imperialismo. Debe ser, también, un partido con programa y tácticas propias, realistas y eficientes y con comando nacional.
Tres razones en favor de la organización del APRA como Partido.
Detengámonos un poco en estos enunciados:
El imperialismo no sólo amenaza a la clase proletaria. El imperialismo que implica en todos nuestros países el advenimiento de la era capitalista industrial, bajo formas características de penetración, trae consigo los fenómenos económicos y sociales que produce el capitalismo en los países donde aparece originariamente: la gran concentración industrial y agrícola; el monopolio de la producción y circulación de la riqueza; la progresiva destrucción o absorción del pequeño capital, de la pequeña manufactura, de la pequeña propiedad y del pequeño comercio, y la formación de una verdadera clase proletaria industrial.
lunes, 18 de julio de 2011
El APRA como Partido

por V. R. Haya de la Torre
El artículo que forma el capítulo anterior fue escrito originalmente en inglés para la revista de doctrina política The Labour Monthly de Londres, que lo publicó en diciembre de 1926. Se ha reproducido muchas veces en revistas y periódicos europeos y norteamericanos. Por ser, pues, muy conocido me sirve como punto de partida para este somero análisis de las normas del APRA. Mas como fue pensado y escrito en lengua extranjera y usando la terminología accesible al público europeo, debo, al presentarlo en nuestro idioma, explicar y ampliar la significación de alguno de sus puntos principales, especialmente los que se refieren al concepto aprista del Estado. Más adelante el lector habrá de reconocer la importancia de esta advertencia inicial.
También es necesario referirse al artículo de The Labour Monthly para historiar un poco la actitud de los comunistas hacia el APRA, bastante inconexa y contradictoria en verdad. Es interesante, porque mi más sincero propósito al escribir estas páginas, es orientar la polémica ideológica que los comunistas han provocado con sus críticas negativas, cuidando que la discusión no se desvíe de su línea dialéctica. Para referirme a la posición comunista, ha sido necesario también incluir en este libro la traducción del artículo "¿Qué es el APRA?".
jueves, 24 de febrero de 2011
Nota a la Tercera Edición de El IMperialismo y El APRA

por V. R. Haya de la Torre
Cuarenta y dos años después de escrito este libro, y a los treinta y cuatro de su segunda edición, se publica ahora en una tercera. Ni "corregida y aumentada" como es de uso, ésta reproduce cabalmente el contexto de las dos precedentes a fin de mantener auténtico su valor documental.
El lector del presente trabajo habrá de evaluarlo a la luz del acontecer histórico, especialmente americano, en el lapso transcurrido desde 1928. Consideración de perspectiva sin duda pertinente para una justa apreciación de sus enfoques y planteamientos. Los cuales en su esencia ratifico, habida cuenta, claro está del espacio y el tiempo en que fueron formulados.
De los grandes sucesos acaecidos en los cuatro últimos decenios, el mayor ha sido la segunda gran guerra que conflagró al mundo de 1939 a 1945. Acerca de su posibilidad e inminencia se escribió previsiblemente en el Capítulo V de este libro que "no ha de ser un acontecimiento que pueda sorprendernos"[1]. Ello no obstante, lo que sí debe considerarse como un carácter inesperado de aquel terrible conflicto universal, es el movimiento político que le dio origen y la ideología racista del nuevo tipo de imperialismo, que promovió el insólito y veloz surgimiento y prepotencia del Partido Nacional Socialista alemán acaudillado por Hitler.
"Cuando un imperialismo adopta como ideario las diferencias raciales, proclama que los hombres son superiores o inferiores según la sangre que llevan en sus venas y el color de su piel, entonces los pueblos que no pertenecen a la raza escogida y destinada al dominio del mundo deben temer dos veces la victoria de aquel imperialismo. Porque no sólo trae la hegemonía económica, la explotación y sojuzgamiento de los pueblos por razón de su pobreza o debilidad, sino el derecho de esclavizarlos porque son racialmente "inferiores". Y ésa es la esencia de la filosofía nazi-fascista que entraña la lucha de razas"[2].
lunes, 30 de agosto de 2010
Nota Preliminar a la Primera Edición de El Imperialismo y El APRA

por Haya de la Torre
Éste es un libro escrito hace siete años, que sólo ahora se publica. Creo necesario explicar los motivos de mi tardanza en darlo a la imprenta, proyectando de paso algo del ambiente -escenario y momento-, en que debió aparecer. Surgen así muchos recuerdos personales sin otra importancia para el lector interesado que la de aludir episódicamente a algunos aspectos más o menos notorios de la lucha antimperialista en Indoamérica durante el último decenio.
Cuando regresé de Europa a los Estados Unidos y México al finalizar el verano septentrional de 1927, los principios generales de la doctrina aprista -enunciados desde Suiza e Inglaterra en los años 24, 25 y 26-, eran ya bastante conocidos y suscitaban vehementes discusiones en los sectores avanzados de obreros y estudiantes indoamericanos. El primer grupo de apristas del Perú había llegado ya desterrado a México y algunos espontáneos simpatizantes cubanos de la nueva doctrina batallaban por ella desde una revista recién fundada en La Habana, "Atuei"[1].
Éste es un libro escrito hace siete años, que sólo ahora se publica. Creo necesario explicar los motivos de mi tardanza en darlo a la imprenta, proyectando de paso algo del ambiente -escenario y momento-, en que debió aparecer. Surgen así muchos recuerdos personales sin otra importancia para el lector interesado que la de aludir episódicamente a algunos aspectos más o menos notorios de la lucha antimperialista en Indoamérica durante el último decenio.
Cuando regresé de Europa a los Estados Unidos y México al finalizar el verano septentrional de 1927, los principios generales de la doctrina aprista -enunciados desde Suiza e Inglaterra en los años 24, 25 y 26-, eran ya bastante conocidos y suscitaban vehementes discusiones en los sectores avanzados de obreros y estudiantes indoamericanos. El primer grupo de apristas del Perú había llegado ya desterrado a México y algunos espontáneos simpatizantes cubanos de la nueva doctrina batallaban por ella desde una revista recién fundada en La Habana, "Atuei"[1].
sábado, 29 de mayo de 2010
Programa Mínimo del Partido Aprista Peruano

por Víctor Raúl Haya de la Torre
Discurso pronunciado el 23 de agosto de 1931
Compañeros del Partido;
Conciudadanos todos:
Mi palabra inicial ha de ser la que exprese mi profunda satisfacción ante el hecho de esta magnífica asamblea. El Perú está, al fin, alcanzando el advenimiento de la democracia, de la democracia buena, renovada bajo las banderas del aprismo. Ya no es la vieja democracia verbal que cohonestó tantas tiranías. Ahora es la democracia, auténtica que forja el pueblo, que defiende el pueblo que está dispuesto a sacrificarse hasta el fin por verla afirmada y transformada en nuestro país que bien la necesita. He dicho que el aprismo renueva la democracia porque el aprismo incorpora por primera vez en la política nacional nuevas ideas, nuevos hombres, nuevos métodos;
miércoles, 7 de abril de 2010
El imperialismo

por V. R. Haya de
Queda ahora por confrontar los enunciados generales de la doctrina aprista sobre el imperialismo que aparece en mi libro de 1,928, citados al comienzo de esta recensión, con los del discurso-programa de agosto de 1,931 reproducidos en el capitulo precedente. De la concurrencia de ambos enfoques, el genérico continental y el específico peruano, sólo resulta una, como ha de verse, reiteración esclarecida de la tesis del aprismo.
Esta, tal ha de verificarse una vez más, discrepa conceptualmente de la interpretación comunista-leninista del imperialismo. Y viene a propósito de la relevancia de esa disconformidad entre una y otra,
sábado, 13 de febrero de 2010
¿QUÉ ES EL A.P.R.A.?

por Haya de la Torre
La lucha organizada en América Latina contra el imperialismo yanqui, por medio de un frente unido internacional de trabajadores manuales e intelectuales con un programa de acción común, eso es el A.P.R.A., las cuatro letras iniciales de las siguientes palabras: Alianza Popular Revolucionaria Americana.
Su programa
El programa de acción internacional del A.P.R.A. consta de cinco puntos generales que sirven de base para las secciones nacionales:
(1) Acción de los países de América Latina contra el imperialismo yanqui.
(2) La unidad política de América Latina.
(3) La nacionalización de la tierra y la industria.
(4) La internacionalización del Canal de Panamá.
(5) La solidaridad de todos los pueblos y clases oprimidas del mundo.
Su organización
El A.P.R.A. es una organización joven formada por los jóvenes de la nueva generación de trabajadores manuales e intelectuales de América Latina. Fue fundada en 1924 y ha organizado secciones en varios países de América Latina y también en Europa, donde la cantidad de estudiantes antimperialistas latinoamericanos es bastante numerosa. En el presente instante las principales secciones del A.P.R.A. están trabajando en México, Buenos Aires, América Central, París y otros lugares en los que por razones políticas la acción de estas secciones no se permite públicamente. Un Comité Ejecutivo Central dirige la acción de todas las secciones.
El frente unido
El A.P.R.A. organiza el gran frente unido antimperialista latinoamericano y trabaja para incluir en sus filas a todos aquellos que, de una manera u otra, han luchado o están aún luchando contra el peligro norteamericano en América Latina. Hasta 1923 este peligro fue interpretado como una posible lucha de razas –las razas sajona y latina– como un “conflicto de culturas” o como una cuestión de nacionalismo. De las Universidades Populares “González Prada” del Perú ha surgido una nueva concepción del problema: la concepción económica. En 1924 se formó en México la Primera Liga Antimperialista Panamericana y también la Unión Latinoamericana en Buenos Aires. Las Ligas Antimperialistas fueron el primer intento del frente unido internacional de trabajadores, campesinos y estudiantes contra el imperialismo yanqui. La Unión Latinoamericana se fundó como el Frente Único antimperialista de los intelectuales. En realidad, las Ligas Antimperialistas no tienen programa político fijo sino sólo uno de resistencia al imperialismo, y la Unión Latinoamericana cumple simplemente actividad intelectual. El A.P.R.A. se fundó en 1924, con un programa de acción política y revolucionaria e invita a todas las fuerzas dispersas a integrarse en un gran frente único.
La lucha de clases contra el imperialismo
La historia de las relaciones políticas y económicas entre América Latina y los Estados Unidos, especialmente la experiencia de la Revolución Mexicana , conduce a las siguientes conclusiones:
(1) Las clases gobernantes de los países latinoamericanos −terratenientes, clase media o comerciantes− son aliadas del imperialismo norteamericano.
(2) Estas clases detentan el poder político en nuestros países a cambio de una política de concesiones, empréstitos y grandes operaciones que ellos −los capitalistas, latifundistas o comerciantes y los políticos de las clases dominantes latinoamericanas− comparten con el imperialismo.
(3) Como un resultado de esta alianza, los recursos naturales que constituyen las riquezas de nuestros países son hipotecados o vendidos, y las clases trabajadoras y agrícolas son sometidas a la más brutal servidumbre. Repetidamente, esta alianza produce eventos políticos que resultan en la pérdida de la soberanía nacional; Panamá, Nicaragua, Cuba, Santo Domingo, son verdaderos protectorados de los Estados Unidos.
La lucha internacional contra el imperialismo
Como el problema es común a todos los países latinoamericanos en los que las clases dominantes son aliadas del imperialismo y explotan unidas a las clases trabajadoras, no se trata de una cuestión aislada o nacional, sino que es internacional para las veinte repúblicas latinoamericanas. Sin embargo, las clases gobernantes promueven divisiones entre estas repúblicas, ayudando al plan imperialista que teme la unidad latinoamericana (que incluiría ocho millones de millas cuadradas y cerca de noventa millones de habitantes). Las clases gobernantes avivan el sentimiento nacional y los conflictos nacionales, como en el caso de Perú contra Chile, Brasil contra Argentina, Ecuador y Colombia contra Perú, etc. Cada vez que Estados Unidos interviene como “amigable mediador”, arregla los asuntos a propósito de forma que no se llegue a un arreglo definitivo que pueda producir un principio de unificación. La reciente cuestión de Tacna y Arica entre Perú y Chile es la demostración más clara de esta política del imperialismo.
El imperialismo no puede ser derrocado sin la unidad política de América Latina
La experiencia de la historia, especialmente la de México, muestra que el inmenso poder del imperialismo americano no puede ser derrocado sin la unidad de los países latinoamericanos. Contra esta unidad se alinean las clases dominantes nacionales, la clase media, terratenientes, etc., cuyo poder político es casi siempre sostenido por la agitación del nacionalismo o patriotismo de países hostiles a sus vecinos. Consecuentemente, es indispensable el derrocamiento de las clases gobernantes; el poder político debe ser capturado por los trabajadores y América Latina debe unirse en una Federación de Estados. Éste es uno de los grandes objetivos políticos del A.P.R.A.
La nacionalización de la tierra y de las industrias como el
único medio de combatir al imperialismo
Dentro del sistema capitalista y de acuerdo con la dialéctica de su proceso histórico, América Latina devendrá en forma infalible una colonia norteamericana. La siguiente tabla (The New York Times, junio 27, 1926) muestra las tenencias de valores de los Estados Unidos en el mundo, excluidas las deudas de guerra:
Tenencias de los Estados Unidos en Asia $ 1,000,000,000
Tenencias de los Estados Unidos en Europa $ 2,000,000,000
Tenencias de los Estados Unidos en Australia $ 1,000,000,000
Tenencias de los Estados Unidos en Canadá $ 2,500,000,000
Tenencias de los Estados Unidos en América Latina
$ 4,100,000,000
Esta introducción de capital en América Latina crece casi diariamente. De junio a octubre el imperialismo ha invertido más de $ 50,000,000. El conflicto entre los Estados Unidos y México nos muestra que México no ha sido capaz de nacionalizar la industria del petróleo que el día de hoy todavía está dominada por la amenaza de una invasión norteamericana en defensa de los intereses de la Standard Oil Company (el capital norteamericano en el petróleo de México es de $ 614,487,263). La “Enmienda Platt” de la Constitución Cubana y los casos de Santo Domingo, Panamá, Nicaragua, Honduras y Haití nos prueban que la autoridad nacional se pierde en proporción a la aceptación de inversiones por el imperialismo. La nacionalización de la tierra y de la industria bajo la dirección de las clases productoras es el único medio de mantener el poder del país y es la política correcta para las naciones de América Latina.
La unidad política latinoamericana presupone la internacionalización del
Canal de Panamá
El Canal de Panamá en poder del Gobierno de los Estados Unidos es un peligro más para la soberanía de América Latina. El programa del A.P.R.A. proclama francamente la “internacionalización de Panamá”. El doctor Alberto Ulloa, profesor de derecho internacional de la Universidad de San Marcos, de Lima, Perú, escribe, en apoyo de esta tesis: “El Canal de Panamá debe ser internacionalizado… No es posible permitir a los Estados Unidos el ejercicio del gobierno supremo en Panamá”. (Carta abierta al Presidente de la Federación de Estudiantes de Panamá, junio, 1926).
Conclusión
El A.P.R.A. representa, consecuentemente, una organización política en lucha contra el imperialismo y contra las clases gobernantes nacionales, que son sus auxiliares y sus aliadas en América Latina. El A.P.R.A. es el frente unido de las esforzadas clases trabajadoras (trabajadores, campesinos, indígenas) unidos con los estudiantes, revolucionarios intelectuales, etc. El A.P.R.A. es un movimiento autónomo, completamente latinoamericano, sin intervenciones ni influencias extranjeras. Es el resultado de un movimiento espontáneo en defensa de nuestros países, vistas las experiencias de México, América Central, Panamá y las Antillas, y la presente posición del Perú, Bolivia y Venezuela, donde la política de “penetración” del imperialismo ya se deja sentir agudamente. Por ello nuestra palabra de orden será la siguiente: “Contra el imperialismo yanqui, por la unidad de los pueblos de América Latina, para la realización de la justicia social.”
martes, 22 de diciembre de 2009
Enmienda Platt a la Constitución de Cuba

por V. R. Haya de la Torre
Enmienda adoptada el 27 de febrero de 1901 por el Senado de los Estados Unidos y adjuntada el 12 de junio de 1901 a la Constitución de Cuba del 21 de febrero de 1901.
Que en cumplimiento de la declaración contenida en la resolución conjunta aprobada en 20 de abril de mil ochocientos noventa y ocho, intitulada “Para el reconocimiento de la independencia del pueblo cubano”, exigiendo que el Gobierno de España renuncie a su autoridad y gobierno en la Isla de Cuba, y retire sus fuerzas terrestres y marítimas de Cuba y de las aguas de Cuba y ordenando al Presidente de los Estados Unidos que haga uso de las fuerzas de tierra y mar de los Estados Unidos para llevar a efecto estas resoluciones, el Presidente por la presente, queda autorizado para dejar el Gobierno y control de dicha Isla a su pueblo, tan pronto como se haya establecido en esa Isla un gobierno bajo una Constitución, en la cual, como parte de la misma, o en una ordenanza agregada a ella se definan las futuras relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sustancialmente, como sigue:
I
Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permita a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla.
II
Que dicho Gobierno no asumirá o contraerá ninguna deuda pública para el pago de cuyos intereses y amortización definitiva después de cubiertos los gastos corrientes del Gobierno, resulten inadecuados los ingresos ordinarios.
III
Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los Estados Unidos por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba.
IV
Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y que todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos.
V
Que el Gobierno de Cuba ejecutará y en cuanto fuese necesario cumplirá los planes ya hechos y otros que mutuamente se convengan para el saneamiento de las poblaciones de la Isla , con el fin de evitar el desarrollo de enfermedades epidémicas e infecciosas, protegiendo así al pueblo y al comercio de Cuba, lo mismo que al comercio y al pueblo de los puertos del Sur de los Estados Unidos.
VI
Que la Isla de Pinos será omitida de los límites de Cuba propuestos por la Constitución , dejándose para un futuro arreglo por Tratado la propiedad de la misma.
VII
Que para poner en condiciones a los Estados Unidos de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los Estados Unidos.
VIII
Que para mayor seguridad en lo futuro, el Gobierno de Cuba insertará las anteriores disposiciones en un Tratado Permanente con los Estados Unidos.
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